“Agarrá la pala”: la culpa es de los pobres

chavs

(Es inevitable -para mí, eh- escribir de la jugada más reciente del Mauricio: dar luz verde para que su bloque habilite en el Congreso el tema del aborto. Supongo que lo haré mañana o el lunes. Pero por ahora tengo ganas de subir algo menos envuelto en el ruido periodístico. Y que también tenga que ver con cosas profundas en nuestra sociedad.

Entonces recurro al confiable Artepolítica. Ahí Tomi Olava comenta un libro sobre los jóvenes de las clases bajas en la Inglaterra actual ¿Qué tiene que ver con nosotros? Y, que los pobres son jodidos en todos lados, como señala el filósofo Micky Vainilla ¿Sabían que en inglés “Agarrá la pala” se dice “Get the bike”?). Comento al final.

Chav es un término peyorativo aplicado a ciertos jóvenes del Reino Unido.​ La imagen estereotipada es un adolescente o joven adulto agresivo, con origen en la clase trabajadora, que viste ropas de marca y tiene estilo informal. Además, tiene por costumbre pelear y ser altanero, suele involucrarse en crímenes triviales o menores, y frecuentemente está desempleado o con un empleo de bajo salario”

“Chavs: la demonización de la clase trabajadora” es un libro de Owen Jones que analiza la construcción del discurso hacia un sector de la clase trabajadora. “Chavs” es un estereotipo: jóvenes de la clase obrera “que visten ropa deportiva e informal, suelen estar desempleados y habitan viviendas sociales”. En ese estereotipo está el síntoma de un fenómeno más profundo: el del proceso de demonización de los sectores menos privilegiados que comenzó durante el thatcherismo y que modela la política y la sociedad hasta nuestros días.

Jones aborda la forma en la que el gobierno de Margaret Thatcher transformó la cultura política de Inglaterra a partir del desmantelamiento del aparato productivo para pasar a “una economía de servicios”. El aporte del thatcherismo a esa batalla fue contundente: la derrota de la huelga de los mineros significó una de esas victorias políticas que adquieren la dimensión suficiente como para remarcar el terreno de juego para las siguientes generaciones. Así como hasta Thatcher los gobiernos conservadores habían tenido que construirse sobre las conquistas del Estado de bienestar, luego de ella la política británica se hizo desde el universo de sentido que implantó.

Hay una primera pregunta que puede servir para pensar la coyuntura de nuestro país y de la región: ¿por qué alguna parte de la clase trabajadora vota o sostiene un proyecto que, a priori, parecería ir contra su propio interés? ¿Es un fenómeno nuevo o existió desde siempre?

El análisis de Jones desmitifica en parte la idea del apoyo popular a las políticas de Thatcher: “llegó al poder en 1979 con un porcentaje de voto menor que el de cualquier partido vencedor desde la Segunda Guerra Mundial, exceptuando las dos elecciones generales de 1974. Más gente votó a los laboristas en 1979 (cuando perdieron) que en 1974 (cuando ganaron). Fue la deserción de votantes liberales al bando conservador lo que había permitido la victoria de Thatcher”.

Fruto de la victoria de Thatcher, el Partido Laborista se partió y uno de esos fragmentos hizo una alianza con los liberales, lo que llevó al laborismo a perder medio millón de votos de una elección a la otra. Malvinas puso al país en un nuevo fervor patriótico, aunque no fue la única explicación de la aplastante victoria de Thatcher en 1983, cuando obtuvo la diferencia más amplia sobre el Partido Laborista. Pero incluso entonces, argumenta Jones, el laborismo siguió siendo hegemónico entre trabajadores cualificados y semicualificados de la clase obrera. La explicación puede encontrarse en que esa ventaja sobre los tories se expresó en dos partidos y no la recuperó hasta 1992 “cuando casi todos los que votaron a la Alianza volvieron a su partido de siempre. Si Thatcher siguió ganando fue principalmente porque el 60% de los trabajadores cualificados y semicualificados que votaron contra ella estaban completamente divididos”.

Es decir que la división del laborismo no sólo provocó las sucesivas victorias de Thatcher sino que hizo posible una victoria mayor de los conservadores que fue haber transformado al laborismo hasta hacerlo jugar en sus reglas“El verdadero triunfo fue haber transformado no sólo un partido, sino dos”, dijo Geoffrey Howe, ministro de Thatcher.

Todo eso no significa que el thatcherismo no haya tenido una política hacia los sectores populares o que no haya sido efectiva. Por el contrario, todo proyecto hegemónico – y este ciertamente lo fue – supone la primacía de un sector sobre otros y para ello necesita adoptar algunos de los intereses de los subordinados, como todos conocemos desde Gramsci.

Jones encuentra que esa estrategia fue la de negar el conflicto de clase en términos colectivos para trasladarlo al plano de la individualidad. Si había pobres y ricos no era resultado del sistema sino, por ejemplo, de la falta de capacidad emprendedora: “en solo una década el thatcherismo había cambiado completamente el modo en que se veía la clase. Se adulaba a los ricos. Ahora se animaba a todos a ascender socialmente y a definirse por cuánto poseían. Los pobres o desempleados solo podían culparse a sí mismos. Los pilares tradicionales de la clase obrera británica se habían hecho añicos. Ser de clase obrera ya no era algo de lo que enorgullecerse, ni mucho que celebrar. Los viejos valores de la clase trabajadora, como la solidaridad, fueron sustituidos por un feroz individualismo. La gente de clase obrera ya no podía contar con los políticos para que defendieran sus intereses. El nuevo británico creado por el thatcherismo era un individuo de clase media y propietario de una casa que miraba por sí mismo, por su familia y por nadie más. La aspiración significaba anhelar un coche o una casa más grandes”.

Sobre este último punto vale detenerse. Primero para decir que la movilidad social es, en verdad, un “aspiracional” al que también apelan los proyectos nacional populares de nuestra región. Que, en todo caso, la diferencia es si esa apelación lleva consigo un cuestionamiento sistémico o una interpelación al plano individual, si exige que el Estado se meta más o se meta menos para que esa movilidad ocurra. Pero, en segundo lugar, para abordar una idea que ronda algunos análisis sobre nuestra coyuntura: que proyectos como el macrismo encarnan discursivamente mejor una serie de aspiraciones individuales de la época. Es lo que sostienen, por ejemplo, los estrategas de comunicación del propio gobierno de Mauricio Macri: que vienen a mejorar “el primer metro cuadrado”, es decir, los temas que afectan a la vida cotidiana y que quedan lejos de “la política y los dirigentes”. Lo que asegura uno de sus consultores, Durán Barba: “hoy en día los jóvenes buscan, hedonistas, ejercer sus intereses individuales, consumir, expresar su identidad en el seno de una sociedad civil tajantemente escindida del Estado, matriz de pura imposición forzosa. Lo que ahora los jóvenes quieren es que lo político se ponga al servicio de su vida, de su hedonismo, de su placer. No quieren dar la vida por un ideal. Su ideal es que su vida sea hermosa”*.

Este libro sirve para confirmar, primero, que la idea de una sociedad formada por individuos con aspiraciones propias no trae nada novedoso ni mucho menos pre ideológico. Incluso proyectos políticos distintos como el peronismo han trabajado sobre esas aspiraciones. De lo que se trata es de mirar la manera en la que se politizan. Sostiene Jones que “la aspiración social ha sido otro fructífero reclamo electoral, así como un medio de minar la identidad de la clase obrera. Había espacio arriba, prometían: uno podía mejorar su suerte ascendiendo en la escala social. En áreas carentes de sólida clase media —Escocia, Gales y casi todo el norte de Inglaterra— esto tenía un atractivo limitado. Pero allí donde había una fuerte clase media, siempre era más probable que la gente de clase obrera optara por los tories. Era una forma de no ser menos que el vecino, e incluso, pensaban, de unirse a él.

Que los proyectos políticos conservadores den cuenta de aspiraciones de los sectores populares no cambia la esencia de lo que significa un proyecto político conservador. “Lo que debéis comprender sobre el Partido Conservador es que es una coalición de intereses privilegiados. Su principal propósito es defender ese privilegio. Y el modo en que gana elecciones es dando solo lo justo al número justo de personas», cita Jones a un diputado tory.

¿De qué manera dan cuenta los proyectos políticos conservadores de las aspiraciones de sectores a los que buscan interpelar? Los dos ejemplo que pone Jones en su libro sirven para encontrar alguna dinámica en común. Se refiere allí a dos cuestiones: por un lado, la política de vivienda. Por el otro, la reivindicación de la riqueza y de los ricos como sujetos exitosos.

La política de vivienda durante el gobierno de Thatcher funcionó como el símbolo de lo que ese gobierno pretendía para su modelo de sociedad. La vivienda social era uno de los pilares del Estado de bienestar. El gobierno de Thatcher introdujo cambios en la legislación para habilitar lo que se conoció como el “derecho a compra”: que los inquilinos de esas viviendas pudieran comprarlas. Se consideró a la política de vivienda como un medio para operar sobre la identidad de clase, provocando una ruptura entre trabajadores propietarios y no propietarios. Keith Joseph definió el objetivo de la política: “reanudar el avance del embourgeoisement (aburguesamiento) que tan lejos llegó en época victoriana”. De ahí no se deriva como conclusión – el libro no lo hace tampoco – que la contracara necesaria de una política de vivienda que haga propietarios a los sectores menos privilegiados signifique un retroceso; en cambio, aparece como un buen ejemplo de tres cosas a la vez: que la política pública nunca es neutral, que nunca puede ser analizada fuera de contexto y que el diablo está en la implementación.

El derecho a compra vino a desarmar la política de alquileres a precios bajos para sectores postergados, a costa de bajar la oferta de vivienda social disponible para alquiler mientras frenaba construcción de viviendas nuevas por recortes al Estado. El resultado: “el desmantelamiento de la vivienda municipal ayudó a que los precios de las casas se dispararan, creando una burbuja inmobiliaria que está explotando ahora e inyectando niveles de deuda sin precedentes en la economía. El aplastamiento de los sindicatos contribuyó al estancamiento salarial en la primera década de este siglo, lo que ha llevado a muchos a complementar sus ingresos con créditos y; haciéndolo, a agudizar un boom alimentado por la deuda. (…) Los niveles de vida de algunas personas de clase trabajadora son más bajos que si estuvieran pagando alquileres subvencionados baratos en vez de hipotecas a menudo muy altas. De hecho, más de la mitad de las personas que viven en situación de pobreza son propietarios de una vivienda. En realidad, hay más propietarios en el 10% más bajo que en cada uno de los dos décimos que están por encima. Como sabemos, animar a tanta gente a asumir niveles de deuda tan inasequibles fue un detonante de la crisis del crédito”.

Pero lo interesante, más allá de la política pública particular, es la manera en la que una de las políticas que escoge un gobierno se vuelve símbolo, condensa la serie de valores y actitudes que ese gobierno pretende para sí y para la sociedad a la que aspira.

La meritocracia es otro de los legados del thatcherismo que moldeó la cultura política británica hasta para el laborismo. “La nueva Gran Bretaña es una meritocracia”, dijo Tony Blair en 1997. De la misma manera que la idea de las aspiraciones, el significante vacío del ascenso por mérito es un valor compartido por la mayoría de la sociedad. De lo que se trata, aquí también, es de ver cómo se llena ese vacío: cómo alguno de los bandos en disputa lo apropia y lo carga de sentido. Sostiene Jones: “en una meritocracia, los que poseen más «talento» ascenderán de forma natural hasta la cúspide. La jerarquía social se conformará así en función del «mérito». La sociedad seguirá siendo desigual, pero esas desigualdades reflejarían diferencias de capacidad. Matthew Taylor entiende los riesgos, pero cree que es el mejor modelo que puede ofrecerse. «Creo que la meritocracia no es un mal reclamo porque estamos muy lejos de ella, ¿no? Para tener una verdadera meritocracia tendríamos que abolir la riqueza heredada, los colegios privados… Así que cuando la gente me dice: “Pero ¿la meritocracia no es un concepto reaccionario, y no deberíamos abogar por algo mejor?” Yo puedo decir: “Bueno, sí, muy bien, pero estamos muy lejos de tener incluso eso”».

Es decir, la forma de darle sentido a la idea de meritocracia expresa una idea previa acerca del modelo de sociedad: una ideología, vamos a llamarle. Advierte Jones: “la meritocracia puede acabar siendo utilizada para sostener que los de arriba están ahí porque lo merecen, mientras que los de abajo simplemente no tienen el talento suficiente y por lo tanto merecen su suerte. Se usa en la educación para descartar asignaturas vocacionales en favor de las académicas. Todo esto aun antes de examinar los criterios de lo que cuenta como «mérito»: por ejemplo, ¿merece un asesor publicitario multimillonario estar por encima de un limpiador de hospital en la jerarquía social?”

El objeto del análisis político no puede ser la meritocracia como idea abstracta sino la forma en la que un proyecto político la carga de sentido, la politiza y la apropia para sí como fuente de legitimación. En ese sentido, en el reverso de la forma en la que la politizó el thatcherismo estuvo el individualismo. Su esencia se resume en la idea de que no existe la sociedad sino los individuos que la componen. A ese corazón tributan todas las partes: la meritocracia, como el individuo que fruto de su esfuerzo progresa; la aspiración, como el medio de salvación individual; la riqueza – y la admiración a los ricos – como prueba de que que el éxito es posible y sólo fruto del esfuerzo individual.

El individualismo como nueva religión frente a “las antiguas formas” de lo colectivo tuvo su propio “meme”, es decir, su forma resumida de transmitirse de manera sencilla. Fue en el discurso de Norman Tebbit, en el congreso del Partido Conservador de 1981, cuando contó que su padre se había quedado sin trabajo, entonces “no fue a provocar desmanes: tomó su moto y siguió buscando hasta que lo encontró”. “Get the bike” se convirtió desde ahí en un símbolo capaz de transmitir esa idea: el desempleo es, antes que un fenómeno social o el resultado de un sistema que no funciona, una responsabilidad individual. Los parecidos con nuestro criollo “agarrá la pala” – un concepto paradójicamente vertido principalmente contra quienes han perdido el trabajo – quedan a cargo del lector.

Si aspiración, meritocracia e individualismo conforman tres patas de una mesa, la cuarta está compuesta por el otro excluido, el que no es capaz de integrarse de manera individual al sistema. En el libro de Jones, los “chavs”. Estos fueron construidos a partir de la ruptura que el discurso que va de Thatcher hasta el neolaborismo de Blair provocó al interior de la clase obrera: la distinción entre los trabajadores con aspiraciones y los que no. Dice Jones: “la noción `con aspiraciones´ frente a sin aspiraciones solo era uno de los modos como el nuevo laborismo intentó explotar las fisuras surgidas en la clase trabajadora durante el thatcherismo. Otro fue ganar el apoyo de lo que los políticos neolaboristas llamaban ´familias que trabajan duro, oponiéndolas a las millones de personas supuestamente ociosas que se beneficiaban deshonestamente de las prestaciones sociales”.

El camino más fácil sería buscar las coincidencias con algunos discursos e ideas que aparecen y moldean nuestras formas de pensar y actuar la realidad cotidiana. Ciertamente las hay. Es un ejercicio legítimo pero quizás no el más rico de todos. Un ejercicio más útil es quizás poder poner en perspectiva cuántas de las cosas que nos atraviesan hoy vienen pre moldeadas, de proyectos políticos anteriores que sedimentan los nuestros.

¿Cuántas de las actitudes sociales que vemos todos los días, que nos aparecen como novedosas, que parecían silenciadas, vienen de ese país que tan bien describe Guillermo O´Donnell en “¿A mi qué me importa?”? Partiendo desde ahí se puede pensar en cómo moldearon después los gobiernos sucesivos, qué cosas constituyeron reglas y cuáles fueron en verdad excepciones. Y entonces pensar cuáles son las que viene a modificar este gobierno, cuáles a reinstaurar y cuáles nuevas a crear.

Sirve plantearse también la cuestión de las concesiones a las demandas de los dominados: un gobierno se explica mucho a sí mismo por cuáles problematiza y cuáles no. Aquellas que descarta son la primera muestra de la ideología de un gobierno pero el ejercicio no termina ahí: hay que mirar también la manera en la que asume, problematiza y resuelve sus demandas. ¿Tener una política de vivienda dice algo sobre el carácter ideológico de un gobierno? ¿O es el significado que ese gobierno le da a esa política de vivienda lo que lo describe mejor?

La caracterización del proyecto político que gobierna no es un simple ejercicio intelectual, es lo que condiciona cualquier tipo de intervención política posterior. Por eso no es lo mismo enfocar en lo que un proyecto político está dispuesto a dar para sostener o incrementar unos privilegios que mirar cuál es la coalición de intereses que lo componen.

Finalmente, la idea de que el proyecto político gobernante simplemente “encaja mejor” con el clima de época no sólo es derrotista sino que inmoviliza. Primero, porque toma como dato de la realidad algo que es una construcción. Y, segundo y más importante, porque normaliza un determinado tipo de politización sobre la idea de ”aspiración”. Todo proyecto político trabaja sobre aquello a lo que los individuos aspiran, la diferencia está en cómo y para quién (y para quién no) son esas aspiraciones. Ese es el centro de algo que no es un escenario quieto sino una disputa. Y la oposición inteligente quizás no está tanto en tomar los mismos sentidos del adversario para intentar reproducirlos mejor sino en disputarlos en sus significados para cargarlos de otro sentido.

Para decirlo más simple: se puede “agarrar la bici” para salir a buscar empleo y resolver un problema de manera individual o se puede agarrar para problematizarlo como un fenómeno colectivo. La cuestión está en quién y para qué agarra la bici.

Mi comentario: Está claro que Mauricio Macri y su proyecto son mucho menos serios que Margaret Thatcher y el suyo. También es evidente que los sectores privilegiados de nuestra sociedad son más “runfla” que sus equivalentes ingleses. Pero… es fatal confiarse en un enfrentamiento en que el adversario es un idiota. Uno siempre puede ser más idiota.

20 Responses to “Agarrá la pala”: la culpa es de los pobres

  1. Juan Carlos dice:

    “Chavs”, de Owen Jones, no es largo ni demasiado técnico, puede ser una buena lectura más del verano y merece el esfuerzo.

    El libro habla íntegramente sobre la sociedad inglesa, no dice nada sobre Argentina. Owen Jones tiene una mirada bien de izquierda inglesa, pero lo que me interesó más que sus análisis, valederos muchos de ellos, son los hechos que relata.

    En la historia inglesa van a encontrar muchas similitudes con la nuestra que no nos deberían sorprender. Demuestran que, en Inglaterra y Argentina, los objetivos y tácticas usadas son las mismas desde la década del 70 hasta ahora.

    Leer Chavs me resultó un ejercicio interesante, saca de la muletilla “los argentinos somos” y ayuda a tener un panorama más amplio sobre lo que (nos) pasa en el mundo entero.

    Hay dos películas que muestran aspectos de la sociedad británica que describe Chavs que me fueron útiles para leerlo. Made in Dagenham (2010), de Nigel Cole, sobre la huelga de las mujeres de la planta de Ford y “Yo, Daniel Blacke”. La huelga de la planta de Ford en Daggenham ocurre en 1968, pleno estado de bienestar, cuando la industria británica funcionaba como motor económico y social. Yo, Daniel Blacke en cambio se ubica alrededor del 2012, ya pasado lo que los neoliberales llaman “fin de la fiesta”. La película de Ken Loach se estrena en el 2015. Las viviendas sociales aparecen fuertemente en ambos films, pero las comunidades que las habitan son MUY diferentes y esto es lo que vale la pena enfocar.

    El libro está disponible en https://www.epublibre.org en castellano en formato epub, la traducción es … muy española, pero se entiende.

    Y el artículo de Micky es excelente!

    Gracias a los dos.

  2. guillermo p dice:

    Volviendo atrás: ¿Habilita?!!, y eso?. ¿Eleva proyecto de ley? ¿algo así?…, no, “habilita”.

    Pero para completarla anticipa su opinión en contrario. https://www.lanacion.com.ar/2111851-macri-y-la-mayoria-de-los-ministros-en-contra-de-la-despenalizacion

    Y encima se pone de culo a Aguer. “No tiene principios” dijo el obispo.
    https://www.lanacion.com.ar/2111895-el-arzobispo-aguer-cuestiono-al-gobierno-por-abrir-el-debate-por-el-aborto-no-tiene-principios

  3. David (idu) dice:

    Este excelente “posteo british” es un buen disparador para algunas reflexiones de este lado del “charco”

    La preocupación de los sajones por el éxito económico individual choca históricamente con el criterio católico de la virtud de la pobreza.

    El peronismo, y mucho después, el kirchnerismo consideró siempre al “pobrismo” como una virtud. Y con Francisco en el Vaticano, digamos que llegó a su paroxismo.

    Por eso los “pibes chorros” no deberían ascender en la escala social por medio de “agarrá la pala”, sino ser sostenidos por el Estado, y sus “salidas a trabajar” significan muchas veces changas o directamente la apropiación de lo ajeno, con mayor o menor violencia.

    Por eso el “pobrismo” se preocupó más por la ideología y el subsidio que por las cloacas y pavimentos: esa sería la virtud macrista, y su clave de éxito electoral, parecería…

    Ese pobrismo subsidiado también explica que a un país de tantos carenciados, lleguen miríadas de jóvenes colombianos, venezolanos y demás hermanos latinoamericanos para tareas de no muy elevada jerarquía social, principalmente servicios, pero que les permite vivir de trabajar. Lo cual significa que hay demanda de puestos laborales (los letreros sajones dicen: “help needed”, qué lindo), solo que no está equilibrada por el deseo o necesidad de conseguir un trabajo. O sea, que el mencionado “agarrá la pala” sería una buena metáfora… si fuésemos al menos, protestantes.

    Otro aspecto habitualmente omitido es la pregunta de quiénes generan trabajo. El 80% del empleo y el 75% del PBI generado no vienen de los grandes conglomerados empresarios, sino de las siempre olvidadas PYMES.

    Cuyos “capitalistas” viven a 3 metros de sus empleados, suelen comer juntos, generalmente ganan más dinero que sus empleados, aunque también se hacen cargo de las pérdidas y de ir a pedir la escupidera al Banco a tasas imposibles cuando estas ocurren (cosa demasiado reiterada por crisis recurrentes “terminales”).

    Finalmente estos “empresarios” son de clase media, trabajan mucho, y cuando llegan a jubilados suelen cobrar la mínima. En general poseen otros recursos, pero muchas veces estas PYMES fenecen cuando sus creadores se retiran, o se mueren, algunos ceden el emprendimiento a fieles colaboradores de larga data.

    Los que verdaderamente “invierten” día tras día, con todos los gobiernos, y no tienen fondos fugados en el exterior, como ocurre con ministros y demás favorecidos de la política, son, a mi modesto modo de ver, quienes en silencio se constituyen en artífices – por vía del mérito individual de cada componente – de que seamos un país de desarrollo medio, con un PBI per cápita nada desdeñable.

    A pesar de políticos, ideólogos, y fugadores de divisas.

  4. Sergio dice:

    Muy interesante el artículo. Disiento en un punto con el comentario final. Creo que este gobierno es bastante inteligente en un aspecto fundamental. La forma en que van probando hasta dónde pueden avanzar en sus políticas de ajuste. Avanzan, si ven que la sociedad rechaza, retroceden un poco, esperan una nueva oportunidad, avanzan nuevamente. Si tienen que ceder en un tema lateral al económico, lo hacen, como ahora poniendo en discusión (no en práctica, seguramente), el tema del aborto. Evidentemente hacen y dicen estupideces varias en distintos rubros. Pero ese timing global para saber hasta dónde apretar y cuando aflojar un poco, lo hacen bastante bien, lo que, a mi juicio, les confiere no poca peligrosidad como adversarios.

  5. Abel B. dice:

    Hola, David. Supongo q autorizo sus comentarios -en general, el mismo comentario, repetido infinidad de veces- porque me parece interesante la forma en que Ud. se aferra a un determinado discurso. Que expresa una convicción muy profunda, estoy seguro. Y que no es exclusiva suya – no tendría interés en ese caso; tiene raíces hondas en buena parte de nuestra sociedad.

    La bauticé -con algo de arbitrariedad- como “cualunquismo”.

    La forma en q lo volcó esta vez es, además de frecuente, significativa “La preocupación de los sajones por el éxito económico individual choca históricamente con el criterio católico de la virtud de la pobreza”. Porque -dejando de lado el “Weber for dummies”- es un pensamiento que se puede rastrear en un planteo muy común, de 70 a 100 años atrás, en inmigrantes y argentinos de 1° generación “Los criollos son vagos (no como nosotros)”.

    La forma en q lo pone en este comentario es especialmente tonta, porque el post habla de los chavs ingleses, protestantes por origen. Supongo q es la bronca q hoy despierta Francisco al desvalorizar la supuesta ética del esfuerzo y el mérito individuales. Pero ha sido un problema viejo con el cristianismo “Mirad los lirios del campo, que no trabajan ni hilan…” Y lo resuelven ignorándolo.

    El punto clave, me parece, es la necesidad de valorizarse a uno como productivo y esforzado, a partir del contraste con el “vago” y especialmente con el joven (a veces un hijo del esforzado) que ha adquirido un bagaje intelectual y menosprecia su esfuerzo y sus objetivos. Es muy antigua la cosa, pero el cualunquismo es bastante antiguo. E irreal.

    Porque el cualunquista que se ve como el elemento productivo… no critica, no se animaba (intelectualmente) a cuestionar al hijo del estanciero que tiraba manteca al techo. Ni ahora, al especulador financiero exitoso. Murmura alguna vaguedad sobre la banca… Pero afirma enseguida que todos los gobiernos la favorecen. Es como la lluvia, q no se puede (no se debe) evitar.

    No. La culpa (de todo) la tienen los que dicen favorecer a los pobres. Y el cualunquista hace un reconocimiento de palabra a la ética cristiana (o del rabino Hillel) diciendo que el IVA castiga a los pobres. De las retenciones no se habla.

    Es lo que hay.

  6. Abel B. dice:

    Hmmm… No estoy de acuerdo, Sergio. Pero preciso: Que nuestros sectores privilegiados son -la historia los ha hecho- MUCHO menos capaces que sus equivalentes ingleses de desarrollar una estrategia a largo plazo, no tengo dudas.

    Que este gobierno es torpe… Puedo estar equivocado. O no. Lo sabremos, a más tardar, en octubre de 2019

  7. guillermo p dice:

    “El 90 % de los que nacen pobres, mueren pobres por inteligentes y trabajadores que sean, y el 90 % de los que nacen ricos, mueren ricos por idiotas y haraganes que sean.
    Por ello, deducimos que el mérito no tiene ningún valor”.

    Josep Stiglitz.
    Premio Nobel de Economia 2001.
    Ex primer vicepresidente y economista jefe del Banco Mundial 1997 – 2000.

  8. Sergio dice:

    Comparto Abel, también creo que las diferencias entre nuestros sectores privilegiados y los equivalentes ingleses son grandes, efectivamente me refería al tema de la supuesta torpeza del gobierno. Y aclaro que también comparto que se les puede ganar el año que viene. En todo caso nos diferencia un pequeño matiz. Por mi parte creo que no alcanzará con no ser idiotas, me parece que habrá que ser verdaderamente inteligentes para lograrlo.
    Saludos.

  9. Silenoz dice:

    Lo de Aguer es al sólo efecto de mover al tilingo un poco más al centro de la extrema derecha….. o mostrar que hay algo más a la derecha todavía que esta manga de CEOfascistas… para que no se note tanto

  10. Pablo Ziegler dice:

    Otra vez la letanía del falso “pymismo” aderezado con “sontodoslomismo”…

  11. ram dice:

    Bueno, una diferencia Básica entre un oligarca inglés y uno de por acá, es que uno es de los acostumbrados a vivir DE las colonias y el otro está feliz si es empleado del mes en la susodicha colonia…. después pueden ser igual de mezquinos, miserables y/o retrógrados, en fin, los detalles pintorescos entre amo y sirviente, un poco mejor pago, éso sí.
    El tatcherismo puede analizarse políticamente pero. ¿corresponde hacer el mismo análisis con una banda de malandras, depredadores e ineptos? – Sospecho que no – Ahí hay libros que falta que se escriban, de la bruja de fierro hay muchos.
    Para mí lo llamativo y que debiera relacionarse directamente con la experiencia argentina, es ese laborismo dividido entre los “abiertos” al esquema liberal (con el consiguiente fracaso) y los “nostálgicos” del estado de bienestar (que no era un paraíso pero tampoco la pavada) – Cualquier similitud con los actuales dadores de gobernabilidad argies (dícense “peronistas”) y los seguidores del tuerto y la yegua, no es casualidad, digo yo, bah!.

  12. victorlustig dice:

    Hay mucha tela para cortar en el post y los comentarios, para mi eh

    a) Descubro que el peronismo es fatalista, y, que, lo que pudo conseguir el tipo que bajo del barco se lo dio el gobierno, ni antes (1950s) ni ahora en la decada ganada.
    Y centro esto en la vivienda, los planes del hipotecario de los 50s no estaban accesibles a los inmigrantes, por diversas razones, los de la decada ganada, tampoco, por eso las barriadas del tano en el GBA construidas a pulmon sabados y domingos y los paraguayos/peruanos/bolivianos ahora.
    Con lo cual, el ascenso a vivienda propia era una gracia y un prethatcherismo de esa epoca, complementado por la ausencia de alquileres debido a la ley de 1943.
    Seria Peron un prethatcher?

    b) Nada sirve, hayq ue esperar el mana, segun la Biblia (los lirios etc) y segun Stiglitz, Hay un parrafo de la Biblia para cada dia y uso y uno de Stiglitz tambien, no?

    c) David, en algun punto Ud representa los que viven de suelvendos, un sueldo asignado y dividendos a fin de año, conozco algunos cuantos, en un punto son respetables, en otro, para mi, no, generan empleo? si, de monotributos, si, y, quizas producto de la montaña rusa de este pais no avanzan, no puedo calificar, no lo se.

    despues hay mucho mas, pero la perla es la definicion fatalista de sociedad medieval implicita en todo el post, nada mas lejos del peronismo y/o radicalismo y/o la 1420

  13. Politico Aficionado dice:

    Otro filósofo, anterior a Thatcher, planteaba que el motor de la historia es la lucha de clases.

  14. ¿De qué estado del bienestar hablás? ¿De qué laborismo abierto al esquema liberal? Eso no existió nunca aquí

  15. Abel: no te rasgues las vestiduras. Hay pobrismo empresario en nuestro país. Un país que en que los ricos piden protección, para así dar empleo. ESO es pobrismo. Pero no lo entendemos, y creo que lamentablemente vos tampoco.

  16. guillermo p dice:

    V´ctor: chupame un huevo.

  17. ram dice:

    Si te tomaras la molestia de leer, verías que hablo del laborismo INGLES, aunque todavía debe haber jovatos que se acuerden que alguna vez el peronismo llevó la etiqueta “laborista”.
    Y en la nota en sí se habla de esta división del laborismo INGLES, lo mencionado por mí, es la similitud entre ese laborismo INGLES, su división y su casi borrado del mapa INGLES, en lo social y hasta en la vida cotidiana y, claro, la paulatina desaparición del estado de bienestar INGLES – Situación análoga a este peronismo ARGENTINO, dividido entre los liberal-friendly y los opositores dendeveras. El “ser o no ser” de Hamlet, pero en morocho. Y de la división al “no ser” hay un suispiro de distancia, podés preguntarle a los saldos y retazos de la UCR amarillenta, cómo es.
    Si acá hubo estado de bienestar, tal vez sea discutible…. lo que es indiscutible es que con el peronismo (46-55 y 2003-2015) es que se estuvo más cerca, todo lo demás fueron y son intentos de hacerlo moco.

  18. David (idu) dice:

    Avísale a Stiglitz que en la Argentina logramos algo muy superador: en apenas una generación, pasar del 4% de pobres al 30% estructural.

  19. victorlustig dice:

    aha, guillermo, es absolutamente kirchnerista lo tuyo

    por si no te diste cuenta, el 1er parrafo implica que comparar dos realidades distintas no sirve, en Inglaterra no hay GBA ni tanos constructores, ni Plan Evita, las viviendas de alquiler propiedad de las municipalidades tampoco. Ni en los 50s ni en los 60s ni nunca tontin

    asi que comparar eso, es comparar peras y manzanas, y no, lo que ayudo al disparo de los creditos fue relajar los requisitos, el NINJA tambien ocurrio ahi

    Parafraseando la ultima frase de nuestro anfitrion, siempre se puede ser mas idiota

  20. Raúl C. dice:

    Es gracioso, el señor tiene opiniones sistemáticamente opuestas a toda expresión gremial o política de las pymes argentinas.
    En todo caso, expresa a los dueños de pymes que idolatran a los ricos.

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