“La cuestión coreana”

UN forces' transport vehicles recrossing

La amenaza de guerra -que forma parte del menú permanente de herramientas de al menos dos de los actores principales en el conflicto: la República Popular y Democrática de Corea y los Estados Unidos de América- está subiendo de temperatura. Otra vez.

Ayer, el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, hombre cauteloso, instó a la República de Corea, los EE.UU. y la R.P.D.C. a darse cuenta del riesgo. “China exhorta a todas las partes a terminar con las declaraciones provocativas y evitar conducir la situación hacia un punto de no retorno”, dijo Wang tras las consultas con su equivalente francés, Jean-Marc Ayrault.

Tiendo a pensar que no le harán caso. El gobierno de Corea del Norte emite en forma regular y consistente declaraciones provocativas. Su estrategia, ya es evidente, requiere que los demás jugadores crean que está dispuesto a ir a la guerra, sin importarle los costos. Si no, evalúa que su régimen, y posiblemente su país, no sobrevivirán.

En cuanto a EE.UU., … Trump ya ordenó el lanzamiento de cohetes en Siria, mientras comía un postre con Xi Jinping. Y luego, la “Madre de todas las bombas”, en Afganistán. No necesita decir nada en Twitter.

Entonces ¿Marte tendrá ocasión de juzgar a los príncipes en el campo de batalla, como es su vieja costumbre? No es posible decirlo con certeza. Las armas nucleares de destrucción masiva han sido usadas para la guerra sólo dos veces, en 1945, y nunca más. Desde entonces, sólo han servido como amenaza, y han servido bien. ¿También esta vez?

Como sea, hoy, 15 de abril, se cumplen 105 años del nacimiento, en la entonces Corea japonesa, del fundador de la dinastía norcoreana, Kim Il-sung. Y el régimen que inició gusta de los aniversarios. Tal vez hoy hagan algún anuncio espectacular.

Por eso me parece útil compartir con ustedes este excelente trabajo sobre los actores del drama de Fredes Luis Castro, a quien nuevamente recurro en el blog. Entérense:

EE.UU.:

El Secretario de Estado norteamericano Rex Tillerson sostuvo el último 16 de marzo que la política de los últimos 20 años de su país hacia Corea del Norte en orden a su desnuclearización había fracasado, y sugirió un nuevo tipo de aproximación. Tillerson hizo estas declaraciones durante la gira que realizó en distintos países del Este Asiático. Pocos días antes, el Ministro de Relaciones Exteriores de China Wang Yi, en una conferencia de prensa brindada ante medios nacionales y foráneos, había propuesto una solución diplomática de dos vías, de “suspensión por suspensión”. Esta oferta apunta a una paralización de las pruebas armamentísticas por parte de Pyongyang por un lado, y de los ejercicios militares conjuntos de Seúl y Washington por el otro.

Flynt L. Leverett, profesor de Asuntos Internacionales y Estudios Asiáticos de la Universidad Estatal de Pensilvania, cuestiona la estrategia de Donald Trump hacia los países asiáticos y los incentivos a que da lugar, por un excesivo interés mercantilista que aprovecha amenazas regionales, como la nuclear norcoreana, para arrancar concesiones comerciales de sus condicionados aliados. “En el caso de una Asia estable, ¿cómo podría Trump usar el poder militar para obtener concesiones económicas de nuestros aliados o de China?” interroga Leverett. A la capciosa pregunta del académico (también ex funcionario de estratégicas burocracias estadounidenses) se podría responder que sin tanta inestabilidad, de arranque, se complicaría la venta de un sistema de misiles que Lockheed Martin brinda por un valor no menor a los 800 millones de dólares.

Se trata del sistema móvil de defensa antimisiles THAAD que Estados Unidos desea desplegar en Corea del Sur, resistido por China. Sucede que el radar del sistema THAAD tiene la capacidad de recopilar información de las ojivas nucleares chinas en las pruebas que el gigante asiático realiza, regularmente con una orientación Este-Oeste (dirección adoptada, casualmente, para no perturbar sensibilidades surcoreanas). De más está decir que también serviría para suministrar vital y temprana información a Washington sobre una agresión o represalia misilística china contra la potencia americana. China podría reducir las capacidades vigilante y espía del radar THAAD redireccionando sus pruebas hacia el este, hacia las aguas que también bañan las costas surcoreanas (cuando un radar está dirigido contra la parte frontal de un misil su capacidad informativa se reduce significativamente, por la menor reflexión electromagnética de la nariz y los lados del cono), pero esto alteraría los ánimos de este país.

Si China dirige sus pruebas balísticas en dirección a la geografía de la Corea capitalista configura una amenaza para el sur peninsular, si no lo hace se arriesga al espionaje norteamericano. Si la patria del Gangsta Style adquiere el escudo THAAD amenaza la seguridad china, si no lo hace se arriesga a la agresión norcoreana y al malestar político económico del Pentágono. Es lo que el profesor Li Bin caracteriza como un verdadero dilema securitario.

El caso THAAD es un capítulo más de la histórica novela de relaciones entre los divididos pueblos coreanos con Estados Unidos y China, que narra las influencias que las potencias han ejercido en la confección de las políticas domésticas y exteriores de los territorios separados por el paralelo 38º.

Corea del Norte:

Hasta 1999 las “Cuatro Grandes Líneas Militares” fueron junto con la ideología Juche pilares esenciales de la ingeniería política diseñada por Kim Il-sung. Un pueblo armado, un estado fortificado, hacer de cada soldado un cuadro y la modernización militar, fueron directrices consagradas como garantía de la estabilidad del régimen y de la independencia nacional. Kim Jong-il sustituyó las Cuatro Líneas por la doctrina songun o de la primacía militar. Sumamente criticada por los sacrificios que implicó para los 24 millones de habitantes sostener un ejército de más de un millón de efectivos. Sin embargo puede conjeturarse que fue una anómala forma de avanzar hacia la desideologización y la desmilitarización de toda la sociedad (con repliegue, no renunciamiento, de la ideología juche), a favor de un cuerpo organizado, controlado y vocacionalmente pragmático (en desmedro simbólico del proletariado y real del poder del partido).

En el VII Congreso del Partido, el primero en 36 años, celebrado en el 2016, Kim Jong-un consolidó la estrategia byungjin como sucesora de la doctrina songun, que apunta a un progreso simultáneo de lo nuclear disuasivo y lo económico. La dimensión militar cedió su primacía, para compartir (al menos, por ahora, en lo estratégico discursivo) prioridades con el desarrollo económico. Cabe registrar que el tránsito entre la primacía militar y la estrategia byungjin fue contemporáneo al desmembramiento estatal y la desintegración social del totalitarismo soviético, del que tomaron debida nota las jerarquías del comunismo norcoreano.

Corea del Sur:

En Corea del Sur fue la administración de Kim Dae-jung la primera en atreverse a un programa de mayor autonomía respecto de Washington, con su Política del Sol, de distensión, coexistencia pacífica y reconciliación con Corea del Norte. Su sucesor, Roh Moo-hyun, fue mucho más atrevido, y formuló una política de Paz y Prosperidad en el Noreste Asiático signada por la idea de una declinación americana, paralela a la reemergencia china. No desconoció la alianza militar con Estados Unidos, pero promovió una cooperación regional propiciando un rol central y equilibrador (especialmente entre China y Japón) de su país. El gobierno de Lee Myung-bak, que comenzó en el 2008, puso fin a esta estrategia tan ambiciosa como un tanto contradictoria en sus metas. Pero la Corea Global con que Lee quiso trascender la iniciativa de su predecesor, no se desconectó de su filosofía. La exposición internacional que compensó la menor injerencia regional, permitió sortear cualquier malestar estadounidense, al tiempo que se erigieron redes y relaciones aptas para contener a Seúl cuando el ocaso americano tuviese lugar. La presidenta recientemente destituida Park Geun-hye puede considerarse una continuadora de esta línea, con la creación en el 2013 del MIKTA, asociación constituida por México, Indonesia, Corea del Sur, Turquía y Australia. Su decisión de facilitar el despliegue del sistema THAAD es coherente con el vínculo estratégico con Washington preservado por otros jefes de estado.

La “norcoreización” del temperamento que habita la Casa Blanca aporta un elemento de incertidumbre tal que dificulta predecir con algún margen de seguridad los escenarios posibles en esta región y otras partes de Asia. Habrá que ver si el interés mercantilista de Donald Trump se impone sobre las estrategias convencionales de sus burocracias, o sucede lo contrario. De hecho, mientras termino este artículo, Rex Tillerson, con tono perentorio, advierte que “todas las opciones están sobre la mesa” con respecto a Corea del Norte, lo que no descarta una definición militar.

China:

Es el tipo de pronunciamientos que Xi Jinping desea que se eviten, en particular a meses de la realización del XIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China, que aprobará su segundo mandato al frente del gobierno. Pero no importa quién gobierne el Reino del Medio, no existe posibilidad alguna de que comulgue con intervenciones militares o acciones desestabilizantes del régimen vecino y colega, más allá de puntuales sanciones económicas destinadas a impedir peligrosos progresos nucleares armamentísticos. Históricamente para China la península coreana siempre fue un espacio sensible para su soberanía, habilitante de penetraciones extranjeras.  Esto no ha cambiado, por el contrario es inimaginable que opere a favor de una unificación que permita la mudanza de los 30 mil soldados americanos estacionados en Corea del Sur a zonas aledañas a su frontera. Demandante formidable de recursos naturales, tampoco desea que los tesoros minerales de Corea del Norte sean aprovechados por otros países, como lo hizo la industria japonesa durante la ocupación de la primera mitad del siglo pasado.

Japón:

En El largo siglo XX Giovanni Arrighi sostiene que la guerra de Corea, que concluyó con una tregua que mantiene partido al país desde 1953, significó el despegue económico de Japón. Es posible que sea una de las causas que contribuyó al desarrollo de la posguerra mundial, sin embargo la internacionalización de sus industrias y un eslabonamiento de producciones que lo centralizan como generador de tecnologías de punta fueron materializados en tiempos de paz. Japón tiene en claro que no puede mudar de barrio, por ende, como China, apostará por la estabilidad y las vías diplomáticas. Dicho esto, me atrevo a conjeturar que los sensatos deseos de Shinzo Abe de revisar el texto constitucional para fortalecer las defensas militares de su país pueden aprovechar los momentos (y los gobiernos) impredecibles para intensificar sus propuestas”.

Escenarios, intereses y esperanzas:

Lo que pretende Kim Jong-un no es muy diferente a lo aprendido de su padre y su abuelo: ajustar los engranajes que hacen funcionar un sistema totalitario, al tiempo que con una gradualidad de cámara lenta ajusta ese sistema al ecosistema político y económico global. En este sentido, sobre su programa nuclear quiere que sea tolerado, a cambio de no incrementar su arsenal y no exportar los conocimientos inherentes. Sus hermanos y compatriotas del sur capitalista necesitan concentrar energías en lo inmediato, obtener de todos los actores interesados un paréntesis en las conflictividades que les conciernen, para preparar las próximas elecciones presidenciales luego del proceso que terminó con la expulsión de Park Geun-hye. La ex presidenta soportó, entre otras dificultades, un rechazo popular a la instalación del sistema THAAD, al que luego se sumó el descontento por su incapacidad para poner fin al boicot económico chino aplicado por ese motivo. Para peor, Rusia se alió con el gigante comunista en el rechazo, complicando el escenario internacional. Seúl espera que las potencias tomen nota de todas estas disrupciones.

El próximo presidente surcoreano deberá definir líneas de acción para enfrentar estos desafíos, entre los que se inscribe también la cuestión relativa al parque industrial Kaesong. Una reapertura del polígono industrial es, quizás, la ventana de oportunidad para disparar nuevos acuerdos con Kim Jong-un y buscar convergencias entre los intereses económicos y políticos que contienden.

La unificación alemana se produjo como consecuencia de la indetenible decadencia de la Unión Soviética, toda Corea debe edificar la propia unidad mientras observa la reemergencia de otra potencia autoritaria, el Reino del Medio, esta vez con bandera comunista. El resiliente pueblo coreano espera menos que el siglo XXI sea la centuria china, y que sea fundamentalmente el de la unidad sólida y definitiva de toda su patria”.

Quise poner en el posteo imágenes de la Guerra de Corea en los ´50. Arriba, el legendario Paralelo 38°. Aquí, cuatro mapas de esa guerra que nos recuerdan que fue quizás la última en el viejo estilo, de grandes maniobras y desembarcos de infantería, durante largos años. Sería trágico, no sólo para los coreanos, que aprendiéramos ahí como serán las próximas.

koreanwar

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4 respuestas a “La cuestión coreana”

  1. Anónimo dice:

    No parecería necesario que haya una guerra nuclear. Supuestamente quien daría el primer golpe sería USA como respuesta a alguna “osadía” norcoreana. Corea del Norte respondería -supuestamente- con todo lo que tiene: lanzando cargas principalmente de armas químicas y/o nucleares. USA contaría con capacidad para abortar estos lanzamientos con medidas electrónicas o interceptores balísticos. Su respuesta -como quedó a la vista en Nangarhar- no debe ser necesariamente nuclear para devolver el golpe norcoreano. Es más que seguro que todas las instalaciones norcoreanas de lanzamiento estén largamente monitoreadas por el pentágono, de modo que un ataque coordinado y simultáneo convencional sería suficiente para apaciguar o destruir los ánimos de regimen. Esto tendría la ventaja -para Trump- de no tener que enfrentar ninguna crítica internacional más allá de lo formalmente esperable, pero, principalmente, evitaría una escalada tanto con Rusia como con China.
    Me parece muy claro que la opción nuclear no es necesaria, aún cuando el regimen lograra hacer despegar un par de misiles hacia un país aliado de USA, una respuesta no nuclear puede perfectamente abortar estas intenciones. No tengo la menor idea qué dirán los analistas militares al respecto.
    Lo único preocupante, sería que ante esta contingencia Corea del Norte se vea forzada a invadir a la del Sur. Esto sí que complicaría las cosas grandemente para USA y realmente sería un pantano peor que el de Vietnam. Son muchos los millones de hombres en el ejército norcoreano.

  2. Casiopea dice:

    Quién sabe. Me suena (o quizá quiero creer) que Don Trump y Don Xi se entendieron de lo más bien. Trump no terminó de recibir a Xi que ya anunció que China no es más un “currency manipulator” (como se cansó de vociferar en campaña, anunciando que iba a hacer algo al respecto “ON DAY 1” :-0), y que ahora estaba dispuesto a aceptar un “deal” algo menos favorable de lo que podría conseguir a cambio de que China le ponga coto a Corea del Norte.
    Hace unos días, Braille trajo el tema a colación en un posteo sobre la “impredecibilidad” de Trump. Yo quise contestarle citando un editorial que había leído del Pravda chino y cuando lo fui a buscar para colgarlo ya no estaba el link. Ahí decía que China iba a usar la fuerza de ser necesario para impedir el ensayo nuclear de Corea del Norte. Pero, como no pude encontrarlo otra vez, quién sabe si era un descuelgue de algún subalterno que el PC hizo borrar o un jueguito de “fake news” de alguna parte interesada.
    Sea como sea, no los culpo a los chinos por alarmarse ante las veleidades nucleares en el vecino de al lado, ni por querer aparecer como adultos responsables frente al estilo Trump. Veremos, dijo un ciego, porque lo que es vivir, todos vamos a estar vivos para ver el próximo capítulo de esta saga.

  3. CV dice:

    Lo que no se entiende muy bien (desde fuera) es por qué Corea del Norte no realiza reformas de mercado en su economía, teniendo cerca el ejemplo Chino (y, hasta cierto punto, su influencia).

    Una hipótesis sería que estas reformas traerían como consecuencia la inestabilidad del régimen, y por ese motivo no las adoptan; pero ahí está el ejemplo Chino (y otros) que muestran que es posible conjugar reformas económicas con un firme control político por parte de un partido único.

    Si Corea del Norte fuera una economía próspera podría constituir (relativamente) una amenaza de seguridad para EE.UU. Como no lo es, la idea de que resulta una amenaza es exagerada.

    El objetivo de EE.UU. en la península coreana no es (en la actualidad, bajo la Guerra Fría era otra historia) Corea del Norte, sino China.

    De hecho, EE.UU. debería evitar el desplome completo de Corea del Norte porque son la excusa perfecta para mantener fuerte presencia militar en la región y desplegar sistemas como el THAAD (y los chinos no se engañan respecto a quiénes son los reales objetivos de tales sistemas).

    • Rogelio dice:

      Estimados Abel, CV:

      Concidiendo con CV se me ocurre que un titular adecuado para esta cuestión podría ser…CUIDADO CON EL CUCO

      Corea del Norte tiene la fisonomía típica de los dibujitos animados y sigue al pie de la letra la línea argumental del “Hombre Cuco Orwelliano” que cierta mentalidad occidental ha creado y promovido para su propio consumo.
      Es todo muy conveniente, improbable y muy raro.

      Con fundamento digo que a la población de Corea del Sur, se la ha condicionado para pensar que la reunificación con el Norte sería nociva para su bienestar.

      Aunque China mantiene algún comercio con Corea del Norte nunca ha apoyado plenamente al régimen, ha condenado abiertamente las pruebas nucleares y estuvo de acuerdo en aplicarle sanciones.
      Es sabido que en los últimos años, y especialmente en los últimos meses, China ha concentrado una mayor presencia militar en la frontera con el norte coreano, como si supieran muy bien de qué se trata el juego.

      Ni es necesario mencionar que ninguno de los adversarios históricos del Occidente anglo-americano en Asia, aparte de China, por ej. Rusia, Irán, Siria, India y últimamente Filipinas, respaldan ni tienen alianzas con el gobierno norcoreano.

      Corea del Norte aparece entonces como un caso extravagante en el borde del continente asiático – que como dice CV – justifica en los momentos oportunos, como excusa muy adecuada, presupuestos bélicos abundantes y una presencia militar ponderable de USA en la península coreana.

      Más cerca nuestro, en la misma galería, sin forzar las evidencias y siguiendo idéntico molde, podemos ubicar a Cuba y quizás también a Venezuela.

      Saludos cordiales

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