“Patriotismo, populismo y Brexit” ¿Algo para nosotros?

Atención: esta nota de María Laura Avignolo que reproducimos en AgendAR es una pieza literaria. La mayoría de los votos que le dieron su triunfo aplastante en las elecciones de ayer a Boris Johnson no son “los perdedores del capitalismo salvaje”, los mineros desempleados. Pero, como toda buena pieza literaria, alumbra un aspecto de la realidad. En este caso, la derrota del laborismo.

Porque el Boris encabezó la victoria más grande del partido Conservador desde Margaret Thatcher. Pero la del Labour Party fue la derrota más dura desde 1935.

Esta elección no será una más. Tendrá consecuencias muy importantes. Para el Labour, que tendrá que buscar un nuevo líder, para el Reino Unido, que puede dejar de serlo si la primera ministro escocesa, Nicola Sturgeon decide proponer un referendum por la independencia. Y para la política europea. Este es un golpe para la “Europa de los banqueros”, como la llamó De Gaulle, digan lo que digan los medios.

Les propongo leer la nota, si no lo hicieron ya. Al final, digo cuál creo que es el mensaje para nosotros.

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«El voto de los mineros del nordeste es clave en las elecciones de Gran Bretaña. Ellos son los perdedores del capitalismo salvaje y financiero, las raíces de su anti europeísmo, del sentimiento anti inmigratorio y el nuevo patriotismo populista británico. Son el Brexit.

Esta elección británica se juega en el noreste del país. Ese territorio que la ex primera ministra británica conservadora Margaret Thatcher arrasó cuando cerró las minas de carbón a finales de los 90, y condenó a los mineros al desempleo sin reconversión y a la nostalgia de un pasado que siempre fue mejor para ellos y su familia que el futuro y horrendo presente, tras años de austeridad económica.

En 1983, Gran Bretaña tenía 174 minas trabajando y en 2019 solo quedan seis. Esa es la paradoja que hoy hace que esos ex mineros y sus familias en los pueblitos cercanos a Durham, esos bisnietos de la revolución industrial de Wigan y los suburbios de Liverpool, esos obreros desempleados de Lancashire y Yorkshire apoyen a los conservadores y a Boris Johnson, aunque toda su vida lleven al laborismo en su corazón. No les gusta el líder laborista Jeremy Corbyn: no entienden si está a favor o en contra del Brexit, que ellos creen que será un maná que les devolverá el esplendor imperial perdido, el trabajo y su calidad de vida. El divorcio europeo le está ganando a la identidad de clase en Gran Bretaña.

El Gran Norte, como lo llaman los británicos. Helado, solidario, gris, con un acento fuerte diferente al del Estuario del Sur y una clase obrera orgullosa de sus orígenes. Más una taza de té oscuro, Earl Gray, con mucha azúcar y leche, en la mano para quien los visita.

El primer ministro británico Boris Johnson​ pasó las últimas 72 horas de su campaña en estas tierras laboristas, que están siendo conquistadas o seducidas por los conservadores Brexiters. Esa “pared roja”, que tradicionalmente votó laborismo, pero que los torys creen que son los votos que ahora definen su elección.

Los votantes Labor deberán olvidarse del racista discurso de Boris cuando visitó Liverpool. En su “blitz” en el norte, este candidato a primer ministro tory, que habla al menos 9 lenguas europeas, creció en Bruselas, se educó en Eton, estudió historia y lenguas clásicas en Oxford, habla griego antiguo con su familia, y nunca fue anti inmigrantes, deberá convencerlos de su “conversión” a su causa.

Boris les dirá que ellos van a sufrir “la gran traición de Jeremy Corbyn​” porque los diputados laboristas ganaron sus bancas bajo “la falsa promesa “de asegurar el Brexit” para “luego olvidarse y darles la espalda”. Visitará cinco lugares laboristas, incluido Sunderland, que fue fundamental en la noche que se impuso el Brexit. La leyenda electoral dice en el reino que quien gana Sunderland, gana la elección.

El mensaje de Boris es simple: ”El partido laborista los decepcionó a todos ustedes. Bajo Jeremy Corbyn, ellos prometieron honrar el resultado del referéndum, antes que votaran contra el Brexit en cada oportunidad que tuvieron en el Parlamento. Ellos ganaron sus bancas bajo falsas promesas. Ahora ellos están proponiendo otro referéndum. Le van a extender la franquicia a otros dos millones de ciudadanos europeos. Es la gran traición, orquestada en Islington (el barrio de Corbyn) por políticos que traicionan sus valores e ignoran los votos”, dirá. Al menos es lo que escribió su jefe de campaña, Dominic Cummings, para que repita.

Jeremy Corbyn, de campaña en Bristol

El primer ministro recicla sus slogans del referéndum del 2016 y todos sus mitos: “Para controlar una incontrolada inmigración”, para “no enviar dinero a la Unión Europea que podemos gastar en casa”, “para recuperar el control de las élites de Bruselas, para forzar a los políticos en Westminster a escuchar a ustedes y no solo a Londres y el sudeste”.

Distritos en Gales, las East Midlands, Yorkshire, y Lancashire son los territorios que atraviesa Boris, en helicóptero y en ómnibus. En ellos busca ganar una mayoría de entre 40 a 60 bancas para poder imponer el Brexit, votarlo el 19 de diciembre en el Parlamento e irse de la UE el próximo 31 de enero. “Let´s get Brexit” done” (Vamos a hacer el Brexit) es su mantra.

Por décadas el noreste de Gran Bretaña fue rojo, territorio laborista y obrero. Creer que podrían apoyar a los conservadores era simplemente impensable. Ahora, el Brexit está dividendo las aguas más allá de la ideología de los partidos. Esa diferencia entre pro y anti europeos ha convertido a la zona en el campo de batalla que define esta elección.

Los candidatos laboristas ex mineros tratan de recordarle a los suyos cómo fue el gobierno de Margaret Thatcher y sus sucesores. ”Queridos amigos, los tories y sus amigos en el partido del Brexit quieren finalizar el trabajo de Thatcher” es la carta que Dave Anderson y Alan Mardghum, dos ex mineros, distribuyen casa por casa en los alrededores de Durham. Un distrito que es laborista desde 1935.

El servicio de salud, los recortes por la austeridad que duraron 10 años, los bancos de alimentos, los híper precarios contratos Cero ( si no hay trabajo, aunque vayan a trabajar, no les pagan), los recortes a la educación, el acceso a los transportes comunes son los temas del debate. Pero la gran discusión es permanecer o irse de Europa. A los votos se los están llevando los conservadores anti europeos. El partido del Brexit de Nigel Farage está en crisis. Sus candidatos lo abandonan y se vuelven a los torys. Son violentos los habitantes con los laboristas que timbrean. Otros los amenazan con votar a los conservadores.

Toda el área estuvo siendo frenéticamente visitada por conservadores y laboristas pidiendo el voto. Los electores laboristas tienen un problema: no le creen a Jeremy Corbyn pero sienten que se traicionan a ellos y a su historia si votan los torys. Este dilema da el resultado en las elecciones británicas.»

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Un analista local inteligente, pero muy anti Boris, dijo que en Gran Bretaña ganó el macrismo. Nada que ver. No sólo porque B. J. es un político mucho más astuto que Macri -destruyó como fuerza política, lo devoró, al UKIP, el partido xenófobo de los Brexiters; como Menem en su tiempo devoró a la Ucedé. El factor más importante, el que unifica el voto “tory” en estos comicios fue el patriotismo “identitario” inglés, el rencor o el fastidio con la burocracia de Bruselas. En otro análisis tuitero, más acertado: “Volvió a ganar Nación sobre Clase”.

En concreto, esto fue una manifestación inglesa de algo que está creciendo en Europa: el rechazo a una globalización economicista, sin contenido social ni emocional. Justamente, el ideal del macrismo, cuyas capitales espirituales son Manhattan y Miami.

Ahora, la advertencia que estas elecciones dejan para nosotros (los que ganamos el 27 O), no tiene, en lo inmediato, que ver con la globalización. Hay un mensaje más urgente: no descuidemos la coalición que nos llevó al triunfo: peronistas kirchneristas, peronistas tradicionales, progresistas. Una pata que falte de ese trípode, puede hacernos tambalear.

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