Pensando en la 3° marcha “Ni una menos”

En este blog ya escribí del tema en ocasión de las anteriores marchas. Repetir es importante, aunque aburra. Las conciencias se van formando desde lo que se escucha desde la niñez, por generaciones (las religiones lo saben).

Pero ¿repetir en un blog, politizado y ligeramente irónico, que leen los que tienen compromiso político, interés en la publicidad política y/o inquietud intelectual (modesta)? Creo que no sirve. Siento que sólo sería parte pequeña de una discusión que ya está en marcha “a todo trapo” en las redes sociales y en los medios intelectualosos. El debate agrio, sarcástico entre feministas furiosas y críticos fastidiados con el feminismo furioso. Un debate inevitable y tal vez necesario, porque contribuye a formar, en el muy largo plazo, la conciencia de la sociedad. Pero, como vemos, no hace nada en el corto plazo para que haya un episodio menos de violencia contra una mujer.

Es que muy pocos, si alguno, de los que participan en ese debate violarán o asesinarán a una mujer. Y tampoco participan, calculo, los comisarios y los jueces que tratan esos episodios como uno más. Dentro de la rutina.

Por eso prefiero reflexionar en porqué una de las razones porqué la marcha de hoy incluye pedir por la libertad de Milagro Sala. No me interesan los mecanismos habituales, sumar causas para sumar sellos. No está mal, pero eso también es rutina. Lo clave está en el hecho que el 80 por ciento de los integrantes de la organización barrial Tupac Amaru eran mujeres; que las líderes de las cooperativas y organizaciones también. Y que la mayor parte de los detenidos, también son mujeres.

Ese porcentaje tiene que ver con otro hecho: para que los planes sociales sean realmente una ayuda a los necesitados, y no solamente crear una subcultura dependiente, es necesario que se enfoquen en la mujer, para mejorar las chances que vayan al alimento y al cuidado de la familia. Todos los que trabajan en eso lo tiene claro, aunque no siempre los que legislan.

Pues hay una impronta “machista”, patriarcal le dicen ahora -el hombre a la guerra, la mujer al trabajo- que es muy, muy antigua. Y esa disposición para la violencia -parte con raíces biológicas, otra parte culturales- en la ausencia de códigos muy internalizados o de una sociedad que la reprima o encauce, se vuelca a sí mismo o en el más débil. Y hay una diferencia entre los sexos más decisiva aún que la posibilidad de quedar embarazado. En promedio, los hombres son más fuertes que las mujeres.

Entonces, los Malos del pensamiento progre, “Occidente”, el capitalismo -que sí, son bastante Malos- no crearon esa impronta. Se montaron sobre ella, como cualquier otro sistema lo haría, lo hizo. Si queremos disminuir la violencia que resulta de ella, hay que fortalecer los viejos códigos de respeto a las mujeres y a los niños, y pelear para que esa violencia se reprima sin excusas. Algo, un poco, se avanza en ese camino. Pero falta mucho.

(Como la prensa la tiene el femicidio -corresponde- quise subir el video de Porta, que incorpora consignas y símbolos de moda, que menciona la violencia física, pero parte de una historia mucho más común y banal. Esa violencia moral… no tiene respuestas sociales. Es algo que debe encarar en su vida cada mujer. Y cada hombre).

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2 Responses to Pensando en la 3° marcha “Ni una menos”

  1. Jose dice:

    Eugenio Zaffaroni, demostrando por que es un gran penalista, sentenció (en Página/12) “la verdad está en los expedientes” y ellos se contraponen con muchas consignas.

  2. Daniel Eduardo Arias dice:

    Matilde Sánchez, buena escritora y periodista, ayer hizo algunas reflexiones inquietantes en el GDA (Gran Diario Argentino). Primero le puso números al femicidio y mostró que en aún en 1995, año ya de violencia creciente, todavía era raro como sub-ítem del homicidio y estábamos debajo de Canadá en las estadísticas. Hoy somos terceros en femicidio en el continente: sólo nos ganan México y América Central. Algo raro pasa.

    La Sánchez se preguntó en primer lugar hasta qué punto los medios no están contribuyendo a alimentar lo que ella llama -creo que con justicia- “la epidemia”. Si existe el suicidio imitativo y está muy probado que es un efecto indeseable de la difusión de los suicidios de ricos, famosos y/o notables, ¿por qué no suponer que esto se extiende también al homicidio de mujeres? Si los suicidas imitativos quieren sus cinco minutos de gloria en los medios, ¿por qué no los asesinos de mujeres?

    Lo que añade la Sánchez no es inocente, viniendo desde Clarín, pero es una pregunta legítima. Dice que el femicidio hizo rampa durante los dos gobiernos de Cristina, y deja picando la pregunta de hasta qué punto una presencia tan protagónica de una mujer en el poder no fogoneó el odio de miles de hombrecitos resentidos contra la emergencia de la autoridad femenina en general.

    A mi también me aturde un poco la estridencia antimachista de estos días, y siento -creo que como Abel- que me están pasando factura por pecados que no son míos. Pero creo que no se puede no tomar una posición al menos más inquisitiva respecto de qué corno está pasando en la sociedad argentina. Uruguay y Chile no se han vuelto países femicidas. Brasil lo fue siempre pero le estamos por ganar.

    Aplaudo la inclusión de Milagros Sala en el posteo y en la marcha. ¿Saben cómo empezó Milagros? Juntanto a los adolescentes de los pueblos que eran hijos de madres apaleadas. Primero se buscaba al pegador para hacerle una advertencia verbal y tranquila. Si el tipo seguía apaleando a su mujer, la segunda visita era menos amable. Esto sucedía a fines de los ’90, con Milagro Sala ejerciendo una autoridad que ni la cana ni los jueces habían ejercido jamás. Fue desde ahí abajo, desde el dar una respuesta a una violencia doméstica centenaria, que la líder kolla fue haciéndose una dirigente.

    Me pregunto si no tenemos algo que aprender de eso, aquí en esta megalópolis porteña.

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