Argentina Nuclear, 2017 – LIX: La C.I.A. mira al Cono Sur, 1982

Este capítulo es la segunda parte de una trilogía que gira alrededor de un análisis confidencial de la Agencia Central de Inteligencia, C.I.A., sobre el posible desarrollo atómico de Argentina, hecho semanas después que el gobierno militar fuera derrotado en la guerra del Atlántico Sur. Y desclasificado hace pocos años. En la primera parte, el capítulo LVIII, Daniel Arias analiza el informe. En ésta, se lo enfoca desde la región.

59. El contexto regional

Pinochet y el general Figueiredo, éste del arma de Inteligencia: nuestros presidentes vecinos cuando el contralmirante Castro Madero inició el LPR. La CIA estaba convencida de que el LPR desataría una carrera armamentista con Chile, y una escalada proliferativa con Brasil.

El documento de la CIA de 1982 versa sobre el Laboratorio de Procesos Radioquímicos argentino. Curiosamente, la instalación nunca es llamada por su nombre. La junta de espías que lo firma sesiona dos meses tras la finalización de la Guerra de Malvinas. Estima –otro interesante error de análisis- que al Proceso todavía le queda un tiempo inestimable pero largo “de descalce”, hasta poder dejar la presidencia en manos de civiles.

Lo que queda sobreentendido, aunque no escrito, es que esa retirada del poder durará al menos  5 o 6 años. Es el mínimo necesario para que la Argentina haga dos cosas: a) terminar e inaugurar el LPR con combustible de Atucha I, b) construir algún reactor plutonígeno secreto, para luego alimentar el ya activo LPR con combustible de bajo quemado. De éste sí se puede sacar buen plutonio 239 de pureza militar.

Esta inferencia es el meollo del documento, y por momentos se vuelve muy explícita. Es decir, no es una inferencia.

El problema de los espías era cómo aprovecharía el tiempo el contraalmirante Carlos Castro Madero, si su corazón aguantaba. Sabían que el tipo cargaba ya con 5 by-passes. 1986, creían, sería la fecha de posible entrada en servicio del LPR. En suma, que el contraalmirante necesitaba 4 años para terminar la planta de gestión de residuos líquidos del LPR y negociar la autorización de la RFA (República Federal Alemana) para que nos permitiera reprocesar legalmente el combustible de Atucha I, legalmente de propiedad alemana.

Si esto sucedía (va de mi cosecha, no está en el informe), la RFA exigiría que el reprocesamiento se hiciera “bajo salvaguardias”, es decir vigilancia técnica y contable del destino de cada gramo de plutonio por parte del inspectorado de la OIEA. En tal caso iba a haber más agentes de la CIA en Ezeiza que en su sede de Langley, Virginia, EEUU.

El informe da cifras concretas y correctas: se empezaría con 6 toneladas/año de combustibles gastados de Atucha I. De ese modo, el LPR podría obtener unos 18 kg/ año de plutonio. Era irrelevante que fuera militarmente inútil, porque resultaba diplomática y geopolíticamente peligroso.

Los “spooks” yanquis son profesionales y hay un método en su locura. Se encargaron de liquidar para siempre el desarrollo de nuestra tecnología de “back end”. Ya no podremos fabricar nuestros propios combustibles MOX a partir de desechos nucleares. Tampoco podremos remover de estos los transuránidos de largas vidas medias, y así acortar de 10.000 a 200 o 300 años la resistencia y estanqueidad exigibles a nuestro repositorio geológico “de alta”, cuando lo tengamos.

Es difícil que la historia nos conceda una segunda oportunidad de hacer todo esto por cuenta propia, en instalaciones propias y con tecnología propia. Tendremos que subcontratar reprocesamiento en Europa, como los japoneses. Pagando como duques, como ellos, mal modo de abaratar la electricidad nuclear. Y comiéndonos –como ellos- conflictos con terceros países, por asuntos de rutas marinas y países ribereños justamente cabreros.

La alegre muchachada de Langley en 1982 estaba muy desnortada. No entendía en absoluto cómo funcionaban los cerebros de la CNEA y el de Castro Madero en particular. Delante de sus narices de espías, y sin que pudieran entenderlo, Castro Madero le masticaba la yugular a todo idiota terrestre, naval o nabal que le exigieran la bomba YA, para restañar su pundonor de derrotados sin haber olido pólvora, como decía Borges.

Pero donde le doy razón a los gringos es en esto. Hay que imaginarse al presidente procesista paradigmático del período post-Malvinas, general Reynaldo Bignone, aquel “viejito bueno” hoy con varias condenas a perpetua porque mató más gente que la viruela. ¿Lo recuerda bien?

Ahora trate Ud. de imaginarlo a don Reynaldo en situación de explicarle afablemente por teléfono a al igualmente cortés y ceremonioso presidente de Brasil, general de inteligencia Joao Figueiredo, que el plutonio salido de nuestro LPR nunca sería lo suficientemente puro como para borrar del mapa más que, bueh, quizás una parte ínfima de Sao Paulo, “mais muito pequena, seu geral”. Por sobredetonante.

¿Se iba a tranquilizar mucho Figueiredo?

La CIA supuso con razón que Figueiredo se iba a volver loco. Tenían bien su perfil: era de Inteligencia, es decir un paranoico pago por serlo, como ellos. Inevitablemente, pensaron que Figueiredo reflotaría entonces el rumbo franco hacia la bomba que traían sus antecesores, los generales Ernesto Geisel, y antes de él, Emilio Garrastazú Médici, otro espía, by the way.

Sobre Chile, la CIA y cónclave no especula. En su informe, declara que Pinochet y su generalato se van a poner muy bélicos, aunque admiten que en materia nuclear, así como en casi toda otra industria, Chile es un jardín de infantes con vista al mar. Justamente por ello, no es imposible que tengan alguna reacción incontrolable. Queda sin decir algo obvio, pero lo añado: Chile ya tiene un equipamiento y entrenamiento militar convencionales superiores al argentino y no ha perdido ninguna guerra. Puede provocarla.

En su informe, que en realidad dice más sobre ellos mismos que sobre nosotros, la CIA muestra muy buena información de detalle y una estrategia muy lógica para contrarrestar nuestro (ejem) muy evidente rumbo hacia la bomba.

La llave para impedir que el LPR empiece a trabajar en 1986, dicen, la tiene la RFA. Si ésta se niega a que el combustible de Atucha I se reprocese, chau LPR. Hay que apretar a los alemanes occidentales. No es tan fácil. Pero ya se hizo antes, cuando los nibelungos le vendieron una rara tecnología de enriquecimiento de uranio por toberas al general Ernesto Geisel. No servía para nada. Esa le salió bien a los yanquis.

Si la RFA nos niega el uso de los combustibles gastados de Atucha I, el documento especula con otra fuente posible de plutonio para el LPR. La central CANDU que la CNEA está construyendo, con 4 años de demora, en Embalse, Córdoba. No está en el documento pero añado: el espionaje yanqui confía bastante en la nueva dureza canadiense para impedirnos, llegado el caso, el reprocesamiento de esos combustibles. La diplomacia yanqui hace rato viene estrangulando a Ottawa para que Embalse ni siquiera se pueda terminar.

Efectivamente, ante las dificultades económicas de la obra, los canadienses estuvieron varias veces a punto de patear la mesa e irse. Esa conducta no la habían tenido jamás con otros países del Tercer Mundo, donde los fondos aparecen un día y desaparecen al siguiente, usos y costumbres. Los CANDU son reactores para países pobres, y en ese mercado el vendedor debe mostrar manga ancha y no poca paciencia. No fue el caso con nosotros. Se agravan mis sospechas de que todas las veces que hubo que renegociar con la AECL (Atomic Energy Commission, Limited) la terminación de Embalse, estábamos hablando con un Canadá rehén.

La CIA sabe que Castro Madero conoce su negocio. Si quiere reprocesar BUEN plutonio, lo que puede y sabrá hacer muy bien el contralmirante es diseñar un reactorcito plutonígeno, una “production facility”. Es moco de pavo, para un hombre de semejante formación, reactorista doctorado del Instituto Balseiro, con estudios posteriores en el Vallecitos Nuclear Center de California. Puede hacer obras mucho más complejas que una tosca “production facility”, el contralmirante.

La CIA cree que Castro Madero construirá este reactorcito en algún “culus mundii” de sus grandes desiertos internos, donde no lo encuentre nadie. Un “Manhattancito gaucho”, vamos. Y en cuanto se tenga suficiente plutonio, esta vez del bueno, lo reprocesará en el LPR y hará una bomba bien hecha para una prueba nuclear subterránea “pacífica”.

La CIA delira. No tiene idea del realismo político de Castro Madero, quien termina de destruir su poca salud pulseando contra idiotas con más galones que cerebro, que le exigen la bomba patriótica. Pero la CIA no delira cuando dice que Castro Madero podría tener un plan B sin bombas: construir la planta de propulsión nuclear de un submarino de caza como el HMS Conqueror, el que hundió al crucero ARA Belgrano.

Y efectivamente, Castro Madero habló no poco de ello. Motivos personales, además de geopolíticos y tecnológicos, no le faltaban: su hijo revistaba como oficial en el Belgrano aquel 2 de mayo de 1982, y casi se transforma en la víctima número 324 del hundimiento. Su padre lo dio por muerto hasta que finalmente la Armada logró recuperar las balsas, desapartadas y dispersas por medio Mar Argentino debido a una tempestad.

En muchas cosas la tienen clara, los gringos. Pero de la idea matriz fundante de la CNEA, según la cual la verdadera posición de fuerza no está en tener la bomba sino en tener la capacidad de hacerla, y sin embargo no hacerla, ésa no la entienden. No les cierra. Ven en blanco o en negro, o están obligados a ellos. Y nosotros, ya lo dije en algún posteo anterior, somos más bien una cebra.

Hundimiento del ARA Belgrano el 2 de mayo de 1982, foto sacada desde las balsas. Carlos, el hijo de Castro Madero, entonces Teniente de Corbeta, estaba a bordo de una de ellas.

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3 respuestas a Argentina Nuclear, 2017 – LIX: La C.I.A. mira al Cono Sur, 1982

  1. Miguel dice:

    Como es costumbre: excelente!

  2. elepou dice:

    Ay!!! Excelente. Sabía Acomodín lo del hijo de Castro Madero?

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