Una agenda “atlantista”

Cuando empecé a armar este posteo, lo pensé con el título “Una agenda a la derecha”. Pero las categorías de Derecha e Izquierda sirven más para describir la realidad política de Europa en los siglos XIX y XX, que para hablar de posicionamientos en el sistema global. ¿Cómo hacemos para ubicar a Trump, Macron, Merkel, Putin, Modi, Xi y Abe de izquierda a derecha, salvo que sea en un mapamundi o para una foto?

Entonces, les acerco esta columna de Carlos Pérez Llana, profesor de Relaciones Internacionales en las Universidades Di Tella y Siglo 21. Tiene, como dije de esta otra que subí a principios de enero, un enfoque “atlantista” convencional. El que promueven y comparten, con matices, desde 1945 los EE.UU. (salvo la “anomalía” Trump), las potencias que conducen la Unión Europea y los países alineados con esa postura.  En otras palabras, la política internacional del gobierno de Macri y de los sectores que lo apoyan.

¿La subo para que los militantes nac&pop se indignen con C. P. L.? No. La indignación es una herramienta política, como otras emociones -Lilita Carrió la usaba muy bien, por ejemplo- pero no sirve para entender la realidad.

La subo porque es el enfoque tradicional de los diplomáticos argentinos, compartido por una parte numerosa de nuestra sociedad. Y porque Pérez Llana es un analista inteligente e informado, y deja claro, sin decirlo abiertamente, que el gobierno actual no tiene idea de cómo moverse, aún dentro de ese enfoque.

Pero sobre todo, me interesa porque plantea en forma indirecta un desafío estimulante: pensar cómo sería una política exterior argentina para un gobierno nacional y popular, hoy, en la última parte de la segunda década del siglo XXI. Aclaro que repetir consignas no alcanza. Por ahora, agrego sólo un comentario corto al final.

“Días pasados, mientras el Presidente esperaba, desde Davos, “buenas noticias” provenientes de París, en orden a destrabar las negociaciones del Acuerdo Comercial Europa/Mercosur, su par francés recorría la “Francia profunda y rural”. En un verdadero peregrinaje cargado de símbolos, Emmanuel Macron visitó los feudos rurales de Francois Mitterrand y Valéry Giscard d’ Estaing. Estos dos presidentes simbolizan el espacio político social-liberal sobre el cual se sustenta “En Marcha”, partido fundado por el actual Presidente. En esas jornadas, Macron ratificó su adhesión a la identidad francesa asociada a la tierra, con un discurso que viene de lejos en defensa de la política agrícola-ganadera. No era ajeno a estos gestos el fantasma lepenista, consolidado en el mundo rural, porque el 28 de enero se desarrollaban elecciones parciales en algunas de esas geografías.

En París se impulsa un acuerdo con el Mercosur, pero existen líneas rojas que son históricas y que el Eliseo defendió exitosamente en todo lo referido a la política agrícola común. Sólo si ellas se contemplan habrá acuerdo. A ningún Presidente francés le tembló el pulso para defender esos intereses, como primera potencia agrícola europea, frente a Londres o Berlín. No va a cambiar ahora.

Macron es un líder político referencial y su “diplomacia teatral” brilla cuando Alemania lleva meses sin gobierno y Londres administra patéticamente el divorcio del Brexit. Macron, un europeísta confeso, es un estratega que no ignora las ventajas que significa para Europa firmar nuevos acuerdos comerciales en tiempos donde se avizora una guerra comercial asociada al “momento Trump”. Pero su visión de la política exterior es global, incluye la diplomacia comercial, como lo acaba demostrar semanas pasadas en Pekín abriendo mercado para las carnes francesas, impulsando la venta de aviones, de plantas de tratamiento de desechos nucleares y defendiendo el medio ambiente.

Actualizar el GPS estratégico y revisar los formatos diplomáticos es un ejercicio insoslayable, capitalizando las experiencias. Ese momento parece haber llegado, luego de dos años de gobierno que coinciden con la gira del Presidente Macri a Moscú, Davos y París.

La Argentina logró volver al mundo, donde en verdad estaba pero con malas alianzas y con una agenda ideologizada. Fuimos recibidos porque hubo un cambio de rumbo. En ese giro, la compatibilización de necesidades internas y oportunidades externas resultó una fórmula eficaz. El gobierno tradujo ese formato en una diplomacia basada en la captación de mercados e inversiones. El ejercicio fue necesario, pero hoy resulta insuficiente básicamente por dos razones: una mala historia económica, que se alimenta de inflación e incertidumbre, no se logra borrar en plazos cortos y no es fácil abrir mercados porque la competencia es ardua y nuestros costos son elevados.

Una visión más global de la política exterior debe y puede ser adoptada. Ahora bien, ¿qué supone? Prioridad: identificar tendencias, transformación geopolítica y revolución tecnológica. El siglo XXI será chino y en la era digital el “driver tecnológico” es la inteligencia artificial. Dos citas son elocuentes: Jia Qingguo, de la Universidad de Pekín, sostiene que “el liderazgo los Estados Unidos no lo están perdiendo, lo están entregando” y E. Schmidt -del Board de la innovación para la Defensa americana- en el Encuentro sobre Inteligencia Artificial y Seguridad Global (11/2017) afirmó que “en el 2020 China alcanzará a los Estados Unidos y los superará en los ’30”. Definido el contexto, mejorando la diplomacia comercial y dejando de aludir al “volvimos al mundo”, una diplomacia global al menos debería contener cinco prioridades.

La primera está asociada con la seguridad. El Informe del Eurasia Group, presentado en Davos, advierte que desde el 2008 los riesgos geopolíticos nunca han sido tan elevados. Contribuyen la política trumpista y los problemas estructurales asociados a las desigualdades crecientes. Por esa razón nuestra diplomacia debe contribuir a generar en nuestra región las mejores condiciones de seguridad, manteniéndose alejada de los discursos rupturistas. La abstención de la Argentina en la ONU en el voto de condena a la decisión americana de reconocer a Jerusalén como Capital de Israel, constituyó una ruptura con una tradición, basada en principios e intereses, y nos colocó en un espacio diplomático desaconsejable (N.B.: Argentina siempre condenó ese planteo unilateral israelí, como la gran mayoría de los países latinoamericanos y de Europa).

La segunda refiere a la agenda ambiental. La Argentina está bien colocada en energías renovables. En el sector existen inversiones y estamos en condiciones de cubrir en el 2025, el 20% de la matriz energética con esas energías. Existe, sin embargo, una mala herencia que tienta: construir nuevas centrales nucleares (C.P.L. está con los anti energía nuclear… ¿Qué diría Saracho?). Abogar por el Acuerdo de París es una buena política.

La tercera alude a la defensa del multilateralismo, particularmente el comercial. El proteccionismo es un mundo de fracturas, donde imponen la ley los más fuertes. En la Cumbre de Buenos Aires se advirtió la fragilidad de la Organización Mundial del Comercio, es una prioridad preservar esa diplomacia. Están en juego nuestros mercados. Sin duda, un tema para la Cumbre del G20.

La cuarta prioridad apunta a insertarnos en la agenda de las transformaciones ligadas a la inteligencia artificial. Quinta y última, existe un vacío de liderazgo en América Latina. Durante el 2018, un año electoral, la región no puede quedar silente en el mundo. Existen nuevos y viejos problemas, debemos y podemos contribuir a solucionarlos”.

Mi comentario: La crítica de C. P. L. al gobierno anterior “La Argentina estaba en el mundo … con malas alianzas y una agenda ideologizada” refleja también el problema del actual… y de un futuro gobierno más… nacional.

No importa que Macri, y sus apoyos, se sientan cómodos en el papel de satélites de los EE.UU. y de la Unión Europea. No cambia el hecho, viejo de dos siglos, que la economía argentina no es complementaria de la yanqui, sino competidora, en los pocos rubros en los que es un exportador importante. Y el otro hecho, más reciente, que la Unión Europea no está interesada en lo que podemos venderle.

Nuestros clientes actuales y potenciales son China, India, los países del Medio Oriente… para los que somos, a lo sumo, un interés lejano. Su realidad y sus urgencias están en Eurasia. Lo mismo vale, por supuesto, para Rusia, con quien el gobierno anterior y el actual han mantenido una “alianza estratégica”.

Sigue siendo real lo que se plantea en este blog desde que existe: Argentina sólo puede ser algo más que un peón en el tablero global como parte de una alianza sólida con el resto de la América del Sur. Pero la situación hoy es muy distinta -al menos en la superficie de la política- de la que existió hasta la mitad de esta década. Sigue en pie la pregunta: ¿cómo sería una política exterior argentina para un gobierno nacional y popular, hoy?

6 Responses to Una agenda “atlantista”

  1. julio dice:

    Es interesante, como, Abel,
    en cada uno de sus posteos,
    siempre tira 4 o 5 líneas formadoras hacia la progresía
    (como así también, para todos nosotros),
    saludos y que anden bien.

  2. Rogelio dice:

    Para la Agenda de los argentinos…

    Saludos

  3. Norberto dice:

    No lo entiendo Gran Jefe, disfrazar subordinaciones mentales, como las que tienen los States con el United Kingdom, o nuestra élite europeista con ambos, a alguien con tanto currículum no le debería obnubilar al punto de ocultar que los países, grandes o chicos, no tienen amistades sino intereses.
    Que Tillerson, a quien respeto, nos diga que son confiables, demuestra que su especialidad son los negocios, no la historia, ni siquiera la reciente, con lo que parece darle la razón a Durán Barba en aquello que “lagente”, y yo diría los pueblos, solo recuerda los últimos tres meses, y yo creo que a los sometidos voluntariamente a la caja boba podríamos meterlos en esa categoría, pero que una mayoría, al igual que sus naciones, priorizan sus intereses, que en general difieren mucho de los del país del Norte.
    Los reproches son muchos y en todos los campos, desde los famosos subsidios que importamos cuando les compramos algo, o que nos impiden exportar cuando competimos hasta el saqueo aprobado por su Poder Judicial en beneficio de los buitres con el disparate de proporciones de sus sentencias.
    Como pueden reparar eso para un nuevo comienzo me parece una tarea de proporciones, que además no está en sus planes, que vuelven a ser los de Braden para le región, pero que los spahi, sepoy, o cipayos pongan por escrito sus húmedos sueños debo decir que no me resulta agradable.
    Y algo muy importante, además de cazas muy interesantes, los rusos tienen misiles superficie/superficie con alcance como para destruir la base británica de Malvinas y sus naves de apoyo sin mover un solo soldado, y sin que tengan posibilidad de respuesta, será por eso que están tan alterados que en el incidente del San Juan aparecen indicios que las potencias decrépitas o decadentes del norte, decidieron que el patrón de sonido de uno de sus submarinos equivalía a la foto de Yabran.
    Stop Flybondi
    Nunca menos y abrazos

  4. ricardo j.m. dice:

    o sea que ahora no se tiene una relacion con el tal mundo de manera ideologizada.

    por dios este tipo es un payaso

  5. Mariano T. dice:

    No tengo duda de que el Pacífico es nuestro destino, ahí está el futuro, y nuestra demanda.
    Pero la macana es que es una zona mucho más competitiva que Europa en manufacturas. Podemos aspirar a que un aumento de la productividad nos permita sobrevivir industrialmente a las manufacturas europeas hechas con altos salarios. Con Asia es mucho más complicado.

  6. […] desafío que comenté ayer, el de pensar “una política exterior argentina para un gobierno nacional y popular” me […]

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