La oligarquía y el lenguaje

Muchos místicos -desde viejos rabinos que estudiaban la Torá, hasta modernos semiólogos que escriben en francés (y que están de moda en Puán)- insisten que la capacidad de nombrar una cosa nos da poder sobre ella. En realidad, nos hace dueños de ella. Borges, siempre talentoso para jugar con ideas, decía “el nombre es arquetipo de la cosa, en las letras de rosa está la rosa y todo el Nilo en la palabra Nilo“.

Ustedes se preguntarán porqué -después de abandonar el blog- vuelvo para jugar con palabras ¿No son más importantes los resultados de Villa Regina, por ejemplo? ¿No era que yo no tenía tiempo? Cierto. Pero hoy leí el editorial de La Nación, y no puedo resistirme.

Dice la tribuna que fundó Mitre ¿Gobierno de ricos y para ricos? Se alega que la supresión o reducción de los derechos de exportación de productos agropecuarios favoreció a un sector privilegiado de ricos, supuestamente la “oligarquía vacuna”. La realidad es muy diferente. En verdad, esa medida dio impulso al interior del país…” Podría señalar que desde el “interior” (¿Buenos es el “exterior” del país?) llegan noticias distintas. O que las “políticas sociales” son una recomendación de organismos como el F.M.I. y una práctica de los viejos conservadores.

Pero no. Lo que a mí me llamó la atención es lo de “oligarquía”. Para los pensadores griegos, que lo acuñaron era una deformación de la idea de “aristocracia” -gobierno de los mejores. Lo usaban para denominar al gobierno de pocos en beneficio de ellos mismos.

Pero ese término en Argentina tiene un uso más reciente. “Oligarquía” y “oligarquía vacuna” son términos tradicionales del peronismo fundacional. Se usaron mucho entre 1945 y 1955, y después en la Resistencia. Pero ya habían quedado en desuso en los ’70.

“Imperialismo”, y, más recientemente, “neoliberal” eran los términos más usados por los dirigentes y militantes peronistas para definir al Otro. Hace sólo un año, el único al que escuchaba hablar de Oligarquía era a Guillermo Moreno, peronista tradicional si los hay. Ahora, ese término está volviendo al lenguaje peronista. Y ahora La Nación lo toma!

Es una victoria sutil pero muy importante cuando uno de los bandos enfrentados se encuentra usando el lenguaje del otro. Eso le había pasado al peronismo. Y ahora le sucede a su adversario histórico.

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