Un saludo a Landrú

landru

Hoy se murió Juan Carlos Colombres, a los 94 años. Que para nosotros los humanos es una larga vida, a la que aspiramos. Sabiendo que si llegamos, vamos a sentir que fue muy corta.

Pero Landrú sigue vivo. Porque forma parte de nosotros. Ese dibujo de arriba, por ejemplo. Mezcla la amargura y la sonrisa y resuena en todos, aún en un “nac&pop” voluntarista como yo.

Mi amigo Fernández Baraibar escribió algo que puedo suscribir, y que no tiene nada de amargura. Y abajo agrego una imagen con todos sus personajes saludando al que los descubrió.

Landrú, chozno de uno de los diputados del Congreso de Tucumán, descendiente del connubio entre un conquistador español y una princesa inca, fue siempre un gran antiperonista de la Revolución Libertadora. Pero, posiblemente su talento o su bonhomía lograron suavizar estas convicciones con un dulce manto de gracia y buen humor.

Esa pertenencia social fue lo que le permitió la creación de esos inolvidables muñecos que eran María Belén y María Paz, su modo de hablar poniendo por escrito las tilinguerías con que los hijos de la vieja oligarquía y sus émulos de clase media pretendían distinguirse de esa prima de Mataderos, Mirna Delma, representativa de esa nueva clase social enriquecida con el peronismo, la tan calumniada burguesía nacional.

Ahí descubrimos que no se decía cenar, se decía comer; que no se decía rojo, se decía colorado. Y que había cosas que eran in y otras que eran out, según se acostumbraran a hacer en Guido y Juncal o en Murguiondo y Alberdi.

Su enorme capacidad de observación le permitió descubrir ese nuevo tipo humano que se formaba en los ’60: los ejecutivos, donde el viejo estilo inglés de la oligarquía tradicional daba paso al estilo más plebeyo y insolente de los norteamericanos.

En cierto modo, y desde una perspectiva diferente, fue, junto con Jauretche, el gran cronista de la sociedad porteña de esos años“.

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3 Responses to Un saludo a Landrú

  1. Mariano T. dice:

    Fue compañero de mi viejo en el Nacional Sarmiento, y amigos durante mucho tiempo. Un caballero, con una ironía tan sutil para conversar que era una delicia.
    Tengo en casa una caricatura muy divertida que le hizo al viejo para la despedida de solteros

  2. Daniel Eduardo Arias dice:

    Muy aguda la reflexión de Baraibar. Landrú nos dio una mirada crítica social bastante filosa, y del modo más amable. Nos hizo también entender por qué los dictadores odian a los humoristas.

    Landrú y sus cargadas a Onganía eran la causa por la que los de mi cole vivíamos comprando Tía Vicenta, y todas sus sucesivas resucitaciones post-cierre (como Tío Landrú), que luego formaron la base de lectores que posibilitó la revista Humor, esa espina clavada en el tujes del Proceso.

    Pero fundamentalmente, Landrú era lo que tiene que ser un humorista, un tipo que te hace reir, y mucho, y bien, puesto ahí para que el país y el mundo y la vida no te duelan tanto.

    Un brindis por él.

  3. Politico Aficionado dice:

    Era imperdible su sección “Señoras Gordas”, inspirada probablemente en una referencia que hizo el general a “las señoras gordas de la Parroquia del Socorro”.

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