Argentina Nuclear, 2017 – LXVI: Tecnología y la Guerra de Malvinas

En este capítulo Daniel Arias deja de lado, por completo, la historia del desarrollo nuclear en Argentina. Porque se zambulle en uno del que esa historia es sólo un aspecto: la autonomía tecnológica. Que se comprueba mejor -es lo habitual en la Historia- en un caso límite: la guerra. En nuestro caso, la del Atlántico Sur.

Para eso escribió un texto largo -lo dividí en dos partes- sobre las armas que se usaron y las que no. A los que no son expertos en tecnología militar les recomiendo leerlo recurriendo a Google. Incluye además un breve documental de “La Aventura del Hombre”: el ataque al HMS Glamorgan con un misil Exocet desde tierra.

56. Vivir tratando vs Vivir comprando

Farman

El original del único avión que la Armada fabricó o hizo fabricar en suelo nacional bajo licencia: un Farman 1912 (5 unidades). Si sólo forzada por Perón la Marina se ocupó de diseñar algunos de sus barcos, tampoco lo iba a hacer con aviones, y menos aún, de construirlos. Y de comprar nacionales, ni hablar.

Perdón por la brutalidad del cambio, pero ya estaba anunciada. La materia es “Autonomía Tecnológica”, y el método será juzgar a Castro Madero contra sus pares de origen, es decir contra la Armada en la que se crió.

Dejamos de lado casi un siglo entero de decisiones malas de distintos señores almirantes y nos vamos derecho viejo a sus consecuencias en la Guerra de Malvinas, donde se las testeó. Trataré de explicar en términos tecnológicos (es decir políticos) el paupérrimo papel de esa fuerza en una guerra declarada, paradójicamente, casi a pedido de nuestro Lord Admiral Anaya.

Baso mi argumento en tres casos testigo: el del misilito criollo interfuerzas Martín Pescador, el de los Exocet aire-mar y mar-mar, y el del portaviones ARA 25 de Mayo. Hay decenas de casos más, pero estos son paradigmáticos.

De cuetes nunca se habla al cuete. Irse del proyecto Martín P con el misil testeado más de 50 veces fue una imbecilidad casi brillante de la Fuerza Aérea (“lo nuestro no es atacar barcos”). Un futurólogo allí. Tal vez nuestros comodoros pensaron que los chilenos (la guerra que querían en 1981) no usarían (ja) su numerosa, bien entrenada y bien armada flota. Los ingleses en 1982 sí lo hicieron. Y los cómodos comodoros de pronto se vieron sin estrategias, tácticas y ni siquiera armas para romper barcos a distancia “stand-off” o de cierta seguridad. De modo que optaron por mandarlos a mansalva a inmolarse en bombardeos casi “de contacto” con bombas de gravedad…

El Ejército ni miró este cuete, el Martín P. Y para su mal: perdió un recurso de artillería que en tiro recto y con blanco a la vista, habría suplido las deficiencias relativas de alcance de los “howitzer” (cañones de tiro parabólico) Otto Melara de 105 mm y los de movilidad del tremendo CITER de 155 mm.

Con una carga explosiva comparable con la del obús del CITER (40 kg.) y 9 kms. más de alcance que el Otto Melara, el Martín P pesaba apenas 140 kg. El CITER, en cambio, pesa 8,2 toneladas, lo que en el suelo malvinero, todo barro y turba, redujo su movilidad a cero. Esto lo hizo pasar de amenaza predecible a blanco preferencial de los Harrier, los destructores y las fragatas.

Por el contrario, combinado con los dos mentados howitzers, el Martín habría sido un recurso muy móvil y poco detectable de contrafuego, con el valor agregado de operar desde lugares inesperados y por emboscada. Los artilleros terrestres y embarcados de Su Majestad, pesadilla de nuestros soldados durante 72 días y noches, no la habrían sacado tan barata.

Pero vamos a la Armada, porque el Martín P era básica e inicialmente antibuque. Con un desarrollo empezado en 1966 y más de 50 testeos, el misilito argento estaba ya más manyado que el tango “La Cumparsita”: se sabían sus defectos y virtudes. En 1979 se decidió producirlo en serie y homologarlo en diversos aviones y helicópteros navales. En 1981 se lo presentó incluso en la Feria Aeronáutica de Le Bourget, París.

Difícil saber quién cajoneó este proyecto, si el saliente alte. Emilio Massera, o el entrante Armando Lambruschini. Da lo mismo: son intercambiables. Los imagino igualmente encandilados por el rutilante AM-39 Exocet de Aérospatiale, con el doble de alcance, 4 veces más carga explosiva, y de yapa inteligente y autoguiado, “fire and forget”. Y fascinados por su precio de U$ 1,2 millones (hoy serían U$ 4 millones). El Martín P era casi gratis en comparación. Punto en contra, entendámonos.

Forzarse a elegir entre uno u otro misil, máxime cuando se tiene una caja ilimitada y hambre de guerra, como el Proceso, es como preguntarse, ante un aguacero, si paraguas o impermeable. ¿Por qué no ambos? Pero ese argumento no vale para “colonizados mentales”, como llamaba Castro Madero a los importadores de sistemas complejos “llave en mano”. Aunque el  vicealmirante se refería a tecnología nuclear, ese latiguillo suyo, entre conocedores del paño, era un tiro por elevación contra la política histórica de adquisición de su arma. Exceptúo la de William (aquí Guillermo) Brown, quien como buen corsario, se las arreglaba con lo que tuviera a mano en este país tan poco marinero, y ganaba contra enemigos mejor armados a fuerza de ladino, emperrado y corajudo. En esa descripción tampoco entra Pérez, por supuesto. Ya les hablaré de Pérez. Debe haber unos cuántos, pero yo sólo conozco dos: Pérez y Castro Madero, que era otro Pérez pero con más apellidos.

Cada Exocet valía lo que dije arriba, pero además venía “en cajita feliz” con el avión Super Étendard. Como ya contabilicé 8 maneras locales de escribir mal este nombre francés, lo llamamos SUE como hacen la OTAN y Francia.

El SUE original es una bella bestia subsónica grandota, bastante inerme para vérselas contra otros aviones. Por su peso de 9,6 a 12 toneladas según las cargas que lleve, es dudoso que pudiera operar desde un portaviones pedorrísimo en tamaño y velocidad, como era el 25 de Mayo. A lo sumo aterrizar en configuración limpia, es decir tras haber descartado en el mar toda carga sub-alar o ventral.

El SUE traía un radar de tiro muy bueno para su tiempo (el Agave, poco detectable y con un alcance de 100 km) y una computadora de vuelo que integraba navegación, radar y apuntamiento de armas, muy avanzada en 1982, y que volvía al piloto casi un sistema de “back up”. El SUE era un flor de reemplazo para los viejos A4Q de la 2da Escuadrilla de Ataque, “Los tábanos”, pero más para operar desde tierra. En el 25 de Mayo habría matado rápidamente a sus pilotos, por operar demasiado en los márgenes de seguridad.

Irak, otro usuario famoso del Exocet AM39 en su terrible guerra contra Irán entre 1983 y 1985, terminó lanzando este misil desde los viejos y más baratos Mirage F1. Uno se queda con la sensación de que comprando el misil, el radar y la computadora, tal vez la Argentina podría haberse ahorrado el avión y haber adaptado “el combo” a los aviones que ya tenía.

Los costos planificados de desarrollo y fabricación del SUE se dispararon “au ciel” en los ‘70, lo que determinó que el Ministerio de Defensa francés restringiera su pedido inicial de 100 a 60. La Armada Argentina pidió 14, y como sólo salían 2 por mes de la fábrica Dassault-Bréguet y la entrega venía lenta, entró, valerosa, en guerra con 5 conjuntos misil-avión entregados, aunque no listos para usar. Señor@s, estamos por hablar de Pérez.

El 3 de abril de 1982 los técnicos de Aérospatiale se rajaron de la Argentina, como parte del embargo de armas decretado por la OTAN contra nosotros, y les quedó sin habilitar la interfase entre el radar Agave y el sistema de navegación inicial del misil. “Ésa te la debo”, nos explicó Mme. La République.

La actividad de la interfaces era un diálogo de pulsos de 64 bits que decían más o menos: “Bon jour, Monsieur le Missile”. “Bon jour, Monsieur le Radar”. “Voila, monsieur le Missile, j’ai l’honneur de vous informer que l’énemmie se trouve dans (siguen coordenadas de ubicación, rumbo y velocidad del malvado a destruir)”. “Bien entendu, mon cher Radar (y repite los datos)”. “Allez-y donc, et bon chance”. Se corta el intercambio, se prende un led que indica que el Exocet está para negocios, piloto toca botón, cae el misil y “Fsssss”, se enciende, zigzaguea a lo loco hasta estabilizarse fijo sobre el rumbo programado, vuela relampagueante y en los últimos kilómetros prende su radar de búsqueda, para ver qué onda con el blanco. Luego, si hay suerte y no lo engañan o interfieren, “PUM”.

El diálogo radar-misil dura es digital, instantáneo e inentendible para el 99.9999% de los humanos, franceses incluidos, salvo aquellos ingenieros de Aérospatiale que se habían rajado, “Desolés, mes amies les gauchos, mais vous etes foutus”. La Task Force se vino confiada en que la Armada, por antecedentes, no podía desanudar aquel moño: se dio una sorpresa. No contaban con Pérez. Les prometí a Pérez, y ahora cumplo.

Don Julio Pérez, un rubio grandote de bajo perfil, con más pinta de gringo que los propios ingleses, entonces era capitán de navío e ingeniero electrónico especializado en misiles de un retiro espiritual llamado CITEFA (Centro de Investigación y Desarrollo de las Fuerzas Armadas, hoy CITEDEF). El tipo sabía hacer hablar a la aristocracia misilística Exocet con radares tan de paladar negro como el Agave, o incluso tan plebeyos como el Rasit de infantería. Pérez arregló ambos asuntos.

Para gastar menos tinta, les muestro un corto de 9 minutos de 1983 con la historia de la ITB, o “Instalación de Tiro Berreta”, así llamada por el propio Pérez, grabada en el estilo más bien hierático de los productores de “La Aventura del Hombre”, que se negaron a usar la palabra “berreta”. O a contar cómo Pérez y sus acólitos hicieron algo tan poco solemne como bailar el “Uka-Uka”, podridos de esperar noches y noches bajo la lluvia, hasta que la noche misma del bailongo, Manitú o La Casualidad les puso un blanco jugoso (el crucero HMS Glamorgan) a tiro. Y la Armada argentina disparó, por primera vez en el mundo, un misil Exocet desde tierra:

Julio Pérez es el rubio afable y bigotudo que habla al final, sin robarle cámara a sus subordinados, explica las cosas en sencillo, quitándoles importancia, y se duele por la gente que tuvo que matar.

Pese a sus medallas, Pérez vivió sin ruido y se murió de viejo hace no mucho, con grado de almirante (RE) y sin que el país tomara mayor nota. Ese señor tan “self-effacing” a los ingleses les costó el hundimiento del destructor HMS Sheffield, del container STUFT Atlantic Conveyor con todos sus helicópteros, el knock-out técnico del crucero HMS Glamorgan y (en discusión) una paliza histórica al portaviones HMS Invincible.

Como Pérez era un típico nerd misilero de CITEFA, si l@s lector@s hacen vaquita y ponen un médium, yo le preguntaría qué pensó cuando allá por 1980 vio que el proyecto misilístico criollo, el Martín P, empezaba a incumplirse. Me imagino que habrá visto bastantes historias de ésas.

Acepto que comparado con el Exocet en cualquier versión, el Martín P era un misilito para principiantes, con las virtudes únicas (pero innegables) de ser barato y nuestro. No tengo que defender sus virtudes, porque después de la derrota de Malvinas, nuevos almirantes, sabedores de que el horno político no estaba para bollos navales caros, le levantaron la “fatwah” al Martín Pescador. Incluso lo redescubrió la Fuerza Aérea, que había sido la primera en abandonarlo.

Como para mostrar que nuestros nautas habían aprendido la lección, en 1983 al Martín Pescador lo volvió a testear un héroe condecorado, experto y valiente, el comandante Rodolfo Castro Fox. Y dijo el Almirantazo: “Haya misil”, y Castro Fox hizo puré un blanco naval a más de 15 km. de distancia. Y entonces el almirante Rubén Franco vio que era bueno. Y añadió: “Hágase la serie”. ¡Hossana!

Y entonces se pudieron sacar fotos como la de abajo: la Fuerza Aérea y la Armada compartiendo un mismo misil, como si pertenecieran al mismo país. Y nacional, de yapa. Nunca visto. CITEFA exultaba.

El Proceso póstumo, es decir la cuarta junta militar, la de Nicolaides-Bignone, quizás le debe un par de años de tranquilidad con Pinochet a esta decisión. “El Tata” se salía de la vaina por hacer leña del árbol caído al otro lado de los Andes, tenía un ejército incomparablemente más entrenado y todavía una autoridad interna pétrea. Pero la inestable Argentina, pese a haber perdido 100 aeronaves militares de todo tipo, amén de 1 crucero y 1 submarino, tenía por primera vez 150 misiles crucero propios desparramados sobre casi todos sus activos aéreos remanentes (otros 100 aparatos). Y además, tenía las fábricas, la de misiles y la de aviones. Y todavía de yapa, la de submarinos. Y más y más fábricas militares. Mientras que Chile importa todo. Epa. En una guerra que (palabras del propio Pinochet) preveía larguísima, de desgaste, y con más fusilamientos que batallas, teníamos las de ganar.

En CITEFA descorchaban champagne y empezaron a desarrollar el AS25-K “Pampero”, un super-Martín Pescador con varios cambios conceptuales: era un Mach 2 con más alcance efectivo (25 kilómetros), más carga (60 kg. de hexolita), y 4 sistemas distintos de guiado: infrarrojo, “visión artificial” por hardware (muy difícil de interferir) y radar. Por fin, un “fire and forget”… pero para sorpresa de nadie, en cuanto los nerds lo tuvieron más o menos cocinado, ningún arma puso la plata o la voluntad para homologarlo en sus vehículos. Y los sucesivos gobiernos democráticos lo han ignorado.

(Continuará)

Martin Pescador

Postal de la posguerra: el comandante Rodolfo Castro Fox es el lungo con chaleco de flotación. Va a probar el “habemus misilem”, y el Almirantazgo va a ver que era bueno.

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14 Responses to Argentina Nuclear, 2017 – LXVI: Tecnología y la Guerra de Malvinas

  1. Alcides Acevedo dice:

    Qué dramático es cuando se confunden el nacionalismo cerrado con el tema tecnológico, ¿Cohete Martín pescador? mamita ¿de vuelta con lo mismo?

    Es muy difícil discutir sobre cuestiones técnicas con legos nacionalistas fanatizados, creen que citando a Jauretche conjuran cualquier contradicción o falta de concepto.

    Voy a decir solamente sólo una cosa:

    En el momento de invadir Malvinas la Armada Argentina tenía en pleno proceso de construcción 4 destructores y 2 submarinos en astilleros de Alemania, hablamos de equipo de primerísimo orden, además los destructores venían equipados con turbinas a gas Rolls-Royce….

    Demás está decir que Argentina terminó recibiendo todas esas unidades casi en los términos originales de los contratos que incluían la fabricación en Argentina de 4 submarinos más y varias corbetas.

    ¿Qué quiero decir? digo que solamente Dios sabe qué pasó por la cabeza de los militares de aquel tiempo y cuales fueron las razones de la guerra, si es por el lado de las capacidades militares del país les aseguro que los submarinos (TR-1700) que los alemanes no habían vendido sumaban muchísimo más que cualquier iniciativa autóctona en términos de equipamiento militar… y si ustedes creen que se puede ir a la guerra como si estuvieramos en las Invasiones Inglesas de hace 200 años y que encima no puede ir bien, bueno, allá ustedes.

  2. Capitán Yáñez dice:

    Estimado Arias… lo de “lo nuestro no es atacar barcos” es… ¿cómo expresarlo?… si: ¡sublime!
    Fácil es caer en la tentación de pensar “¡pero qué pelot…!”.
    Pues no… de pelot… nada. Esos reverendos HDMP (con mayúsculas) seguramente apoyaban la cabeza en la almohada esperando soñar con demoledores bombardeos sobre San Pablo o Santiago (de Chile… claro).
    En fin… tales delirios hay que recordárselos a los que siguen reivindicando a unas “fuerzas armadas” que nunca existieron. De Brown a Anaya y de Belgrano a Galtieri hay la misma distancia que la que hay del Sol a Saturno.
    Lo de que “nacieron con la Patria” es una hijoputez que nuestros milicos deberán desmentir si quieren que los niños vuelvan a jugar con soldaditos de plomo… (¡qué antigüedad… reemplacémosla por algún juego de computadora!)

    • Raúl C. dice:

      Yo escuché en esas épocas algo mejor (o peor):
      ‘Ejército Argentino: ANTERIOR a la Patria misma’…

      Es decir, más allá de la exactitud histórica o no que pudiera tener la frase, se daba a entender que por ser ‘anterior’ tendría derechos de propiedad sobre la ‘Patria misma’…

      Yo decía que si fuera por eso deberíamos ser gobernados por la Iglesia Católica, por ser todavía más ‘anterior a la Patria misma’, ya que había llegado con los españoles.

  3. victorlustig dice:

    al pasar, 1978, no 1981 estimado Daniel, pertenezco a la generacion olvdada que se comio el mundial, la cuasi (3 hs) de Chile y carne de cañon en el delirio post 1976, los primeros que hicieron la colimba a los 18

    hay mil historias no contadas de eso, algun cronista lo hara alguna vez

    Alcides, si no pudieron solucionar los problemas filoguiado de SST4, que te hace creer que los TR1700 (2 no 4) o los otros los habrian sabido usar? El error fue otro, pero no es el proposito del post (BTW fueron a la guerra sin barco de soporte de submarinos, en 1978 habian alquilado un barco factoria español para eso)

  4. Norberto dice:

    Debo decir que la improvisación y lo “atamo con alambre” tuvo mucho que ver el desarrollo de las operaciones, tanto que durante ese período ademas de participar en el transporte de armas, materiales y tropas con los viejos y eficientes B707 ex Aerolíneas en proceso de cesión a la FAA, al enterarme del uso de los Exocet y como el interventor del gremio era un compañero de vuelo retirado la fuerza, el Vicecomodoro Labayru, me acerqué a él y por sus contactos, a los Comandantes de Regiones Aéreas y de Material del arma.
    En ese momento volábamos en la Empresa cerca de treinta ingenieros y mas de cien técnicos de distintas especialidades y con capacidad de constituir un equipo para poner en marcha cualquier proyecto tecnológico por lo que el tema presentado era adaptar dos de los venerables B707 para transportar en pods externos los misiles e instalar los radares apropiados, y convertir de esa manera, debido al alcance en patrulla de esos aviones, al Atlántico Sur en un mar argento a pesar de la flota, dado la pirateada de datos satelitales que se sabía que existía.
    Que podemos decir de la desilusión que tuvimos Labayru y yo cuando nos pusieron en conocimiento que solo había disponibles un Exocet aire/mar por cada Etendart, o Estandarte en castilla. No se si hubiéramos logrado ponerlos operativos antes del derrumbe, pero era una opción ofensiva y disuasiva muy efectiva y de bajo costo de tener solo los repuestos y un stock lógico de armamento en el país.
    Nunca menos y abrazos

  5. Daniel Eduardo Arias dice:

    Don Acevedo: los destructores tipo 42 que nos vendieron los ingleses no les resultaron buenos ni siquiera a ellos. Son un “cut job” de los destructores tipo 82, demasiado caros como para superar la pre-serie. Al casco de los tipo 42 la faltan 14 metros de eslora para poder navegar como la gente y sin hacerse pelota a golpes contra el oleaje.

    No obstante su alto mantenimiento de casco, son un destructor antiaéreo de la gran siete, diseñado para atajar bombarderos rusos que vuelan superando la tropopausa.

    Sin embargo, el día 1 de mayo de 1982 a la madrugada, cuando uno de nuestros tipo 42 (la Trinidad) le disparó su arma principal (el misil Sea Dart) a un Harrier inglés que acababa de dectectar la Fuerza de Tareas Norte de la Flomar, descubrimos que los misiles ingleses se niegan a derribar aviones ingleses.

    No sé si Ud. si sabe, pero el IFF (Identification Friend or Foe) lo inventaron ellos en la 2da Guerra, y desde entonces a 1982 los algoritmos de identificación de blancos enemigos habían avanzado muchísimo. Son los que actualmente codifican cosas casi imposibles de crackear, como la firma digital electrónica en transacciones online. En 1982 ya existían, pero eran tecnología de la que no se publica, y el IFF de la OTAN se basaba en eso para evitar despegues al pedo contra blancos que finalmente no eran enemigos, pero fundamentalmente, para evitar los derribos “blue on blue”, lo que hoy se llama “fuego amigo”, matar pilotos propios, bah.

    El Sea Dart, usado en 1982 contra nuestros aviones a distancias de entre 7 y 50 km y alturas de 1 a 10 km., tuvo una eficacia de derribo mayor del 80%. Pero no creo que los británicos fueran tan giles, sabiendo que éramos “frenemies”, de vendernos semejante sistema antiaéreo sin algún retoque. Y como quien compra a paquete tecnológico cerrado no entiende jamás si le vendieron jamón o bondiola, no es improbable que los Sea Dart del otro tipo 42 argentino, la Hércules, tuvieran la misma dificultad para bajar aviones ingleses. Nuestros heroicos marinos no pudieron comprobarlo, porque después del hundimiento del Belgrano descubrieron que la guerra es malísima para la salud y se recluyeron a puerto.

    Significativamente, el único submarino argentino que pudo entrar en operaciones reales contra la Task Force, el ARA San Luis, disparó contra distintos blancos en tres ocasiones. Usó tres tipos distintos de torpedo, algunos verdaderamente avanzados para su tiempo (los Telefunken), todos ellos reputados como infalibles, y ninguno estalló, y tampoco es seguro que hayan dado en el blanco. Para ello, el capitán del San Luis (¿Azcueta?) incurrió en riesgos extremos. Ese tipo se ganó todas sus condecoraciones, pese a haberse vuelto a puerto sin haber hundido nada. Precería que las armas inteligentes que te vende la OTAN son bastante remisas a pegarle a blancos de la OTAN en general, si uno tuviera que sacar una conclusión general.

    Mire qué contraposición: el HMS Conqueror destruyó al Belgrano con tres torpedes viejísimos, de la 2da Guerra, tirados casi a quemarropa, desde menos de 2 km, pero con una carga de Torpex como no la juntan tres torpedos inteligentes Tigerfish. Y todo sin ser detectado por los sonares de sus destructores escolta. Sonares yanquis, entiéndase.

    Nuestros Exocet tuvieron una tasa interesantes de fallos. Uno de los dos disparados contra el HMS Sheffield, otro de los dos disparados contra el HMS Hermes (uno terminó liquidando al STUFT Atlantic Conveyor, el otro en el agua). Hasta ahí venimos con un 50% de efectividad en un sistema que a dólares actuales son U$ 4 millones cada cuete. Milagrosamente, el último que nos quedaba y que le soltamos al HMS Invincible, parece haber dado en el blanco correcto, y estallado. Como sabrá, después del asunto del Sheffield, Maggie Thatcher obtuvo los códigos electrónicos para desorientar a un Exocet del propio Francois Mitterrand y bajo amenaza, y Papa Tonton se los dio. Pero parece haber omitido algún dato. Tampoco era cuestión de dejar caer a cero el valor de un sistema misilístico que Francia no lograba venderse ni a sí misma, y que la Argentina acababa de poner de moda rabiosa.

    Con la exepción parcial francesa, el experimento de 1982 mostró que la OTAN no nos vende nada que pueda hacerles daño a ellos.

    De modo que no me venga con Jauretche (tipo que me gusta, pero de quien leí más bien poco y suelto). Yo lo que estoy impugando es nuestra política general de compra de armas, y más específicamente, la de la Armada. En otros tiempos, material nuevo europeo y luego yanqui, y luego chatarra de posguerra de los Aliados, y luego adquisiciones “bajo licencia” de la OTAN.

    Como Ud. sabe, prefiero que desarrollemos nuestras propias cosas, aunque en general es imposible hacerlo debido a la proliferación de tipos como Ud. en los puestos de toma de decisiones.

  6. Daniel Eduardo Arias dice:

    Norberto, el Exocet está hecho para ser disparado desde alturas bastante bajas. No estoy muy seguro de que se hubiera bancado un vuelo que empezara con un descenso desde 10.000 metros, que es la altura a la cual las turbinas de un Boeing 707 le dan suficiente autonomía al avión como para volverse una patrulla aérea eficaz.

    A baja altura, un 707 aguanta poquísimas horas en el aire, pero además es sumamente detectable. Y disparar ese misil pensado para eyectarse desde unos 30 o 40 metros de altura sobre el mar desde la altura de crucero del Boeing, habría sido exigir el misil muy fuera de sus parámetros de diseño.

    Pasaron muchos años, pero creo que Labayru y Ud. estaban tratando de vincular piezas que exceden nuestra proverbial habilidad criolla para el “lo hacemo’ con un alambre”. Habilidad que nos sirvió en otros casos menos límites.

    Tal vez habría sido más sencillo subir los Martín Pescador a los Pucas de la FAA, vectoreándolos con radar terrestre como patrulla costera sin radar propio, y a los Tracker de la ARA, como patrulla con radar. En todo caso, fue lo que se decidió hacer en 1983, cuando nuestro misil empezó por fin a homologarse en nuestro parque aéreo de ataque sobreviviente en todas las armas.

    De todos modos, jamás criticaría a un compatriota por intentar algo imposible cuando estamos en guerra, y máxime si nos están ganando. Finalmente, los límites de ls posibilidad en la guerra se corren a lo bárbaro. No por nada son momentos de gran avance tecnológico, siempre. Horrible costumbre de nuestra especie.

    • Norberto dice:

      Disculpe don Daniel, pero tengo entendido que se lo puede lanzar desde cualquier altitud, y en todo caso se lo hubiera podido adaptar, por otra parte como el lanzamiento puede ser desde los cuarenta kilómetros, es una posibilidad de detectar, disparar y fugar antes que las defensas de la flota o los buques aislados puedan hacerse efectivas, de todas maneras en esas circunstancias eran un riesgo a tomar, y por supuesto que eran necesarios radares convenientes para minimizar los riesgos, y tal vez para efectuar el descenso desde lejos si no existiera la alternativa del disparo en altura, que creo recordar haber visto en los folletos de venta de los conjuntos que los disparos se podían hacer desde la altura, pero en todo caso se hubieran podido implementar las modificaciones que permitieran el descenso controlado del misil hasta alcanzar la altitud de encendido, que ya con su pareja lo hace con un mecanismo de retardo.
      Por lo que se, los ataques se hacían con aproximaciones a baja altura para evitar la detección, sin embargo antes del lanzamiento se debía obtener coordenadas de blanco y después lanzar.
      Y el objetivo no era atacar la flota, era bloquear su abastecimiento y generar un problema logístico de proporciones.
      Nunca menos y abrazos

      • ram dice:

        Perdón por la insistencia, Norberto, a 33000 pies lo detectan, tal vez no un Harrier al límite, pero sí un satélite, un AWACS y una cosa es un avistaje (con el 707 “limpio”, sin penalidades aerodinámicas) y otra muy distinta es un 707 convertido en un “bombardero” improvisado. Usted sabe mucho mejor que yo, el grado y la dimensión de las eventuales modificaciones, como llevar, puede llevar armas, pero ¿a qué costo? (no dinero, costo en características de vuelo, para empezar). Y como el incidente del 707 fue cerca de Ascensión (isla OTAN “descubierta” recién entonces por los alcides navales), imagine qué pasaba si el interceptor era un Tornado, no un Harrier mucho más limitado en alcance y armas.
        De todos modos, una discusión medio al cuete, cuando el tema es la dependencia tecnológica y colonial, en cosas que no tienen repuesto.

    • Norberto dice:

      He visto fotos de lanzamiento con Breguet Atlantic, no sé si supervisando o lanzando en patrulla.
      Nunca menos y abrazos

      • ram dice:

        Norberto, probablemente un misil pueda arrojarse desde gran altura y ser funcional pero, el tema no debe ser ése, sino que debe lanzarse del modo menos detectable posible, especialmente el avión lanzador y el misil – que, una vez lanzado y detectado, ya les indica la trayectoria y o lo eluden o lo derriban – De yapa, un 707, es un blanco facilísimo para un Harrier que ni necesitaría misiles aire-aire para derribarlo; con los 2 cañones de 30 mm. que tenía, era más que suficiente. Quizás, un 707, con algún radar adosado, hubiera podido intentarse como un “alerta temprana” improvisado y vigilar la flota inglesa (en esa época los AWACS yanquis eran 707 muy modificados, precisamente – Los ingleses tenían Comet IV, para éso – los “Nimrod”). Un avión en dotación entonces que podría haberse modificado para darle carácter “ofensivo” era el “Learjet”, que básicamente era un diseño de caza convertido (imagine, un bichito de ésos con el Martín Pescador criollo, se nos desmaya de la emoción don Arias, no?).
        Si el Exocet era bueno, malo o regular, importa menos que el hecho de que fueran escandalosamente pocos (5), o sea que en un conflicto eran un suspiro, fíjese que una vez agotados, incluso los Super Etendart dejaron de usarse como caza-bombarderos clásicos, el avión más moderno a galpón y el peso principal en los “eternos” A-4, con todas sus limitaciones a cuestas.
        Lo que la idiotez colonial al estilo alcides, o no entiende o simula no entender es que las naciones que venden armas NO venden nada que sea ni remotamente estratégico para ellos, lo que venden son versiones viejas, superadas siempre descafeinadas, es decir hay armamento “de exportación” que conserva el nombre del original pero, en la práctica es otra cosa, ejemplo, en 1982 Argentina tenía los “Sidewinder ” (aire-aire), versión B (de los 60), los ingleses tenían la versión J (sacadas de los arsenales yanquis, nuevecitos). O sea, aquel país, cuyos alcides con jinetas creen que las armas se compran con una lista del super son idiotas o cómplices, no hay tu tía – Si un país no tiene un mínimo de autonomía tecnológica propia, no tiene nada. Y un Martín Pescador, “misilito” y todo, como opción, ante la nada misma, es de un enorme valor.
        Y yendo a lo específico de Malvinas, esos Mirage y A-4, pelados, sin electrónica ni radar ni misiles, equipados con esos “misilitos” hubieran hecho una diferencia abismal….. en logros y en bajas, porque a ese “misilito” lo lanzabas a 100, 500. 1000 metros de los barcos, en San Carlos encerrados en un entorno chico, aún errando, a algo le pegabas, sin tener que abalanzarte a 6 metros del agua, tirar la bomba (de la 2da. guerra mundial) encima del barco, con el riesgo de llevarte puesto el barco, que la bomba lo atraviese y explote al cuete en el mar y que te derriben….. obvio, todo éso pasó, incluso pasó que algún A-4 fue derribado, al escapar, por la artillería antiaérea argentina….. la idiotez colonial cuesta, guita y vidas, casi nada, no?.

      • Norberto dice:

        RAM, ascienda de 0 a 33000 pies y póngase a distancia de tiro con velocidades equivalentes sin a su vez ser detectado, de hechoi en un incidente eso sucedió en un avistaje a la flota y a pesar de no ser detectado con suficiente tiempo, el B707 quedó fuera del alcance de sus cañones aunque pudo lanzar un misil que no dio en blanco, por eso la misión era de patrullaje marítimo, tal como es utilizado el Nimrod, el Orion o el mismo Breguet Atlantique, todos los cuales verifiqué portan misiles antibuque, incluso de menor alcance.
        Con dos aviones y el trabajo de inteligencia satelital se le cortan prácticamente los abastecimientos a menos que se desplace una flota en convoy con protección antiaérea, algo que en ese momento estaba fuera del alcance de los ingleses y sus colonials, y posiblemente hubiera requerido una caída de la máscara de la neutralidad con el costo político que ello hubiera requerido.
        Nunca menos y abrazois

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