Argentina Nuclear, 2017 – LVIII: La mirada de la C.I.A.

Este capítulo de la saga es a la medida de, además de su público habitual de interesados en la ciencia, la tecnología y la geopolítica, de todos los que visitan los sitios de Internet dedicados a las teorías conspirativas (que son muchos). Porque aquí no sólo van a tener la oportunidad de acceder a un informe auténtico de la Agencia sobre nosotros. Encontrarán que los “spooks”, los muchachos de la C.I.A., también son aficionados a las teorías conspirativas.

Eso sí, debo recordarle a Arias, y a los visitantes del blog, que el entrenamiento de los analistas no es para descubrir intenciones, ni evaluar posibilidades. Sino detectar capacidades. Y Argentina en ese momento, 1982, tenía la capacidad técnica -no la política, ni la militar- de producir una “bomba sucia”. De alguna forma, nos sobreestimaban. Hay que tener cuidado con eso.

58. ¿Cómo nos ve la CIA?

¿El Laboratorio de Procesos Radioquímicos argentino podría haber disparado una carrera armamentista regional con Brasil?  La CIA estaba absolutamente segura de eso, en septiembre de 1982. En mi opinión, no había modo. No descarto estar equivocado. Al menos, un poco.

Yo el asunto lo miro desde la ciencia y desde la historia: el plutonio que el contralmirante Eduardo Castro Madero pensaba reprocesar en esa instalación venía “sobrequemado”: su origen serían los elementos combustibles gastados de Atucha I. Tendría fatalmente un exceso del isótopo 240 que lo vuelve hiper-reactivo y prácticamente inútil desde el punto de vista militar.

Eso es algo que los espías yanquis saben de sobra. En 1943 la quimera de querer hacer la bomba con plutonio sobrequemado le hizo perder al proyecto Manhattan el equivalente de U$S 23.000 millones actuales, al cancelarse el desarrollo de la bomba “Thin Man”. El asunto terminó con científicos presos en el penal de Leavenworth, Kansas, y alguno que se voló la tapa de los sesos, para no ser acusado de traición o sabotaje. En realidad, los tipos simplemente se habían equivocado en los cálculos, en una época en la cual la física del plutonio era un tema de frontera, del cual no se sabía nada. Con ese tema creo haber aburrido de sobra a los lectores.

Pero como a veces observa Abel, mirar desde la ciencia y la historia me privan de una visión más política y geopolítica, que a la CIA le sobra.

Hay un informe de “La Agencia” redactado en 1982, trascartón de nuestra derrota de Malvinas. Además de la CIA intervienen todos los servicios de inteligencia de las fuerzas armadas y del gobierno federal de los EEUU. Este “paper” se hizo de dominio público “ma non troppo” recién en 2005. Hoy  puede googlearlo cualquier Johnny Batesman (Juan de los Palotes), tachado –eso sí- en sus 2/3 partes. Aún con mutilaciones, es imperdible. Véanlo:

ARGENTINA´S NUCLEAR POLICIES IN LIGHT OF THE FALKLANDS DEFEAT

¿Ya lo leyó? Desde que en 1985 empecé a investigar el Programa Nuclear Argentino, siempre me sorprendí de que quienes inventaron las armas nucleares, los EEUU, estuvieran tan preocupados por nuestro LPR, una plantita de miércoles por su tamaño, y cuya producción sería militarmente inútil.  Ahora entiendo mejor cómo se baila la cumbiamba, al decir de García Márquez.

Pensé siempre que era una estupidez de ecologistas VIP lo de confundir plutonio sacado de una central nucleoeléctrica (sobrequemado sí o sí) con su equivalente “grado bomba” (con una pureza de isótopo 239 de entre el 93 y el 97%).

Los Eco Vip normalmente no diferencian un tornillo de una tuerca y de biología, ni noción, pero tienen plata. En 1988 estaban alarmando a la población metropolitana con videos y posters que mostraban explosiones de bombas atómicas: pronosticaban que ése era el destino inevitable del LPR, ubicado en el Centro Atómico Ezeiza. Cooptaron a una hasta entonces políticamente inocua obra social médica (FEMEBA) para su campaña, asunto que coincidió en tiempo y espacio con la visita a nuestro país de un tal Dr. David Albright, figurón de un “think tank” antiproliferación cuyas siglas son ISIS (no joke). No es improbable que don David haya sido el estratega y valijero de aquella olvidada opereta de medios.

¿Pero puede comerse así su propio “bullshit” un cónclave de post-docs en física atómica, politólogos, historiadores, economistas, sociólogos y militares de alto rango? ¿Y los analistas de la agencia que le baja línea al presidente del país más poderoso de la tierra?

Sí pueden, pero ahora que alcancé a leerlos me resulta evidente que la tortuga se me escapó a mí, no a ellos.

En 1982 a la agencia le importaba tres cominos si reciclábamos plutonio para nuestras centrales o para armas. No querían que recicláramos plutonio, punto. Reprocesamiento cero en la región y en el mundo, y se acabó. Eso querían. Y quieren.

Y siguen queriendo, como muestra aquel olvidado conato de enfrentamiento a cañonazos en 1995, entre la Armada Chilena y un buque de la empresa estatal británica nuclear (BNFL) contratado por el programa nuclear japonés para transportar residuos radioactivos. Los yanquis tienen una ley contra el reprocesamiento, de 1977, y se sabe que tienen la manía de aplicar algunas de sus leyes extraterritorialmente. Y aunque la Unión Europea, Rusia, China y la India les hacen pito catalán, en el caso de Japón todavía se salen con la suya. Dejarán de hacerlo cuando Japón inaugure por fin, si lo hace, la planta de Rokkasho Mura, que viene con más demoras que la línea Sarmiento.

En 1982, la CIA estaba francamente convencida que nuestros militares, ganosos de recauchutar su prestigio social y regional, destruidos tras la derrota de Malvinas, tratarían de recuperar protagonismo e imagen. Lo harían detonando bajo tierra alguna “bomba pacífica”, al estilo de la India en 1974. No importaba si el plutonio era bueno o falopa, o si la bomba hacía PUM o FSSS. Lo que preveían es que como respuesta regional inmediata, detrás del arma nuclear argentina vendría otra brasileña.

Anticipaban también que el bien armado generalato chileno se pondría loco. Y suponían reacciones adversas en cadena en toda América Latina, especialmente en Perú y Venezuela. Los países con más poder de la región adoptarían un rumbo armamentista irrefrenable, atómico en el caso de Brasil.

La imaginación estratégica de la CIA impresiona. Demasiadas lecturas de Tom Clancy, tal vez, y poca historia. ¿Perú se nos iba a parar de manos? ¿Justamente Perú, que en 1977 nos había comprado su primer reactor nuclear a nosotros? ¿Y que tenía tan buen “rapport” con la Argentina que en 1982 nos asistió durante la Guerra de Malvinas, cediéndonos secretamente 10 de sus interceptores Mirage 3C?

Los analistas del espionaje yanqui abundan en datos reales. Eso sí, arman el rompecabezas de modos raros. Continuará.

Los Mirage 3C que los peruanos le cedieron secretamente a la Fuerza Aérea Argentina durante la Guerra de Malvinas, para tener intercepción cercana en la frontera chilena. Por si las moscas.

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4 respuestas a Argentina Nuclear, 2017 – LVIII: La mirada de la C.I.A.

  1. Ariel dice:

    Un detalle: los Mirages peruanos fueron M-5P, no IIIC.
    Saludos.

  2. […] militar fuera derrotado en la guerra del Atlántico Sur. Y desclasificado hace pocos años. En la primera parte, el capítulo LVIII, Daniel Arias analiza el informe. En ésta, se lo enfoca desde la […]

  3. […] después que de la derrota en la guerra del Atlántico Sur. Y desclasificado hace pocos años. En la primera parte, Daniel Arias analiza el informe. En la segunda, el contexto regional. Aquí, empieza a explorar […]

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