Argentina Nuclear, 2017 – LXIV: El agua que pesa

En este capítulo, les advierto, Daniel Arias sigue analizando la figura, clave, de Castro Madero. Y además se enterarán -los que no son ingenieros nucleares- mucho más de lo que nunca quisieron saber sobre la producción de agua pesada. Eso sí, puede interesarles que Argentina es el mayor y más económico productor mundial de esta esotérica variedad de agua. También podrán acceder, cliqueando, a un fascículo de unas 40 páginas sobre la enseñanza de la ingeniería.

  1. Castro Madero, juicio por agua (pesada).

planta de agua pesada

Uno de los traumas profundos de la CNEA. Ni fotos quedaron de esta planta experimental de agua pesada cuando se fue Castro Madero. Era 100% nuestra, ergo: libre de salvaguardias. Por eso el Club de Londres la hizo desguazar vía su presidente riojano favorito en 1994.

Para testear el oro, metal llamado “noble” por su resistencia a la oxidación y la corrosión, se solía usar una mezcla fumante y amarillenta de ácidos nítrico y clorhídrico llamada “agua regia” por los químicos. Para testear a Castro Madero, voy a pasarlo por la prueba del D20, sustancia transparente y algo azulada llamada “agua pesada” por los físicos y químicos nucleares.

El agua pesada está presente en la naturaleza. En lugar de un átomo de oxígeno con dos de hidrógeno, viene con dos de deuterio, un isótopo del hidrógeno que trae –como regalo- un neutrón en el núcleo. El vaso de agua natural con que te vas a bajar la aspirina que seguramente necesitarás cuando termines este capítulo tiene al menos 175 partes por millón de agua pesada.

Elevar esa ínfima proporción para obtener un litro de agua pesada de un 99,75% de pureza requiere descartar al menos 50.000 litros de agua natural “empobrecida”, ponele a 145 partes por millón. Es un proceso de enriquecimiento, es decir de separar cosas casi idénticas para la química, y como tal, puede hacerse de varios modos. Son casi todos secretos en los detalles, y tienen una complejidad tecnológica alucinante. Aquí desculamos uno aprendiendo desde cero, el canadiense del ácido sulfhídrico-agua, lo que nos permitió comprar, cuando ya lo dominábamos de taquito, otro más eficiente, el del amoníaco-agua. Pero el asunto creó una dispepsia que te la cuento en el Club de Londres. Más tarde explico qué es este club, pero entre tanto pido se acepte una definición utilitaria: ha vivido jodiéndonos. Y viceversa.

Y vuelvo a Castro Madero. El agua pesada es un material estratégico. Es lo único que puede aumentar hasta 70 veces la reactividad nuclear de un combustible tan desmarrido como el uranio natural, que tiene apenas el 0,73% del isótopo físil y reactivo, el 235. Ese neutrón extra del deuterio es casi lo único que logra hacer que el uranio natural, tan anoréxico en fisiones, logre ponerse crítico e iniciar reacción en cadena.

Los reactores nucleares plutonígenos de los países pobres, ponele los iraníes hasta hace poco, o los norcoreanos hoy, no suelen contar con uranio enriquecido, que es el producto de otro proceso de enriquecimiento aún más dificultoso. Por eso, cada litro de agua pesada que se vende por derecha en el mundo está salvaguardado (es decir, viene con inspector del OIEA al lado del frasco). Hay promos: si comprás los domingos, viene con dos inspectores. Hoy somos los mayores proveedores mundiales, y los más baratos, paso el chivo por si alguien necesita.

Pero si querés un “Grosso Programa de 5 Centrales de 600 MW”, el GP5x600 de Castro Madero, y construirlas vos sin siquiera un tornillo canadiense en 20 años, necesitás una planta propia que fabrique al menos 80 toneladas años. Y es que cada reactor de 600 MW de uranio natural y tubos de presión, como los querían Jorge Sábato y el mentado contralmirante don CCM, usa entre 460 y 592 toneladas de agua pesada, según el modelo.

Sí, adivinaste, el Club de Londres está contra los reactores plutonígenos (ajenos), pero también contra los programas nucleoeléctricos independientes. A ver si todavía, además de perder un comprador, no les salís competidor y entrás a vender centrales por el ancho mundo, no lo quiera Dios. Los del Club garantizan que nadie te vaya a vender una planta de agua pesada, y tampoco la tecnología, y ni siquiera bombas o componentes que puedan usarse en una planta de agua pesada. Y la de componentes es una lista de centenares de ítems.

Los hidroquímicos José García Bourg y Aníbal “El Petiso” Núñez, gestores de los dos proyectos de agua pesada de la CNEA, me resumieron bien “el problema Castro Madero” en 1988: “Su plan era demasiado grande, pero ojo: mirá que dejó ladrillos, ¿eh?”.

Cuando esto te lo dicen en la plataforma superior de una de las cuatro inmensas torres de acero de la Planta Modelo Experimental de Agua Pesada (PMEAP), tan alta que la temperatura ahí arriba era 4 o 5 grados inferior a la del suelo, el viento nos despeinaba con ferocidad y la cúpula de Atucha I la veías como desde un avión, el mensaje llega a destino. Hoy García Bourg y el Petiso Núñez ya no están… y tampoco la PMEAP. Ya llego a eso.

La PMEAP se construyó a contrapelo de las presiones de los EEUU, de Inglaterra, de Francia, de la URSS, de China y sigue el resto del Club de Londres. ¡Y estoy hablando de una instalación experimental, que a lo sumo daba 20 toneladas/año! Sí, claro, llegó Castro Madero y el proyecto de agua pesada pasó de U$ 50.000/año a 1 palo verde redondo. Para empezar, porque después llovió más plata. Y cuando en el Club de Londres se avivaron de que íbamos por 4 plantas más como la PMEAP, empezaron a llovernos ofertas de plantas mejores y mayores, todas con financiación, con tal de que no siguiéramos multiplicando y mejorando las nuestras. Eso sí, todas las ofrecidas, bajo salvaguardias.

En una segunda ocasión, y siempre hablando de Castro Madero, el Petiso Núñez añadió otra perlita: “No es que el plan nuclear del tipo fuera desmesurado, como baten todos. Es que todos estos ultraliberales hijos de puta han venido achicando el país. Si Castro Madero incurrió en algún error, fue no darse cuenta de eso”. Dicho por un peroncho duro y puro sobre un gorila natural, de los que se trepan solos a los árboles.

El Dr. Alberto Enrique Cassano, del INTEC, un instituto de química industrial del CONICET y la Universidad Nacional del Litoral (su nombre lleva el Parque Tecnológico Litoral), a cargo de los cálculos de diseño de la vertiginosa PMEAP, añade esta joyita:

En 1980 tuve el incidente más serio de los más de cincuenta y dos años de actividad que llevo en mi profesión. Dos médicos nacionalistas, militaristas, Investigadores Superiores del CONICET, me denunciaron por escrito, ante el General Videla.

“La acusación era la de ser un Montonero disfrazado porque tomaba en el INTEC (a) profesores que habían sido expulsados de la Universidad; porque ayudaba a salir del país a personas ‘indeseables’ para poder hacer doctorados afuera (eran aquellos que no lograba que ingresaran al INTEC pensando que luego retornarían) y porque estaba ´sovietizando’ (sic) el INTEC y el CERIDE (porque cada uno de ellos tenía Consejos Asesores que en los hechos actuaban como directivos). Curiosamente, el Consejo Asesor del CERIDE estaba formado por los Directores de Institutos y de Programas. El del INTEC con un formato donde la gran mayoría eran investigadores.

“La denuncia fue girada por el Presidente de la Nación al Secretario de Ciencia y Tecnología, el Dr. F. García Marcos, quien me citó de inmediato por Télex. Cuando concurrí (lo conocía por las gestiones relacionadas con el crédito del BID) me mostró la carta y me dijo sólo tres cosas: ‘¿Qué me puede decir de esto?, ‘A usted me voy a ver obligado a echarlo’ y ‘¿Tiene su pasaporte al día?’

“Luego del dialogo, mi respuesta fue: ‘Si tiene tiempo, consulte primero con el Vicealmirante (sic) Castro Madero y después volvemos a hablar’; cosa que aceptó.

“Una semana después, me volvió a llamar y me dijo: ‘Olvídese del tema, está todo aclarado’.

“Yo no lo puedo asegurar, pero por los términos de la denuncia que pude leer en todo su contenido, seguramente Castro Madero me evitó unos posibles años de cárcel y, por qué no, tal vez me salvó la vida. También me sirvió para reflexionar. ¿Qué pasaba si una persona no tenía la fortuna de que alguien con influencia lo defendiera?”

Los que quieran el texto completo de Cassano, está bajo el título un poco hipnótico de “Logros y errores en la educación del ingeniero”, bajo el cual palpita una narración deliciosa por su mezcla de anécdotas, chistes, ingeniería, espionaje, rigor científico y político, amén de triunfos y tragedias nacionales. Fue publicada por la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en 2015.

Para más datos, fue la presión del Club de Londres, que ahora definiré como un cónclave dentro del OIEA pero sin estructura orgánica, formado por países armados hasta los dientes pero dedicados a la “antiproliferación nuclear” (ajena), la que en 1994 forzó a Cassano al desguace de la PMEAP a través de su presidente favorito, el doctor Carlos Saúl Menem. Cuyo presidente favorito de la CNEA era a su vez Manuel Mondino, tan injustamente olvidado.

A diferencia de la PIAP de Arroyito, comprada llave en mano a Sulzer Brothers, más suiza y salvaguardada que un banco de Ginebra, la altísima instalación experimental que se alzaba junto a las Atuchas era tecnología 100% nacional y libre de pegoteos legales. Era un ejemplo de Sabatismo explícito en dos cosas:

  • La construyeron tipos que empezaron sin saber nada del tema y aprendieron sobre la marcha,
  • Estaba hecha de materiales especiales. No quieras ver las cosas que hay que hacerle al acero para que soporte la corrosión del ácido sulfhídrico a altas presiones y temperaturas.

Si Sulzer nos vendió la que hoy sigue siendo la mayor planta de agua pesada del mundo, con capacidad para 200 toneladas/año, ubicada en Arroyito, arrabal de Neuquén City, fue para que no la replicáramos.

Daba changüí para fabricar 20 toneladas de agua pesada/año y usarla en lo que se nos cantara, por ejemplo mejorar su eficiencia. Y después competir con Sulzer y los canucks, y venderle la tecnología (bajo salvaguardias, no somos suicidas) a clientes tranquilos, ni Kim-Jong-un ni los mullahs iraníes. Y si no la tecnología, el producto. El mercado mundial vale hoy U$ 35 millones/año, y los principales compradores son EEUU, Francia, Suiza (¡!), Alemania, el RU, China, Japón…

Pero que uno pueda tomar esas decisiones al Club de Londres le cae fatal, y los tipos saben esperar a que llegue un vendepatria al sillón presidencial.

Aquí siempre ocurre.

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5 Responses to Argentina Nuclear, 2017 – LXIV: El agua que pesa

  1. Muy contento con la referencia a mi hermano mayor – el segundo cronológicamente hablando – te comento que no se llamaba Eduardo – el nombre del tercero de mis hermanos – sino Alberto Enrique, nombre que actualmente tiene el Parque Tecnológico Litoral, la última de sus muchas aportaciones al desarrollo científico técnico del paí

  2. ADA E IDO dice:

    La verdad que apreciamos muchisimo estos posts de Daniel

    • Daniel Eduardo Arias dice:

      Muchas gracias. En el caso de los dedicados a Castro Madero, me cuesta un Perú escribirlos, porque todo el tiempo descubro cosas que niegan nociones con las cuales conviví 30 años.

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