Trump ¿ya fue derrocado?

Ayer, 29 de abril, se cumplieron 100 días desde que Donald Trump ocupa la presidencia de los Estados Unidos. Y ayer Clarín anunció que había sido derrocado ¿Clarín miente? Digamos que exagera, para enfatizar un punto que quiere hacer. Ahora, lo interesante es -además de analizar como anda el Donald, por supuesto- es descubrir porqué Clarín, que esta semana nos contó maravillas, junto a la cadena nacional de medios privados, de la química entre Trump y Macri y cómo eso ayudaría a la inserción de Argentina en el mundo, procede de inmediato, sin un respiro, a contarnos que el proyecto del hombre del pelo naranja fracasó y que el poder real del gobierno yanqui está en otras manos.

El Grupo Clarín no es un jugador importante, ni mucho menos, en el escenario global. Entre otras razones, aunque sea irónico, porque la Argentina hoy no lo es. Pero, exorcisada hace mucho la sombra de don Rogelio Frigerio (abuelo), el diario asume sin complejos su rol de repetidor local de un discurso hegemónico del Atlántico Norte. Por eso mismo, su columnista internacional, Marcelo Cantelmi -un periodista muy bien informado, dicho sea de paso- puede decir con mayor audacia lo que la CBS y el venerable New York Times sugieren más discretamente.

Entonces, la pregunta clave ¿cuánto de cierto hay en lo que dice Clarín? Bastante. Es fácil hacer una lista de las promesas de Trump que no se cumplieron ni se van a cumplir, precisamente porque su estilo -algo similar al de Chávez, en realidad- ha sido el de hacer anuncios espectaculares y fáciles de percibir. Y dar la impresión a sus seguidores que iba a ser simple hacerlos realidad.

Por supuesto que no fue así. Pero… Trump le sigue diciendo a sus seguidores esas mismas cosas. Y ellos siguen con él. Los índices negativos son entre los que no lo votaron -una mayoría, no olvidemos, aunque sea por escaso margen- y hoy están del otro lado de la “grieta”. Los que rechazan, u odian, al que  algunos llaman “el Orden Liberal”, el sistema global hegemónico de las últimas tres décadas, no se han desalentado. La pelea, compleja y confusa, como son siempre las de la Historia en serio, continúa. Más adelante voy a extenderme sobre el asunto. Ahora, les sugiero que lean a Cantelmi, si no lo han hecho ya. Y recuerden que no siempre el enemigo de mi enemigo es mi amigo.

Donald Trump fue derrocado. Todo sucedió de tal modo imperceptible que pocos lo advirtieron, y quizá tampoco el propio mandatario. Un desenlace no tan inesperado que se produce antes de cumplirse este sábado los primeros cien días de su gobierno, fecha simbólica que alcanzó para revelar a un gran organizador de derrotas. Prácticamente ninguna de las metas planteadas por este extravagante gobernante fue alcanzada y su imagen, derrumbada a niveles únicos para un mandatario recién llegado, se unió a la irritación de su propio partido y hasta de Wall Street.

La buena noticia de esta pequeña broma es que quizá tranquilice conocer que no hay ya un mando imprevisible en el principal sillón del mundo. Si es posible llamarlas de ese modo, lo que en realidad fueron derrocadas son las ideas desordenadas que Trump enarboló durante su campaña electoral e impuso con improvisación y sin éxito en los primeros días de hiperactividad desde el Salón Oval. El giro no generó recelos. Si algo encomia a este presidente es que se muestra consciente de sus limitaciones y acaba de reconocer su limitada preparación para el cargo. Es claro que no es ya sólo su decisión espontánea y sanguínea la que opera en ese universo.

Una mirada no muy detallada alcanza para notar de qué se trata este aniversario. Trump llegó a la Casa Blanca proclamando un renacimiento de EE.UU., con fuerte celo en sus fronteras, exuberante nacionalismo, una alianza sin precedentes con el Kremlin y alejado de los conflictos globales. También, codazos amenazantes contra el competidor chino y un cambio radical de todo lo legado por Barack Obama.

Ese tablero quedó a un costado de la ruta y el presidente (está) pagando los costos del desgaste. Trump se comprometió políticamente con cada una de esas medidas, convirtiendo una y otra derrota en un lastre personal que la novedad de su llegada no neutralizó. Dos decretos ejecutivos para frenar el ingreso de ciudadanos de países musulmanes, sus primeras lanzas de un estilo nuevo e implacable, fueron bloqueados por la Justicia y al archivo. Un dibujo del presupuesto nacional que pergeñó con formidables recortes y aumentos del gasto militar pero sin claridad en la formulación, se perdió en los pasillos del Congreso. El muro en la frontera mexicana que desde la campaña simbolizó la xenofobia y el aislamiento del lema “American First”, no pasó de la instancia retórica sencillamente porque no le autorizarían el dinero para edificarlo. También zozobró en el palabrerío el desmantelamiento del Nafta entre EE.UU. Canadá y México que opera desde 1994.

Esta especie de UsEexit, versión local del Brexit con el que Trump pretendía condecorarse, implicaría un incómodo desastre financiero y económico debido al cruce de inversiones norteamericanas del otro lado de la frontera. Esas operaciones han convertido a ambos aliados en el primer y segundo socio comercial de EE.UU. Cualquier movimiento debería darse en puntas de pie, o no dárselo. Por la misma senda, el intento para demoler el sistema sanitario Obamacare colapsó por la resistencia del Tea Party, el ala más dura del Partido Republicano opuesto al esquema alternativo gubernamental.

Ese fracaso, quizá el más notorio de la lista, incluye otra dimensión. De los recortes de este sistema que cubre a los menos favorecidos de la sociedad norteamericana se hubiera generado un ahorro multimillonario capaz de brindar un cierto fondeo que alivie la reducción de impuestos que anuncia y aun no implementa Trump. Pero el Obamacare no pudo ser derogado.

Ese capitulo económico merece una observación cuidadosa. Trump ha anunciado una rebaja de 35% al 15% del tributo de las empresas, en un esfuerzo para reconciliarse con Wall Street donde el entusiasmo desapareció tras el desastre del Obamacare. Ayer seguramente leía cómo se debilita el crecimiento, con un alza de apenas 0,7% en el primer trimestre contra 2,1% el último período de 2016, debido a la disminución del consumo. Lo que es aun peor, las empresas constructoras no volvieron a crecer evidenciando una cuota más de la desconfianza en las promesas del magnate. Un dato lateral que tienta señalar es que ese plan impositivo beneficiará al propio presidente con la consiguiente polémica.

Al abolir el impuesto Alternative Minimum Tax, AMT, mira a su propio negocio. En 2005 se filtró que pagó US$ 38 millones en gravámenes sobre la renta, cuando podría haberlo reducido a 5 millones. El problema era el AMT. Analistas que recuerdan que el mandatario elude informar sobre sus pagos impositivos, con esta iniciativa liberará, además, a sus cinco hijos de pagar una sola moneda. Como la propuesta elimina, además, tributos por encima de ingresos de US$ 5 millones, los dos grandes defensores de la medida, el responsable de la economía Steven Mnuchin y el titular del Consejo Nacional Económico Gary Cohn, también tienen razones propias. El titular del Tesoro reúne una fortuna de US$500 millones, y el otro funcionario, estratega por cierto del retroceso en la ofensiva sobre el Nafta, acumula 610 millones en sus cuentas.

Por fuera de estas disquisiciones sobre el estilo personal del mandatario y su gente, el problema más agudo de la propuesta es que para muchos expertos no garantizará un crecimiento de la economía. No se ha probado que los recortes tengan efectos estimulantes salvo para quienes los reciben. “No es una reforma, es un obsequio para los millonarios”, según la estimación afilada del titular del bloque demócrata en el Senado, Charles Schumer. La rebaja amputará ingresos fiscales por US$ 2 billones en una década. Si no hay crecimiento no es claro cómo se fondeará el faltante. Por esos motivos, Trump evitó anunciar su programa de obra pública, otro de los caballitos de la narrativa electoral, consistente en una extendida construcción de puertos, rutas, aeropuertos y otras infraestructuras con una base de US$ 500 mil millones a un billón. Ese esfuerzo fiscal estimularía la economía, pero el dilema es la financiación. Con menos impuestos debería aumentar las tasas para atraer dólares con un nítido riesgo recesivo.

Dado los intereses que involucra y a quienes beneficia, es improbable que esta medida siga el camino de atasco de las otras propuestas. Pero sus consecuencias son imprevisibles para la economía de la potencia. El resto del paquete que definía a la gestión Trump definitivamente se ha diluido. El equipo que rodea al magnate ha hecho limpieza interna y reposicionado la agenda. Así, el presidente debió reducir a figura simbólica y casi en la puerta de salida a su principal asesor el ulranacionalista Steve Bannon. También alejarse de su mayor aliado Michael Flynn expulsado del Consejo de Seguridad Nacional por los vínculos con Rusia y con cierto submundo de de ese país. El caso en manos del FBI es una bomba de relojería que palpita muy cerca del presidente lo que explicaría su ductilidad para asumirse como otro diferente al que era.

Esa cúpula en el comando la conforman el vicepresidente Mike Pence, el canciller Rex Tillerson, el jefe del Pentágono James Mattis y el Asesor de Seguridad Nacional, Herbert McMaster, ademas de los dos funcionarios nombrados y su yerno Jared Kushner. Son todos halcones que giran en la órbita del mercado y del influyente Goldman Sachs de donde brotaron muchos de esos funcionarios. Son ellos quienes corrigieron la brújula para recolocar a Rusia e Irán en el blanco de su geopolítica, reforzar la alianza con Arabia Saudita y construir una vinculación madura pero inclemente con la potencia china, que para eso también sirve el resquemor creciente con Norcorea”.

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3 Responses to Trump ¿ya fue derrocado?

  1. guillermo dice:

    No entiendo que hay de objetable en el artículo que citás, fuera del inicio bien argentino (por exagerado e inexacto): ‘Trump derrocado…. Es un recuento de hechos ocurridos y verificables. Donde está ‘la voz hegemónica del Atlantico Norte’ en eso? No fue la voz hegemónica la que le hizo prometer cosas difíciles o imposibles de cumplir como si fuese una pavada lograrlas.

    Trump no está ni será derrocado. Enfrenta las barreras de sus limitaciones. Alguien que heredó una fortuna enorme, la manejó individualmente, sin directores o controles, y cuya única experiencia en el mundo de los otros es haber sido estrella de un programa de TV donde lo unico que tenía que hacer era decidir a quien echar, y no tiene ninguna experiencia política, no está muy capacitado para el infinito toma y daca, negociación y cálculo de riesgo que es la política en sistemas de gobierno complejos.

    El tema de fondo de esto, y tu interés en Trump, es que el populismo puede ser de derecha o de izquierda. Lo que lo define es un líder carismático, en relación no mediada con su pueblo salvo la molestia de las elecciones, que define al ‘otro’ como un enemigo a destruir estilo San Jorge y el dragón para liberar al noble pueblo de la horrible opresión a que está sometido, liberación que incluye la eliminación de instituciones o mecanismos de control al poder del líder, creación de la ‘elite’ opresora: cuantas menos mejor. Esa fue la magia populista de Trump que lo hizo irresistible a los desesperados (cuyo problema hay que resolver): simplificar problemas, ‘esto es fácil,elijanme,’mas exacerbar racismo y odios varios, sumado a la torpeza de Hilary Clinton.

    En Argentina, a la que la democracia representativa le cae tan mal como a la mayoría de sus mujeres que lo hacen teñirse de rubio, dos modelos culturales importados que no se avienen con la realidad local, y hay una enorme vocación por el Macho Líder (que puede ser mujer, si se la ve como macho honorario), las instituciones de control y equilibrio del poder no sirven para lo que fueron creadas, son satélites. En el sistema USA sí, y el resultado de eso es que a Trump le resulta mucho mas dificil que a digamos Cristina Kirchner gobernar haciendo lo que se le pasa por la cabeza, ambos con mayoria en el Congreso. Trump se ha estrellado contra su propio partido en todos sus sectores, la oposición, y un sistema en que ambas interactúan. Eso no es ‘la voz hegémonica’, es – gracias a Dios – la hegemonía de un sistema democrático que funciona controlando al Ejecutivo, anatema para el populismo.Eso no es invento de Clarin.

  2. Charrua dice:

    Lo que describe Cantelmi es bastante así (aunque aún no entiende el verdadero impacto fiscal de la derogación del Obamacare).
    Cayó Bannon y ascendió el yerno Kushner (y Cohn de su mano).
    Con ellos, el Trumpismo se parece más a un GOP normal: recortes impositivos para los ricos por encima de todo, desregulación, etc. y no mucho más. Racismo y persecución a los inmigrantes con Sessions, eso sí.
    Como Trump es un especialista en mandar fruta y prometer cosas que no cumple (mire su historial como empresario y lo verá), no es especialmente sorpresivo. Es más, es casi tranquilizador en comparación con el discurso de empobrecer a China como meta nacional.
    Pero sigue siendo una administración con poca gente experimentada, sin planes claros y dada a la improvisación.
    Desde un plan de reforma fiscal lleno de dudas (transitorios o permanentes? BAT o no? ajuste del gasto o no? con qué votos?) a
    la política sobre Corea del Norte (que se resume en hacer lo mismo que Obama pero diciendo que estamos haciendo totalmente lo contrario, cosa de que nadie entienda nada y todos se pongan nerviosos) hay pocas cosas claras (excepto que Trump está haciendo guita a pala, obvio. Será un ignorante, pero lo de facturar lo tiene clarísimo).
    Aún así, la economía continúa más o menos bien y con sólo hacer la plancha podría alcanzarle para la reelección. Eso sí, la lucha contra el Orden Liberal Global deberá esperar a otro, creo.

  3. […] Pocos meses, la historia es diferente (Y después hablan de revisionismo! Los medios nos escriben una nueva Historia Universal cada trimestre, más o menos). Los “outsiders” entusiastas, hoy están callados o desilusionados. Y la “opinión publicada”, y repetida, convencional, se felicita porque las “instituciones” (entre ellas el sub bloque de congresistas del Tea Party, pero en eso no se pone énfasis) lo han contenido a Trump y le obligaron a revisar todos sus audaces, casi blasfemos, anuncios (Menos la rebaja de impuestos, claro. Eso siempre está bien). Este domingo, justamente, les subí la oda triunfal de Clarín. […]

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