Posteo invitado: “El enemigo es el sectarismo”

(Hoy habrá una prueba de fuerza muy importante para establecer límites a algunas políticas de este gobierno y, necesariamente, para la relación de poder entre él y sus opositores. Pero es un episodio, no el fin de la historia. Y escribí mucho sobre este tema en el blog.

Igual, no me parece serio hacer un análisis antes de tener la certeza del resultado de lo de hoy. Por eso, decidí subir el aporte reciente de un comentarista casual del blog. No todo es guerra de hinchadas en la columna).

A principios de este mes subí un trabajo de Ernesto Villanueva sobre la relación de los procesos nacional-populares en América del Sur con los sectores medios. Está aquí y aquí. Un comentarista, Mario Burgos, expresó su desacuerdo, no con las conclusiones, sino con el enfoque en sí. Subo aquí lo que dijo -muchos no leen los comentarios- y agrego al final el mío.

“Es interesante ver todas las palabras que pueden articularse para explicar una situación que no se comprende o, peor aún, no se quiere reconocer.

En 2015 perdimos las elecciones por un punto y medio. Esto es, si 400 mil compatriotas que votaron a Cambiemos nos votaban, estábamos gobernando y discutiendo otra cosa.

Cuando algo así sucede, esto es, cuando una fuerza gobernante pierde por una diferencia mínima, no se trata de un giro de 180 grados en la adhesión mayoritaria (sustento del análisis en cuestión: No nos habría votado la clase media pero es porque no la comprendemos) sino de una campaña errada por parte de la fuerza que perdió.

Nunca se reconoció la contraofensiva imperial que siguió a la derrota del ALCA (el punto más alto en la correlación de fuerzas para los gobiernos populares en América Latina), la crisis global y el plano de defensiva táctica que estos factores determinaban para nuestra región.

Dimos batallas imposibles, como la 125, la “democratización de la justicia”, que fueron disgregando nuestro frente a la vez que alimentaban la recuperación del frente oligárquico corporativo que hoy gobierna. Aún así perdimos por punto y medio.

Tal la crisis de hegemonía del bloque de poder, tal la densidad de la cultura popular. Pero fuimos a las presidenciales con una propuesta ajena a esa densidad: “el candidato es el proyecto“, “si la tocan a Cristina” (cuando Cristina no era candidata), “quien quiera puede ser candidato” (cuando el único que existía por su presencia en el escenario por doce años era Scioli); una resolución de candidatura que, aun siendo inevitable se negó hasta que se produjo (se dejó que Randazzo siga en campaña, tras cometer el imperdonable error de decir que el enemigo estaba dentro del FPV en la persona de Scioli y se definiera como “el candidato de la presidenta“).

Y en todo ese proceso la teoría del “núcleo duro”, la idea que, aun en una derrota, se volvería con más fortaleza, a corto plazo y con más apoyo popular si se garantizaba (cómo?) una fuerza militante con unidad ideológica. En el camino, limamos al candidato (que no era Proyecto sino Scioli) y aún así casi ganamos.

Pero perdimos y lo que no se había comprendido comenzó a hacerse evidente: Sin el kirchnerismo gobernando y con una derrota popular, la balanza del sentido común se movió hacia donde siempre tiende a inclinarse en el capitalismo: hacia la derecha. El pensamiento dominante tiende siempre a convalidar la dominación y explotación. Los momentos virtuosos de recuperación popular y rescate cultural son eso, momentos, y solo pueden proyectarse en un período largo cuando una serie de factores permiten que un fuerza popular acceda al gobierno y utilice esa gran herramienta, también ideológica, para hacer de la solidaridad, el sentimiento nacional y regional, la ampliación de derechos, valores políticamente correctos.

Perdido el gobierno sobreviene lo que enfrentamos. No niego que conocer qué son, como evolucionan los sectores medios, y cómo actuar con ellos sea importante. Pero más importante es superar el sectarismo. El enemigo es brutal y su poder enorme, así que las derrotas son previsibles. Pero cuando la derrota deviene del error propio la confusión social, dispersión y desconfianza hacia quienes lo cometemos duplica la derrota”.

Hay dos puntos en los que no estoy de acuerdo con lo que dice aquí Burgos. Uno es lateral: no me convence la “autocrítica a otros”. Aún cuando, como en este caso, el que la hace se asume, honestamente, como partícipe en los errores cometidos. Pasa que esa participación es teórica, emocional, si se quiere. Uno se identifica con la causa y asume como propios los errores. Pero no lo fueron.

En mi opinión, la autocrítica válida es la que hace -si la hace- para sí quien tomó las decisiones. Porque el que no lo hizo, no puede conocer todos los factores, todas las circunstancias que pesaron en esa decisión.

La de los otros es crítica a secas. Y mide los resultados. Si se logró lo que se quería, a un costo aceptable, la decisión fue buena. Si no… A probar con otra cosa o a joderse.

El otro punto es central: Es cierto que el Frente para la Victoria perdió por muy poco en diciembre de 2015. Pero eso fue hace dos años, y cuando se tenía el gobierno nacional.

Esa realidad ya no existe. Una parte del voto peronista -lo comenté otras veces en el blog- del voto de los humildes, es voto oficialista. Porque sólo el gobierno puede solucionar sus problemas inmediatos. Si el gobernante no lo agrede, tiende a darle una oportunidad de hacerlo.

Esa parte no es la decisiva, por cierto. El peronismo tiene más de 70 años y perdura en el afecto y la identidad de nuestro pueblo. Y una porción grande de esos años estuvo fuera del poder, o proscripto. Pero ahora, otra vez, ya no cuenta con ese plus que le daba manejar el gobierno. Un plus de más de un punto y medio.

Necesitamos, estoy convencido, encontrar cómo hablar y sumar a los sectores medios argentinos, muy diversos, y casi todos muy distintos de la clase media “contrera” que existía en los ’40 y ’50 del siglo pasado.

Entonces ¿por qué subí esto de Burgos? Bueno, es posible que él tenga razón y yo esté equivocado, aunque resulte difícil creerlo (a mí). Pero sobre todo, porque me gusta su actitud: No es llorona, ni se gasta en señalar todo lo malo que son los Otros. Es alguien que se reconoce parte de un proyecto político y quiere que triunfe.

5 Responses to Posteo invitado: “El enemigo es el sectarismo”

  1. Teodorico dice:

    Simplemente quería agregar un par de comentarios complementarios.

    – Creo que no hay que olvidarse que el resultado 2015 es también resultado del desgaste que causó algo que empezó años atras y que recién ahora estamos viendo en su magnitud: el golpe de estado mediático, que podemos señalar empezó en 2008. Se que suena un poco brusco, pero en retrospectiva pienso como un gobierno que iba viento en popa, de pronto empezó a tener toda la prensa en contra, que le tiró amplios sectores de la clase media (porque no sólo es anti-K visceral la clase media-alta urbana porteña), y ya sabemos quién movía los hilos.
    – Aunque eso no les haya sido suficiente, años después empezó a surgir el fenómeno de las redes sociales, algo que los sectores que gobiernan hoy empezaron a capitalizar muy bien desde un inicio. La rapidez de enviar un mensaje “anti”, superficial, para un receptor poco exigente en materia de ideas y teñido de clichés y estilos de la industria de la auto-ayuda para hacerlo más amigable.
    – Creo recordar (quizás sea una percepción muy personal), que entre 2013 y 2015, el contraste de la red eran “memes de redes sociales vs. blogs”, como dos canales de comunicación incompatibles.
    – Aún así, recuerdo que ya en 2014 medios como la revista Crisis y el sitio Anfibia, advertían sobre el armado macrista. Pero vuelvo a los puntos anteriores; sumaron mucho para definir ese punto y medio de diferencia.

    En lo que hace a la contraofensiva imperial, creo que eso se empezó a hacer bien visible cuando tiraron la primera ficha del dominó: el golpe en Honduras de 2009. Ahí empezaron a caerse las fichas una tras otra.

    Aunque Zelaya no fuera más que un reformista intra-elite, ya era demasiado para el patio trasero… (vean todo el lío que hay en Honduras en este momento).

  2. Norberto dice:

    No sé si estoy corrigiendo, o estoy aportando, pero en mi opinión la clase media real como conjunto está partida en tres, una que no quiere ver al negro cerca, una segura de sí misma que lo quiere integrar y otra que va y viene según le diga su bolsillo, incluyendo en eso su familia.
    El problema es el “duhaldismo residual” con su sistema de compra venta que tanto entusiasma a Manolo y que tan bien encarna el Ministro de Seguridad de la Provincia, con su batallón de punteros que tan bien operaron al sur del tren Sarmiento en la Capital, lucrando con la inconsciencia y la necesidad de los pobres.
    Pero eso solo se puede hacer cuando las necesidades están medianamente satisfechas durante el tiempo, cuando el castigo es permanente y descarado, no creo que sea eficaz, sobre todo cuando se viene de una etapa donde no necesitabas al “protector” para tener lo tuyo, aquello a lo que tenés derecho.
    Veremos, pero son todo lo mismo ya empieza a escucharse entre los votantes PRO, y a mi respuesta “Kirchner nunca me cagó”, y el retruque contra Cristina, y el también “Cristina nunca me cagó”, el silencio y la mirada baja, un paso adelante.
    La fórmula de Cristina puso al jubilado de la mínima a tres pesos del 82%, y si sigue se supera, además desde mayo del ‘03 con menos de cincuenta dólares se llegó a diciembre del ‘15 con cerca de los quinientos, y eso no tienen como refutarlo y lo saben, solo hay que esperar que el cinturón no tenga más agujeros.
    Nunca menos y abrazos

  3. Capitán Medibacha dice:

    Tampoco podemos olvidar que en el año 2008 comenzó la tremenda crisis económico-financiera de las hipotecas “subprime” y de la que todavía el mundo no salió.- España, Portugal, Grecia, incluso Brasil, se defendieron mucho peor de esa crisis que la Argentina, pero nosotros también la padecimos.- A mi modo de ver eso explica mucho más que ese 1,5% de votos de diferencia en el 2015.- Saludos

  4. Silenoz dice:

    El bendito tema de la autocrítica…. pero tampoco no nos vayamos de mambo: no confundamos una “mala estrategia” política ponele, con el “sentido” de una medida política…

    La 125 fue un “conflicto distributivo”, las paritarias también lo son, el cepo, los aumentos tarifarios y, por supuesto, este nuevo choreo de la Alianza 2.0…..

    Nosotros, en la medida que intentemos seguir la doctrina, siempre estaremos a merced de estas “batallas imposibles” o, mejor dicho, “conflictos distributivos”, lo que debemos hacer es reconocerlos, conducirlos y administrarlos, sin perjudicar a los que decimos representar.

  5. Teodorico dice:

    Concuerdo, e incluso creo que también hay diferenciaciones “geográficas”. Por eso cuando describo a las clases medias, suelo catalogarlas como “urbanas”, “conurbanas”, “rurales”, etc.

    Justamente, hace unos días debatía con amigos el cómo pega fuerte el discurso meritocrático PRO, en sectores medio-bajos (lo que se podría llamar clase trabajadora) conurbanos. El discurso “yo en 2001 era pobre, y salí adelante laburando, nadie me dió nada”. Creo que fue otro lector de lectura del kirchnerismo en 2015 (estos sectores se decantaron primero por Massa); y ni hablar de la izquierda…

    Lo que llamás “duhaldismo residual” yo lo entiendo como (corregime si me equivoco) mero clientelismo político. Categoría muchas veces utilizada por los sectores medio-altos para ningunear a otras clases sociales (el “vienen por el chori”), pero que en realidad existe en todos los estamentos sociales. Con variantes muy diferentes, es verdad, pero existe. Incluso existe en política internacional y las más altas esferas diplomáticas.

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