Algo acerca de Evita

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Hoy habría cumplido 98 años, y está muy presente en los blogs militantes. Natural, es la contrafigura de la política blanda y hedonista que trata de imponerse en este tiempo. Quiero acercarles esto que encontré de Catalina Pantuso, mujer de una generación que, sin conocerla en persona, fue marcada profundamente por su figura. Habla de los tres libros de los que Eva es autora, y que no son el tema más frecuente de lo que se escribe sobre ella.

“El nombre de Evita es hoy un símbolo de la acción social y la participación política femenina. Sin embargo esto no hubiera sido posible si—pese a su origen humilde y su escasa educación formal— no se hubiese atrevido a incursionar en el campo intelectual. Recordando los tiempos de su infancia supo decir: “Hasta los once años creí que había pobres como había pasto y que había ricos como había árboles. Un día oí por primera vez de labios de un hombre de trabajo que había pobres porque los ricos eran demasiado ricos; aquella revelación me produjo una impresión muy grande.”

Eva Perón nunca se identificó con el pensamiento liberal ni con la teoría marxista. Tampoco fue una feminista encuadrada en los clásicos cánones europeos, sino que entendió la participación política de las mujeres como una imprescindible ampliación de derechos cívicos para el perfeccionamiento del sistema democrático. Esencialmente fue autodidacta. Su desarrollo militante y el despertar de una genuina vocación política, la llevaron a reflexionar sobre su propia práctica.

No le alcanzaban las tribunas en las que pronunciaba sus apasionados discursos; tenía que trascenderlas. Quería dejar impreso su pensamiento. Este nuevo desafío la obligó a confrontar con sus limitaciones intelectuales. Sin embargo, apelando a la tenacidad que siempre la caracterizó, pudo traspasar esa barrera. Leyó algunos clásicos como “Las vidas paralelas” de Plutarco y las “Cartas completas de Lord Chesterfield a su hijo Stanhope” y también se interesó en las biografías de los grandes hombres de la historia, en particular por Alejandro y Napoleón.

Eva fue autora de tres libros: “La razón de mi vida”, “Historia del Peronismo” y “Mi mensaje”. No pretendía convertirse en una ensayista, sus objetivos eran profundamente didácticos y esencialmente militantes. Todos fueron escritos a partir de 1951, año en que fue proclamada la fórmula Perón-Evita; en el que un grupo de militares y civiles opositores quisieron llevar a cabo un golpe de estado para derrocar al presidente y en el que se intentó conformar milicias obreras para defenderlo.

Poseedora de un estilo directo y franco, eligió como destinatarios primero a sus compañeros militantes, después al pueblo argentino y finalmente a todos los pueblos del mundo. Sus textos estaban cargados de exhortaciones que apelaban al amor por los más humildes, a la lealtad a Perón y al compromiso con el pensamiento justicialista. En algunos pasajes sus palabras eran casi exageradas, confundiendo una situación específica de injusticia con toda la injusticia.

Historia del Peronismo

La Escuela Superior Peronista (inaugurada el 1º de marzo de 1951), tenía el propósito de capacitar a todos los dirigentes del partido tanto en el plano intelectual como en la práctica política. Esta labor pedagógica y doctrinaria estaba destinada a afirmar la vigencia de la nueva constitución sancionada en 1949 y a garantizar la plena participación popular.

El entonces presidente Perón tuvo a su cargo los temas más estratégicos: el Justicialismo como doctrina política, económica y social; las diferentes formas de conducción y la ética. Estas clases se publicaron posteriormente con el título “Conducción Política”.

Eva Perón abordó el capítulo destinado al Movimiento Peronista, su historia, su sistema de organización y sus realizaciones. Sus disertaciones fueron recopiladas, años después, en el libro “Historia del Peronismo”.

En esta obra desarrolló diferentes aspectos de los sistemas democráticos en Grecia y en Roma; los procesos revolucionarios en la historia de Francia y de la Unión Soviética; el papel de pensadores y líderes populares mundiales.

Colocó un énfasis particular al diferenciar las categorías de “pueblo” y “masa”. Definió a la masa como un conglomerado sin conciencia colectiva, sin personalidad social y sin organización, que generalmente se expresa en forma violenta y no tiene conciencia de su unidad. El Pueblo, en cambio, siente y piensa; está constituido por hombres libres que tienen conciencia de su unidad y expresan su voluntad en forma de un movimiento bien orientado, firme y permanente.

En estas clases avanzó también en el campo de los valores diferenciando los vicios de la oligarquía latifundista de las virtudes del pueblo. Tipificó los cuatro vicios de la oligarquía: el egoísmo, la vanidad —nutrida por la mentira y la simulación— la ambición y el orgullo. En oposición a éstos caracterizó a las virtudes del pueblo: la generosidad, la sinceridad, el desinterés y la humildad.

Es durante esta etapa cuando Evita se reconoció fanáticamente peronista. Consideraba a Perón como un verdadero genio de la política internacional, por las transformaciones realizadas en Argentina y también por haber impulsado la “Tercera Posición”, tan alejada de la cosmovisión capitalista como de la comunista. Aclaraba que el peronismo no era anticapitalista ni anticomunista porque ser “anti” significaba presentar batalla y lo que buscaba el peronismo era crear, trabajar y engrandecer a la Patria para el logro de la felicidad del pueblo.

La razón de mi vida

Eva ya estaba enferma cuando, el 22 de agosto de 1951, renunció a la candidatura a vicepresidente de la Nación. En plena campaña electoral (15 de octubre) se publicó su libro más difundido, “La razón de mi vida”, un texto autobiográfico. En la primera parte cuenta cómo se involucró en la política, y cómo era su relación personal con Perón: “De distinta manera los dos habíamos deseado hacer lo mismo: él sabiendo bien lo que quería hacer; yo, por sólo presentirlo; él, con la inteligencia; yo, con el corazón; él preparado para la lucha; yo dispuesta a todo sin saber nada; él culto y yo sencilla; él, enorme y yo, pequeña: él, maestro y yo alumna. Él, la figura y yo la sombra. ¡Él, seguro de sí mismo y yo, únicamente segura de él.” También definió cuáles fueron las causas que originaron su misión y su rol de compañera incondicional del líder; la más importante fue, sin duda, el sentimiento de indignación frente a la injusticia.

En la segunda parte hace referencia a su compromiso con el movimiento obrero, con los “descamisados” que, al liberar a su líder de la prisión, enterraron en el pasado las prácticas de una democracia fraudulenta y la explotación inhumana de los trabajadores. Eva los consideraba el principal sustento de la revolución.

En la tercera parte puntualiza el papel que deben cumplir las mujeres; para ella el varón es esencialmente racionalista mientras que la mujer es fundamentalmente intuitiva por lo tanto “Más que una acción política, el movimiento femenino tiene que desenvolver una acción social. ¡Precisamente porque la acción social es algo que las mujeres llevamos en la sangre!”

Mi Mensaje

En abril de 1952 comenzó a escribir su libro póstumo, “Mi Mensaje” (publicado en 1987), dedicado a los trabajadores, las mujeres y a los humildes. Lo escribió mientras transitaba la última etapa de su vida pues sentía que en los anteriores había dejado “demasiadas entrelíneas”. La primera noticia sobre este trabajo se dio a conocer dos días después de su fallecimiento, cuando la prensa publicó que el último discurso de Evita (17 de octubre) titulado “Mi voluntad suprema”, formaba parte de una obra más extensa.

La debilidad física —pesaba sólo 38 kilos— se contraponía a la fuerza de su espíritu de lucha. Si en “La razón de mi vida” y en “Historia del Peronismo” fundamentó su amor y lealtad a la revolución justicialista, en este texto denunció a los enemigos, se indignó con los poderosos, amenazó a los imperialismos de derecha e izquierda y despreció la obsecuencia de los propios.

El testamento político de Evita tuvo el propósito explícito de defender a Perón. Quiso mostrar la soledad del poder, cuando éste es utilizado en defensa de las conquistas sociales; denunció las miserias de los grandes empresarios y predijo las traiciones de las jerarquías militares y eclesiásticas. En una palabra reveló los todos los secretos del poder que ella había conocido y padecido. “Yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle… Por eso no me deslumbró jamás la grandeza del poder, y pude ver sus miserias; y por eso nunca me olvidé las miserias de mi pueblo y pude ver sus grandezas. Ahora conozco todas las verdades y todas las mentiras del mundo.”

Profundamente cristiana en sus últimos días no miró al Jesús de la Misericordia sino al Cristo de la Justicia. Sus palabras buscaron el incendio revolucionario. Ella no era la estratega que medía las consecuencias, era una luchadora convencida de la voluntad invencible de los pueblos, era una mujer que estaba desafiando a la muerte.

Simplemente Evita

A los 33 años no quedaban dudas de que María Eva Duarte de Perón era una líder genuina capaz de politizar la vida cotidiana y, al mismo tiempo, llevar lo cotidiano a la política. Se había convertido en la madre incondicional de los pobres, una emprendedora exitosa en busca de la justicia social, una intelectual apasionada dueña de un discurso incomparablemente sensible y trasmisora sin igual de los principios doctrinarios de la causa política de Perón y su pueblo.

En la actualidad Evita goza de un inmenso reconocimiento internacional y es protagonista de infinidad de obras de arte. Sobre su vida y obra sigue siendo materia de investigación historiográfica y se han escrito varios estudios sociales y políticos. Todo esto no hubiese sido posible si ella no hubiera tenido la voluntad de escribir sobre su experiencia y transmitir su pensamiento.

En algunos casos se la rescata tal como el pueblo argentino la denominó en vida: “Madre de los Humildes”, “Abanderada de los trabajadores”, “Dama de la Esperanza”, “Santa Evita” o “Jefa Espiritual de la Nación”, en otros se la presenta como una luchadora implacable con un discurso cercano al del Che Guevara. Aunque veces se la coloque en escena como una persona ambiciosa casi sin escrúpulos, mayoritariamente se la recuerda como la mujer que se atrevió a desafiar los estrechos márgenes de su época y que entró en la historia mundial con luz propia para ser, como ella quería: simplemente Evita”.

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2 Responses to Algo acerca de Evita

  1. Norberto dice:

    Que decir de la abanderada a la que ni en la muerte las dejó caer, como lo demuestra el alma del pueblo.
    Nunca menos y abrazos

  2. Politico Aficionado dice:

    Evita vive!

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