“Y ¿qué van a hacer con el dólar?”

dolaresvolando

A pesar del título, este posteo -en un blog “en pausa”- no va a aportar a un posible -necesario para muchos- análisis de la situación económica actual. Aquí ya muchas veces se ha reconocido que Argentina tiene una economía bimonetaria, en la que el dólar cumple la función de reserva de valor, y se recordó que hace largas décadas Marcelo Diamand, entre otros, señaló que nuestra industria necesita para sus importaciones más divisas que las que producen sus exportaciones.

Entonces, ya hemos hablado mucho de “la restricción externa”, de la necesidad de un tipo de cambio adecuado para no hacer difícil exportar y, sobre todo, no hacer fácil las importaciones prescindibles y el gasto en el exterior.

De todos modos, ese no es el único problema, ni, me animo a decir, el más urgente que enfrenta la actual (multi) conducción económica. Aparecen síntomas de una… renuencia de los inversores -bah, prestamistas- externos a seguir poniendo las decenas de miles de millones de dólares que por año necesitaría Argentina para equilibrar su balance de pagos -el moderado aumento de la tasa de interés en EE.UU. no ayuda-; la baja previsible en la recaudación fiscal -la sequía, la autorización a demorar indefinidamente la liquidación de divisas, y la visible recesión en algunos sectores ayudan menos-; y, sobre todo, la burbuja que irresponsablemente se creó con las LEBACs y otros valores a cortísimo plazo que exigen tasas muy altas para no pasarse al dólar… Esa burbuja aumenta todas las semanas; todos saben que en algún momento habrá que salir de ella y todos temen que los últimos se quedarán sólo con bonitos papeles.

Igual, como dije arriba éste no es un aporte técnico; para el cual no tengo credenciales académicas. Sobre el tema específico del tipo de cambio, en particular, lo que puede decirse con responsabilidad (aquí va una tosecita modesta) lo dijimos hace 24 horas: “En resumen: no hay una situación previsible inmediata que obligue a una devaluación. Pero toda la experiencia de las pulseadas entre Bancos Centrales y los especuladores, aquí y en el extranjero, hace pensar que el actual no es un equilibrio sustentable“. Es el estilo sobrio que corresponde a un portal de noticias como AgendAR.

Pero este es un blog, y entonces me siento libre para especular. Decir, como es un lugar común entre economistas heterodoxos y también ahora entre los periodistas amigos de Macri, que el valor del dólar es un problema de credibilidad. Pero no, sostengo, la credibilidad de Sturzenegger. No. Es la credibilidad de Casandra.

Paso a explicarme: En la mitología, los dioses dieron a Casandra el rol de la profecía. Pero también una maldición: que nadie la iba a creer. Aquí los griegos acertaron en una verdad profunda: los seres humanos podemos creer -más o menos- en los pronósticos de desastre. Pero la gran mayoría seguimos actuando como si el desastre fuera algo lejano, que le va a pasar a otros.

En este caso, me consta, los economistas del peronismo tuvieron el papel de Casandra. En la Comisión de Economía del PJ, para citar el caso más notorio, los desequilibrios que mencioné arriba están siendo señalados desde hace un año y medio. Sin mucho eco, ni siquiera en la dirigencia peronista. Es comprensible: a nadie le gusta pensar mucho en que el caballo de madera está lleno de los soldados de Agamenón. Sobre todo si ya está dentro de las murallas y no hay forma de sacarlo.

De todos modos, el problema inmediato no es asunto de economistas ni de políticos de la(s) oposicion(es). Es de los argentinos en general. Porque el valor del dólar ha sido, por lo menos desde hace 43 años, el sistema de alerta temprana para todos nosotros. Aún, o especialmente, para los que no entienden nada de economía.

¿Es inevitable una corrida cambiaria? Reitero: no. Salvo que los grandes inversores -fondos de inversión, bancos- decidan irse de las LEBACs. Pero eso se puede conversar con una buena agenda, y Caputo y Dujovne la tienen. El problema es político: es el altísimo porcentaje de compatriotas que ahorra en dólares o se referencia en ellos. Son los que empiezan a preguntarse “¿Dónde está el piloto?“. La preocupación inmediata más válida, en realidad, es que el gobierno se sienta presionado a tomar medidas frente a este reclamo del que participan sus votantes y apoyos. Porque hasta ahora no ha mostrado sensibilidad social pero tampoco mucho acierto en las medidas que toma.

Tiene funcionarios expertos en administrar portafolios y evaluar flujos de fondos. Pero macroeconomía… es decir, la economía de un país, parece que no.

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