Ambientalistas estamos

el_desmonte_en_el_chaco_argentino

Anoche subí el pedido de una activa ONG global para que roguemos a la Canciller Merkel que frenara a Trump y salvara el planeta. Fue notorio que yo tomaba en joda el asunto. No el calentamiento global; ni tampoco a las ONG y a la Merkel. Es el Acuerdo de París lo que me parece imposible tomar en serio.

Comparto el juicio de una corresponsal: “Con retirarse de los tratados de París Trump hizo un gesto vacío para anular ese gesto vacío que eran los tratados. Los que verdaderamente piensan en la salud de la tierra no apostaban nada en ellos, eran la nada típica de esos acuerdos multilaterales que por darle un poquito a cada uno, al final no dan nada a nadie, menos que menos a la Tierra“.

Esto no quiere decir que no tome en serio al ambientalismo y la ecología. Aún desde un enfoque de “realpolitik”, tan usual en este blog. Es, como los derechos humanos, un tema que está en la conciencia de los jóvenes y no tan jóvenes en los sectores medios (que son la mayoría de nuestra población, no olviden). Y en un plano más profundo, el tema tiene que ver con la vida de todos.

Es cierto que en las cuencas del Riachuelo y  del Reconquista las preocupaciones ecológicas quedan en segundo plano frente a la necesidad de vivir en algún lado, y de mantener fuentes de empleo funcionando que jamás podrían pagar el costo del saneamiento. Pero el hecho es que también los pobres necesitan del aire y agua. Hasta los analistas políticos los precisan.

Me hizo volver a pensar en este tema un artículo de hoy del New York Times La Amazonía en remate (versión en castellano). Interesante. Ahí denuncia como los intereses agro-alimentarios (mayormente sojeros) están destruyendo las leyes de protección ambiental. Un proceso ya en marcha en los gobiernos de Lula y de Dilma, y acelerado a full en la ausencia de gobierno de Temer. Da muchos detalles de la deforestación, y de los compromisos políticos. Con nuestra experiencia en las zonas semi áridas argentinas, podemos apreciarlos.

Y el NYTimes termina con dramatismo “Mientras el mundo debate cuál será el impacto ambiental del anuncio de Donald Trump de retirar a EEUU del Acuerdo de París, en Brasil el pulmón vegetal del mundo ha sido puesto en remate“.

Mi reflexión es: Necesitamos empezar a pensar en una política ambientalista nacional. Supongo que esto puede parecer al principio una banalidad desubicada. Ya hay muchos compatriotas  que estudian los problemas del medio ambiente con seriedad, en reparticiones estatales y fuera de ellas. Muchos más -en esos numerosos sectores medios y en las comunidades directamente perjudicadas por desastres ecológicos- lo ponen muy alto en sus agendas. Y decir “nacional” ¿tiene sentido?: la ecología es una, la del planeta. El clima no se fija en esas líneas en los mapas que llamamos fronteras.

Sostengo que sí. La investigación científica nos da información, pero no fija objetivos. Eso lo hace la política. Y en un tema que solamente en las últimas décadas entró en la atención popular, los objetivos tienden a ser confeccionados por las usinas de formación de opinión, los medios masivos del Hemisferio Norte. Como sucedió con la legendaria “explosión demográfica”, cuatro décadas atrás.

Reitero: no estoy diciendo que no haya un pensamiento ecológico nuestro. Para citar la anticipación de un dirigente político muy conocido, Perón lanzó su  “Mensaje a los Pueblos y Gobiernos del Mundo” el 16 de marzo de 1972.

Pero ese fue un grito de alerta, no un programa de acción. Eso es lo que necesitamos ahora. No lo vamos a tener para estas elecciones -hay “issues” más urgentes- pero es un desafío válido para los que se plantean la construcción política. Porque el tema va a requerir alianzas con sectores muy diversos, respetar intereses vitales -un planteo de “parques inviolables” es absurdo para la gente que vive y trabaja allí- e imaginación para armar coaliciones.

Pero tenemos que hacerlo. En la saga sobre la energía nuclear que publica en este blog Daniel Arias -defensor del medio ambiente y creyente sincero en el calentamiento global- nos contó, aquí y aquí, el precio que pagó Brasil por el enfrentamiento entre el impulso al desarrollo de gobernantes a los que les interesaba elevar el nivel de vida de los más pobres en las ciudades -sin fijarse mucho en el costo ambiental- y la conciencia “ecologista” de los sectores medios… y de las comunidades directamente perjudicadas y sus activistas.

Evitemos cometer ese error. Porque el precio es muy alto: se benefician, exclusivamente, aquellos a los que no les importan ni los pobres urbanos ni los rurales. Ni la naturaleza. Porque sus intereses y sus compromisos están afuera.

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18 Responses to Ambientalistas estamos

  1. Daniel Eduardo Arias dice:

    Concuerdo con el Chief Abel.

    La biosfera es una sola, pero los estados nación existen (no siempre), y la política mínima inicial en la Argentina tiene que ser nacional.

    Las políticas globales, por ahora, son de risa, pero cuando dejen de serlo, habrá que apoyarlas o resistirlas desde una base de pensamiento y acción propios.

    Y además de estado nacional, tenemos problemas ecológicos nacionales, geográficamente confinados, que tenemos que atender por nuestra cuenta.

    Abel, un punto sobre los parques nacionales inviolables, modelo con el que no concordás. La ecorregión sobrerrepresentada, sin duda, en el sistema nacional de parques es la de los bosques andinopatagónicos. No necesitamos más parques en la zona, pero sí en otras.

    La cosa es que sin el carácter “inviolable” (en la práctica, bastante violado) de esos parques andinopatagónicos, habríamos perdido a la “deforestación hormiga” y a su variante industrial corporativa (intentada en Tierra del Fuego por Menem), las cabeceras de los ríos hidroeléctricos más importantes de la Argentina, (luego del Paraná y el Uruguay): son el sistema Limay-Negro, ya con bastantes obras desde la inauguración de El Chocón, y mucho más abajo en el mapa, el alto curso del Santa Cruz (todavía no represado).

    En la práctica, de las 5 millones de hectáreas de esos bosques andinopatagónicos sobrrepresentados y sobreprotegidos hoy quedan 2 en pie.

    Como en la zona los ríos son bien de nacientes andinas, y la lluvia promedio anual es importante, la deforestación de las laderas amparadas por los acutales parques nacionales erosionaría en un santiamén el suelo de los bosques, que es muy fino y precario. El típico de los lengales y ñirentales tiene apenas 7 cm. promedio. Cómo eso logra soportar árboles de 20 o 30 m. de alto es bastante misterioso.

    Pero el hecho es que sin bosque intacto (no hay medias tintas con el lengal), se te colmatan de sedimento los ríos, y si tenías infraestructura de generación eléctrica en ellos, la pérdida de profundidad aguas arriba de los cerramientos puede ser bastante rápida. Y por ende, también la de MW/h generados.

    Donde tenés lagos glaciarios que actúan de “buffer”, probablemente el sedimento queda frenado y no llega a la primera central hidroeléctrica ubicada aguas abajo. Pero si estamos hablando del Nahuel Huapí (y de tantos otros), lo que perdés es el lago azul y de agua transparente, y te quedás con un lago verde de agua no transparente. Ahí se te pianta mucha industria de turismo, enquilombás el abastecimiento de agua de las ciudades lacustres, y decile chau a los salmónidos, que serán exóticos, tanto salvajes como cultivados, pero dejan buena guita.

    Alguna vez entenderé por qué aquí usamos lenga (de madera exquisita) como material de construcción en lugar de para hacer mueblería finolis y vendérsela a los gringos. Pero también usamos quebracho para fabricar carbón. Tenemos un serio pedo en el mate. Y un país cuyo primer censo forestal (1911) arrojaba una cobertura boscosa del 51% del territorio en casi todos sus muy diversos ecosistemas. Hoy queda menos del 8%. Una descapitalización tétrica.

    Las zonas de mayor devastación forestal (la llanura chaqueña semiárida, con Santiago del Estero como paradigma) fueron las de mayor expulsión de población rural. Cuando Ricardo Rojas (qué mal que escribía ese hombre) perpetró “El país de la selva”, allá por los años ’30, SE REFERÍA A SANTIAGO. Yo vi esa provincia por primera vez en 1966 y mi pregunta fue: ¿a qué carajo se refería Rojas por “la selva”?

    Pero lo cierto es que ahí hubo un bosque de la gran siete, desparramado sobre 5 provincias más, y dejó de haberlo. Y gente que pasó de una economía de la vaca y el quebracho a otra del chivo y el carbón, de la que no logra vivir nadie. Esos sitios son el origen real de nuestras villamiserias en los ’40, más aún que la crisis del ’29.

    Yo te diría que con esto de perder bosques hemos perdido plata. Y generado megalópolis ingobernables en la Pampa Húmeda. Y nos hemos quedado con un interior más vacío que el de una burbuja.

    En síntesis, vos le das luz verde a las madereras, éstas en 20 años te dejan la cordillera pelada, como la dejaron en Chile austral en épocas del Pinocho y bajo su protección. Para llevarse chips y fabricar papel en China, probablemente. Y aquí, a cambio de nada, te liquidan industrias permanentes y de mayor valor agregado, todas las ya existentes y también muchas de las posibles.

    Estoy bastante a favor de la severidad fundacional de nuestro sistema de parques nacionales. Aunque sé que en las provincias lo odian, gobernas a la cabeza.

    Tengo mi opínión sobre esos gobernas, también.

    • no interpreto: para la gente que vive y trabaja allí… como madereras, ni ningún tipo de industria extractiva no sustentable.
      supuse que abel se refería a poblaciones de originarios o sus mestizos descendientes (que podrían asimilarse a los poseiros, los sin tierra).
      ni un m2 de de “floresta” en brasil ha sido desmatado por poblaciones originarias.
      por supuesto que cada región tiene una “capacidad de carga” diferente (no uso el término en sentido peyorativo sino para facilitar la imagen del humano como intruso), pero en general el indígena la conoce y acompaña.
      no habrá parques nacionales sustentables, obviamente, sin leyes que sustenten/protejan a todos sus componentes naturales.
      incluido el humano.

    • Capitán Yáñez dice:

      Mi estimado Arias, como ingeniero forestal que soy me permito algunas observaciones.
      Lo que usted denomina “censo forestal” de 1911 no fue tal, sino una estimación a lo bruto -y sin una sola medición- de “bosques y montes” sin más precisiones. El sonsonete de “a principios del siglo XX Argentina contaba con 106 millones de hectáreas de bosques de las que en la actualidad sólo quedan unas… (y ahí se ponía una cifra escandalosamente menor, descendente con las décadas y según se iban haciendo inventarios parciales y cálculos dignos de escuela primaria. El “unas” era una demostración de ignorancia) lo usamos los forestales argentinos para invocar misericordia y hasta gastarlo. De allí, en caso de no haber conseguido que el interlocutor de turno derramara una lágrima con las brutales cifras, pasábamos a tomar la guitarra y entonar la baguala “El quebrachal que ya no está”. El primer Inventario Nacional de Bosques Nativos data de fines del siglo pasado y dio 33 millones de hectáreas de bosques, nada de “bosques y montes” y siguiendo la definición de “bosque” que da la FAO. La deforestación y las tropelías perpetradas contra nuestros bosques son una dolorosa realidad… pero tampoco la pavada.
      El bosque andino patagónico es la región forestal argentina mejor conservada y jamás tuvo cinco millones de hectáreas. Justamente por ser “andino” es imposible que las tenga y que alguna vez las haya tenido. Por falta de lugar, digamos.
      La lenga (Nothofagus pumilio, prima hermana de Fagus sylvatica, haya europea) no es una madera “exquisita” sino bastante cualunque (las “exquisitas”, en todo caso, son las de coihue y raulí, más o menos abundantes del lado chileno del bosque, escasas del nuestro) y no se usa para “mueblería finoli y vendérsela a los gringos” por la sencilla razón de que “los gringos” se abastecen de Noruega y Finlandia, que les quedan mucho más cerca (y son “más serios” diría algún cipayo).
      Los “madereros” (acá, en Chile y en cualquier parte) sólo cortan “árboles rentables”, de modo que “pelar” una hectárea para sacar un tronco de lo que sea es un pésimo negocio. La tala rasa sólo se hace en plantaciones, que son monoespecíficas y coetáneas (árboles de una sola especie y de la misma edad). Los bosques naturales son multiespecíficos y disetáneos. Las deforestaciones masivas se hacen para cambiar de uso la tierra, y en eso los madereros no tienen nada que ver. Suelen ser verdaderos canallas los tipos… pero no los metamos hasta por donde no andan.
      Un abrazo.

      • Daniel Eduardo Arias dice:

        Usté siempre me sorprende, Capi Yáñez. Ingeniero forestal… me dejó K.O. Pero mire, la extensión original del bosque andinopatagónico (5 mIllones) me la dieron sus colegas del Centro de Extensión Forestal Andinopatagónico, CIEFAP, en su regional de El Bolsón.

        Créame que les pregunté lo mismo: ¿5 palos de hectáreas no será mucho? Nones, me contestaron. El límite original del bosque estuvo fijado por las isohietas y los suelos con arena volcánica, de manera que los árboles penetraban tan campantes el actual ecotono entre el la foresta y el comienzo de la meseta árida. Todo el ecotono se fue corriendo hacia el pedemonte andino.

        Les pregunté por qué, y me dijeron que ese corrimiento fue antrópico. Mucho antes de que ahí pintáramos los argentos, los mapuches venidos de Chile solían quemar bosque para cazar guanacos, costumbre que posiblemente antes de la araucanización de la zona en el siglo XVIII también tuvieran los tehuelches. Y en lo que se refiere a la alta cuenca del Chubut, cuando llegaron los galeses se pusieron a talar a lo loco para a) construir sus casas, b) alimentar sus fogones, c) crear pasturas para el ganado.

        El establecimiento de la ganadería fue el límite definitivo, porque a los animales les encanta morfarse los renovales de lengas, ñires y coihues (los Nothofagus fagocitados!); y porque no hay paisano con algunas hectáreas de bosque remanente en su propiedad que no les prenda fuego, así medio de distraído, como sin querer, y de pronto… zás, más pastizal para sus animales, qué se le va a hacer. Si es un año seco y al hombre las cosas se le salen de las manos, arden algunos miles de hectáreas. Bueno, no era la intención.

        Pero como decían sus colegas del CIEFAP, hectárea que ardió, cagó. Ahí no vuelve a regenerarse bosque natural, porque una lenga tarda 200 o 300 años en alcanzar un tamaño decente. Y si la ladera era empinada, olvidate de la lenga porque antes te vas a haber olvidado del suelo.

        Por eso, como los tiempos regenerativos de la naturaleza son casi geológicos, como decían en el vecino INTA, sus colegas del CIEFAP iban por la plantación de pinares de distintas especies. Era 1992, Cavallo prometía premios impositivos a los que forestaran (jamás cumplió, me dicen) y había bastante entusiasmo local. Uno veía las laderas peladas en torno a Esquel llenas de ordenadas filas de plantines de Pinus ponderosa, Pinus lo que quieras… Hasta tenían el Pinus contorcta, o murrayana como la llaman los shilenos, para la isohieta límite de 300 mm. por año. Hablaban de una rentabilidad promedio del 13% anual en la última corta, a los 30 años. Yo, admirado. Era joven (bah, no tanto) y no me imaginaba un incendio de pinares en un año seco.

        Pero en fin, le doy las fuentes de esa cifra de 5 palos originales de bosque andinopatagónico. Certificadas por el director del CIEFAP entonces, el ing. forestal Juan Enricci. A quien rajaron cuando me apoyó públicamente en la lucha que emprendí unos años más tarde contra el proyecto de la Trillium Corporation en Tierra del Fuego. O “Cómo transformar 75.000 hectáreas de bosque primario en papel de fax en Japón”.

        Los del CIEFAP me dijeron que si la humanidad de pronto desapareciera de la zona y no hubiera grandes variaciones en las lluvias, y además alguien tuviera a raya a las vacas, las ovejas, a sus dueños y a los gobernas, el lengal volvería a sus límites originales. Añadieron también que eso no sucedería jamás, y les creo.

        No sabía que el inventario forestal de 1911 haya sido tan desprolijo. Dato interesantes.

      • Daniel Eduardo Arias dice:

        Y digo más: la madera de lenga es hermosísima. Se deja tallar y moldear bastante bien, y tiene una textura y un color natural estupendo. Que aquí la usemos a la diabla no la desmerece. Pero es como hacer hamburguesas con lomo.

      • Capitán Yáñez dice:

        ¡La madera de lenga es buena y hermosa… me pareció exagerado lo de “exquisita”!
        Para hacer desaparecer 3 millones de hectáreas de bosque se requiere una densidad de población que nunca alcanzaron mapuches ni araucanos ni tehuelches y menos que menos los galeses… ni todos ellos sumados, o bien una cantidad importante de topadoras que por allá nunca hubo.Bueno, para no hacerla muy lunga digamos que los límites “originales” del bosque patagónico están siendo reconsiderados, desde no hace mucho más de unos veinte años, desde una óptica distinta a la de los colegas que lo adiestraron a usted (ya nadie cree que si no existiera el maldito Homo el mundo entero sería un maravilloso bosque), pero, en cualquier caso, el límite oriental del bosque es la isohieta de 200mm, que deja al este una franja muy estrecha en la que, efectivamente, ahí estuvo y está…
        Lo de los pinos dejémoslo ahí… porque daría para una saga “a lo Arias”. Le digo desde ya que la fiebre coniferal, argentina en general y patagónica en particular, es muy anterior al CIEFAP y llevó a los más afiebrados a plantar pinos hasta en Tierra del Fuego (aún quedan unos pocos raquíticos ejemplos del despropósito).

      • Capitán Yáñez dice:

        ¡Perdón don Arias! En lo de las hisohietas quise decir “hacia el oeste”.

      • Capitán Yáñez dice:

        Otra vez perdón… ahora veo que mandé “hisohietas” en lugar de isohietas.
        En fin.

  2. Muy bien. El cortoplacismo es también un problema argentino, y la ecología lo cortocircuita.

    • Rogelio dice:

      Comandante, hace muy bien quedándose a vivir en Bruselas hasta reponerse de su cansancio…. conozco a los belgas (valones y flamencos) de primera mano porque alguna vez me tocó trabajar con ellos en el BEAL (ex Italo-Belga Bs. As.) y aunque no puede decirse que son virtuosos debo admitir que son bastante planificados. Carrefour lo demuestra, no?

      Saludos cordiales

  3. Juan el Bautismo dice:

    epa.
    hay que gastar mas rapido el poco zumo de dinosaurio que queda, abrir el canal de Panama para que se equilibren los oceanos, y despues que se cumpla el Plan de Dios

    http://rauldargoltz-teatro.blogspot.com.ar/2006/03/hacha-y-quebrachoversion-de.html

    http://www.youtube.com/watch?v=NjzMT0BqX5g
    http://www.youtube.com/watch?v=paw0tLyInpA
    http://www.youtube.com/watch?v=m1Jx7xARqmo

  4. Capitán Yáñez dice:

    Mi siempre muy estimado blogger no más en jefe, en estos asuntos ambientales conviene andarse con mucha prudencia y tino pues, como en muchos otros asuntos, los Homo sabemos mucho menos de lo que creemos saber.
    Debemos, por lo tanto, empezar por no encararlos con la soberbia que nace de una supuesta sapiencia (soberbia típica de la Ilustración y sus seguidores), y, menos que menos embanderados en paparruchadas tales como “las selvas son los pulmones del planeta”, el “desarrollo sustentable”, “una mariposa aletea en Pekin y llueve en Central Park”, nuestra forestal y vernácula “a principios del siglo XX Argentina tenía 106 millones de hectáreas de bosques…” y otras por el estilo. Ya que estamos con el sainete del “desarrollo sustentable”, y al pasar, nuestro organismo oficial dedicado al tema ambiental se denomina, precisamente, Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable… de modo que ya puede imaginarse uno cómo andamos en la materia… Más aún cuando está a cargo de un rabino que propuso combatir incendios forestales mediante el rezo (aunque parezca mentira).
    El juicio de la “corresponsal” que citás es absolutamente acertado. En la cuestión ambiental, la penosa historia de las “Cumbres de la Tierra” (Estocolmo 1972, Río 1992, Johannesburgo 2002, Río 2012) es demostrativa de que las tales “cumbres” son generadoras de muchísimo ruido y poquísimas nueces.
    La “conservación del ambiente” consiste en un balance (necesariamente dinámico) más o menos razonable entre economía y ecología que es, por ahora, inalcanzable. En parte (sólo en parte) porque las ciencias implicadas aún andan bastante descarriadas… Hay que tener paciencia: los forestales llevamos algo menos de tres siglos tratando de encontrarlo (al balance, digo) en los bosques y aún no hemos podido… aunque más de una vez hemos estado a un tris de gritar ¡eureka! El sopapo correctivo nos lo ha dado, la mayoría de las veces, la mismísima Natura con sus caprichosas reacciones a nuestras razonadas técnicas. No hace mucho más de 20 años un ecólogo californiano resumió el asunto de un modo maravilloso: “todo lo que en nuestros gabinetes imaginamos en perfecto orden… en el campo lo encontramos en perfecto desorden”.
    Ya que está de moda el “despacito”… en materia ambiental conviene andar “despacito y por las piedras”, pues que andamos en pañales y dando los primeros pasos, y ergo, no estamos para proponer “grandes soluciones” ni cosa parecida. Los que lo hacen son más o menos como los vendedores de “tónicos curalotodo”.
    Hay que reconocerlo: en la Historia Ambiental, que abarca millones de años, los dos siglos que lleva el Homo tratando de entender estos menesteres (por poner una fecha, digamos que desde comienzos del siglo XIX, cuando a un tal Jean Baptiste Pierre Antoine de Monet, Chevalier de Lamarck, más conocido como Lamarck, a secas, se le dio por inmiscuirse en el complejo asunto de la relación entre los organismos vivos y su “entorno”) no son nada.

  5. Esther dice:

    La situación es realmente preocupante.

    Y sí, necesitamos políticas nacionales referidas al cuidado del medio ambiente. El que existan problemas globales no está en contradicción con el hecho de que existen problemas locales.

    Son problemas siempre complejos y la ciencia no está en condiciones de dar respuestas a todo. De hecho, ni siquiera está en condiciones de ofrecer un modelo predictivo razonable; como dice Capitán Yáñez, se trata de ciencias casi recién nacidas. Eso, en mi opinión, vuelve más urgente la existencia de programas de conservación: ¡ni siquiera sabemos cuánto daño hacemos al hacer daño ni cuáles serán sus consecuencias reales!

    También adhiero a Capitán Yáñez en cuanto a ser cautelosos. La defosteración abusiva es un desastre, se lo mire por donde se lo mire; pero en cuanto a la capacidad de secuestrar dióxido de carbono a través de la fotosíntesis… Tampoco hay que dejar de lado que existe una inmensa masa de bacterias y algas fotosintéticas en los mares que también sufren los efectos de la contaminación. Las plantas no son los únicos organismos fotosintéticos.

    Es fácil darse cuenta de que el vertido constante de herbicidas y plaguicidas altera el medio ambiente, que contamina. No tan fácil darse cuenta de que el vertido constante de fertilizantes altera el medio ambiente, que contamina. Pero ¿cómo?, si los fertilizantes son buenos, contienen nutrientes… Exactamente, contienen muchos nutrientes, muchos, muchos, y su exceso termina en los cursos de agua y “sobrealimenta” a toda una serie de bicheríos que terminan creando esas olorosas capas verdosas en la superficie del agua (la misma de la cual se luego se extrae el agua potable) y otras cosas más.

    La erosión y degradación de suelos en plena pampa agrícola.

    La pérdida de biodiversidad gracias a que introducimos especies exóticas que se convierten en especies invasoras. ¿Qué en dónde? Pues ya, creo, en todos lados, no debe haber una región en el país que no sufra de por lo menos alguna especie invasora.

    Dos artículos cuya lectura puede ser interesante (para seguir pensando, no abro juicio a priori sobre su contenido), publicados en la revista Ecología Austral:

    Decálogo del ambientalismo estéril:
    http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1667-782X2014000300012&lng=es&nrm=iso&tlng=es

    Las verdades más incómodas del cambio climático no son climáticas:
    http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1667-782X2015000200011&lng=es&nrm=iso&tlng=es

    Abrazo,
    Esther

  6. CV dice:

    Nuestra incidencia en el cambio climático global es mínima y nuestra prioridad debería ser el desarrollo industrial. Los chinos (luego de haber quemado carbón a mansalva) recién ahora están comenzando a hacer “limpieza”:

  7. Daniel Eduardo Arias dice:

    Es cierto que nuestra incidencia en el recalentamiento es mínima… como argentinos. Pero no como especie. Ahí están los dos palos del arco en que tenemos que atajar.

  8. Diego dice:

    No leí todo el blog ni todos los comentarios, pero… ¿te diste cuenta que cumpliste 10 años de bloguero?

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