Carl Schmitt y el fútbol, en un finde largo

la muerte de balbo

El comentario casual de un amigo me hizo acordar de esta nota de Hugo Asch. La copio y se las dejo, esta vez sin mis habituales comentarios, que tienden a ser más largos que los textos ajenos. Tal vez -por asociación de ideas- me impulse a escribir algunas reflexiones sobre el pensamiento político argentino, pero será otro día, menos soleado.

“El fanatismo es a la superstición lo que el delirio es a la fiebre, lo que la rabia a la cólera. El que tiene visiones, toma sus sueños por realidad y su imaginación como profecía. Es un fanático de enormes esperanzas, pronto podrá matar por amor de Dios”. Voltaire “Fanatismo”, en su “Diccionario filosófico” (1764).

“El 3 de agosto de 1983 fui testigo del fusilamiento más lento de la historia. En su tribuna de la Bombonera, La 12 perfeccionaba su puntería lanzando bengalas marinas, esas estelas luminosas que brillan en el cielo oscuro en caso de emergencia. Una voló sobre los palcos y desapareció; otra dibujó un arco cerrado y se clavó en el césped mientras salían los equipos; dos se estrellaron contra los escalones vacíos de la tercera bandeja. La multitud de Racing que se apretujaba abajo festejaba tanto tiro fallido. “¡Óóóleee…!, se burlaban.

La última, finalmente, dio en el blanco. El partido había empezado cuando la bengala, lenta y fatal, viajó de tribuna a tribuna, hasta impactar en aquel mar humano. Como una piedra que cae en un espejo de agua, se produjo un movimiento circular y algo quedó en el centro, inmóvil. Levanté mis binoculares. La imagen era dantesca. “Le sale fuego de la cabeza”, dije con un hilo de voz. Mi vecino de platea me arrebató los lentes. “¿Qué fuego? Se abrieron para que pueda respirar, ¿no ves cómo están?”, se entregó, manso y tranquilo, al enorme poder de la negación.

El partido seguía mientras se llevaban el cuerpo. Terminó 2 a 2. A la salida, como un autómata, caminé hasta el centro. Supe, por la tapa de Crónica, que la bengala se había clavado en el cuello de Roberto Basile, 25 años, empleado bancario. Años después, la frase involuntariamente poética de un hincha que le pedía un tema sobre ellos –“Flaco, ¡todo lo hacemos por amor a los colores!”–, inspiró a Spinetta, que transformó la tragedia en arte. “Adentro queda un cuerpo/ la bengala perdida se le posó/ allí donde se dice gol (…) Por un color/ sólo por un color/ no somos tan malos/ ya la cancha/ estalla/ en nada”, dice en su La bengala perdida, una bellísima canción.

Esa Argentina posdictadura, tan idealista, llena de ilusión o naif, ya no existe. Así como en 1951 un descarnado Theodor Adorno escribía en su Crítica, cultura y sociedad: “Es imposible escribir poesía después de Auschwitz”; este tiempo cruel y de vuelo corto no deja espacio para la metáfora. Las cosas se hacen a lo bestia, sin anestesia.

Emanuel Balbo era uno más en la previa del clásico cordobés. Todos de Belgrano, ni uno de Talleres. Nadie se preocupa ya por eso. La incapacidad del Estado para garantizar la seguridad del público visitante está impuesta y aceptada. Sin embargo, la violencia crece y se profundiza con los barras y sus feroces internas por la caja, y conflictos que parecen copiados del teatro del absurdo de Ionesco o Jarry.

La víctima reconoce al hombre que mató a su hermano. La manera en que el increpado se defiende refleja con escalofriante exactitud el estado de las cosas. “¡Este culiao es de Talleres!”, lo señaló. No hizo falta nada más. Balbo fue golpeado y pateado desde lo alto de la tribuna hasta la última boca de acceso. Allí lo arrojaron al vacío. Su cabeza se destrozó al chocar contra el cemento.

Las viejas fotos muestran a Basile muerto, con la bengala clavada en el cuello, rodeado de hinchas aterrorizados. Se hace difícil encontrar la misma expresión en los testigos de la fría ejecución de Balbo, en tanto “infiltrado” del enemigo. Una mujer de anteojos, asustada, cubre sus mejillas con las palmas de sus manos. Dos abren la boca. El resto, réplicas de Meursault, el extranjero de Camus, observa sin emoción. Alguno frunce el ceño. Varios sonríen. Un padre, impávido, mira la escena con su hijito en brazos. Los que lo empujan estallan de furia y goce. Ninguno es barra y eso es lo que más perturba. Son gente común, anestesiada. El problema de un “otro” no los roza.

¿Por qué pasa lo que pasa? ¿Por qué lo que llaman grieta y tanto se parece a la lógica amigo-enemigo de Carl Schmitt –(1888-1985), filósofo político, nazi y teórico de la realpolitik– lo ha invadido todo, idiotizando mentes y almas?

Como dice Voltaire y Dylan canta, con dolorosa ironía, el fanatismo y el odio se profundizan siempre “con Dios de nuestro lado”. Un fanático no duda, y en tanto sin dudas, su mente se estanca en la viscosa posverdad, la repetición del mensaje deseado –cierto o no–, que niega al diferente y lo culpa de todo mal.

¿Qué sucedió cuando los planteles de Independiente y Talleres, junto al de Belgrano, se juntaron en el estadio cordobés para dar un mensaje de unión y tolerancia? Hubo silbidos y el canto de guerra contra el rival-enemigo: “¡Vos sos de la B…!”.

Pero hubo más. En cuanto se supo que Belgrano deberá jugar como local sin público y fuera de Córdoba hasta que definan la sanción –que será dura, con quita de puntos–, una lluvia de insultos, amenazas y fotos de armas saturó el celular de Chiqui Tapia, el presidente de AFA. Enfurecida, una estudiante de periodismo había hecho público su número en un foro de internet. Ay.

A partir de la profunda crisis de representatividad del sistema de partidos políticos, muchos –demasiados–, huérfanos de identificación, adoptaron la bandera tribal de su club como único estandarte. Hoy no abundan los que serían capaces de dar su vida por una idea. Pero sobran los que, ciegos, salen a matar o morir por los colores. Así estamos.

En este contexto, mientras los barras sigan al frente de sus rentables pymes multiservicio, impunes y asociados al poder –punteros políticos, dirigentes, policías, dirigentes, funcionarios– no habrá manera de combatir ese sistema perverso y violento con un mínimo de seriedad.

¿Demasiado pesimista? Sí, tal vez. Aunque a decir verdad, compatriotas, un pesimista no es otra cosa que un optimista con información”.

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26 Responses to Carl Schmitt y el fútbol, en un finde largo

  1. Casiopea dice:

    Muy buena la nota. Llega al desolador fondo de la cuestión. Gracias por acercarla, no la había leído.

  2. Capitán Yáñez dice:

    Típica nota resultante de la receta de Perfil:
    1) Enviar a la licuadora dos, tres o cuatro asuntos que no tienen un catzo que ver unos con otros.
    2) Poner en marcha el aparato y dejarlo funcionar unos minutos.
    3) Agregar al licuado resultante citas de algún intelectual, filósofo, poeta o lo que fuere.
    4) Si las citas no salen de una, googlear usando una palabra clave. Siempre aparecerá algo.
    5) Publicar.
    Alcanza con leer dos “editoriales” del propio Fontevecchia para conocer la receta. Leer un tercero ya es insalubre.
    Berp.

    • Anónimo dice:

      Parece que el Sr. desconoce al menos la existencia de la semiología, la filosofía y el psicoanálisis. Le cuento que además de las 20 verdades y las Zonceras, existen otros mundos.

      Me pregunto cómo llegó al grado de capitán. Seguramente no sin que Sandokan hiciera la vista gorda.

      • Capitán Yáñez dice:

        Usted está para Perfil. ¿Porqué no prueba?

      • Raúl C. dice:

        Capitán, usted no solo no se ocupa de la existencia de la semiología, la filosofía y el psicoanálisis.

        Tampoco tiene en cuenta la cirugía cardiovascular, el análisis de sistemas, la hidrografía, la historia del arte, el urbanismo y el estudio de las religiones comparadas. Caramba.

        Seamos todo oídos ante el que es experto en todas estas cosas. ¿O tal vez sea un chanta?

      • Anónimo dice:

        ¿Por qué el articulista no habría de enriquecer su texto con diversas fuentes si cuenta con la capacidad creativa e intelectual para ello? ¿Por qué no tomar esos aparentes “licuados” como narraciones nutricias o de apertura a otros puntos de vista? ¿Acaso el escribiente no tiene el derecho de establecer las asociaciones que mejor expresen sus inquietudes? Creo que el Sr. capitán alentararía entonces únicamente la existencia de artículos sobre matemáticas o sobre ciencias duras.

        Y si digo que ignora la existencia de esa tríada básica, es porque resulta notorio que una buena cantidad de escribas recurren a lo que Ud. de forma ramplona sintetiza en “Enviar a la licuadora dos, tres o cuatro asuntos que no tienen un catzo que ver unos con otros”. Claro, eso sí. Hay periodista tal vez más preparados que otros o que expresan mejor sus decires o los temas que atacan y otros no tanto. Pero que Ud. no les encuentre hilación, sentido o conexión, no significa que no los tengan para los demás. En verdad, esa despectiva ennumeración que desgrana, antes que hablar de la labor del articulista, habla en todo caso de la miopía suya.

        Por si no se percató, además está cometiendo una herejía, o al menos contraviniendo un axioma institucionalizado por la propia Dra. Porota -involutariamente risible- que reza: “Todo tiene que ver con todo”.

      • Capitán Yáñez dice:

        Je suis choripán.

      • ricardo j.m. dice:

        y como olvidar a la tautologia

  3. Anónimo dice:

    La defensa de un color es algo primario y no requiere de una elaboración, lo que no sucede con las ideas. Si se ahonda en ellas, sus inevitables ramificaciones llevan forzosamente a distintos estadios de la cultura -y con suerte también del espíritu- provocando transformaciones en quien las cultiva.
    Sin embargo, lo tribal, ese primitivismo también inevitable, es inescindible del ser humano e intenta retrasar su evolución. Y en algunas sociedades lo consigue exitosamente.

    • ricardo j.m. dice:

      por eso sos un chupamedias de macri? ahondando en las ramificaciones te perdiste en los distintos estadios de la cultura tuviste suerte con el espiritu y de repente tenes pruebas de existe tal cosa y encima es buena y cultivando esto te transformaste en un chupamedias de la bici financiera como modelo economico y la inoperancia politica como estadio superior de las conducciones sociales?

      vos sabes que un caballo hace la misma fuerza para tirar que para empujar pero para llevar un carro se lo pone adelante porque para doblar se puede hacer con una sola maniobra en vez de dos del caballo.

      vos te debes reir del chiste de groucho sobre los principios basado en la ironia de que se cambiarian por dinero o gusto del otro y no por la ironia de los pelotudos que creen que algo adjetivable como principio tenga otra condicion que la de cambiar y por lo tanto llamar principios a conclusiones morales inmutables es estupido.

  4. David (idu) dice:

    La grieta que supimos conseguir, en línea directa Schmitt – Laclau – Década Ganada:

    Eduardo Fidanza dice hoy en La Nación:
    ——————————–
    “Amplificándose en las redes sociales, el desprecio invade la cultura argentina. E intoxica la política. La grieta es una ausencia de estima por el otro que influyentes líderes de opinión, alentados por sus adeptos, ensanchan con desmesura sin medir las consecuencias. Sin preguntarse cómo les fue a otras sociedades que siguieron ese camino. Sin temer que la violencia simbólica derive en violencia física, ni que la democracia se convierta en una tribuna dominada por barras bravas. No hay conciencia de eso. Al contrario, si la grieta sirve a nuestros intereses, adelante con ella. Profundicemos las contradicciones, pintémonos la cara, vayamos a la guerra, aunque transcurra en la cloaca de Twitter.”

    • Raúl C. dice:

      Ante la frase ‘La grieta que…’. Goebbels queda a la altura de un poroto.

      ‘Mientan y repitan la mentira infinitamente’.

      Y sobre todo: atribuyan al ‘enemigo’ lo que ustedes mismos hacen.
      En especial mediante los medios monopólicos, los columnistas que reciben sobres mensuales del Gobierno (y si no son ellos, son sus cónyuges) y los trolls de la Jefatura de Gabinete.

      • Anónimo dice:

        Y a tu lista yo agregaría los zócalos truchados por Porota. Pero estoy en la duda: no se si convendría incluirlo como mentira buena o mentira mala…Ay.

      • Raúl C. dice:

        Un zócalo contra un millón de zócalos y otras formas de propaganda goebbelsiana.
        A usted lo que le falta -entre tantas cosas- es el pensamiento cuantitativo.
        Pero qué racionalidad le vamos a exigir a un soldado. ‘Me dicen que bata un blanco, yo bato el blanco’ como dijo en los juicios de la época alfonsinista uno del grupo de tareas de la ESMA.

      • Anónimo dice:

        Se ve que el dictamen de las urnas en los últimos comicios todavía le sigue doliendo. Qué le va a hacer. Quizás algún día puede darse el gusto de colocar un millón de zócalos, esta vez correctamente truchados.

        Lo otro, que Ud. un poco a la ligera denomina como “otras formas de propaganda goebbelsiana” se suele llamar paranoia y con medicación adecuada se logra sobrellevar de manera bastante aceptable. Casualmente tiene que ver con la Otredad y la incapacidad de registrar al otro de manera empática pero sí como un enemigo que pone en peligro la identidad del sujeto. Le convendría no excederse.

        Respecto al asunto militar que seguramente le dicta su fantasía o su forma de mirar el entorno, debo decirle que detesto cualquier forma de verticalismo, esquema de sumisión dentro del cual presumo Ud. seguramente se sentirá muy cómodo y a salvo.
        Por último, la racionalidad que Ud. exige, tal vez no sea otra cosa que su propia irracionalidad. En ese sentido, no podría conformarlo.

      • Raúl C. dice:

        En efecto: un soldadito.
        Se cree no sé qué. Parece que olvida que para sus empleadores usted no es más que un costo.

      • Raúl C. dice:

        Para hablar de paranoia debería demostrar que el millón de zócalos, la oficina de Marcos Peña, etc. no existen.
        Me quedo esperando la demostración científica. Con los trillados argumentos ad-hominem no alcanza.

      • ricardo j.m. dice:

        no, si hay alguien que demostro la capacidad de registrar al otro de manera empatica sos vos anonimo.

      • Leo dice:

        Chicos, por favor: No alimenten al troll. Para eso ya le paga Marquitos.

  5. lectora cansada dice:

    De acuerdo con Capitan Yañes. Sólo menciona a Schmitt dos veces: una, en el titulo; otra, en el texto. Ambas veces relacionadas con ideas vagas de la supuesta doctrina Schmittiana. Este tipo de periodismo es una batidora, mezcla todo y dispone según la ocurrencia del día del periodista.
    SERÍA MEJOR QUE DIJERA DIRECTAMENTE LO QUE PIENSA EN DOS LINEAS, EN VEZ DE CITAR COSAS QUE NUNCA LEYÓ.

  6. CV dice:

    Malísima la nota, de acuerdo con Capitán Yañez y lectora cansada.

    Dejó algo que puede ser de interés:

  7. Jose dice:

    “… el futbol debería ser más perseguido que la cocaína” Enrique Jardiel Poncela (1934)

  8. ricardo j.m. dice:

    “… lastima que no lo pueda compartir” carlitos bala

  9. Mariano T. dice:

    Acá abundan los fanáticos y los barras bravas orales. No espere ningún análisis sensato, don anonimo.
    Les tocó al fascista Schmitt, al que no leyeron pero saben que le gusta a Porota. Ya con eso se ganó una lluvia de bengalas
    Además de la solidaridad con el “hincha”, al que intuyen la virtud de componente simbólico de su base electoral

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