¿Se acuerdan del Día de la Raza?

caupolican

(Hace tres años hice un resumen -bah, un refrito- de cosas que había escrito sobre el 12 de octubre a lo largo de los años. Alguna, inclusive, antes que llegara a ser el Día de la Diversidad Cultural. Lo subo de nuevo, porque tiene que ver con un tema que siento permanente y fundamental: nuestra identidad de argentinos. Y creo que la desaparición de Santiago Maldonado, en el marco de una represión contra una protesta que se identificaba como mapuche, nos obliga a tener claros los tantos. Lo que pensemos sobre ese reclamo de tierras, no cambia la pregunta que nos hacemos y que debe ser contestada: ¿Dónde está Santiago Maldonado?).

Cuando Hipólito Yrigoyen instituyó el Día de la Raza el 12 de octubre de 1916, seis meses después de ser elegido Presidente, estaban muy presentes las presiones y agresiones de U.S.A. sobre México y las pequeñas repúblicas de Centro América y el Caribe. Era entonces un tema tan de actualidad como puede ser hoy un conflicto en el Medio Oriente.

Es por eso que el gesto de Yrigoyen tenía un sentido de solidaridad hispanoamericana frente al “Coloso del Norte”, como entonces se lo llamaba. No fue el único que hizo Don Hipólito. Pero por supuesto, la intención original no puede ser el único criterio para juzgar un símbolo, casi 100 años después.

¿Cómo entender, sentir hoy ese aniversario? Desde una mirada distante de lector de la Historia podría ser así: “Un 12 de octubre de 1492 se encontraron en este continente pueblos originarios de Génova, Castilla la Vieja y Andalucía, recién llegados, con pueblos originarios del Este de Siberia y del Pacífico Sur, que habían arribado mucho antes. Las consecuencias fueron dolorosas para los que tenían las armas menos potentes, pero eso es lo que sucede siempre”.

Ahora, alguien con vocación política, o simplemente con compromiso patriótico y humano no puede ser tan ligero. Debe tener presente que en nuestro país, y en todos los americanos, hay colectividades –en algunos mayoritarias– a las que esa Conquista les duele. Porque se identifican por sangre, cultura e idioma con los conquistados.

Tienen tanto derecho a esa reivindicación de sus sufrimientos históricos como la colectividad judía, la armenia, la romaní, la escocesa o la catalana, que no se privan de hacerlo.

Y en nuestro país todavía existen muchos compatriotas, ni mejores ni peores que uno, que porque sus antepasados, o algunos de ellos, llegaron a esta tierra milenios antes que los míos, cargan con injusticias y desprecios, todavía. No me interesa menospreciar su lucha.

Tampoco estamos obligados a avalar sus reclamos sin analizarlos. Tengo claro que en nuestras provincias los enfrentamientos más amargos son entre paisanos, generalmente de idéntico origen y color de piel, pero unos se reivindican criollos y otros “originarios”. Eso no quita que deba reconocerse el derecho de esas comunidades a usar las herramientas legales y políticas con que cuentan, para detener lo que les perjudique u obtener compensación, igual que lo hace, por sus propios intereses, cualquier grupo de vecinos de country de ancestros europeos.

Lo que estoy convencido que debemos exigir es que todos asumamos la identidad de argentinos. Y esforzarnos en darle el contenido de justicia, libertad y soberanía que ese concepto debe tener para no ser un sonido vacío.

Ser argentino – también hay que tenerlo presente – es ser parte de una identidad cultural, nos guste o no. A muchos no les gusta: prefieren ser, y se sienten, europeos de segunda. Me dirijo a los que la asumen. Esa identidad cultural, la que hoy llamamos latinoamericana, es mestiza. Todas lo son, salvo quizás la de los esquimales. Pero nuestro mestizaje es más reciente y complejo. Copio el informado comentario de mi amiga Laura Podetti:

Hay mucho material sobre mestizaje. Creo que habria que destacar conceptos fundamentales y repasar Historia.

Te reitero que el jurista cubano Fernando Ortiz Fernández, al estudiar  a los negros, “descubrió América”. Escribio varias libros, el más importante: “Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar”, se consigue en una libreria del Centro dedicada a importar. Su prólogo es del gran antropólogo inglés, Malinowsky, a quien se atribuye el invento del trabajo de campo, trabajar en el terreno. Pero él reconoce que quien lo creó fue Ortiz Fernández. Éste crea  o recrea el concepto de tranculturacion, mucho mas amplio que mestizaje.

Las indígenas eran violadas por los españoles, solteros y jóvenes, en la primera época, pero sus hijos mestizos eran reconocidos y recibian el nombre del padre, como Martin Cortes, hijo de Malinche y Cortes. Martín fue el fundador de la ciudad de Guanajuato. En 300 años de mezcla, se formó el caracter íberoamericano, al revés de la conquista anglosajona (el inglés iba con su “home”, hogar, familia, o la creaba alli) y realmente exterminó al indigena, violo sistematicamente los tratados, etc.

Después se afianza el infame sistema de las castas en América latina: blancos españoles, criollos, indios, negros, mulatos, zambos y mil nombres como “vuelta atrás”, “tente en el aire”, etc, referidos a sangre que no era de cristiano viejo. Muchas amerindias se unian al español para ascender socialmente y porque sus hijos no pagaban impuestos, al principio.

 Los judíos, impedidos de entrar por España, entraron por Brasil y se unieron a las mujeres criollas. Por eso después de 30 años de estudio, con maestros como Astrada, Mercado Vera, y en Europa, Ricoeur, Merleau Ponty, mi hermana Amelia Podetti afirmó que la Argentina es el pais más mestizo del mundo. Indios, españoles, negros esclavos, inmigrantes de Europa y de paises hermanos, hoy coreanos, chinos, …

El mayor historiador frances: Fernando Braudel, afirma que América Latina es el único continente no racista“.

Aclaro que en mi opinión esto de Braudel es una pieza literaria, como lo del noble salvaje de Rousseau. La América Latina sigue dividida en castas, marcadas no ya por las leyes, sino por el color de la piel. Lo que puede decirse con justicia es que es menos racista que otras culturas. Ciertamente, menos racista que la otra América, la “anglo”.

Agrego a lo que escribí hace algunos años una advertencia que hizo entonces Bob Row, que conoce bien la Patagonia: “Las “políticas de identidad” cristalizaron en reglamentaciones impulsadas por el INADI.

Así, los ministerios de cultura de las provincias patagónicas deben proveer educación en Mapugundún a los alumnos de origen mapuche y becas especiales (discriminación positiva) para continuar sus estudios. Una amiga docente de San Antonio Oeste (ella misma con una abuela indígena) fue apercibida por no poder cubrir la “cuota” de becarios ante la escasez de aplicantes.

Quienes en nuestra infancia pasamos (hasta que apareció la escolaridad de jornada completa) por la escuela vespertina en Idish sabemos que en una o dos generaciones, los alumnos prefieren aprender idiomas más prácticos para el desarrollo individual, como el Inglés (antes, el Francés; mañana, quizás, el Mandarín).

Personalmente, comprendo la necesidad de dar este rodeo por los derechos identitarios hacia una integración por elección, no por imposición. Pero es necesario advertir que cuando las políticas culturales alimentan ambiciones políticas personales, pueden derivar (han derivado) en actos peligrosos“.

Por mi parte, encuentro que una política de preservar lenguajes de las comunidades “originarias” -la cultura es el lenguaje, básicamente- enriquece a la sociedad. He visto estimulantes ejemplos en Formosa, que no es una provincia colonizada por la “corrección política”. Y nadie puede decir que al Paraguay bilingüe -castellano y guaraní- le falta patriotismo.

Al mismo tiempo, estoy de acuerdo con Bob en que “las políticas de identidad” que no tengan por objeto abrir el camino a una integración igualitaria, corren el mismo riesgo que las políticas sociales del asistencialismo: crear una subclase dependiente, de la que se aprovechan los oportunistas que nunca faltan.

 

9 Responses to ¿Se acuerdan del Día de la Raza?

  1. Jose dice:

    “Subclases dependientes” y agrego, autovictimizadas, de las que se aprovechan los oportunistas, legislando beneficios especiales, que los progresistas bienpensantes apoyan.

  2. Bob Row dice:

    Muy honrado, Abel, de que haya encontrado aquel comentario digno de ser recordado y citado.

  3. Abel B. dice:

    A tal señor, tal honor

  4. Cansado de tantas peroratas “pseudo-progres”, con respecto a la raza y a los pueblos originarios, me atrevo a reproducir este texto en su totalidad.Gracias Abel.

  5. Muy bueno Abel, pero por favor corregí el título de Fernando Ortiz. El contrapuesto es entre el tabaco y el azúcar. Abrazo

  6. Abel B. dice:

    Gracias, Elena! Ya está corregido

  7. Mariano T dice:

    Somos una cultura mestiza, y reivindico eso. Y la tendencia debería ser hacia mayor fusión, no a exacerbar particularismos. Que hay que respetar, pero no fomentar

  8. vale dice:

    desde octubre de 2016 ya no es más raza ahora se dice RaZZa…

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