Las elecciones del domingo, en Francia

Se me ocurre que es un tema que en otro tiempo habría ocupado mucho más espacio en los medios, y en las discusiones políticas. Pero la capital espiritual del tilingaje argentino ya no es París, sino Miami; los militantes ideologizados están más atentos a Caracas, y los que nos interesamos en la política y las relaciones de poder, cuando miramos hacia afuera (sin dejar de prestar atención a Venezuela, trágico campo de ensayo) damos prioridad a lo que pasa en San Pablo y Brasilia.

Igual, las elecciones en la segunda Potencia de la Unión Europea son importantes. Pero, pienso, no por los motivos que hacen más ruido en los medios. Lo que ocupa más espacio, claro, es la “amenaza” de Marine Le Pen. Una figura y un proyecto político interesantes –del que ya escribía en el blog hace tres años– pero que todavía no ganó. No ganará este domingo, y no está asegurado, ni mucho menos, que lo haga en una segunda vuelta. Los sistemas y los pueblos tienen inercia, y los franceses en particular son conservadores.

Y los partidos del sistema -el partido del “statu quo” y los bancos, bah- son poderosos. Los medios son parte de él. Hoy en Clarín Peréz Llana -un analista inteligente de lo internacional- asusta a los lectores globalófilos con “la posibilidad de una pulseada final entre dos populismos anti-europeos, uno de derecha y otro de izquierda: el Frente Nacional, la derecha i-liberal francesa (de Marine), vs. el Movimiento Francia Insumisa, liderado por Jean-Luc Mélenchon. Con ambos, el “Frexit” (la salida de Francia de la Unión) estaría garantizado“.

Puede ser, pero lo dudo. Es cierto que ambos movimientos son anti sistema. Pero todavía no sabemos como se manejarían en el gobierno de Francia, si alguno de ellos lo consigue. También pienso que sería un error -en el que seguramente caerán los medios- creer que si gana uno de los candidatos del sistema, la supervivencia de la “Europa de los bancos”, de los burócratas de Bruselas, está asegurada. El sistema está enfermo.

Por eso me interesó, curiosamente, el análisis del amigo, Juan Chingo: No sobre las elecciones en sí, sino sobre el derrumbe del sistema político, la división en dos grandes bloques que ha durado por casi 60 años, como la 5° República.

(Digo curiosamente, porque él es el hombre de La Izquierda Diario en Francia, y ve lo que pasa desde una óptica rigurosamente troskista. Como tal, sobreestima a mi entender la importancia del discurso y programa anticapitalista de su candidato Philippe Poutou. Corresponde que declare que, si es por discurso, a mí me va más el de Mélenchon, a quien también mencioné en ese post de hace tres años) Yo también creo en el “interés general” y la necesidad de una conciliación de clases. Salvo en las columnas de comentarios del blog: ahí se puede ser tan puro como gusten).

Pero, definiciones ideológicas aparte, me parece muy aguda la descripción de las fuerzas sociales que se mueven detrás del escenario político en Francia. Y que se expresarán el domingo. La comparto con ustedes:

El carácter inédito de esta campaña electoral es expresión de la fase terminal de una larga crisis orgánica del capitalismo francés, en la cual las dos alianzas político sociales que han gobernado a Francia desde comienzos de los años 1980, es decir el bloque de “izquierda” (centroizquierda) y el bloque de derecha que se han sucedido en el poder, se han venido desagregando. Desde que escribimos un anterior artículo dando cuenta de esta situación, la incertidumbre no ha cesado de crecer. A menos de una semana del primer turno, hay cuatro candidatos en condiciones de arribar a la segunda vuelta (Macron, Le Pen, Mélenchon, Fillon), siendo el fenómeno político del momento, la dinámica de Jean-Luc Mélenchon que aparece como el tercer hombre superando en las encuestas a François Fillon, quien se ha visto ensuciado de forma permanente con los affaires de corrupción y nepotismo.

Detrás de vértigo del proceso electoral se encuentran las dificultades de formar un nuevo bloque histórico. Por nombrar los tres proyectos que por el momento han ocupado el espacio dejado vacante por la crisis del bipartidismo tradicional, tenemos por un lado el intento de formación de un bloque modernista burgués encarnado en la figura de Macron. Esta opción política es coherente en sus objetivos en torno a Europa y el neoliberalismo pero es socialmente minoritario ya que su base de apoyo son los sectores altos y medios de la sociedad a la vez que su proyecto político choca aun con la perduración del clivaje entre la derecha y la “izquierda” a pesar de los grandes pasos dados por este digno heredero de Hollande. Digno heredero ya que el actual presidente fue el primero que no incorporó a un componente histórico de ese bloque de “izquierda” en su gobierno, como es el caso del Partido Comunista Francés, a la vez que intentó reformar una pieza clave del compromiso social francés de la posguerra, como es el Código de trabajo, dinamitando la ya moribunda alianza de la “izquierda”.

En oposición a este proyecto, se levanta el polo soberanista de derecha encabezado por Marine Le Pen que, a diferencia del anterior, carece de una homogeneidad social y coherencia de proyecto federados alrededor del soberanismo, siendo fundamentalmente un conglomerado electoral conformado por sectores sociales distintos, a menudo opuestos políticamente como es el caso de los obreros y los pequeño comerciantes a la vez con orientaciones bien heterogéneas en relación al rol del estado y los servicios públicos o la apreciación de las ganancias y de la empresa, contradicciones económico sociales profundas que en el caso de que el FN llegara al poder nadie podría contener.

Por otra parte, la destrucción del bloque de “izquierda” ha abierto el espacio no solo a esta variante progresista burguesa, sino a una a la izquierda de la “izquierda”, a Mélenchon y su Francia Insumisa. A diferencia de 2012, donde se ubicaba como sector de presión sobre el bloque histórico de “izquierda” capitalizando la franja más radical del antisarkozismo, el actual proyecto de este fanático de Mitterrand es un soberanismo de izquierda, dando paso a la Marseillaise y la bandera tricolor y no a la Internacional y la bandera roja. No queriendo como en la anterior campaña ser el nuevo Marcháis [1], vuelve al esquema fácil populista del pueblo versus las elites, olvidando la estructuración antagónica en clases sociales que no se resumen en su cacareado interés general. En su revolución ciudadana la clase obrera se disuelve en un componente más del bloque heterogéneo de las clases populares, yendo al cruce del programa histórico y del rol potencialmente hegemónico del proletariado con sus métodos de lucha y organismos de combate propios e independiente de toda variante burguesa para conformarse en un mero cambio de la Constitución en los marcos del actual sistema de dominio. A nivel europeo, y después del fracaso calamitoso de Tsipras (Grecia), Melenchon habla de un eventual Plan B misterioso, pero apuesta todas sus fichas a una dudosa modificación de los Tratados y de la política de la UE basándose en el mayor peso de Francia (segunda economía europea) con respecto a Grecia para hacer girar la política neoliberal y de austeridad de la actual UE. Sin embargo, más allá de los límites de su programa y de las dificultades que luego tendrá en transformar sus avances electorales en partido, que haya surgido un espacio de masas a la izquierda de la “izquierda” demuestra la real polarización en curso del panorama político francés: de repente los analistas superficiales de la realidad que solo veían una supuesta “derechización de las masas” como solo horizonte se están desayunando con la novedad, como los mercados financieros, que pasaron de considerar el riesgo Le Pen a empezar considerar el riesgo Mélenchon.

Como correctamente explican Bruno Amable y Stefano Palombarini en un libro que acaba de aparecer [2], en Francia desde hace décadas las clases populares están sin representación política. Así, “… la característica especifica de la crisis francesa es la exclusión más o menos completa de las clase populares de las alianzas sociales sobre las cuales, en el curso de las últimas décadas, la acción gubernamental (de izquierda o de derecha) ha intentado apoyarse” (pág. 25). En el caso del bloque de derecha sus dificultades provienen del hecho de que, desde que finalizado el boom de la posguerra y con la caída del crecimiento económico, es cada vez más difícil congeniar los intereses de los sectores de artesanos, comerciantes y pequeños entrepreneurs con los sectores de obreros y empleados del sector privado que, aunque no de forma mayoritaria pero de forma significativa, apoyaban a esta opción política hegemonizada por los sectores medios y altos de capitalismo privado francés. Mientras las tendencias de los primeros es a presionar por la liberalización del mercado de trabajo y las “cargas” que implican el llamado “Estado benefactor”, los segundos tienden a buscar más protecciones frente a la crisis.

Sin embargo, la exclusión de las clases populares del bloque de la “izquierda”, cuyo salto se produce después de la decepción de los sectores populares con el gobierno de Miterrand y continúa desde ese momento de forma gradual hasta la presidencia de Hollande y la explosión a derecha e izquierda de lo que quedaba de ese bloque con un pequeño residuo, a la Pasok, del PS, tiene otro carácter. Es un intento deliberado de los partidarios de la Europa del capital y neoliberal en las filas de la “izquierda”, que tienen a los principales referentes del PS a la cabeza -desde Jaques Delors, ministro de economía de Miterrand y principal artesano luego del giro neoliberal de la UE como su presidente, Michel Rocard, el jefe político de la llamada “segunda izquierda”, y el mismísimo Mitterrand a la cabeza del tratado de Maastricht que sienta las bases del proceso que llevara al euro- de liquidar la alianza política de la izquierda excluyendo al PCF y orientándose a una alianza más de centro (con los “sabios de todos los campos” cómo decía a Delors), buscando descalificar a los obreros como sujeto susceptible y deseable a ser ganado para ese proyecto burgués modernista.

El resultado de la operación anterior es de presentar a los obreros como un sujeto conservador y culturalmente atrasado que está perdido definitivamente hacia el campo del FN y que constituye un obstáculo a todo proceso de “modernización liberadora” de Francia, que permita desatar la energía de los “outsiders” contra los “insiders”, estos últimos “retrógrados” que se atañen a sus status y conquistas del pasado. En fin, “conservadurismos” que no permiten el despliegue de la destrucción creativa del capital, solo camino por el cual la Francia podrá volver a ser un actor a la altura de sus pretensiones de gran potencia en competencia con al Alemania que ya hizo este trabajo sucio sin perder su competitividad. Como dice un documento conocido de la Fundación Terra Nova, ligada al PS: “La identidad de la coalición histórica de la izquierda se encontraba en la lógica de clase: los trabajadores ‘explotados’ frente a los patrones y representantes del capital; los asalariados más bajos, obreros y empleados, contra los cadres [mando intermedio en las empresas, NdeR] y las clases medias superiores. […] La recomposición en curso se hace alrededor de los valores. Se estructura en torno a la relación con el futuro: la inversión en el futuro contra la defensa del presente. La nueva izquierda tiene la cara de la Francia del mañana: más joven, más femenina, más diversa, más diplomada, más urbana. Esta Francia del mañana, en construcción, está unida por valores culturales: busca el cambio, es tolerante, abierta, solidaria, optimista, ofensiva. La Francia del mañana se opone a un electorado que defiende el presente y el pasado contra el cambio”. En fin, para estos partidarios del bloque burgués modernista, la izquierda debería recomponerse por lo tanto ya no en base a una lógica de clase sino de valores.

En este marco, la operación interesada de presentar al FN como el “nuevo partido de la clase obrera” no solo sirve a exagerar desmedidamente la fuerza real de Marine Le Pen sino que sirve también al intento de construcción del bloque burgués en oposición completa a los intereses de los sectores populares y declarando como ineluctable la crisis de la relación entre la “izquierda” y los obreros [3]. La realidad es que si se toma en cuenta la abstención y los sectores que no se inscriben en el padrón electoral, así como los inmigrantes, el FN recibe un voto sobre 7 en los sectores obreros, sin hablar que está muy lejos de la influencia orgánica que alguna vez gozó el PCF en el seno de la clase obrera. Lo único cierto a este mito que podemos afirmar es que “el FN… representa -al menos estadísticamente- el mejor -o por ser precisos, ‘lo menos peor’- a las clase populares, es decir, es la que menos la sub-representa” [4].    (completo aquí)

[1] Nombre del antiguo secretario general del PCF que sello el acuerdo con Mitterrand que permitió a la izquierda por primera vez arribar al poder en la V República nacida en 1958.

[2] “L’illussion du bloc burgeois”, Bruno Amable y Stefano Palombarini, Raisons d’agir 2017

[3] En la misma nota, Terra Nova dice sin ninguna demostración fáctica sino solo en base a su ideología, que “Por la primera vez después de treinta años, un partido político está en correspondencia con el conjunto de las aspiraciones obreras”. Decimos ideológicas pues todas estas afirmaciones tiene el objetivo preciso de liquidar hasta simbólicamente toda potencialidad progresiva o capacidad liberadora del proletariado. La agresividad de sus proposiciones , que se siguen en el campo mediático como ha podido sufrir el mismo Philipe Poutou en uno de los programas de televisión de varietés más vistos del sábado, tiene la función reaccionaria de liquidar en el imaginario colectivo el enorme peso de los obreros y sus luchas en la conciencia de las masas ligado a la más o menos reciente historia de Francia en donde todo los avances sociales se lograron gracias a la lucha de clase obrera desde la reducción de la jornada de trabajo, las vacaciones pagas por nombrar algunas conquistas sociales hasta cosas impensadas como el Festival de Cannes donde la CGT jugo un rol importante en su creación.

[4] “‘L’électorat’ du Front National. Retour sur deux ou trois ‘idées reçues ‘», Patrick Lehingue en « les Classes populaires et le FN », Editions du Croquant 2017 pág. 38.

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6 respuestas a Las elecciones del domingo, en Francia

  1. Silenoz dice:

    Especulo que la llamada claudicación de las “socialdemocracias europeas” o algo así, es un gran responsable de esta fragmentación

    Me parece evidente que cierta izquierda o troskismo se lleva mal con las “heterogeneidades” el “clivaje burguesía/proletariado” (¿’ta bien usado así no? ja ja…) se está desdibujando y no se puede negar el sentido común impregnado por el meloneo de 30 años de neoliberalismo que, a la fecha, da un sujeto “híbrido” entre proletario y burgués, con intereses e ideales de este último pero con necesidades de cuidado y atención de los primeros, quizás deberían comenzar a sospechar que el “proletario”–al menos- se ve y quiere vivir como un burgués….

    El aferramiento a ese “clivaje” me parece que les dificulta caracterizar lo heterogéneo, se recurre sin suerte de definición a categorizaciones como “pueblo”, “clases populares”, “clase obrera”, “proletariado”, “artesanos (¿¿??), comerciantes y pequeños entrepreneurs”, “obreros y empleados del sector privado”

    Pararse en la contradicción entre integrantes de una coalición compuesta por un bando que reclama por ” la liberalización del mercado de trabajo y las “cargas” que implican el llamado “Estado benefactor”,vs ” los segundos [que] tienden a buscar más protecciones frente a la crisis.” no deja ver cuáles son los intereses que los agrupa y que hace que las clases populares voten por ” -al menos estadísticamente- lo menos peor”

    Quizás por esta razón se consuelan auto proclamándose como “campeones morales” por el resultado estadístico que el ” FN recibe un voto sobre 7 en los sectores obreros”

  2. “la posibilidad de una pulseada final entre dos populismos anti-europeos, uno de derecha y otro de izquierda: el Frente Nacional, la derecha i-liberal francesa (de Marine), vs. el Movimiento Francia Insumisa, liderado por Jean-Luc Mélenchon. Con ambos, el “Frexit” (la salida de Francia de la Unión) estaría garantizado“.”

    No es cierto. El FN es eurófobo y la postura de Mélénchon es muy crítica pero distinta. Le Pen promete el Brexit si la eligen, Mélénchon un referendo.

    Sigo leyendo, saludos bruslenses.

  3. Daniel Eduardo Arias dice:

    Creo que la segunda la gana (raspando) Mélénchon, porque le hace creer a muchos que es posible volver a las condiciones del primer gobierno de Mitterrand.

    Qué época aquella, con el Papa Tonton distribuyendo horas de trabajo para combatir la desocupación, y la jornada semanal de 30 horas, unos sueldos de la gran siete, el estado ocupándose bien de todo (la educación, la salud, el transporte, la contención social de minorías)…

    Viví un mes en Francia en aquellos “años de oro” y la recuerdo como el país más socialmente justo de Europa (bueno, no había estado en los escandinavos). A veces incluso hasta se veía sonreir a los parisinos, que no es poca cosa.

    El asunto es que entonces Francia era el niño díscolo de la OTAN, cuyo sentido era asustar a los malvados soviéticos. Tanto la “Force de Frappe” submarinística de Francia como la del Reino Unido daban, POR SEPARADO y sin siquiera consultar con el Tío Sam, la capacidad de un primer ataque discapacitante contra todas las ciudades grandes e infraestructura militar soviéticas.

    Y así como la dirigencia francesa ponía plata para asustar a los comunistas de arafue, ponía mucha más para contentar a los de adentro, no fueran a repetir las comunas de 1848 o 1872, o la experiencia del Maquis antinazi, cuya fuerza fundamental no eran los gaullistas, sino el PC.

    El mayor problema del inmenso PC francés promediando los ’80 era que la revolución proletaria se había vuelto, a ojos de cualquier proletario sensato, una pelotudez innecesaria y sangrienta más bien a evitar. ¿Para qué, si comparado con el obrero soviético promedio, el francés ya estaba en el paraíso? Tenía auto, tiempo libre a patadas, vacacionaba como VIP en el Tercer Mundo, y los pibes tenían un futuro de oro gracias a una educación terciaria y universitaria de tremenda calidad y costo cero.

    Mélénchon trabaja sobre esa vuelta al paraíso, bastante mítica. El propio Mitterrand en su versión presidencial 2.0 empezó a demoler aquel edén social de su creación para construir la actual Europa Globalitaria, que ahora existe y es un escollo no menor. ¿Hasta qué punto los bancos, devenidos en superpoder global incontestable, no le van a bolear las patas? Ante semejantes topadoras económicas, políticas, militares y de opinión, un Tsipras o un Melenchon son como sapos de tamaño apenas distinto.

    Alemania tampoco creo que deje irse del bloque a Francia a recrear su estado de bienestar ochentista. Tiene mil modos de impedirlo.

    Pero las dos fuerzas determinantes que impiden el regreso a la Francia Feliz Ochentosa son que la URSS se cayó, nadie le tiene temor o respeto al PC Francés, y la informatización y automatización de las fábricas están sencillamente suprimiendo al viejo proletariado industrial, base del PC y hasta cierto punto, del PS.

    Si éste último partido pudo hacer la deriva derechista y antiobrera que hizo desde Mitterrand 2.0 hasta su versión modernista-macronista, es porque los pocos obrerachos fabriles franceses son sobrevivientes darwinianos a la automatización. Son tipos hiper-técnicos a los que con un empujoncito adicional los sacarías ingenieros. No trabajan ni piensan en absoluto la gente de la vieja CGT que en 1968 declaró la huelga general contra De Gaulle e hizo barricadas para apoyar a la rebelión de los estudiantes parisinos.

    Los que no sé cómo piensan son los laburantes franceses que perdieron el trabajo a los 45 pirulos, ya sea porque se los sacó un robot o un obrero chino en Guangxu. Saben que no van a volver a trabajar, y que lo que sigue es una larga pesadilla que el estado, cada vez menos asistencialista, no mitigará mucho. Bueno, de algún lado vienen los votos de Le Pen.

    De modo que digo que gana Mélénchon por un pelito, y luego nada cambia. Siguen en Europa mientras Europa se va perfeccionando como potencia financiera irrelevante, y sus sociedades se van fragmentando y lumpenizando. Se sigue demoliendo lo que queda del estado de bienestar francés, según el estúpido slogan de que hay que vivir como los pobres chinos si tenés que enfrentarte con el capitalismo chino.

    Tratá de vender esa idea en Alemania o en los países escandinavos y te sacan vendiendo almanaques.

    Como siempre, no creo que Marine Le Pen vaya a ser jamás presidente de Francia. Tampoco creo que quiera o le convenga. Si es difícil retroceder a los amables tiempos de Mitterrand 1.0, no quieras ver lo que es volver a épocas en que Francia tenía el 2do imperio de la Tierra después de Inglaterra.

  4. Casiopea dice:

    La verdad, a mí me parece que el elefante de la cuestión del que nadie habla es que no hay un acuerdo profundo sobre la pertenencia a la UE, y en qué condiciones. Todos los candidatos con posibilidad de ganar, Macron, Melenchon y Le Pen tienen una “receta”, pero me parece que puestos a gobernar la van a tener que modificar más rápido de lo que Trump cambió sus posturas respecto de China. Eso es así porque hay en Francia, como en toda Europa, un malestar generalizado respecto de la UE, pero por ahora los votantes no tienen claro que hay realmente sólo dos opciones, independientemente de si el candidato es de derecha o de izquierda: 1. mayor integración con transferencias a los miembros más pobres (Macron). 2. Retirarse de la unión y sobre todo del euro (LePen-Melenchon).
    Todo lo que diga cualquiera de los candidatos para la política francesa depende que cómo se aborde el tema de la UE, y por ahora los veo más concentrados “hacia adentro” que en decifrar ese dilema. Claro que, conociendo a la UE, todo puede llevar años y años. Por eso creo que, más allá de los actuales despelotes, quizá a GB le resulte un acierto haberse adelantado a los hechos con el referendum. Si bien todavía no está claro el “cómo”, sí tienen claro el “qué”. Es decir, ya saben que van a retirarse. Mirando a los demás, no es poca cosa…

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