El terrorismo y los ríos subterráneos

yihadismo

Este blog quiere ayudar a convencer a los argentinos que el resto del mundo existe, y no depende de nuestras fascinantes internas (más bien al revés). En los últimos días di bastante espacio a la sorpresa que protagonizó el inglés Jeremy Corbyn, pero no porque eso fuera lo más significativo que está ocurriendo en el mundo.

Apenas es, creo, una muestra más de lo que entiendo como la agonía de una etapa del capitalismo -la que se define por la valorización financiera- en Europa. Y de que no todas las reacciones a la crisis allí pasan por la reivindicación identitaria (el Brexit había sido una de esas).

Pero están sucediendo otras cosas, más explosivas. Como a mí también la interna me roba tiempo, confieso, recurro a un buen análisis. Y pido disculpas. A Marcelo Cantelmi, de Clarín, lo considero un periodista informado, pero me parecía que su mirada “social demócrata” estaba atrapada en las convenciones del coro mediático del Atlántico Norte. Tal vez allá hay gente preocupada con los extremos a los que está llevando la interna estadounidense…

Como sea, esto que leí el sábado lo encontré lúcido (incompleto, pero ¿quién puede decir todo?), y lo copio aquí:

“La ola de violencia terrorista que apremia al mundo y la imprevisible crisis diplomática que acaba de estallar entre Qatar y su poderoso vecindario árabe tienen puntos de contacto. Ambos son hechos ilustrativos sobre los ríos subterráneos que se mueven detrás de estos fenómenos. El litigio contra el minúsculo emirato, y en el cual está íntimamente vinculado Washington, ayuda a comprender la fragua de aquella violencia que ha tenido su pico en el tercer ataque terrorista en apenas semanas en Londres y, horas después, en Irán. Y todo ello con el trasfondo de una creciente debilidad de los principales liderazgos globales, con el presidente de EE.UU. acusado de ser un mentiroso serial por su ex director del FBI y la jefa de gobierno británica Theresa May camino a la renuncia tras su fracaso electoral.

Los hechos son los siguientes. Una semana después de la visita de Donald Trump a Riad, la monarquía absoluta saudita encabezó un movimiento de una decena de naciones aliadas sunnitas para aislar a Qatar y romper en cadena sus relaciones diplomáticas y comerciales. Esa alianza, que dispuso expulsiones y cierres del espacio aéreo y naval, se justificó en la supuesta financiación por parte de Dubai de las bandas terroristas, entre ellas la agónica ISIS o el espectro de Al Qaeda y su sucedáneo sirio, la ex Al Nusra. Un argumento endeble que apenas ocultó que la base de este apremio es la sociedad que Qatar mantiene con Irán, el país con el que comparte la explotación del mayor yacimiento de gas del mundo, el North Field- South Pars, bajo las aguas del Golfo Pérsico.

En aquella visita a Riad, usina del wahabismo, una de las versiones más duras del sunnismo islámico, Trump elaboró un discurso demoledor contra la potencia persa ante una nutrida conferencia de autócratas, dictadores y monarcas que lo escuchaban admirados. Ese mensaje dio alas a las acciones contra Qatar para que rompa con Teherán, en un paso que el propio magnate-presidente se atribuyó el mérito de haberlo disparado.

Es de imaginar que alguien en la Casa Blanca debe estar ya intentando moderar este conflicto, atento a que Qatar es un aliado íntimo de EE.UU. y sede de la estratégica base norteamericana Al Ubeid, con 11 mil militares y centenares de aviones de combate. Será difícil, sin embargo, revertir lo andado debido al calibre de lo que se está jugando. Los atentados del miércoles en el Parlamento iraní y en el monumento al Ayatollah Khomeini, fundador de la revolución de 1979, con doce muertos, exponen los extremos a los que ha llegado la disputa.

Esta crisis corona el choque histórico entre Teherán, principal vértice de la minoría shiita islámica, y el reino saudita, envueltos ambos en una guerra fría de extraordinario calado. Es esa controversia la que ha extendido de tal modo y con tales costos la guerra en Siria detrás de la punción para arrebatar el país árabe de la influencia de la potencia persa.

Es ese escenario la fragua del terrorismo que se dispersa por el mundo. El ISIS no es más que una maquinaria creada para esa batalla. No debería perderse de vista a la hora de determinar los patrocinadores, que los blancos excluyentes de la banda son iraníes o ligados a Teherán. Los éxitos que la organización ha logrado con apoyo abierto de gobiernos o multimillonarios individuales de la región, han tenido el costo de alentar a una fauna marginal y lumpen de “ni-nis” en los suburbios de las ciudades europeas que se asumen como bombas humanas. Así se lo vio en la precariedad de los tres ataques en Londres, o en París o en Melbourne, en Australia.

Toda la arquitectura justificatoria que rodea el capítulo actual del enfrentamiento entre estas potencias es un literal mamarracho retórico. Emiratos Árabes Unidos, aliado de la monarquía saudita, tiene fluidas relaciones diplomáticas con Teherán, pero no las rompe y prefiere en cambio aislar a Qatar. Por lo demás, el tema de la financiación del terrorismo es terreno pantanoso para todas esas tiranías decididas a no perder el control. El proceso de la Primavera Árabe, que exhibió en 2011 la demanda republicana de la población del norte de Africa para desprenderse de sus dictaduras, ha sido un factor clave en las tensiones que se han desatado posteriormente, como señala el periodista español Javier Martín, uno de los más lúcidos analistas de la región. “Arabia Saudí emprendió una contrarrevolución que ha permitido que las primaveras fracasaran, apoyando a nuevos dictadores, caso de Egipto o Libia, o también financiando y armando a grupos radicales sunníes próximos a Al Qaeda y al ISIS como sucede en la guerra de Siria”. En este panorama Qatar tiene una doble relación que irrita a las autocracias árabes.

Con Irán, pero también con los Hermanos Musulmanes, una cofradía oportunista sunnita amparada por momentos por Occidente y aliada de Turquía y que defiende el mecanismo electoral, con limitaciones y tutelas como hace Irán. Malos ejemplos aun con esas limitaciones para las monarquías que intuyen el riesgo de su sobrevivencia ante cualquier alternativa de participación popular.

Hay otra dimensión que debe observarse en este encuadre. La participación de Rusia en la guerra de Siria revirtió la brújula a favor del régimen de Damasco garantizando la victoria iraní en esa confrontación. El Kremlin y Teherán, últimamente con la participación crítica de Turquía, han venido elaborando la posguerra de ese conflicto con la anuencia de buena parte de Occidente que acabó por aceptar el estatus quo de mantener en el poder al régimen de Bashar al Assad.

La llegada de Trump a la Casa Blanca abrió una ventana que venía ya alentada por los dos grandes partidos norteamericanos desde antes de las elecciones para cambiar ese registro. La intención ha sido recolocar a Irán en el blanco de la estrategia militar estadounidense y recuperar la alianza con Arabia Saudita zaherida por los acuerdos de Barack Obama con el gobierno moderado iraní. Desde donde se lo mire es un enorme retroceso y un extraordinario error histórico después de lograrse que Teherán desactive su programa nuclear y asuma lo que Henry Kissinger definía como el necesario salto de “causa” a “nación”. Pero no son estas épocas de gigantes sino de pigmeos y vuelos bajos, como exhibe la política norteamericana y la británica tras el Brexit. La ofensiva que tiene a Qatar en el centro del mapa, apunta a reducir la autonomía de Teherán y de Rusia, detrás de la noción de que es posible controlar Siria y acorralar a sus patrocinadores persas ayudados por esos liderazgos anémicos occidentales. Suponen que la historia va en ese sentido. Pero puede ser demasiado el optimismo y dudosos los resultados”.

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5 Responses to El terrorismo y los ríos subterráneos

  1. Daniel Eduardo Arias dice:

    Envidio a Cantelmi, que logra entender lo que describe. Creo que el incendio de los países árabes se ha vuelto indescifrable en serio, incluso para quienes viven en él o de él.

    No creo que los atentados vuelvan a resucitar el programa de armas iraní. El de enriquecimiento por centrifugadoras nunca logró alcanzar su rendimiento de diseño por los continuos ciber-ataques que destruían las máquinas de a decenas, o les bajaban continuamente el rendimiento.

    Y el de plutonio, que en el fondo es el realmente útil en sentido militar, implica construir otra “production facility” más otra fábrica de agua pesada, más una planta grande de reprocesamiento, más otra de reducción de óxidos de plutonio a metal, más otra de tratamiento de aguas.

    Y semejante bloque de edificaciones es medio difícil de disimular en un país desértico. Incluso si la construcción es subterránea, el movimiento de tierra y de máquinas y equipos es enorme.

    La economía iraní no se banca otro boicot de petróleo sin que la sociedad estalle, además.

  2. guillermo dice:

    No mencionada entre las causas de friccion es la importancia de Al-Jazeera en el mundo arabe como voz regional, mucho mas liberal (en el sentido real de la palabra) que la mayoria de los paises que sirve (no es dificil), por lo tanto muy irritante, y basada en Qatar, propiedad del emir y su familia.

  3. Es tan enorme y desquiciado el asunto que al final la mejor explicación va a ser el delirio cósmico de la novela del iraní Reza Negarestani (cyclonopedia); el máster de la nueva ficción teórica. Aunque pensando en la poca simpatía q Abel le tiene a los afrancesados modernos no se jaja

  4. Norberto dice:

    Bueno, no debe ser tan informado cuando confunde Doha con Dubai, y la diferencia es muy importante. Además si no se tiene en cuenta el papel de Qatar en la desestabilización de la Libia de Khadafi y Siria, con su descarado traslado de combatientes del Daesh y el aporte de armas y equipos a esa y otras facciones islamistas, pero en asociación con los sauditas y USA, que tienen la mayor base militar del Golfo en Qatar, todo lo cual se parece mucho a lo del reciente fallecido Noriega, y su descarte cuando no lo necesitaron más.
    Será necesario esperar para poder orejear que se oculta detrás de este cambio de alianzas, tal vez sea para liberar de sospechas a la dinastía saudí por la participación de muchos, demasiados, de sus súbditos en acciones terroristas, ante la opinión pública de su país por parte de Tramp.
    Recientemente salió a la luz en Inglaterra que en los noventa Blair fue extorsionado, como país, en su propio despacho por los saudíes en un afaire que involucraba la industria aeroespacial inglesa y su propiedad por la familia gobernante árabe, el poder de las compras de armamento pesa mucho en los anglosajones.
    Nunca menos y abrazos

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