Un plan de crecimiento argentino, y los acreedores

(Esta nota está desde hace algunas horas online en AgendAR ¿Por qué me siento impulsado entonces a reproducirla en este blog, con menos alcance? Pienso que en la franja de los politizados con compromiso político (llamarnos militancia me parece autoindulgencia) donde pertenecen casi todos los que pasan por aquí, el debate circula por símbolos cargados de emoción (Boudou preso, Dujovne esquiando), o la actitud personal de cada uno frente al gobierno de Alberto. Quiero invitar a que hablemos de otras cosas, también)

En sus más de 130 años como un medio dedicado a las finanzas británicas y también a las globales -en todo ese tiempo han estado muy vinculadas- el Financial Times publicó muchas veces sobre la Argentina. Casi nunca en forma elogiosa, por cierto. Ayer, 17 de enero, fue un día especial: nos dedicó dos notas.

Una de ellas es un artículo convencional, de Benedict Mander desde Buenos Aires y Colby Smith desde Nueva York, que recoge las preocupaciones y advertencias de los bonistas y sus operadores (la mayoría, locales); acercamos su traducción aquí.

Pero nos parece que el texto más interesante, y que merece que lo incorporemos en una reflexión profunda, es el Editorial: La Argentina necesita un plan para un crecimiento basado en la inversión (Argentina needs a plan for investment-led growth).

Ahí dice, resumimos: “La mayoría de las naciones deudoras que tienen que iniciar un proceso de reestructuración detallan un plan económico y se comprometen a objetivos claros para ganar el apoyo de los acreedores y del Fondo Monetario Internacional para las quitas que vendrán“.

En cambio, la Argentina decidió no decir casi nada sobre su estrategia económica, y notificar a sus acreedores que esperen una oferta de reestructuración amistosa a mediados del mes que viene con algunas semanas para aceptarla, o atenerse a consecuencias menos amistosas“.

El editorial es muy crítico de la gestión de Mauricio Macri: “el legado que dejó es tóxico e incluye una recesión profunda y uno de los índices de inflación más altos del mundo“. Pero también describe como “riesgosa” la exposición del ministro de Economía, Martín Guzmán, en el Congreso, en la que el funcionario descartó llegar al equilibrio fiscal este año y les dijo a los fondos de inversión extranjeros que no dictarán la agenda macroeconómica argentina.

El editorial continúa señalando que las bajas que se produjeron en los bonos argentinos después de las declaraciones del ministro indican que los acreedores esperan perder al menos la mitad de su dinero, y que un default “es posible” si las conversaciones fracasan. Agrega que el Gobierno podría retractarse, y da el ejemplo de lo que sucedió con la provincia de Buenos Aires y el bono BP21.

Y a continuación se llega a lo que entendemos son los párrafos claves: “Lo más alarmante es la ausencia de una estrategia clara para restaurar la prosperidad en una economía que debería ser de las más vibrantes en el mundo de los mercados emergentes y que está bendecida con recursos naturales abundantes“.

El Gobierno no se puede dar el lujo de dejar la política económica para más adelante. La Argentina necesita un plan creíble y exhaustivo para un crecimiento basado en la inversión para revitalizar los sectores más competitivos de la economía, como la agroindustria. Sin ese plan, el país corre el riesgo de volver a los malos hábitos del aislacionismo y el default“.

El F.T. también cuestiona ahí los controles de cambio, los derechos de exportación y la emisión de dinero, pero eso lo ha estado haciendo por 130 años (el neoliberalismo tiene poco de “neo”). Todas esas cosas son herramientas, y la tarea de los gobiernos es decidir en qué circunstancias deben o no usarse. Por más de un siglo ha habido ocasiones en que han empleado una o varias de ellas. También en Gran Bretaña.

El punto de interés del texto, en el que en AgendAR estamos de acuerdo, es la necesidad y conveniencia de un plan de crecimiento. Pero queremos advertir sobre la ambigüedad “riesgosa” de la frase “…basado en la inversión”. (La expresión en inglés es aún más explicita “un crecimiento dirigido (led) por la inversión”).

Atención: la inversión es necesaria, por supuesto. Salvo por breves períodos, cuando se pone en marcha la capacidad ociosa industrial, no hay crecimiento de la producción, y mucho menos, innovación, sin inversión previa. Creer que con el estímulo de la demanda alcanza, es una fantasía de quienes leyeron mal a Keynes; si llegan al gobierno con esa idea, a los pocos meses la realidad les hace cambiar de opinión.

Pero la fantasía opuesta, la de que el crecimiento de un país en el mundo moderno puede ser sostenible “dirigido” por la inversión, sin plan, sin estímulos y controles, es aún más dañina. Porque sus promotores cuentan, sobre todo desde hace casi medio siglo, con poderosas usinas locales y globales para impulsarla y sostenerla.

En Argentina, una y otra vez ese pensamiento ha sido asumido por nuestros gobiernos. En 1976, en la década del ’90; el más reciente ha sido el de Macri: “la lluvia de inversiones” que iba a llegar simplemente porque un empresario “business friendly” estaba al frente. Lo que un economista norteamericano llamó “la varita mágica del hada buena de la confianza”.

Uno está obligado a preguntarse si Mauricio Macri y los CEOs que lo acompañaron en cargos claves tenían realmente experiencia empresaria exitosa, distinta de la de ejecutivos o especuladores. Porque es evidente que un empresario va a invertir capital -inmovilizarlo por un período, arriesgarlo- si espera que esa actividad que emprende le va a dar ganancias. El “clima de negocios”, la “seguridad jurídica”, están muy bien, pero no dan dividendos por sí solos.

En la modesta opinión de este editor, la ansiedad no está puesta en la gestión del ministro Guzmán: es vital e inmediata, y tendrá repercusiones profundas en nuestro bienestar -o malestar- en los próximos meses. Pero sus resultados están necesariamente acotados: ningún fondo del exterior traerá capitales a Argentina en el futuro cercano. Ni se van a llevar demasiado, porque no lo hay. El “período de gracia” lo dará la realidad, con esos modales bruscos que tiene. Guzmán no está siendo -por lo que vemos- ni demasiado blando ni demasiado duro, los dos extremos que no convienen en una negociación. A lo sumo, tal vez el asesoramiento de algunos sindicalistas podría ser útil… 🙂

Es en el área del ministro Kulfas -no sólo en ella, claro- donde deben ya surgir las medidas, integradas en un plan, para poner en marcha los sectores que pueden proporcionar divisas -sin ellas, nuestra economía no funciona- y los que pueden brindar empleo -sin él, nuestra sociedad se destruye.

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