Otra mirada sobre la Presidencia Macri

macri en españa

Tal vez notaron que en las últimas semanas di más espacio en el blog a reflexiones políticas sobre este gobierno. Después de todo, el (los) conjunto(s) de los que lo apoyan y se identifican con él es una de los dos opciones políticas más importantes para la Argentina. El otro, por supuesto es el de los que apoyan y se identifican con el peronismo. Ambos, muy distintos entre sí, comparten algo, me parece: es muy difícil definirlos. Porque se están haciendo / deshaciendo ahora. Eso es válido aún para el peronismo, con sus siete décadas de (intensa) historia. El PRO, la alianza Cambiemos que hegemoniza… nadie puede decir como serán dentro de tres años, o si existirán.

Las otras dos opciones -en el orden de la 1° vuelta de octubre ’15, son el Frente Renovador y el FIT. También muy diferentes entre sí, pero sus naturalezas parecen más definidas (No necesariamente sus destinos).

Como sea, siento que los análisis que uno lee en los medios y en la bloguería politizada -incluyendo el blog de Abel- son bastante convencionales. No quiere decir que algunos no sean correctos. Pero estuve buscando nuevas miradas.

Empiezo con ésta que me recomendó un amigo (tengo otra ya separada). Es una nota de Alejandro Sehtman, en la revista Panamá (siempre inconvencional). Es duro con Macri, pero desde un enfoque muy distinto del marxismo diluido que predomina en los análisis sociológicos o económicos, o el de la lucha política que es el que yo habitualmente uso.

EL PRESIDENTE QUE NO ES

Quizás con la única excepción de su discurso en la apertura de sesiones ordinarias de este año el Presidente Macri ha intentado por todos los medios posibles construirse como un antipresidente. Es cierto que buena parte de ese intento está vinculado al objetivo de diferenciarse de Cristina Kirchner. Pero no es menos cierto que responde a una concepción del propio Macri sobre el rol presidencial más ligado a un Jefe de Estado que a un Jefe de Gobierno. Como botón de muestra vale la relevancia dada a las visitas a dos de las principales monarquías europeas, en las cuales los dos roles están desdoblados.

Si a principios del mandato se mencionaba insistentemente que la subdivisión de los ministerios respondía al deseo de que nadie le hiciera sombra al Presidente desde alguna cartera clave, hoy podría decirse que el gabinete fragmentado es sólo una prolongación del proyecto antipresidencial. Una vez renunciado Prat-Gay el Gabinete alcanzó una grisura sin precedentes: salvo por Marcos Peña y Rogelio Frigerio (y Patricia Bullrich, cuya fama precedía esta gestión) los ministros podrían caminar por la peatonal Florida sin ser reconocidos. La aproximación gerencial a la gestión pública puede no haber dado sus frutos en términos de performance pero sí ha logrado quitarle a los ministros cualquier pátina política.

Podría afirmarse que el antipresidencialismo de Macri es una cuestión de estilo, una petición de principio no ya frente a su predecesora sino frente a la más amplia tradición de lo que la ciencia política ha calificado como hiperpresidencialismo o más simple como presidentes dominantes. El propio gobierno ha alegado en su defensa su propia capacidad para reconsiderar y, eventualmente, desandar decisiones ejecutivas. Sin embargo lo que va configurándose, y ya a esta altura importa poco si es una consecuencia indeseada de ese “estilo”, es una práctica de antigobierno.

Orden – contraorden – desorden, la secuencia que Napoleón indicaba como la receta perfecta para perder una batalla, parece haberse convertido en el recorrido obligado de esta presidencia. La sorpresa con la que el Presidente recibió el rechazo al acuerdo de su gobierno con “su” Correo es un buen ejemplo del iter de sus decisiones. En resumen: no se trata de un “gobierno débil” ni de una administración que quiere “gobernar menos”, como recomendaría el credo liberal. Se trata de una administración que desgobierna los asuntos en los que “se mete”, multiplicando los problemas y creando nuevos allí donde no los había.

Mientras las elecciones legislativas van tomando forma en el horizonte político, el gobierno nacional muestra cada vez más signos de agotamiento. El ímpetu inicial con el que eliminó el cepo cambiario y buena parte de las retenciones a las exportaciones de materias primas minerales y agrícolas se diluyó ante la falta de reacción de la actividad económica y la persistencia de la inflación. Pero si hay algo peor que una presidencia sin resultados elocuentes para mostrar es una presidencia sin ideas para salir del pantano.

El rendimiento electoral del frente Cambiemos no será proporcional a su rendimiento en términos de políticas públicas. En política no se trata tanto de qué se hace sino de quién lo hace (como demostró claramente el entonces candidato Macri cuando se postuló como garante de la continuidad de distintas políticas del gobierno anterior). La idea de que la única alternativa a Macri es el liderazgo de Cristina Kirchner no mengua porque a Macri le vaya peor de lo que incluso sus menos enfáticos votantes hayan imaginado: cuanto peor le va al gobierno más sube en su propia agenda la bala de plata del anticristinismo. En última instancia podría decirse que lo que mejor le salió a Macri es ganarle al tándem Cristina-Scioli.

Más allá de un posible revival del duelo Cristina vs. Macri, las elecciones 2017 no despiertan la libido del gobierno. Para cualquier funcionario del PRO ser cabeza de lista sería más un castigo que una oportunidad de entrar al plano electoral. La única con verdadera sed de votos es la arendtiana Elisa Carrió. No es de extrañar que el Presidente y sus ministros tomen distancia de la discusión sobre la distribución de la representación política que se abre con el año electoral. Las declaraciones de la Vicepresidenta respecto a la necesidad de “evitar la elección de medio término por lo menos por un tiempo para gestionar sin estar compitiendo” son muy elocuentes al respecto: cuando pasa por debajo de un tren, el deseo que pide el gobierno no es ganar las elecciones, es que no haya elecciones.

Sorprendentemente, el desapego oficialista a la instancia electoral no parece estar vinculado a un deseo de aplicar políticas antipopulares sin pagar su costo político. Mucha agua ha corrido desde que el Ministro de la Verdad, José Aranguren, tuviera algún tipo de preponderancia. Cuando hasta para el primer quintil era comprensible que la electricidad de un mes no podía costar menos que un atado de Particulares la decisión fue triturada por las idas y vueltas en su aplicación. Al igual que Cristina Kirchner con la “sintonía fina”, a Mauricio Macri las ganas de “contener el gasto” le duraron poco.

Podría decirse que, al igual que el de la Alianza, este gobierno representa demasiado. Quizás, una vez dentro de Balcarce 50, Macri haya comprendido que el electorado que lo había llevado hasta ahí (el electorado de la segunda vuelta) no deseaba tanto controlar la inflación y el gasto como “sacarse de encima a Cristina”. Así las cosas, las inversiones que no llovieron de las nubes privadas llovieron desde la nube pública: el aumento sostenido del gasto (sobre todo en obra pública y protección social) y una campaña publicitaria que perfectamente podría llevar la firma del gobierno anterior son testimonios irrefutables de que el gobierno no está haciendo tanto “lo que hay que hacer” sino lo único que puede hacerse cuando no hay nuevas ideas.

Si el aumento del gasto público sostenido por la deuda puede entenderse como forma de contención al daño social provocado por la recesión con inflación ¿cómo entender la falta de iniciativa en el terreno de la “calidad institucional”? Carlos Pagni recuerda insistentemente desde sus columnas la persistencia, e incluso la expansión del sottogoverno. Elisa Carrió, la verdadera autora intelectual del frente Cambiemos, lo denuncia con nombre y apellido. El Presidente no parece tenerlo entre sus prioridades. Ni siquiera la tan anunciada Boleta Única Electrónica pudo hacerse realidad al haber sido presentada con la misma liviandad que el acuerdo por el Correo o las rutas a una empresa con el traspaso de acciones todavía tibio.

El protagonista de una imaginaria remake argentina de la alemana Goodbye Lenin ambientada entre este gobierno y el anterior encontraría como único cambio inmediatamente perceptible el deterioro social producido por la recesión económica: no hay ni “Forever 21” ni “Apple Store” que pongan el liberalismo al alcance no ya de todos sino al menos de algunos más que las pocas grandes empresas beneficiadas por el gobierno. En resumen, un liberalismo sin Doña Rosa. No hace falta tener conocimientos avanzados de medicina para comprender los riesgos de un gobierno que asumió poniéndose los guantes para una cirugía mayor sin anestesia y terminó aplicando anestesia mayor sin cirugía.

La convocatoria de la movilización del 1ro de abril fue impresionante. Pero más que una “Plaza del sí” a un proyecto presidencial fue la asamblea a cielo abierto de un sector dispuesto a hacer política por mano propia precisamente porque ese proyecto no existe. El mensaje del Presidente en chomba, más allá del juego de espejos que produjo su referencia gastronómica, ratifica su voluntad de ser un par inter pares a toda costa. El historiador Alejandro Galliano se preguntó el sábado si era “una marcha oficialista o una marcha opositora a un gobierno que ya no existe”. Tal vez haya sido, de un modo más complejo, una movilización oficialista de un gobierno que (¿todavía?) no existe.

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7 Responses to Otra mirada sobre la Presidencia Macri

  1. Silenoz dice:

    Lo que pasa es que estos análisis de raigambre marxista tienen lados flacos…. el primero es que, a diferencia de los cacerolos del 1A, siguen en su lucha contra dos demonios que según ellos, son idénticos. La frase reconvertida de Galiano para ellos sería algo así como opositores al gobierno actual y además y también “al gobierno que yo no existe”

    El tilingo aparece citado 10 veces, cifra que más allá de su importancia relativa, acuerda con el contenido de la nota ya que de él se está hablando, pero me hace ruido que en la misma nota, “Cristina” aparezca 6 veces(¿¿¿????)

    El tufo de fondo a “sontodolomismo” parece ser la única consigna confundiendo hechos similares pero con resultados distintos: los déficits de Cristina no produjeron resultados similares que el déficit del tilingaje.

    Es más, la para algunos frustrada “sintonía fina” (como si la misma fuera una decisión redentora, imperiosa, vital y necesaria) de hecho se produjo (aka al gasto público se contrajo durante ese año), dando como resultado un caída del producto, no tan profunda como la actual, eso sí

    Mientras que el déficit del tilingaje fue consecuencia de la caída de la recaudación -como es lógico y usual en un mercado interno en recesión (producto de la devaluación, tarifazos, + desempleo y apertura importadora)- + jubileos a los patriotas

    A ver si queda claro (para los papanatas ofos anche algún opo): el resultado fiscal no indica nada, se puede crecer o “descrecer” con déficits (comparar crecimiento 2015 vs ’16)

    Ni que hablar las diferencias siderales en cuanto al tratamiento y consideración que el gobierno anterior dispensó a los trabajadores e inclusive a las empresas (los repros) con respecto a estas bestias. Y aunque les duela a los que todavía me tiene que probar que los salarios en la década depredada iban por la escalera y los precios por el ascensor (si a vo’ te digo… no te haga’ el bolo’ ehhh….. ja ja), los salarios REALES crecieron básicamente por el fortalecimientos de las “instituciones” paritarias y SMVM + poder de negociación de los cumpas

    Consecuentemente, no es que este gobierno ”no está haciendo tanto “lo que hay que hacer” sino lo único que puede hacerse cuando no hay nuevas ideas.” recurriendo así a lo que hacia el anterior según deja entender este autor “marxista”.

    No habrá un plan de gobierno que busque el desarrollo y bienestar general, pero sí un plan de negocios corporativos con objetivos claros. Y uno de estos es aumentar la participación de los schumpeterianos en la plusvalía don Sethman, vía un juego de doble pinzas: precios (con la devaluación y tarifazos) por un lado, y disciplinamiento a los trabajadores por el otro.

    Existe un núcleo de CEOfascistas que tiene bien claro las consecuencias de las políticas que implementa, aunque sí creo que tiene un número muy grande de “bilivers” con un romanticismo desenfrenado por el libre cambio-mercado que los hace navegar entre la pena y la ternura

  2. Daniel Eduardo Arias dice:

    Dos fuerzas exhaustas: un peronismo por ahora sin ideas desgastado por haber gobernado 12 años, y un macrismo que jamás tuvo ninguna YA liquidado por 15 meses sin lograr gobernar. Nadie que se salga de la vaina por candidatear en una u otra trinchera.

    Sehtman explica bien, sin proponérselo, la inminente dilución de Massa en el anonimato: su nada no logra diferenciarse de la nada del gobierno.

    Por défault de todo lo existente, pronostico gran barrida del FIT.

    • Norberto dice:

      Decir que el pejotismo y el peornismo no tienen ideas, es algo que no se puede rebatir, no han mostrado ninguna que no sea o adhesión ciega a las políticas instrumentadas por el Gobierno Nacional y dictadas por los organismos internacionales de siempre, o la anomia y falta total de las mismas en cuanto de ellos dependen, fuera de sus pretendidas declaraciones renovadoras que mas bien parecen las de la pizza con champan que algo nuevo.
      Es extraño que su aspiración Daniel no coincida con los relevamientos de las distintas consultoras, que le dan muy baja, normalmente muy baja, intención de voto a las agrupaciones de la izquierda que se referencian en don León, que solo defienden a los suyos como hoy lo demuestran en el INDEM, donde ya no es solamente el silencio cómplice de la mentira estadística, sino ademas el callar ante ante una de las tantas purgas ideológicas de esta estudiantina siniestra que pulula alrededor del sillón de Balcarce.
      En cuanto a los desilusionados del Cambio, entre los que deberán contabilizar gran número de los mayores de sesenta que hasta hoy componen su base electoral y que sentirán que significa pobreza energética el próximo invierno, no espere otra cosa que el “que se vayan todos” y sus secuelas de abstención, voto en blanco y no voto.
      Sin embargo quien ha votado K, gran parte sabe que es un “camino que se hace al andar” y está dispuesto a volver a caminarlo, y es posible que estos tiempos que vienen, que no serán gratos, vuelque a quienes creyeron las falsas promesas, a intentar otra vez lo que conocieron como un exitoso balance, a pesar de todos los problemas y errores que las circunstancias internas y externas provocaron.
      Nunca menos y abrazos

  3. Carlos G. dice:

    Empezando por el final, tengo la clara impresiòn de que la marcha del sàbado fue claramente opositora… a Cristina (que, como sabemos, no gobierna desde el 9/12/15).
    No deja de sorprenderme que se mencione el proceso de inflaciòn+recesiòn como si fuera un proceso devenido del accionar de la impredecible providencia, y no de las decisiones polìticas tomadas explìcitamente por el actual gobierno desde el mismo dia de su asunciòn.
    Presentar como un error del gobierno el fracaso de la aprobaciòn del sistema de voto electrónico cuando es màs que evidente que el error fue haberlo intentado cuando hay tantos ejemplos de paises del 1er mundo que lo han descartado y tantos especialistas en sistemas que explicaron claramente las falencias en seguridad del voto electrónico, no parece muy acertado.
    Desfilan en la nota como circunstancias que debieron haber sido “mejor presentadas”, el “arreglo” con el correo, la adjudicaciòn de rutas a Avianca, los tarifazos, el desenfrenado endeudamiento, pero hay algo en lo que coincido: “… este gobierno representa demasiado”

  4. Capitán Yáñez dice:

    La trayectoria política de Don Gato tiene un llamativo parecido con la de Collor de Melo. Presidencia incluida, por supuesto.

  5. Gabino dice:

    Yo pronostico aluvión de renovadores al peronismo y paliza en PBA .

    “El protagonista de una imaginaria remake argentina de la alemana Goodbye Lenin ambientada entre este gobierno y el anterior encontraría como único cambio inmediatamente perceptible el deterioro social producido por la recesión económica”

    Ponele que sea cierto, ¿es poco?

  6. […] un posteo anterior dí algunas razones para subir al blog reflexiones políticas -en ese caso de Sehtman- sobre este […]

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