Vaca Muerta, la apuesta y la trampa

Este será el primero de esos posteos espontáneos y superficiales que prometí, atrapado entre la falta de tiempo y la pulsión de bloguear (Ojo: no estoy diciendo que los anteriores eran profundos y reflexivos).

En este caso, el impulso es muy fuerte. Tengo claro que la media docena de hombres (no hay “políticas de género” en petróleo ni en energía en general; Emma Pérez Ferreira fue una afortunada excepción en la CNEA, 30 años atrás) que todavía están peleando por los cargos donde se tomarán las decisiones claves para este yacimiento, todos ellos saben mucho del tema. Más que yo, por lejos.

Y es evidente para todos que en esa explotación del petróleo de esquisto -el “fracking”- juegan intereses económicos locales y globales, y también influyen ideologías, alarmas científicas y delirios varios. Como sea. Mi evaluación es que el inminente gobierno de Alberto Fernández no tendrá otro remedio que apostar a las divisas que -se supone- podría aportar la exportación de petróleo y gas que produzca Vaca Muerta: hay muchas necesidades y pocas alternativas en el corto plazo.

Y lo del corto plazo es clave en dos sentidos: no es seguro -nada lo es- pero es posible que en algunos años, el “fracking” resulte inviable, por razones económicas o ambientales.

Entonces, al grano. ¿A qué me refiero con “trampa”? A una que están desde hace tiempo armando los “expertos” (expertos en formar opinión) a quienes los medios consultan sobre explotaciones petroleras y las inversiones necesarias. Que tratan de transformar -el santo grial por el que todos los comunicadores nos esforzamos- en “sentido común”.

Dejar instalado en la opinión pública que. para que resulten rentables las gigantes inversiones, en extracción y en infraestructura, que requerirá Vaca Muerta, es imprescindible que los precios de los combustibles en Argentina sean “realistas”. Es decir, internacionales. Es decir, altos.

Esto es falso, más allá que nadie publica análisis de costos serios de la producción de energía, ni en Vaca Muerta ni en centrales eólicas.

La energía es un insumo fundamental para todas las actividades productivas: la industria, el agro, el transporte. Además, de las familias, claro. Si los argentinos tenemos que pagar el combustible a precios internacionales ¿porqué nos convendría contaminar napas en la Patagonia con el fracking en lugar de importarlo?

El beneficio ´posible para nuestro país estaría en lo que el Estado pueda recaudar sobre las exportaciones, a precios internacionales. También, el beneficio para las empresas, si el yacimiento es rentable. Y si no lo es, ¿para qué diablos interesa explotarlo?

En todos los países petroleros, los combustibles son muy baratos. La Argentina no es uno de ellos, pero, como dicen en mi barrio, tampoco la pavada. No tiene sentido que paguemos caros los combustibles con el fin que algunas empresas inviertan en Vaca Muerta… para vendernos caros a nosotros mismos los combustibles que logren extraer. Si la exportación prevista cubre la amortización de las inversiones, el beneficio para las empresas, la recaudación impositiva del Estado, manteniendo precios locales accesibles, adelante. ¿Si no, cuál sería el beneficio para los argentinos?

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