Un gran desorden bajo el cielo

rompecabezas

“Hay un gran desorden bajo el cielo, y la situación es excelente” es una frase atribuida a Mao Zedong. Puede ser auténtica: trasunta el voluntarismo habitual de las expresiones del líder chino. Frecuente, por otra parte, en los que están conduciendo revoluciones.

Lo cierto es que en este año 17 del nuevo siglo el sistema internacional está en desorden, pero se necesita un optimismo casi maoísta para encontrar “excelente” la situación. Es verdad que el “Orden Liberal” impuesto por EE.UU. y sus aliados después de la 2da. Guerra Mundial en su esfera de influencia era injusto e hipócrita, y que la hegemonía de la Unión Soviética en la suya era, además, opresiva.

También es cierto que el predominio estadounidense después de la caída de la URSS no benefició al resto del mundo, ni, parece, tampoco a ellos.

Pero el deterioro acelerado de ese sistema de poder del que somos testigos no está produciendo un mundo multipolar armonioso. El panorama es de anarquía, intereses encontrados, nuevos riesgos. Que era lo esperable, salvo para los que se aferran a una concepción a la Rousseau de la naturaleza humana: el hombre sería un ser naturalmente bueno y cooperativo … si no fuera por los capitalistas, los comunistas, los populistas, los judíos, los musulmanes u otros extraterrestres que provocan los males.

Como sea, los argentinos -y los latinoamericanos en general- debemos enfrentar un mundo despiadado y con muy pocas reglas -que los poderosos violan impunemente- con una única certeza: que no seremos los más débiles, pero, con seguridad, no estamos entre los poderosos.

Por eso me pareció útil invitarlos a suspender por un rato la concentración en las inminentes elecciones y repasar este listado de problemas globales que detalla en un artículo reciente Juan Gabriel Tokatlian, uno de los estudiosos serios que tiene la Argentina de la dinámica internacional.

J. G. T. lo preparó a partir de los (prácticamente nulos) resultados de la reunión anual del G-20 (19 países, más la Unión Europea) en Alemania, y en vista del hecho que el año que viene Argentina será el anfitrión, cuando vuelva a reunirse. Tokatlian da algunos consejos razonables a la Cancillería. No sé si tiene expectativas que se sigan.

Por mi parte, sugiero leer el listado. Y me siento impulsado a agregar algo al final.

“La duodécima cumbre del G-20 en Hamburgo permitió constatar el lánguido estado del multilateralismo. Aparte de las usuales citas bilaterales informales entre mandatarios, el documento final—que no es vinculante–careció de un foco estratégico, recogió tal cantidad de asuntos que fue difícil deducir los prioritarios, y no resultó evidente de qué modo se harán efectivas las promesas anunciadas. En medio de un contexto marcado por la incertidumbre económica, la creciente crítica de la globalización y la exacerbación de tensiones geopolíticas.

El país anfitrión, en medio de un proceso electoral, optó por avanzar un temario exageradamente ambicioso; algo que no fortaleció este foro sino que reafirmó la sensación de falta de horizonte, coordinación y acatamiento.

Lo sucedido en Alemania es, en realidad, un síntoma de una situación más compleja que se expresa en múltiples ámbitos y ante distintos temas de la agenda internacional y que no obedece a una cuestión de voluntad: la crisis del multilateralismo en el marco de una intrincada y profunda mutación de poder mundial.

Los ejemplos son múltiples y elocuentes. La pérdida de gravitación del otrora poderoso G-7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido); el resquebrajamiento de la Unión Europea con la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea; la parálisis de la Ronda Doha en negociaciones comerciales; la escasa valoración de las Cumbres Iberoamericanas, que desde 2014 se volvieron bianuales después de que en la de 2013 solo asistieran 10 de los 22 mandatarios con derecho a asistir; y el boicot de las países nucleares y sus principales aliados contra el borrador de la Convención para la Prohibición de Armas Nucleares, que contó con el apoyo de 122 naciones.

A eso se suma el debilitamiento de la Corte Penal Internacional a raíz, entre otras causas, de la decisión de Estados Unidos en 2002 de retirar la firma del Estatuto de Roma (que había firmado en 2000), de la decisión de Rusia en 2016 de hacer lo mismo (había firmado el Estatuto en 2000), y de la decisión de Burundi de retirarse de la Corte a partir de octubre de 2017; el abandono de Indonesia de la OPEP; el alejamiento de Mauritania de la Comunidad Económica de África Occidental; la salida de Uzbekistán (que se suma a la de Azerbaiyán y Georgia) de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva promovido por Rusia; el anuncio del Presidente Donald Trump de que Estados Unidos se retira del Acuerdo de París sobre cambio climático; la amenaza reciente de Washington de dejar el Consejo de Derechos Humanos de la ONU si no se producen “reformas”; y la posible renuncia o expulsión de Qatar del Consejo de Cooperación del Golfo.

Además se observa otro dato preocupante: el aumento en el uso del veto en el Consejo de Seguridad de la ONU por parte de Rusia (15), Estados Unidos (11) y China (8) de 2001 en adelante, en comparación con los noventa, cuando esos tres países en conjunto utilizaron el veto solo en 9 ocasiones. En el plano regional se replica lo que sucede en el internacional: estancamiento de MERCOSUR; paralización de UNASUR; intrascendencia de CELAC; incapacidad de la OEA, irrelevancia de la Cumbre de las Américas…

La crisis del multilateralismo patentiza un problema grave de legitimidad que se ha ido incubando por años pero que se agudizó con el aceleramiento de la redistribución de poder; redistribución que, a su turno, refleja el debilitamiento del orden liberal internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial y forjado, en esencia, por Occidente. Si el multilateralismo sintetiza una combinación de principios generalizados, reciprocidad difusa, relaciones coordinadas y gobernanza temática, entonces es evidente que los cambios en la estructura de poder mundial, la reconfiguración de la matriz Estado-sociedad-mercado y la (re)construcción de ideas imperantes impactan decisivamente sobre lo multilateral.

La fragmentación y el impasse en el seno del G-20 confirma el inquietante declive del multilateralismo.

A la Argentina le corresponde la realización, en 2018, de la próxima cumbre … Ante el entorno internacional e interno descrito, quizás lo más sensato sea adoptar dos políticas simultáneas: por un lado, una de control de daños para evitar el fracaso anticipado de la cumbre de 2018; por el otro, una propositiva orientada a concentrar la agenda en dos o tres prioridades relativamente alcanzables”.

En esta lista encuentro una ausencia muy importante. Supongo que se debe a que sería formalmente, un problema “interno” de un país y no entra en la categoría “crisis del multilateralismo”. Pero es, sin duda, una fuente principal de inestabilidad del sistema internacional.

Me refiero al enfrentamiento que se está dando en los Estados Unidos entre el Presidente Trump y sus enemigos; un choque tan feroz -basta leer los medios yanquis, aún los más serios. O especialmente los más serios- para darse cuenta que si sucediera en Latinoamérica, se hablaría de “golpe blando”.

En Estados Unidos, las instituciones y los lobbies, ambos, son muy fuertes. Es descartable una ruptura del orden legal. Pero no es imposible que Trump no pueda terminar su mandato. Le sucedió a Nixon, 43 años atrás.

No estoy opinando aquí sobre el asunto, ni, mucho menos, hago predicciones. El punto es que ante este elemento de inestabilidad en la que es la Potencia más fuerte, nadie puede hacerlas con seguridad hoy. Ni siquiera Xi Jinping o Vladimir Putin. Ciertamente, ninguno de nuestros dirigentes políticos, dentro o fuera del gobierno. Este elemento de incertidumbre hace recomendable cultivar un perfil bajo. Y para los movimientos populares -como insisto hace mucho- establecer vínculos de información y cooperación con sus similares en la América del Sur.

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11 Responses to Un gran desorden bajo el cielo

  1. CrisF dice:

    Gracias compañero por tu optimismo! (nuestros movimientos populares nac y pop…no logran concretar alianza interna!!! ) Quizá le pedimos demasiado a la vida! Nunka menos!!!

  2. Capitán Yáñez dice:

    ¡Aaaah mi siempre muy estimado blogger no más en jefe… qué bellos tiempos aquellos de la Guerra Fría! Los agentes del Bien, occidentales y cristianos, andaban por el mundo regando libertad y buenas costumbres mientras que los del Mal, orientales y (¡para colmo!) agnósticos, sólo querían dominarlo para practicar la antropofagia con prístinos niñitos y violar a pobres monjitas. Ideologías, que les decían.
    El pomposamente proclamado “fin de las ideologías” dio al traste con aquella palmaria claridad. ¿Imaginaban los heraldos de tal “fin” el revoltijo sobreviniente?. Debe uno suponer que no, pues parecían muy convencidos de que la superioridad moral y ética de la industriosa raza sanglosajona mantendría a cada quien en su sitio y así la Humanidad toda marcharía hacia el mundo feliz y justo en el que ellos ya vivían. Pues no. Y que justo cuando los occidentales y cristianos pretenden volver a emprenderla contra la siempre salvaje y malvada Rusia se encuentren con que el IV Reich, que no es anglo pero sí sajón, se mantiene calentito gracias al gas ruso… pues caramba, no ayuda. Y tampoco ayuda que los milenarios e inexplicables chinos se hayan convertido en defensores a ultranza del Sacro Libre Comercio y encima aparezcan hasta debajo de las baldosas. Y tampoco que un grotesco norcoreano ande “probando” misiles. Y tampoco que… en fin, siguen las firmas. Y no, la situación no es excelente, y aunque uno es un convencido de que el instinto de la conservación de la especie es más fuerte que el impulso contrario (si no fuera así no estaríamos acá)… a veces duda.
    En fin. Coincido con lo de los movimientos populares… siempre y cuando no sean rousseanos (o como sea que se diga), claro. En el de acá ya sabemos que “son buenos muchachos… pero si se los vigila un poquito son mejores”.

  3. Charrua dice:

    Creo que lo interesante de lo que pasa en los USA es que la principal fuente de inestabilidad NO es el enfrentamiento entre el presidente y la oposición.
    Este es durísimo, por cierto, pero la mayoría republicana en el Congreso no ha dado el menor signo de retirarle realmente el apoyo (hay algo de blablablá pour la gallerie, pero a la hora de votar es otra cosa).
    Hasta el 2018 por lo menos, nadie lo podrá mover.
    A mi ver, el principal problema es la manera en que la administración responde a las críticas y el caos interno.
    No fue la opo la que obligó a Trump a insultar al Fiscal General que el mismo nombró, ni a dar órdenes a las Fuerzas Armadas via Twitter, ni a nombrar a Scaramucci y echarlo 10 días después, ni a dejar montones de cargos sin ocupar, ni a no tener un plan para la reforma del sistema de salud y quedar a merced de los oportunistas Ryan y McConnell, etc.
    La oposición lo persigue a sol y a sombra, cierto, pero la decisión de no admitir ningún error jamás y estar pendiente de lo que dice Fox News es de Trump.
    Un ejemplo; ¿qué necesidad había de decir que los Boy Scouts le habían dicho que su discurso era “el más grande que jamás habían escuchado”? ¿A qué semejante tontería?
    Si simplemente dejara de usar Twitter, se callara más la boca y nombrara gente más o menos competente la relativa bonanza de la economía haria maravillas por sus números en las encuestas, investigación sobre Rusia o no.

    • Daniel Eduardo Arias dice:

      Charrúa, creo que acuerdo bastante con Ud. A diferencia de Abel, que ve un “impeachment” de Trump como inminente, creo que los EEUU están atravesando otro momento de relativo conflicto entre los cambiantes intereses de sus cambiantes poderosos y su rígida república oligárquica. Normalmente estas divergencias se corrigen por por magnicidio y, en un caso (el de Nixon) por “impeachment”.

      Pero ojo, subrayo que ese conflicto es relativísimo. Trump todavía sirve. Causa chirridos, es cierto, pero a los que cortan en serio el bacalao todavía les da más soluciones que dolores de huevos.

      Los cambiantes poderosos yanquis de hoy no son los de antes, cuando el capital financiero local se apoyaba sobre su gigantesca industria doméstica y ésta sobre su consumo y exportaciones de manufacturas complejas; esos tiempos dorados que el difunto Nixon resumió como “What’s good for General Motors is good for the USA”. Algunos de los trillonarios yanquis ya ni siquiera viven en “the best country in the world”. Otros ni siquiera nacieron en él.

      Hoy el capital financiero yanqui es mucho más global. La industria doméstica le interesa muy poco, con las excepciones de la armamentos y la informática-telemática, ya que ambas le permiten dominar el planeta, hasta donde China y Rusia lo permitan.

      La relativa salud del mercado interno de consumo le importa a ese nuevo capital financiero bastante menos que otrora: necesita un mínimo de crecimiento de PBI doméstico como para que haya orden social y el país no se le incendie.

      Saben que cuando los rednecks y la white trash desocupada se enojan y se organizan, olvidate de las insurrecciones negras o estudiantiles. Pero la última vez que hubo peligro de eso fue en los ’30, y lo aventó primero el New Deal de Roosevelt y luego la 2da Guerra.

      Trump ha sido un modo muy eficaz de evitar un rebrote de aquellos fuegos de los años ’30 en los estados antes fabriles, como Michigan, Ohio o Pennsylvania, el actual “rust belt”. Es más fácil de tolerar un Trump y no un Roosevelt, que se vendría con impuestos progresivos, amenazas de crear algún esquelético estado de bienestar, y otras cosas ajenas al sentir nacional,

      Los desocupados patrióticos del “Rust Belt” ya tienen su nuevo presidente beligerante y ruidoso, y creen que les conseguirá algún nuevo empleo fabril.

      Empleo nuevo hay, pero no tan fabril. Hay en la construcción, el sector energía o la industria metalmecánica. Y por supuesto, como hay más actividad en los shopping malls, se pide más gente flexibilizada para revolear hamburguesas en locales de comida chatarra. Si hay mucha y nueva oferta laboral, pero muy calificada, en la industria de armas diseminada sobre casi todos los estados, ultracalificada en los estados informáticos (California, el top).

      Hay también gran demanda de hombres y mujeres jóvenes y sin gran preparación educativa en ese sector en el que un ex-laburante debe usar otro tipo de ropa de trabajo, vivir bajo autoridad militar y reubicarse en Irak, Siria, Afganistán, Somalia, Ucrania, Polonia; Kuwait, Japón, Corea del Sur, Yemen, Arabia Saudita, el Mar Negro, así como en otros “hot-spots” de conflicto armado potencial o en curso.

      Ojo, culturalmente estos ñatos no son europeos. Ante el peligro de las insurrecciones obreras, el canciller Bismarck construyó el primer estado de bienestar del mundo no bien organizó a Alemania, a fines del sigo XIX, y los fabianos y laboristas ingleses empezaron a hacer otro tanto, para repartir un poco la inmensa riqueza que el RU afanaba de su imperio. Los países nórdicos hicieron lo mismo desde los años ’20 en adelante. Si los mismísimos fascistas italianos y los nazis alemanes no hubieran tenido una conducta socialmente distributiva, jamás habrían llegado al poder, o podido estabilizarse en él. Fuera de la España de Franco y de algunos estados balcánicos igualmente toscos, campesinos y brutales, el fascismo europeo siempre se vistió de “antioligárquico”, y distribuyó guita para abajo; y como recurso último pero infalible de paz social, apeló a la guerra externa.

      Los EEUU sólo lo hicieron bajo gravísimo peligro de incendio, con Roosevelt, a quien la prensa llamaba “comunista”. En ese país, más allá de la marcha general de la economía, el siglo XX pasó con una quinta parte de la población total bajo la línea de pobreza, y a nadie le importaba un comino. Eso siempre se tuvo por normal.

      Por eso, creo yo, Charrúa, que los que mandan HOY en EEUU están tranquilísimos con Trump. Algunos líderes demócratas (no todos) y la vieja Gran Prensa creen que el estilo ruidoso de Trump, su modo explosivo y desenfadado de cagarse en la ley y sus ínfulas de emperador son corrosivos para la estructura de la república oligárquica creada por los “Founding Fathers”. Y tal vez tienen razón. Pero a la legión de nuevos desocupados industriales esa bullanguería imbécil de Trump les parece encantadoramente antioligárquica.

      De últimas, creo que esa vieja república jeffersoniana está muerta de toda muerte desde que se eliminó el Hábeas Corpus y se legalizó la tortura. Y no veo que los yanquis, tomados como pueblo, la estén llorando demasiado. Desde que la gran industria empezó a mudarse a China, esa vieja república viene cagando MAL a los yanquis pobres.

      Ahora pasaron de la sartén al fuego y creen que estarán mejor. No son los únicos. Aquí viene pasando algo parecido, ¿o no?

      • Abel B. dice:

        Daniel ¿de dónde sacás que yo veo un “impeachment” de Trump como inminente?

        Por insidias como ésta, Ivanka ya no me contesta mis llamadas.

  4. guillermo p dice:

    La frase más que Maoísta parece Taoísta.
    Moreno dixit:
    Definición occidental de Crisis: cuando todas las salidas son malas.
    Definición china: oportunidad.

  5. Capitán Yáñez dice:

    Lo que seguro está en desorden es el cerebro (bah… es un decir) de nuestro ínclito jefe de gobierno. Don Geniol ha afirmado en la Di Tella que lo que le permitió al Homo luchar contra los dinosaurios fue “la organización”. Al parecer, nadie lo contradijo. Menos que menos la vicepresidenta, que aseguró sentirse encantada de encontrarse en ése antro. ¡Perdón! “Ámbito” quise decir. Es la edad…

  6. victorlustig dice:

    capi, la organizacion vence al tiempo

    de todas formas, los chinos con su deuda interna estan preocupados.

    espero que los norcoreanos no sean los sudafricanos de 1899

    • Capitán Yáñez dice:

      Geniol es tan bruto que vio Los Picapiedras y creyó que era un documental.
      ¡Jurujujajujaju!

      • Daniel Eduardo Arias dice:

        En el conflicto entre hombres y dinosaurios, podemos suponer bien con qué lado se alineó Geniol, Capi Yáñez.

  7. guillermo p dice:

    Por favor busquemos. Alguien debe estar recopilando las boutades de Bulrich, Macri, R Larreta, Michetti, Arroyo, Blanco y siguen los nombres.
    Nunca que yo recuerde se asistió a una diarrea de pelotudeces como la que estamos viviendo.
    Está claro, les falta formación, idoneidad, política…
    Formación de grado encapsulados en su disciplina. Como es sabido, los graduados sin inquietudes son profundamente ignorantes.
    Todos tienen el pendrive del master en MBA o equivalente, que como toda maestría sabemos que son un rebusque de las universidades, pero que no tienen contenido.

    Va a ser un picnic.

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