Brasil y Argentina: las paralelas no se tocan, nene

Tengo debilidad por chistes tontos en el título (y éste robado a Quino). Pero estoy convencido que entender lo que está pasando en Brasil y cómo se produjo, ayuda a comprender lo que pasa y lo que puede pasar en Argentina. En lo que se parecen, y también en lo que son muy distintos.

Empiezo señalando que hay un debate (en el que este bloguero ha participado) acerca de la crisis política brasileña: Si las causas son internas (O Globo, la FIESP, jueces ambiciosos) o externas (los EE.UU.). En principio, tiendo a enfocarme en las nacionales, porque sirven a un análisis más preciso; los “protocolos de los sabios de Langley” se prestan demasiado a la fantasía libre. Pero, seamos realistas, la intervención externa en esta crisis existe; jueces mediáticos del Lava Jato son protegidos por agencias del gobierno estadounidense (como a Nisman el estado de Israel; esperemos que con más eficacia). La Gran Democracia del Norte tiene muchos antecedentes de combatir prácticas inmorales… en las empresas de la competencia.

Como sea, aquí interesa explorar lo que podemos llamar las causas profundas, que no se han analizado bastante: las estructurales. Porque la historia de Brasil en los últimos 60 años -mediados de la década de ´50: la caída de Perón, el suicidio de Getulio- ha sido de éxito, en los términos duros del desarrollo capitalista. No así la nuestra, como sabemos. En ese tiempo, la economía brasileña era algo mayor que la nuestra, y su industria estaba en general muy atrasada con respecto a la argentina. Hoy es unas tres veces mayor, y en varios campos su equipamiento tecnológico nos supera (No en todos, se apresurará señalar nuestro experto nuclear).

Juscelino Kubitschek fue contemporáneo de Frondizi, y muy similar en su ideología desarrollista; con sueños más audaces: Brasilia. Pero, como Frondizi, duró poco. A mediados de los ´60 comienza allí el ciclo de los gobiernos militares. Pero, al revés de los nuestros, con una firme vocación nacional e industrialista. Pactaron con la burguesía paulista y negociaron con los EE.UU. sobre la base del anticomunismo (En ese entonces a los yanquis les preocupaba la URSS y el caso cubano, y eso les vino bien a los que tenían voluntad y capacidad de negociar). Mataron y torturaron, pero dejaron las bases del Brasil industrial.

(Es cierto que los trabajadores de San Pablo y los humildes del Nordeste no tenían entonces, ni tienen ahora, el grado de organización y la conciencia de los nuestros, después de la experiencia peronista. Así hacer capitalismo es más fácil. Como en China).

La transición a los gobiernos civiles fue conversada, en el estilo brasileño tradicional. Además, sus militares no habían perdido una guerra. Y esa ya muy poderosa burguesía industrial acordó con los sectores medios urbanos, los profesionales. Fernando Henrique Cardoso cumplió el papel de modernizador. También él contrasta favorablemente con sus contemporáneos Menem y Cavallo. Menos irresponsable que uno y menos loco que el otro.

De todos modos, la experiencia neoliberal de los ’90 fue igual de cruel con los de abajo allá que acá. Y también en Brasil se detuvo el crecimiento acelerado de su industria, como había sucedido aquí a mediados de los ´70. Llega al gobierno -en un momento muy cercano al comienzo de la experiencia kirchnerista aquí- el PT, Lula. Se apoyó en los sindicatos industriales -aunque nunca tuvieron el poder que aquí recuperaron con Néstor y, aún con conflictos, conservaron con Cristina. Y en las comunidades de base de la Iglesia brasileña.

Ahora, el objetivo de Lula y Dilma fue incorporar al consumo a sectores cada vez más numerosos y a dar contención social a los más pobres. En los marcos del capitalismo, haciéndolo algo más justo. (Exactamente los mismos objetivos que Néstor y Cristina aquí; más allá de las fantasías más o menos chavistas de militantes que se enamoraron tarde de la experiencia K).

Lo curioso es que -al principio- los gobiernos del PT aparecían más exitosos en conseguir sus propósitos. Algunos grupos económicos brasileños se expandieron por el mundo -con la diplomacia de Itamaraty consiguiéndoles negocios. Odebrecht llegó a ser un gigante de la construcción en toda la América del Sur y más allá, Petrobras una de las grandes petroleras del mundo, Embraer vendía, y vende los aviones fabricados en Brasil en todos los países, … Brasil consiguió una importante presencia en África, y con los BRICS parecía haberse incorporado a las nuevas Potencias de un mundo multipolar. Lula fue el gran promotor, hasta la Crisis global del 2008, y del fin del “boom” de las materias primas, de la “marca” Brasil.

Desde entonces, con Dilma, con Temer, el derrumbe de la economía brasileña ha sido sostenido, sin respiro. Cada tanto, con el mismo patetismo del gobierno de Macri, se habla de “brotes verdes”, y que es necesario más ajuste. Menos leyes sociales, jubilaciones más bajas… El mismo discurso que está mostrando sus éxitos en Europa. Y aquí.

(Este es el lugar en que columnistas y opinólogos empiezan a hablar de la corrupción de empresarios y políticos brasileños. Porque, por supuesto, IBM, Siemens y los nórdicos luteranos de Skanska jamás han repartido valijas. Los bancos internacionales no ocultan capitales ni lavan dinero; pagan grandes multas sólo porque odian discutir. Y los lobbies y los PACs en el primer mundo llevan una contabilidad transparente. Uno se acuerda de León Felipe diciendo que nunca había practicado el comercio honesto porque no lo podía distinguir del otro).

Es cierto que nuestros hermanos brasileños tuvieron la inmensa ventaja de 30 años de crecimiento sostenido. Y nosotros la inmensa desventaja del odio antiindustrial de buena parte de nuestras clases altas. Y Brasil no pasó por nuestro derrumbe de la Convertibilidad (Ellos devaluaron a tiempo, en 1999). Pero aquí viene la otra curiosa diferencia, una que todavía el pensamiento económico y el discurso político no han incorporado.

Frente a esa Crisis global que comenzó en el 2008 y se mantiene,, y del fin del “boom” de las materias primas, los dos gobiernos de Cristina Kirchner hicieron en los hechos un mejor trabajo en mantener el nivel de consumo y de empleo de los argentinos, sin (grandes) crisis financieras.

Con mi habitual ironía, he llamado “keynesianismo chabón” a las medidas que se tomaron. Pero los hechos están ahí: Aunque con concepciones y estilos muy distintos, Moreno y Kicillof hicieron en sus respectivas etapas, un mejor trabajo que sus pares brasileños. Sin hablar del “dandy” Yanis Varoufakis. (Eso sí, sigo pensando que la Resolución 125 fue un grave error. Pero, bueno, ahora Lousteau está del otro lado, y que les aproveche):

Este es un brevísimo, y superficial, resumen. Una mención rápida de algunos hechos que me parecen sugestivos. Ahora, mi hipótesis: El pueblo brasileño tiene larga experiencia de pobreza, y también de miseria. Pero sus sectores altos y sus hoy numerosos sectores medios no han tenido experiencia en todas sus vidas de un derrumbe económico prolongado. Ni del golpe al orgullo de un Brasil que ya se sentía Potencia.

Creo que eso los ha puesto furiosos y desmoralizados. Y les impide elaborar las soluciones políticas que han sido una constante de la dirigencia brasileña durante el Imperio y la República.

Tal vez no se los impide por completo. Ayer leía una nota de Eleonora Gosman, que dice que “Fernando Henrique Cardoso, Lula da Silva y Dilma Rousseff intentan articular una estrategia que permita pactar una sucesión controlada al gobierno de Michel Temer“.

No tengo otros datos sobre el asunto, todavía. Pero lo cierto es que FHC ha dicho que no se puede pensar una salida sin incluir al Partido de los Trabajadores del ex presidente Lula da Silva. “Tenemos que ser capaces de llegar a un entendimiento para no salir del mapa del mundo. Sin liderazgo no se sale de este atolladero”.

Ahí hay otra diferencia con el estilo argentino. En el peronismo, casi todo el mundo está en favor de la unidad. La unidad con los que piensan como uno, claro.

Y en el resto de la sociedad política -con Clarín a la cabeza- se insiste cada tanto en un “Pacto de la Moncloa”, en el que todas las fuerzas políticas se pongan de acuerdo en lo fundamental. Todas menos Cristina Kirchner y los que la siguen, por supuesto.

Me acuerdo de una consigna setentista “Ni sectarios ni excluyentes  Nosotros solamente“.

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7 Responses to Brasil y Argentina: las paralelas no se tocan, nene

  1. Miguel dice:

    De acuerdo con casi todo excepto un par de detalles.

    – el verdadero desplome de la economía ocurre recién cuando Dilma asume su segundo mandato en 2014, y cede a las presiones para poner un neo-liberal en economía, creyendo que así se salvaba del golpe.
    – sectores altos con orgullo de “Brasil potencia”? No, perdón pero no lo creo. Ahora parecieran estar contentos que volvieron a alinearse con los mandos naturales y no estan más “financiando bolivarianos”.
    – mas allá de lo que diga FHC, buena parte de la “elite” brasilera quiere, simplemente, exterminar al PT y a todo lo que representa. Y no creo estar exagerando cuando digo exterminar.
    – hay una serie de agrupaciones muy bien financiadas y con alta presencia en las redes sociales, como el “Movimento Brasil Livre” (MBL) y varias otras, todas defendiendo políticas que hacen quedar a Espert como un humanista.
    – atención con fenómenos (en el sentido biológico de la palabra) como Bolsonaro, que no paran de crecer en las encuestas.

    • Norberto dice:

      No Miguel, mientras había guita y el flight to safety era un a pequeña nube en un lejano horizonte, tanto Fernando Henrique como Luis Ignacio estaban muy contentos con sus metas de inflación y la tasa Selic, la tablita de Martínez de Hoz veinte años después, pero con las mismas consecuencias en una gran crisis.
      Y no estaban solos, los acompañó toda la famosa burguesía brasileña que usaba los recursos que entraban para incursionar en otros negocios o países como acota el Gran Jefe. Entre ellos el saqueo del Mato Groso y el Pantanal en beneficio de la soja diversificando las inversiones, pero reprimarizando la economía o dejándo la industria en manos de empresas extranjeras con su sistema de precios de transferencia y regalías.
      Dilma solo acentúa este proceso de financierización y primarización de la mano de sus aliados electorales, muy penetrados, como hoy vemos, por el neolib y el dinero generando dinero por fuera de la economía real.
      Nunca menos y abrazos

  2. Nando Bonatto dice:

    Muy interesante y abre preguntas que inquietan

  3. Coni dice:

    “Y también en Brasil se detuvo el crecimiento acelerado de su industria, como había sucedido aquí a mediados de los ´70.”

    A propósito de algunos mitos perdurables respecto de la “burguesía paulista” y su ímpetu industrializador:

    “–¿Qué papel cumple en la inversión la burguesía paulista?

    –San Pablo es el estado neoliberal de Brasil. Ahí es donde más le cuesta entrar al PT. Es donde más se ve la influencia del neoliberalismo. Esta idea de que hay una burguesía paulista que impulsa un proceso de desarrollo creo que es totalmente equivocada.

    –¿No hay burguesía nacional?

    –La burguesía nacional en Brasil fue cómplice del desmantelamiento del Estado. Básicamente los militares fueron los que impulsaron las últimas políticas desarrollistas relevantes, no los empresarios. Se necesita una burocracia estatal con estas ideas y esta visión. Cuando llega la democracia, el lobby militar se debilita y el lobby civil empieza a ser cada vez más permeable a las influencias neoliberales. Lo de la burguesía nacional en Brasil es un mito.”

    https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-6552-2013-01-20.html

    “¿Está la copa medio vacía o medio llena en Brasil?

    –Que la economía brasileña en términos de Producto Bruto Interno haya pasado a la del Reino Unido no es tan significativo como parecería a primera vista, porque Brasil tiene tres veces la población británica. Mi punto de partida es otro. Lo que me vengo preguntando hace tiempo es por qué los países de América latina no pueden crecer como los de Asia. (…)

    ¿Cuál es la respuesta?

    –Como se imaginará, es muy compleja. Pero los datos son muy claros. En 1980, el parque industrial brasileño era mayor que el de Tailandia, Malasia, Corea del Sur y China combinados. En 2010, la industria brasileña representó poco menos del 15 por ciento en comparación con esos países. (…) Hay una ambición económica en Asia que contrasta con la inercia que se siente en América latina.”

    https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-5794-2012-02-13.html

    • guillermo p dice:

      La respuesta:

      Crecer es fácil (je!). Aumentá la tasa de ahorro(= inversión). Eso en Asia es fácil porque vaya a saber por qué complicadas razones, los laburantes allá trabajan + de 12 horas, cobran mierda, obedecen y no se quejan (no se por cuanto tiempo). Su Tasa de inversión (Japón Corea China) siempre estuvo alrededor del 40%.
      En América Latina también por complicadas razones se pretende privilegiar el desarrollo (aunque en condiciones de dependencia y con distintas suertes), y en Argentina existió el peronismo.
      A la larga vamos a tener razón.

      PD: las complicadas razones son en gran medida históricas.

  4. Julio. dice:

    Lusitania + Guaraníes (hasta sao paulo)/jesuitas/gaúcho y
    seguramente, algunos afrodescendientes (línea Mandela pace&love).
    A Lula -las corporaciones/sistema/y no conocer al hombre (idem Chávez)-
    lo dejaron aplicar -hasta- un capitalismo humanitario (idem N. Kirchner);
    Dilma y Cristina, quisieron correr ese límite un poco más a la izquierda (idem salvador allende/Chávez)
    y en sudamérica, poco y nada fue escrito -y hecho-
    sobre marx en la conciencia y la idiosincrasia del criollo,
    las industrias y los campos…

    Saludos muchachos.

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