Política y corrupción, otra vez

Audacia-Silvio-Berlusconi

Repasando este tema, siempre actual, encontré que este año se va a cumplir una década de la primera ver que lo analicé en este blog. Para confirmar mi idea que, como en la literatura, en política se trabaja con un número limitado de argumentos, les cuento que el disparador fue una operación de Carlos Pagni, entonces recién transferido de Ámbito a La Nación. A pesar de eso, o quizás por eso, creo que lo que dije ahí sigue siendo válido.

Por supuesto, hay más cosas para decir. Hace un año Gerardo Fernández rescataba del libro “Estrategia y Táctica del Movimiento Nacional”, de Arturo Frondizi, publicado en 1964, el capítulo “La corrupción, pretexto para derribar gobiernos populares”.

No ha habido hazaña -militar,política,económica,cultural- de trascendencia para el afianzamiento de nuestra nacionalidad y el acrecentamiento de su patrimonio material y espiritual , que no haya sido objeto de las más irresponsables campañas de difamación tendientes a invalidarlas, menospreciarlas o postergarlas“. También los invito a leer el resumen que hace Gerardo.

Pero creo que es necesario tener claro algo, que en la convicción y el entusiasmo de la militancia se puede pasar por alto: Las denuncias de corrupción son un arma política eficaz. Un militante, o un estadista, cuando juzgan a un gobierno, deben evaluarlo por las consecuencias de sus medidas. Pero también deben saber que la política no es un análisis racional. Los de a pie tienden a creer las denuncias que les repiten los medios. Es natural: las grandes fortunas en nuestra país -en todos, bah, si uno lee la historia- se han formado, y se multiplican, con los favores del Estado. Y, así es la naturaleza humana, las fortunas “nuevas” despiertan más bronca en muchísima gente que las “viejas”.

Es cierto que los de a pie se dan cuenta pronto que las denuncias más aparatosas no cuentan con pruebas, y se hacen según las necesidades políticas de los denunciantes. Sobre todo, que los que enarbolan la moralidad no les mejoran la vida. Por lo general, se la empeoran.

Hay dos ejemplos que me interesa señalar, porque muestran esa arma usada en la política internacional. La “mani pulite” (busquénla en Wikipedia) fue una campaña judicial de moralidad que destruyó una clase política exitosa: la alianza explícita de la Democracia Cristiana y partidos menores, con la participación no reconocida del Partido Comunista, que llevó a Italia de la destrucción y miseria de la posguerra en el ´45 a ser uno de los tres países claves de la Unión Europea. Sólo la clase política y empresaria brasileña ha sufrido un “bombardeo” similar. Con un desempeño anterior menos brillante.

Hay otras razones, por supuesto, que contribuyeron al deterioro de la economía italiana. Pero lo cierto es que esa tormenta judicial no la mejoró. Ni tampoco la moralidad pública. El sonriente don Silvio, cuya imagen encabeza este posteo, podría contar mucho del asunto.

El otro caso lo mencionó hace poco en la columna de comentarios el estimado Manolo Barge: el asunto Siemens. Que toca varios gobiernos argentinos, y empresarios íntimamente vinculados al actual. Los jueces locales, en general, no se meten con quienes tienen la manija. Pero hay otros jueces, y otros medios.

Hugo Alconada Mon, que más allá de sus compromisos políticos, es serio e informado, fue publicado en estos días por el New York Times. Conviene leerlo, porque tiene algunos elementos que no aparecen en la versión publicada en La Nación. Nuestros gobernantes, y nuestros empresarios, deberían tomar nota de este interés del influyente medio yanqui.

La noticia pasó de largo en los medios de comunicación y agencias de noticias de la Argentina y el resto de América Latina. Apenas un par de cables, del 22 de diciembre, informaron que un exejecutivo de la multinacional alemana Siemens se declaró “no culpable” ante una Corte Federal en Nueva York de lavar dinero para pagar coimas en la Argentina y, por tanto, afrontará un juicio oral en Estados Unidos en julio de este año.

Dicho de otro modo, la justicia de Estados Unidos detuvo y juzgará a un alemán por presuntos delitos cometidos en la Argentina, donde esos crímenes siguen impunes desde hace ya veinte años. O: la justicia de Estados Unidos juzgará lo que la de la Argentina no pudo o no quiso juzgar durante las últimas dos décadas. Y eso nos lleva a algo más profundo que el “caso Siemens”, algo más sistémico y generalizado que solo un caso en la Argentina.

La impunidad es un viejo flagelo en América Latina. Porque aún en los contados casos en que un acusado se arrepiente y se declara culpable —como ocurrió con Siemens en 2008 y, más acá en el tiempo con el gigante brasileño Odebrecht—, los poderes judiciales del hemisferio se resisten a aplicar condenas contra el poder político o económico.

Los motivos también son conocidos: el temor a las represalias en ciertos casos —y es cierto que más de un juez terminó en la calle por enfrentar al poder— y la carencia de herramientas indispensables son dos de los principales. Pero también muchos jueces y fiscales forman parte del sistema —del “círculo rojo”, como le dicen en la Argentina— que ellos mismos deberían investigar y condenar.

Comencemos por el inicio. ¿De qué se trata el capítulo argentino del Caso Siemens? En 1998, unos años después de dos atentados terroristas en Buenos Aires, el entonces presidente Carlos Menem ordenó mejorar los controles fronterizos y modernizar los documentos de identidad y los pasaportes.

El objetivo era correcto, pero la idea se sazonó con las tentaciones de unos cuantos y, tras una serie de enjuagues que incluyeron a varios pesos pesados criollos —entre ellos, Alfredo Yabrán, los Macri y los Ciccone—, Siemens se quedó con el contrato.

El problema es que esas tentaciones fueron demasiado lejos, los valores del contrato resultaron demasiado llamativos y Siemens terminó en el peor de los mundos: pagó sobornos para ganar el contrato, pagó para mantenerlo vivo —mientras la justicia argentina iniciaba una investigación por corrupción— y, tras la asunción del siguiente presidente, Fernando de la Rúa, pagó también a algunos de sus colaboradores para tratar de resucitarlo.

¿Total? Siemens pagó más de 106 millones de dólares en sobornos. Pero aun así, cuando tras el colapso económico de 2001 la clase política comprendió que no podía darse el lujo de apoyar una negociación tan escandalosa, se quedó sin contrato.

Para entonces Alemania ya había iniciado su propia investigación sobre las trampas de Siemens alrededor del mundo y Estados Unidos metió también sus narices. Algo similar ocurrió con la corporación Odebrecht durante los últimos tres años, tras una investigación que comenzó en Curitiba se expandió tocando a poderosos y ramificándose por varios países, hasta generar la reacción del Departamento de Justicia estadounidense, que multó a Odebrecht, como en 2008 sancionó a Siemens.

Por el contrato firmado en la Argentina, Siemens echó a ejecutivos, pagó multas millonarias en Alemania y en Estados Unidos, pidió perdón alrededor del mundo, retiró una demanda contra la Argentina ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (Ciadi) y dijo ser una nueva compañía, con prácticas transparentes y cero corrupción.

Para resumir la historia, los ejecutivos quedaron a la deriva con sus problemas penales en Alemania, en Estados Unidos y en la Argentina. Entre ellos, Eberhard Reichert, un apacible jubilado alemán de 78 años ahora, pero que en los años noventa fue un alto ejecutivo de Siemens Business Services (SBS) que viajó a la Argentina en 1998 para firmar el contrato con el gobierno de Menem y se encargó también de varios contratos ficticios de consultoría para canalizar los sobornos. Ahora el Departamento de Justicia de Estados Unidos lo juzgará, a partir del 16 de julio, por esos fraudes.

Así, mientras Siemens expió sus pecados en Múnich y Nueva York —multa récord de 1600 millones de dólares—, y sus exdirectivos lidian con los platos rotos, la investigación argentina sigue sin establecer condenas. Por el contrario, el expediente que tramita en Buenos Aires desde 1998 estuvo a un paso de terminar en el archivo o cerrarse por prescripción.

¿A qué se debe esa inacción? Nada que a un latinoamericano sorprenda demasiado, ¿o sí? Durante años jueces y fiscales no quisieron investigar, las defensas plantearon todo tipo de apelaciones dilatorias, los políticos evitaron exponerse entre ellos y los empresarios fueron parte del juego. Por eso, el Caso Siemens es sintomático del cuadro de impunidad que impera en la Argentina y otros muchos países de América Latina, donde la justicia es ciega y dura con los débiles, pero servicial con los poderosos“.

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2 Responses to Política y corrupción, otra vez

  1. Katachi dice:

    La corrupcion es el argumento perfecto para el PERONISMO PICHETISTA para excluir a CFK, el mismo Masa dijo que por la corrupcion, hay un oceano de distancia con CFK. Se nota que a los politicos opositores no les importa REGARLARLE 4 AÑOS MAS A MACRI.
    Hasta Bossio tiene lugar en el peronismo Pichetista.

    Ahora, a que se debera su falta de interes por las elecciones? o un iluso podria decir, POR EL BIEN DEL PUEBLO?????

    los gobernas que apostaron a ser una copia de Macri perdieron ahora y muy probablemente pierdan en el 2019, PERO SIGUEN CON LA MISMA ESTRATEGIA?

  2. Rogelio dice:

    Estimado Abel:

    Corrupción política y cáncer fiscal estructural

    – Se trata de un régimen tributario aún vigente pero promovido durante el Proceso Militar, durante los años ’70.
    – Obviamente, hay beneficiarios civiles que justifican que el sistema haya perdurado a lo largo de todos los gobiernos hasta la actualidad, superando todos los escrutinios de los organismos de DDHH.
    – Carlos Pagni lo expuso sin pelos en la lengua en su programa de “Odisea Argentina” del 13/11/2017 (en los 13 minutos iniciales del video que incluyo al pie), interpelando al presidente Macri en forma directa.
    – En mi humilde opinión, la connivencia y la tolerancia de notorios dirigentes peronistas con esta operatoria es un buen indicador para comenzar a explicar las consecutivas derrotas electorales recientes.

    Saludos cordiales

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