Arthur Clarke cumple 100 años

Quiero recordarlo hoy, 16/12/2017, a un siglo exacto de su nacimiento. También para combatir esa tendencia a asociar la memoria con las muertes.

Este es apenas un saludo personal. No soy crítico literario, y tampoco me atrevo a anticipar como se lo recordará dentro de otros cien años en tanto escritor. Fue uno del puñado de grandes autores que definieron la ciencia ficción del siglo pasado. Pero no sé si tendrá sucesores, que hagan por ese género lo que él y sus pares hicieron con el legado de Verne y de Wells. Las generaciones jóvenes resuenan más con la “fantasía heroica”, seudo-medieval. También es una forma de apartarse de la rutina cotidiana, pero son mundos imaginarios muy distintos.

Lo que es seguro es que -mientras los humanos usemos satélites geoestacionarios- y más si alguna vez anclamos en esa órbita “ascensores” o estaciones permanentes, se lo recordará como un promotor y un poeta de ese sueño fáustico – el viaje espacial.

Leí de pibe (en “Vea y Lea” ¿alguien la recuerda?) “El fin de la infancia”, su primera novela y quizás la mejor. Después lo seguí leyendo, en castellano y en inglés, con mayor o menor fascinación, pero siempre con el interés que despierta una mente inteligente. Algunas de sus novelas, y casi todas las “colaboraciones” en las que aportaba su nombre, eran apenas trabajos comerciales competentes (los autores también tienen que ganarse la vida), pero sus artículos y ensayos siempre fueron lúcidos, originales y estimulantes.

Hace casi 10 años subí “La estrella“, uno de sus grandes cuentos, por el que será recordado. Ahora, en lugar de la habitual “música para el fin de semana”, les acerco este audio libro, con “El centinela“. Unos 37 minutos de una agradable voz femenina, que espero les transmita la fascinación de explorar el universo.

Este cuento fue escrito hace casi 70 años, y dos décadas después sirvió de semilla para “2001 Odisea del Espacio“, la película de Kubrick. La idea central es la del encuentro con una inteligencia superior, que es la que inspira la mayor parte de la ficción de Clarke (también “La estrella“, en cierto modo). Pero alguien talentoso debería filmar “El fin de la infancia“.

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11 Responses to Arthur Clarke cumple 100 años

  1. Daniel Eduardo Arias dice:

    Mi homenaje a don Clarke, a quien mucho leí y todavía extraño.

    No inventó la órbita “de Clarke” o geoestacionaria, hoy ocupada por más de 460 satélites, entre ellos los ARSAT 1 y 2, pero CASI la inventó y le atribuyó un uso específico.

    Clarke es uno de esos ratos autores de sci-fi que ENTENDÍA en serio de ciencia y tecnología, al punto que podía publicar en revistas tecnológicas mundiales de primera línea. “Wireless World Magazine” era eso en 1945, cuando Clarke presentó la idea de usar esa órbita, calculada en 1928 por Herman Potocznik, para comunicar el 90% más habitado de la superficie planetaria por radiotelégrafo con sólo tres satéiites.

    Clarke había sido instructor de radiooperadores, radiotelegrafistas y radaristas en la 2da Guerra. Tenía credenciales y era del bando de los victoriosos. Potocznik era un muchacho pobre austríaco, de un país caído de capital imperial austrohúngara a republiqueta derrotada en la 1ra Guerra. Su artículo fue traducido al inglés por Science Wonder Stories en 1929, una de aquellas maravillosas revistas mixtas que juntaban narrativa fantástica de base científica con ciencia dura y aplicada. Un producto que ya no existe y ha sido largamente olvidado. Clarke nunca leyó a Potozcnik: era demasiado honesto como para no haberlo citado en su artículo de 1945, que cambió la historia de las telecomunicaciones.

    Potocznik murió en la miseria en un hospital público, y Clarke como millonario por sus derechos de autor, y lleno de condecoraciones imperiales británicas. No alcanza con ser un genio para tener suerte: hay que nacer en el bando triunfador y tener fama sin perecer debido a ella.

    Clarke prefirió ser un expatriado: hasta bien entrados los ’60, a la muchachada gay en Inglaterra se la perseguía judicialmente y se la sometía a castración química, así se tratara de héroes de guerra, como el matemático y criptógrafo Alan Turing, jefe del equipo que descifró los códigos militares de la Kriegsmarine, la Wehrmacht y la Luftwaffe. Turing se suicidó. Víctima secuencial de la buena suerte, a Clarke en EEUU y luego en Sri Lanka no lo jodió nadie. Y la comida, al menos en Sri Lanka, es infinitamente mejor.

    En realidad, Clarke imaginó más bien estaciones espaciales tripuladas. No se le eche la culpa: al toque de la 2da guerra era imposible imaginar que la compleja función humana de “stationkeeping” y apuntamiento exacto de antenas espaciales de emisión y recepción de microondas podía ser confiado a sistemas semirrobóticos. Efectivamente, los navegadores de satélites, como los que tenemos en ARSAT SA, hacen más bien una supervisión de que esos robots en órbita a decenas de miles de kilómetros de Benavídez, Pcia. de Buenos Aires, estén bien de salud y haciendo lo correcto. Pero estos pueden manejarse un tiempo solos, incluso en emergencia.

    Hablando de emergencias, en 1945 Van Allen no había descubierto aún que la zona en que hoy se tiende el anillo geoestacionario, a 35.786 km. de altura sobre el ecuador terrestre, era uno de los barrios más letales de nuestro espacio orbital, debido a la constante exposición a “viento solar”. En ese ambiente radioactivo, la tripulación humana de radionavegadores y retransmisores de una estación espacial de las que sugería Sir Arthur Clarke, que todavía no era “Sir”, se habría frito en semanas. Habrían sido segundos, en caso de erupción solar seria, o “eyección coronal”, como dicen en Avellaneda.

    El ancho de banda que requería la radiotelegrafía era ínfimo (y también la velocidad de transmisión). Clarke decía la verdad cuando aseguraba en su artículo de “Wireless” que con sólo tres estaciones de las suyas se podía intercomunicar toda la Tierra. Seguramente, con desventajas frente al ancho de banda que ya daban los cables telegráficos transoceánicos, que existían desde fines de 1870, pero a mucho menor precio.

    Como las de todo visionario bueno, las premoniciones de Clarke se fueron cumpliendo con esas encantadoras desprolijidades del anacronismo, pero lo interesante es que se fueran y quizás se sigan cumpliendo. Sólo 17 años después de su artículo, el Telstar 1 intentó ser el primer satélite intercontinental de telecomunicaciones, desde una órbita más baja que la de Potocznik-Clarke, y lo logró. Claro, luego se cayó. Desde una órbita geo no te caés tan fácil.

    El Telstar 1 se inauguró con unos minutos de transmisión intercontinental de un partido de ese intraducible deporte, lo que los incorrectamente autodenominados americanos llaman incorrectamente football, entre los Philadelphia Phillies y los Chicago Cubs. Había que hacer tiempo mientras el presidente JF Kennedy, al que matarían semanas más tarde, tardaba en llegar con su comitiva a los improvisados estudios de TV de los Bell Labs. Oficialmente, la primera imagen de broadcast satelital es la de Kennedy, pero la verdad de la milanga es que EEUU se permitió algunos minutos de “Fútbol para todos”. Después apareció JFK y conferenció a través del Atlántico con un mandatario africano que nadie recuerda… y yo tampoco.

    Pero todos recordamos, y cómo, a Clarke, uno de los primeros y de los últimos de su estirpe en la ciencia ficción, que hoy carece notoriamente de mentes científicas y racionales (Stanislaw Lem, Cordwainer Smith) y apesta a magos y autoayuda.

    Concuerdo con Abel en que Clarke fue más un visionario del futuro que un narrador, pero nunca fue mal escritor y a veces llegó a excelente.

    “El fin de la infancia” es una primera y -concuerdo- mejor obra que sigue viva no sólo por sus ideas inquietantes (y vigentes), sino por su escritura fluida, inteligente, hábil en el ocultamiento de trucos de buen narrador bien dominados, como suele ser la de los gringos, o al menos ciertos gringos cuando no los están urgiendo sus editores.

    Abel, querido master, me parece que el link que pusiste conduce a otro link que no conduce a ningún cuento archivado. No prives de esa joyita a tu audiencia.

    Como suele suceder con pocas excepciones, aún si caés en manos de un muy buen director como Kubrick, la obra literaria es mejor que la película.

  2. Ezequiel Gaut vel Hartman dice:

    Uno de los autores que mi viejo me trasmitió y que marcaron mi cabeza en gran medida. Casi diría que fui a estudiar antropología por el influjo del mundo Clarke-Kubrik. Y estando allí, me di cuenta que había profes que lo mencionaban, citaban párrafos y usaban escenas de 2001 como inspiración. Un flash

    PD: Que por favor no hagan El fin de la infancia, la van a cagar.

  3. Daniel Eduardo Arias dice:

    Me retracto, logré abrir el archivo. Windows y yo…

  4. mil gracias!
    también a daniel

  5. Abel B. dice:

    Estimados:

    La advertencia de Daniel fue oportuna. El enlace a “La estrella” era imperfecto. Lo reemplacé recién en el post con un link a una versión del cuento en pdf, razonablemente bien traducida a nuestro idioma.

    Es una de las cumbres de la ciencia ficción, la que sirve para plantearse las preguntas importantes.

  6. Raúl C. dice:

    Detalles:
    – Aquí tuvimos una de esas maravillosas revistas mixtas: Más Allá. Llegué a leer algunos números.
    – Según tengo entendido, 2001 fue primero guión de película y después se editó como novela. A mí, la versión novela me permitió entender lo que no entendí de la película.

  7. Politico Aficionado dice:

    Al igual que Raúl C fuí un entusiasta lector de la mítica Mas Allá, que me hizo conocer a Clarke, Heinlein y otros grandes del género. Me encantó revivir este cuento que nada perdió de su encanto a pesar de los años. Gracias.

  8. victorlustig dice:

    bueno, a pesar de las diferencias compartimos el amor por la scifi

  9. Daniel Eduardo Arias dice:

    Primero fue el cuento, luego el guión, luego la película de Kubrick (maravillosa pero narrativamente MUY confusa), luego la novela de Clarke para que la película, cuando todavía no había sido olvidada, pudiera ser entendida.

    Clarke debe haber tenido bastantes ganas de matar a Kubrick. Bueno, las sublimó.

  10. Daniel Eduardo Arias dice:

    Por algo Ud. prefiere aburrirse con nosotros que con los otros, Víctor.

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