América Latina ¿otra vez 1989?

Lacalle Collor de Mello Rodríguez Menem

La mayoría de los domingos -como ya saben- acostumbro a subir lo que pasa por un análisis político. Una costumbre que copié de los opinadores de los medios gráficos. Entonces ¿qué hago subiendo una nota de opinión del ¡New York Times!? Una mirada condescendiente y “liberal” (progre) sobre nuestra realidad? Que la describe como si el Times y lo que el Times expresa no tuvieran nada que ver?

Y sí. Ya había pedido un poeta escocés “Que algún Poder nos diera el don  De vernos a nosotros como otros nos ven…” Lo que describe aquí la columnista del NYT, Carol Pires, es lo que está pasando en (algunos de) nuestros países, y mirarlo desde afuera ayuda a ver el bosque, y los árboles en el bosque. Mis comentarios al final.

“SÃO PAULO — Cuando este mes Sebastián Piñera asuma la presidencia de Chile, América Latina reforzará su giro político a la derecha tras casi dos décadas de gobiernos de izquierda, que comenzaron con la elección de Hugo Chávez, en 1998, y siguieron con Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Chile, Ecuador, Nicaragua, Paraguay, El Salvador y Perú. Hoy, cinco de ellos ya cambiaron de orientación política. El zigzag ideológico no es un retroceso en sí, pero el horizonte político en la región parece un déjà vu: hasta aquí, 2018 se parece mucho a 1989.

En la memoria, 1989 parece un tiempo distante. Venezuela era sacudida por la revuelta popular del Caracazo, Carlos Menem gobernaba Argentina y Fernando Collor de Mello ganaba las elecciones en Brasil. En México, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) dominaba de manera ininterrumpida México por sesenta años (y se mantendría once más en el poder). Mientras tanto, Chile vivía el último año de la dictadura de Augusto Pinochet; en Perú, Alberto Fujimori fundaba el partido Cambio 90, grupo con el que llegaría al poder al año siguiente.

Hoy, 29 años después, algunas cosas han cambiado poco. En 2012, el PRI volvió a ganar la presidencia en México, como comprobación de que las viejas costumbres no mueren. Venezuela vive otra convulsión social. En Argentina, el presidente Mauricio Macri pone en práctica políticas económicas que, a juzgar por el ministro de Economía de Menem, son muy similares a las que se impusieron en los años noventa. Aunque ya no hay dictaduras en los demás países, Collor, Fujimori y Pinochet —quien murió hace diez años— aún influyen, en diferentes niveles, en la política de sus países.

En Perú, Pedro Pablo Kuczynski, conocido como PPK, obtuvo una victoria muy estrecha contra Keiko Fujimori en la elección de 2016. Al empuñar la bandera del antifujimorismo y prometiendo representar una derecha moderna, ganó votos de la izquierda, que optó por el candidato que parecía un mal menor frente a la heredera política de un régimen que, entre otros crímenes, esterilizó a cerca de 300 mil mujeres indígenas.

Su promesa ha sido una desilusión. Menos de un año después, fustigado por el escándalo de Odebrecht, PPK se alió con Kenji Fujimori, el hermano menor de Keiko, para salvarse de una destitución. El presidente Kuczynski retribuyó la ayuda concediendo un indulto a su padre, pese a prometer en campaña que jamás lo haría. Condenado a veinticinco años de cárcel como autor intelectual del asesinato de veinticinco personas, Alberto Fujimori debió salir de la cárcel en 2034. Hoy, a los 79 años, mira desde el sillón de su casa cómo el Congreso peruano, de mayoría fujimorista, domina al país.

El déjà vu también persigue a los brasileños. En 1989, Brasil votaba por primera vez a un presidente después de décadas de dictadura. Había, entonces, una docena de candidatos. Pasaron a la segunda vuelta Luiz Inácio Lula da Silva —quien ganaría tres intentos después— y Fernando Collor de Mello, quien se presentó como el salvador de la patria y venció. Antes de terminar su mandato, Collor renunció para evitar ser destituido por corrupción.

Ahora, la historia se repite al revés. Después de la destitución de Dilma Rousseff, el escenario electoral brasileño de 2018 está tan convulso como hace veinte años. Se presentaron una docena de precandidatos, entre ellos Collor y Lula.

Collor no tiene muchas posibilidades de ganar, pero Lula sí: ocupa el primer lugar en las encuestas de intención de voto. Aunque la reciente confirmación de su condena por corrupción era previsible, su efecto en el futuro de Brasil no lo es. Con cierta certeza, el Tribunal Superior Electoral, que no permite la candidatura de personas con procesos judiciales abiertos, impedirá la candidatura de Lula para las elecciones de octubre.

Sin Lula da Silva en la contienda presidencial, la izquierda se fraccionará en tres o cuatro candidatos con discursos anacrónicos y radicales en contra del mercado, como si repitieran el discurso del Lula de 1989, cuando aún no era el político conciliador que llegó a la presidencia en 2003. Su salida también deja el camino libre a Jair Bolsonaro, líder de extrema derecha que va de segundo en las encuestas. Para que se entienda la amenaza que este ex militar —quien ejerce su séptimo mandato en el congreso— representa para los valores democráticos: cuando votó a favor de la destitución de Dilma Rousseff, ex guerrillera torturada, aprovechó para homenajear al comandante del centro de tortura de la dictadura.

La popularidad de Bolsonaro también da indicios de que el Congreso brasileño, que será elegido en octubre junto al nuevo presidente, tendrá un perfil semejante al actual: es el congreso que ha aprobado numerosos retrocesos en derechos sociales y al que podría describirse como el parlamento más conservador desde la dictadura. Se trata del mismo congreso que el año pasado llegó a debatir si se debía revocar la ley que garantiza el derecho al aborto en casos de violación, riesgo de muerte de la madre y malformación del feto.

Una de las victorias de Michelle Bachelet en su segunda gestión presidencial fue cambiar la ley de aborto chilena, una de las más severas del mundo y escrita en los años de Pinochet. Pero los progresos de Bachelet están amenazados: dos de los ministros ya nombrados por Sebastián Piñera —Isabel Plá, de Mujer y de Equidad de Género, y Emilio Santelices, de Salud— se han opuesto de manera pública a la nueva ley de aborto y podrían hacer frente común para invalidarla.

Piñera prometió que representaría a una “derecha moderna”, pero demostró lo contrario cuando se alió con el pinochetista José Antonio Kast, el diputado que está contra el aborto y el matrimonio igualitario, y a favor de otorgar indultos a los pinochetistas “que injusta o inhumanamente están presos”. También se dio a conocer que dos de los nombramientos de Piñera, entre ellos su ministro del Interior, tuvieron relación con el régimen de Pinochet.

Cuando Bachelet termine su gobierno, dejará a América Latina, otra vez, sin mujeres en el poder. Finaliza un ciclo que la presidenta chilena inició en 2006 y continuó con las victorias electorales de Cristina Fernández Kirchner en Argentina (2007-2015), Laura Chinchilla en Costa Rica (2010-2014) y Dilma Rousseff en Brasil (2011-2016). Se trata de otro retroceso cultural en un continente que le debe parte de la recuperación de la derecha a la ayuda de las iglesias evangélicas, que promueven agendas conservadoras, machistas y poco plurales.

La izquierda que sale de escena ahora, desinflada por sus tendencias populistas y acusaciones de corrupción, necesita un nuevo proyecto programático que no suene a conversación trasnochada de la Guerra Fría. Pero la derecha ha reaccionado como si la solución a todos los problemas sea entrar en una máquina del tiempo que nos arroje de vuelta a la década de 1980. Un buen comienzo para airear ese olor a naftalina sería que la derecha se comprometiera con los valores liberales, no solo en su discurso económico, sino en el social. Y que, de una vez por todas, rompiera sus vínculos con los regímenes militares”.

Mi comentario: Ya habrán leído en el blog que no creo mucho en “la ola de Derecha” que viene a reemplazar la “ola de Izquierda” que hasta hace unos dos años habría sido hegemónica en nuestra región. Más, soy bastante escéptico con aplicar las categorías muy europeas de “derecha” e “izquierda” en nuestros países.

Pero una discusión intelectual no debe llevarnos a negar los hechos. Después de la implosión de la Unión Soviética entre 1989 y 1991, en la mayor parte del mundo se aplicaron reformas “neoliberales”: desregulación y privatizaciones. En especial, en Rusia, Europa Oriental y América del Sur.

Diez años después, ya se veían en nuestra región los resultados de esas “reformas”: recesión, desempleo, aumento de la pobreza y más notorio aún, de la desigualdad. Montados en el rechazo, surgieron en nuestra región gobiernos muy distintos -los países son también muy distintos- pero que tenían en común políticas (moderadas) de distribución de ingresos, ampliación de la participación popular, y un discurso que puede llamarse (desde el Atlántico Norte) “populista de izquierda”. Fueron ayudados (y también condicionados, pero eso se vio después) por el boom de las materias primas, causado por la demanda de China (a la que el capitalismo sí le sentó bien. Su Estado nunca abandonó la dirección de la economía, y la manejó con eficiencia).

El tiempo pasó, como siempre. También, más o menos al mismo tiempo en los dos países más grandes de la región, Brasil y Argentina, se despierta o acentúa el rechazo de una parte numerosa de los sectores medios de la sociedad, a estos gobiernos -capitalistas con políticas sociales y una muy moderada intervención del Estado en la economía.

Eso permite el triunfo -electoral en Argentina, a través de un “golpismo parlamentario y judicial” en Brasil- de gobiernos apoyados en los sectores más privilegiados de la sociedad (En otros países de la región, nunca dejaron de gobernar). Estos gobiernos muestran en común una ansiedad patética -escritores de generaciones pasadas la llamarían “cipaya”- por integrar sus economías al capitalismo financiero globalizado.

La bondadosa intención que expresa Carol Pires, que se comprometan “con los valores liberales, no solo en su discurso económico, sino en el social” no parece que se esté cumpliendo. Pero, me animo a decir, ese no es el aspecto decisivo. El hecho clave es que el mundo al finalizar la década del 2010, no es el mismo de los comienzos de la década de 1990. La restauración no tendría -ya se advierte- muchas probabilidades de éxito.

Igual, si esto es así, no alcanza a responder la pregunta que debemos hacernos: ¿Cómo sigue? El desafío para las fuerzas políticas populares es encontrar las nuevas respuestas para estos tiempos. Que tampoco son los cercanos al año 2000.

7 Responses to América Latina ¿otra vez 1989?

  1. julio dice:

    Bien,
    eso de escribir de afuera, desde afuera,
    requiere de un intelecto prismático
    (problemas grandes y lejanos, hacerlos solucionables-cercanos y algo sencillos, sentenciaba Carl Gustav Jung)
    y quizás, algunos tengan ese talento, y otros tantos,
    debemos tener el talento de encontrar esos intelectuales, líderes sociales;
    sino, corremos (gamba lunga, testa corta) con el riesgo de tener
    un Laclau o CEOs con capital en el exterior e incidencia en el corazón argento.
    Parece acertado, en èste blog, traer -sintéticas- miradas foráneas
    y agregar tu comentario final.

    Dicen que,
    en México y Colombia, también en Brasil -hay que ver otra vez Perù-
    parece asomar el progresismo/populismo/peronismo de buenos modales/tercera posición sudaca;
    sumando los procesos -algo- consolidados de Bolivia, Uruguay y Ecuador;
    y en esto de asomar,
    en argentina, pareciera que la inflación/salarios/desocupación/ocupación informal; bah, el bolsillo -la víscera màs sensible- anda juntado peronistas,
    y de un
    Macri o Vidal 2019 vs Juan Domingo Nadie
    -peronismo disperso y sin tiempo para el 2019-
    aparecen estos datos
    http://www.letrap.com.ar/nota/2018-3-10-11-29-0-el-equipo-de-miguel

    y poder retomar el ABC de J B Alberdi, algo de Methol Ferrè, algún brazuka y varios màs (habrìa que ver la movida de Bergoglio que està llenando la canasta católica de huevos-arzobispos negros y sucios).
    Saludos.

  2. Silenoz dice:

    Algún día los “peronistas de Perón” tendrán que explicar qué tienen de seductores los “opositores responsables” y “renovaciones” con momias, populistas neoliberales, cuasi tilingos P en des-construcción y pajueranos con 5 votos como cabeza de series

    Por supuesto, aclaro que la requisitoria anterior la efectúo en la situacion de auto flagelo en el altar de los cuadernos de la doctrina

  3. Abel B. dice:

    Sile, creo que está acertado en suponer que el comentarista “julio” es uno de los que no están entusiasmados con la idea de una nueva candidatura de Cristina. Pero no es el tema del post.

    Esa gente existe, y Ud. puede pensar que tienen la cabeza quemada para no entender lo maravilloso que sería. Además, en un plano muy práctico, no apareció hasta ahora nada creíble para reemplazarla.

    Pero ponerse a discutir eso es estéril. Cada politizado ya tiene su opinión muy arraigada. Lo que deben (debemos) hacer es tratar de convencer a la gran mayoría no politizada (que no leen los blogs politícos). Que son los que van a decidir las candidaturas. En internas, encuestas, o en la elección de octubre ´19.

    Mientras, yo voy postear sobre otros temas, también. Que tienen alguna importancia, cómo no.

  4. Rogelio dice:

    Estimados Abel, Sile:

    La obsesión de Sile es muy razonable y puedo comprenderlo.
    Es que la Open Society Foundations [OSF], a la que él reporta disciplinadamente, no es tan “open” como parece.

    Le reconocemos a la OSF su categoría de “buitre bueno” o “buitre amigo”, pero resulta que – igual que en el cuento del alacrán y la rana – su condición natural de “buitre” puede más que la bondad y la amistad.
    Para colmo vienen cobrando como en la guerra en todos los escenarios.

    No se desanime Sile, no hay mal que dure mil años.

    Abrazo

  5. Silenoz dice:

    Je je…

    Repito -por que nadie tiene la obligación de leer las pavadas que escribo- que “esta cuenta banca al cro. Taiana”….. ahhhh… me olvidada los signos ¿?….

    No lo puedo probar por que los comentarios en Artepolítica (por ej.) están “clasificados” pero cuando salió lo de la “re re” de la shegua (2013 o porái), si bien estaba de acuerdo con las re elecciones indefinidas de cualquiera, sin embargo NO consideraba deseable un CFK 3…. No cambié de parecer, así que a mi no me tienen que persuadir con la inconveniencia ponele de CFK ’19.

    Lo que hay que explicar es lo seductor de un sector abierta y palmariamente refractario a lo K (bai de uei con un 36 a nivel nacional según el cro. A. Tow y 37 PBA), como lo que indica el cro. Julio….. Tan sólo me parece que son sectores recontra sobre archi super valorados, no mueven per se los “porotos necesarios” por que su representatividad es de decreciente, pasando por marginal a nula –de acuerdo a la última encuesta estable-. Y creo que, maso’ con lo que sucede con el MO, el peronismo NO irá totalmente unido.

    Igual, en lo que a mi respecta sobre convencer, persuadir votantes lo tengo presente y acompaño la idea pero “it’s no longer my duty”, mis años de “latin lover” pasaron –hace bastante ya- y no volvieron ni volverán.

    Ahhh… Rogelio, tiene razón, en mi ”OSF” no hay lugar para “peronistas PRO” o “PRO peronistas” como es el caso de la tuya (según tus escritos en este blo’ ehhhh………..). Y si hay alguno que al calor de la coyuntura hacen la gran Groucho –por lo de los principios digo-, justificándose en la “realpolitik”, no nos calentamos demasiado porque -y sobre todo en tiempos “restauracionales”- suelen venir al pie solitos o con poco se los conforma….
    Nada personal, tan sólo que no encontramos en ellos NADA, pero ABSOLUTAMENTE NADA que permita que nuestro movimiento sea lo revolucionario que nuestra doctrina dice ser y que, a nuestro entender, la coyuntura “pos macrista” habrá de necesitar con su REAL -y ahora sí- “pesada herencia”… Esto no impide que haya lugar para alguna “selfie” que, seguramente vos Rogelio, (hay otro conspicuo comentarista que anda en la misma), nos habrá de mostrar…. Y prometo que elaboraremos “papers” para ver las desventajas de los tratados de libre comercio…. “stai tiunn”.

  6. Politico Aficionado dice:

    Adhiero 100% a su planteo, Sile. Ya Evita decía que “El Peronismo será Revolucionario, o no será”.

  7. Rogelio dice:

    Estimado Silenoz:

    Me gustó su respuesta: apuesto a que facilitará el intercambio en el futuro.

    Que el peronismo desaparezca
    En realidad, Silenoz, el peronismo no es un fin en sí mismo.
    Todo lo contrario: “es un instrumento” concebido para que la nación sea grande y el pueblo sea feliz, como lo postula desde su origen la 9a. verdad justicialista => https://goo.gl/kPp4w2

    Cuando se identifica al peronismo con los intereses de un conjunto de dirigentes aprovechados y contumaces que hacen sus pingües negocios usando la camiseta peronista, es muy justo y preferible que el pueblo los desenmascare y les arranque la camiseta.
    Como hemos visto sin necesidad de violencia, simplemente quitándoles su respaldo.
    Aunque el precio sea que ‘ése’ peronismo desaparezca de la historia.

    Lo mismo vale con dirigentes de cualquier signo – P, K, NoP, NoK, Cambiemitas – con horizontes tan cortos que ni pueden balbucear un análisis del futuro integrando una parte mínima de los cambios acelerados que ocurren afuera y adentro.
    Apenas atinan a fabular un supuesto retorno a la última década del siglo pasado.
    La historia no retrocede ni se repite para nadie, tampoco para ellos.

    Cierro invitándolo a la relectura de un comentario previo, que completa lo que acá llevo dicho => https://goo.gl/xYvGUb

    Saludos

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