Ahora mueren los generales, también

Otro posteo breve y superficial, pero no me iba a dormir sin escribir algo. Supongo que es el impulso de comentar cuando siento que, en un camino previsible, o todo lo previsible que puede ser la Historia, se pasó un hito, y se está en otro tramo de la ruta.

La noticia la vi hace pocos minutos: “Washington.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó matar al general iraní Qasem Soleimani, quien murió en un ataque en Bagdad, informó el Pentágono la noche.

“Por orden del presidente, el ejército estadounidense ha tomado medidas defensivas decisivas para proteger al personal estadounidense en el extranjero al matar a Qasem Soleimani”, anuncia el Departamento de Defensa de Estados Unidos en un comunicado. Minutos antes, Trump había tuiteado una bandera estadounidense.

Sky News, un canal de TV británico de 24 horas de información, dice que entre los muertos figuran, además del general iraní Qassem Soleimani, el líder del Hezbolá libanés, Muhammad al-Kawtharani y responsable de las relaciones públicas de las fuerzas pro-Irán, uno de los más altos rangos en la organización. Entre las víctimas figuran cuatro iraquíes y tres libaneses.

El New York Times agrega, en un aparte, que el general Soleimani era visto por algunos como un potencial futuro líder de Irán.

Ahora, mi comentario. Los asesinatos por motivos políticos no tienen nada de nuevo, por supuesto. Son tan antiguos como la política. Y el uso del terrorismo… EE.UU. e Israel han reconocido más o menos abiertamente recurrir al asesinato de líderes enemigos en la “guerra asimétrica”, y hasta de científicos para detener el programa nuclear iraní. Del otro lado… hay una tradición en la zona, desde los tiempos, hace 900 años, de Hassan-i Sabbah y la secta de los Asesinos.

Lo que percibo como un paso nuevo -tal vez estoy equivocado- es que la muerte de un dirigente muy importante del lado enemigo, sea la represalia militar previamente anunciada. Es más… quirúrgico que los tradicionales bombardeos.

Había un cuento escrito a fines de los ´50 que cité otras veces en el blog. Es de Poul Anderson, mi autor favorito, allí con Clarke y Heinlein, entre los de la ciencia ficción clásica. Fue publicado con el título “A man to my wounding” y también como “State of Assassination”. Ahí escribía de un tiempo en que las naciones, a las que el poder destructivo de las armas nucleares les impedía la guerra abierta entre las Grandes Potencias, recurrían al asesinato y al terrorismo en su lugar…

Algo de eso estamos viendo. También se ha dicho que el terrorismo es la “bomba atómica de los pobres”. En Argentina, donde los servicios de inteligencia han servido sólo para la política interna y el reparto de sobres, el gobierno debería evaluar si no necesita que cumplan una función más seria. Sin olvidar la afirmación de Aldous Huxley “La seguridad de un Estado está en relación inversa al tamaño de sus fuerzas de seguridad”.

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