“Volver al mundo” ¿Adónde se fue?

Fue un tuit de Andrés Malamud el que me llamó la atención sobre esta nota que apareció en La Nación hace una semana “El que volvía al mundo era el kirchnerismo”. Porque el conocido politólogo  no es exactamente un cristinista ferviente.

Y el autor, Patricio Giusto, no es un opositor al gobierno actual. Pero es uno de los argentinos que conoce a fondo a China, y sus observaciones se basan en datos concretos. Si se nota el énfasis con que promueve el espacio de su expertise… ese es el espacio que crece en el mundo de hoy.

Por mi parte, como saben los lectores veteranos del blog, no soy un admirador de la política exterior K que llevó adelante el canciller Timerman: demasiados gestos para la tribuna (progre) y poca realpolitik. Pero durante esos gobiernos no se jugaron los intereses de empresarios y trabajadores argentinos a un esquema ideológico obsoleto, que sólo repiten los que están interesados en vendernos algo a nosotros. Copio:

“Las cifras son elocuentes. Según datos del Ministerio de Relaciones Exteriores, en el año 2016, cuatro de los diez principales destinos de las exportaciones de la Argentina fueron países asiáticos: China (2°), Vietnam (4°), India (6°) e Indonesia (10°). Asia en su conjunto representó cerca del 26% de nuestras ventas al exterior, casi el doble que en 2006. Si sumamos a los países de Medio Oriente, la cifra se eleva al 30%.

En términos comparativos, Asia ya tiene aproximadamente el mismo peso en materia de exportaciones para la Argentina que toda América latina, al tiempo que ha superado ampliamente a Europa (17%) y a América del Norte (10%). De acuerdo con las estadísticas parciales de 2017, la importancia relativa de Asia continúa en aumento.

Discusión aparte merece el tema del déficit comercial que tenemos con algunas de estas naciones y del que tanto se habla, sobre todo el caso de China. Pero mientras lo único que tengamos para ofrecer a las clases altas y medias chinas, ávidas de consumir productos elaborados y sofisticados del exterior, sean porotos de soja (casi 80% de nuestros envíos), no podemos quejarnos. Primero, seamos un país serio.

La Argentina debe responder de manera urgente a una serie de interrogantes que surgen al analizar este promisorio escenario, para luego planificar seriamente y obrar en consecuencia. Por empezar: ¿qué lugar y rol esperamos ocupar en el explosivo desarrollo de Asia, nuevo epicentro de la economía global? ¿Seguiremos centrando los esfuerzos diplomáticos en otros temas menores como el trabajoso y, a estas alturas, anacrónico acuerdo Mercosur-Unión Europea?

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2 Responses to “Volver al mundo” ¿Adónde se fue?

  1. Daniel Eduardo Arias dice:

    En líneas generales lo que plantea Abel no sólo es revolucionario sino también correcto. Dejar que Europa destruya las pocas industrias que nos quedan a cambio de implorarles que nos compren biocombustibles y porotitos podrá parecerle el rumbo correcto a Itamaraty, pero es suicida. Y será suicida ir con ellos a ese destino, por el cual los diplomáticos brasucas ya se babeaban antes aún de que la tumbaran a Dilma Rousseff, presa en su último año del cholulismo de su cancillería.

    No sé muy bien qué comprarles o venderles a los irlandeses. Son una subpotencia en software, como nosotros, y por ende competidores, sin que se pueda decir que nos estén comprando nada.

    Con ellos tenemos en común una mala leche histórica con el Reino Unido, del que no saben si separarse o no. Si lo hacen, y sólo si lo hacen tal vez podríamos asociarnos para construir software de seguridad informática y de “cyberwar”; asunto en el que no tenemos absolutamente ninguna experiencia o iniciativa, pero sí un modelo a imitar: Israel, el 5to proveedor mundial de sistemas de protección… y de armamento virtual (y funciona devastadoramente bien, si le preguntan a los operadores de la planta de enriquecimiento de uranio de Natanz, Irán).

    Sumando y restando, esa embajada no es muy sostenible aunque es imposible no morirse de simpatía por los irlandeses. Ante la dificultad del caso, me ofrezco a ocupar esa embajada hasta tanto este blog vote qué hacer con ella. Prometo cerveza gratis para Abel y los habitués.

    Respecto de Suecia, tienen dos cosas que a mí me interesan, pero no sé si ellos se interesarán por nosotros.

    La primera es que siendo un país con ingeniería nuclear propia (y buena), prácticamente renunciaron a ella en los ’80 y hoy les costaría bastante hacer el “catch up” tecnológico. Y tienen bocha de pueblos y ciudades en el norte del país, bajísimamente poblado, y ni hablar de Laponia. Dado que los suecos no quieren aumentar sus emisiones de carbono y que el invierno se lleva como la mona con las líneas de alta tensión, allí podríamos ofrecerles el reactor compacto CAREM para hacer “oasis energéticos” y dar potencia de base, o vapor para calefacción de ciudades enteras, a costos bastante competitivos. Razón número uno para no cerrar esa embajada.

    La razón dos es el Gripen. En algún momento quisimos comprar ese excelente caza multipropósito en su versión brasuca, fabricado por Embraer, pero nuestros vecinos nos aclararon bien que la venta era imposible porque está lleno de aviónica inglesa.

    Es una lástima, porque el avión es joya para la Argentina, entre otras cosas por su alcance relativamente largo, si se lo compara con otros cazas. Y éste es un país grandote, el 8vo de la Tierra en superficie, muy poco adecuado para interceptores de poca autonomía, como los Mirage.

    La pregunta del millón con los Swedish es si podemos comprar la célula y la turbina Volvo RM 12 original. Es un 20% menos potente que la GE actual, que posee la friolera de 10 toneladas de empuje, pero tiene la ventaja de no ser OTAN. Si logramos una licencia para producirla aquí -ellos la discontinuaron- tal vez podamos mejorarla o sacarle derivaciones. Pero la situación nos devolvería a ese momento mágico de 1955, cuando con la licencia para producir la Rolls Royce Nene nos disponíamos a ser el 5to país del mundo con turbinas propias (y el Pulqui II para emplearlas).

    De modo que el combo CAREMS por Gripens podría cerrar bien con los suecos, si hubiera alguien en la Cancillería con dos dedos de frente. Sería un negocio diplomática y técnicamente muy arduo de construir, porque nos caería encima el mundo entero. Incluido Brasil, me temo. Aclaro que con la última deriva diplomática de ese país, que empezó bastante antes de que cayera Dilma, nuestros acuerdos aeronáuticos con Embraer se fueron al carajo, y esta vez por culpa de ellos. Y salimos cagados en plata contante y sonante. Lástima.

    La aviónica trataría de resolverla con los israelíes, hasta donde los dejen/nos dejen. Y si no nos dejan o no los dejan o ambas cosas, siempre podemos hablar con los chinos, que tienen un desarrollo interesante en electrónica aeronáutica.

    Si es con este plan, voto por conservar esa embajada. No veo otros motivos para conservarla.

    Con Finlandia no se me ocurre ningún negocio.

    En cambio con Vietnam y Malasia, se me ocurren montones. Los aburro con ellos cuando quieran.

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