La Guerra en la que no entramos, hace 100 años

monte protegido

Esta nota de mi amigo Fernando Del Corro, periodista e historiador, no tiene nada que ver con la política actual. La subo porque es un vistazo interesante a una Argentina y a un mundo distintos, como recreo de nuestras internas.

(Eso sí, no me privo de señalar que nos muestra que la neutralidad puede ser un buen negocio para un país que no es una Gran Potencia, pero sí un proveedor importante. También para sus clientes ¿no es así, Sr. Xi?

Hace 100 años el comercio con Gran Bretaña evitó que la Argentina entrase en la I Guerra después que un submarino alemán hundiese al mercante “Monte Protegido”

Por Fernando Del Corro

El 4 de abril de 1917, hace exactamente un siglo, en plena Gran Guerra, luego rebautizada como Primera Guerra Mundial, un submarino alemán hundió al barco mercante argentino “Monte Protegido” frente a las Islas Sorlingas,a unos 45 kilómetros de la isla de Gran Bretaña, cuando se encaminaba hacia Rotterdam cargado de lino a ser manufacturado por la industria de los Países Bajos.

La bandera argentina flameaba en los mástiles de la nave que contaba con tripulación noruega y por tanto también neutral, cuando el submarino alemán apeló a sus torpedos en razón de lo que el gobierno alemán había decidido frente a la política adoptada dos meses antes por las autoridades del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte de atacar el comercio de las empresas de su principal enemigo en la guerra.

Apenas dos días antes, el 2 de abril, los Estados Unidos de América habían entrado en la guerra como respuesta al hundimiento por parte de los alemanes, dos años atrás, del barco mercante “Lusitania” a pesar de que el 4 de agosto de 1916 el presidente Thomas Woodrow Wilson todavía se había manifestado partidario de la neutralidad. Como el 5 de agosto de 1914 lo había hecho el presidente argentino Victorino de la Plaza, ratificada luego el 12 de octubre de 1916 por Hipólito Yrigoyen.

El hundimiento del “Monte Protegido” generó una fuerte reacción en la sociedad política argentina, de los partidarios de sumarse a la guerra del lado de Gran Bretaña, Francia, Rusia, Italia, Bélgica y demás aliados. Dio lugar a grandes manifestaciones durante los días 14 y 15 de abril impulsadas por el Comité de la Juventud Pro Ruptura, y el 22 otra liderada por el socialista Alfredo Palacios, Francisco Barroetaveña y Ricardo Rojas, entre otros.

El hecho también sirvió, como lo destaca el historiador Osvaldo Vergara Bertiche en su libro “Homero Manzi. Poesía y militancia en tiempo de tango”, para que se diese a conocer, con su primer trabajo, el tango “Monte Protegido”, presentado en el Círculo de Obreros, el que pronto se convirtiese en uno de los grandes compositores populares argentinos, Francisco Nicolás Pracánico.

Las cosas no terminaron allí y el sector más aliadófilo en el Congreso de la Nación quiso avanzar hacia una ruptura de relaciones y eventual declaración de guerra a Alemania. Eso motivó importantes debates.

El diputado demócrata progresista Francisco E. Correa, de la Provincia de Santa Fe, se manifestó claramente partidario de romper las relaciones con Alemania y sumarse a los aliados. Durante su exposición, reproducida en su libro “Democracia, liberalismo … cosas viejas”, hizo hincapié en la postura adoptada, frente a un hecho similar por los EUA, destacando además, que la neutralidad podía tener sentido frente a una igual postura por el gobierno de Wilson, pero que ya no lo era a partir del 2 de abril, cuando éste se sumó a la guerra contra Alemania, el Imperio Austro-Húngaro, el Imperio Otomano y Bulgaria.

Esa postura, apoyada por las comunidades italiana y francesa en la Argentina que llegaron a saquear diarios y empresas alemanas, no contó con el respaldo de los sectores que mantenían un fuerte comercio con Gran Bretaña. Finalmente, el gobierno de Yrigoyen el 22 de abril realizó un enérgico reclamo al gobierno alemán, que el 28 de abril respondió excusándose en términos conciliadores, y prometiendo una reparación económica y un desagravio al pabellón argentino.

El argumento central de los partidarios de la neutralidad, apoyados desde Londres, consistió en que la Argentina era un gran proveedor de alimentos e insumos industriales para Gran Bretaña, cuyo mantenimiento era fundamental para ambos países, sobre todo después de que la Argentina, en base a ese comercio, había comenzado a recuperarse de la crisis que la afectaba desde 1913.

Los partidarios de la neutralidad, entre los que se contaban los diarios “La Nación” y “La Prensa”, sostenían que involucrarse en la guerra, iba a impedir continuar con ese comercio ya que los submarinos alemanas lo impedirían.

Cabe señalar que un año y medio antes, el 29 de noviembre de 1915, el buque RMS Orama, de la marina de Gran Bretaña, en una actitud contraria a los intereses de su propio gobierno, capturó un barco mercante argentino, el “Presidente Mitre”, mientras éste realizaba un viaje de cabotaje por el Atlántico Sur con destino al puerto de San Antonio, lo que dio lugar a un importante incidente entre ambos países hasta que se obtuvo la devolución del mismo y de su cargamento el 20 de enero de 1916.

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19 Responses to La Guerra en la que no entramos, hace 100 años

  1. Rogelio dice:

    Estimado Abel:

    Lo felicito a Fernando Del Corro por su trabajo.
    Y a vos por haber decidido publicarlo en un posteo.

    Me parece que incorpora la valiosa dimensión del largo plazo y la percepción práctica del valor de lo estratégico en lo que han tenido intervencíón los distintos factores del “bloque histórico” sobre el cual existimos los argentinos como nación soberana.

    Además, nos rescata a todos del sainete prefabricado del que cada día intentamos liberarnos.

    Felicitaciones !!!

  2. José Mercado dice:

    “… el 29 de noviembre de 1915, el buque RMS Orama, de la marina de Gran Bretaña, …” -> RMS significa Royal Mail Ship o sea que era un paquebote. Si en la Primera Guerra prestó servicio en la Royal Navy ha debido hacerlo como mercante o transporte armado. Por el poster que se ve en este video cubría las líneas hacia el Lejano Oriente. https://www.youtube.com/watch?v=Z6jaLbgKFps

  3. Daniel Eduardo Arias dice:

    Dado que este tema que propone Abel nos agarra en medio de un megaconflicto docente que oculta un debate educativo, aprovecho y digo:

    Es probable que en este foro más de uno no haya advertido que la escuela pública argentina tal como la fundaron Sarmiento y Roca, patriotera y prusiana y todo, a partir de 1917 sirvió para impedir que nuestro país fuera arrastrado a la primera guerra de tamaño global.

    Como eficaz solvente y mezclador de identidades nacionales europeas, y fabricante a la fuerza de identidad argentina, sospecho que nuestra escuela pública no decidió linealmente la neutralidad argentina, pero la ayudó no poco. Le dio un sustrato cultural. Por decirlo de otro modo, ganó la batalla a favor del no meterse al pedo en trifulcas ajenas, es decir del “yo, argentino”.

    Como observa Abel, los grandes intentos de arrastrarnos a la Gran Guerra sucedieron durante los gobiernos del conservador Victorino de la Plaza y luego del radical Hipólito Yrigoyen. Divididos por casi todo su ideario, ambos mandatarios coincidieron en ser neutralistas duros y puros, y soportar lo que fuera por ello.

    Y ahí va el chivo en favor de la escuela pública. Sin una eficaz “fábrica de argentinitos” que ya llevaba 30 años produciendo compatriotas a todo vapor, las fuerzas que nos llevaban a tomar partido por los Aliados habrían tenido poco contrapeso demográfico.

    Europa había sido una gran expulsora de población durante todo el siglo XIX. En la siempre receptiva Argentina, eso construyó comunidades extranjeras cuya suma superó décadas enteras a la población NIC, o “nacida y criada”, con una mayoría abrumadora de italianos, españoles en 2da minoría, e ingleses y franceses en 3er y 5to puestos lejanos.

    De todos esos orígenes, España fue el único no beligerante. El resto, todos Aliados sin excepción. Pero el corte lo ponía la escolaridad: los jóvenes criollos NIC en edad militar eran y se sentían argentinos, y sus hijos ya eran argentinos de 2da generación. Podían tener simpatías por los Aliados, pero no comían vidrio.

    Los Aliados coaxionaban a sus compatriotas residentes en Argentina a enrolarse: los ferrocarriles ingleses y franceses, así como los hospitales comunitarios Británico, Francés e Italiano y las bancas correspondientes, cesanteaban al personal en edad militar que no acudiera al combate “por la patria”.

    Y no sin resultados: escribe Hernán Otero, historiador del Centre Nacional de la Recherche Scientifique (ver cita en “Ciencia Hoy”, agosto de 2014):

    “Se estima que unos 4800 combatientes fueron de la Argentina a pelear en el ejército británico durante la Gran Guerra, lo mismo que unos 5800 lo hicieron en el ejército francés y unos 32.400 en el italiano. Algunos eran ciudadanos del país que fueron a defender; otros, sus hijos, y los había que no eran ninguna de ambas cosas. Algunos se enrolaron de forma voluntaria y otros fueron reclutados”.

    Otero no tiene datos sobre alemanes que volvieran a Europa desde Argentina para pelear por el Káiser: los hubo, pero era difícil llegar a puerto: Inglaterra tuvo a Alemania bajo bloqueo naval toda la Primera Guerra. El único intento fuerte de la Kaiserliche Marine de salir al Atlántico se quebró con la batalla de Jutland, en la que los ingleses perdieron más acorazados, pero los alemanes se volvieron a puerto y desistieron de volver a pelear por los grandes océanos. Ya antes, en Malvinas, habían perdido toda su Flota del Pacífico mientras intentaba justamente eso, volver a refugiarse en los puertos alemanes.

    Lo cierto es que en 1914 ya muchos nuevos compatriotas salidos de la escuela sarmientina (y prusiana), más allá de su apellido, eran argentinos, bailaban tango y preferían ver la masacre europea “desde el balcón”, leyendo las noticias en La Prensa, La Nación o Crítica, y comentando: “Che, qué barbaridá, los gringos, cómo se sacuden…”.

    Cuando simpatizaban con Francia, como Carlitos Gardel, cuya prosapia venía de allí, podían cantar tangos de letra compasivamente aliadófila, como “Silencio en la noche”, del brasileño Le Pera:

    Los compatriotas veinte y treintañeros que canturreaban este gotán lacrimógeno eran argentinos último modelo. En las trincheras del Somme o de Caporetto, no sólo habrían sido carne de cañón, sino también sapos de otro pozo. “Yo, argentino”, cliché del siglo anterior para atestiguar prosapia nativa vieja, en aquella nueva época significó: “No me meto en grescas de otros”.

    “Conservas” y “radichas” que se detestaban entre sí, fueron unánimes para mantener la neutralidad argentina a contramano de las presiones europeas, e incluso de alas internas dentro de sus partidos. Cuando en 1917 los EEUU entraron en la Primera Guerra, el embajador Stimson se sumó a quienes querían meter a Yrigoyen a empellones en las trincheras de Francia, y lo apoyaron aliadófilos argentinos, tipos de gran renombre y buenas intenciones, que se veían a sí mismos como “el bando de la democracia”.

    Por supuesto, había que cerrar los ojos a lo que estas democracias con o sin rey hacían en sus colonias: el rey Leopoldo de Bélgica llevaba 10 millones de africanos centrales muertos como esclavos en su “Estado Libre del Congo”.

    La reina Victoria, a través de su administrador, el maltusiano Sir Charles Trevelyan, había liquidado de inanición a 1 millón de irlandeses (una cuarta parte de la población) entre 1840 y 1859. Trevelyan se limitó a fijar altísimo el precio del trigo inglés mientras la roya de la papa destruía la fuente alimentaria básica de los irlandeses pobres, “holgazanes” según Trevelyan a los que había que reducir “de excesos poblacionales”.

    No quieras ver los muertos de Madame La République. Entrar en Argelia nomás dejó 600.000 árabes y magrebíes muertos en el siglo XIX. De Indochina no se tienen cifras: las de la ocupación por fuerza de Tonkin, Laos, Annam, Camboya y Cochinchina no pudieron ser bajas: en el siglo XIX, la densidad demográfica del Sudeste Asiático decuplicaba la del Maghreb, y sus estados-nación eran mucho más organizados, incluso militarmente.

    No es que lo alemanes fueran grandes demócratas, en casa o fuera de ella. No mataron tanta gente como los Aliados porque llegaron tarde el reparto de colonias, injusticia que trataron de corregir con la 1ra Guerra. Hasta entonces, se contentaban con colonias de cuarta, como Namibia, donde el teniente general Lothar von Trotha, a órdenes del Kaiser Wilhelm II, exterminó al 90% de las etnias Herero y Nama.

    Con la oposición, eso sí, del canciller Bernhard von Bülow, que quería a los nativos como esclavos y salvó para ese destino –y para experimentos médicos- a algunos miles en campos de concentración muy parecidos a los que en la 2da Guerra se destinó a judíos, gitanos, eslavos y enemigos políticos. En 1914 sólo quedaban vivos algunos Herero escapados a Sudáfrica, del fuego a la sartén.

    La Argentina llegó a 1914 con su propia cuota muy completa de genocidios de población aborigen. Lo que es “por motivos humanitarios”, no estábamos moralmente calificados, y ciertamente tampoco moralmente obligados a apoyar a ningún bando en aquella guerra. Era pura cosa de superpotencias repartiéndose el mundo a cañonazos. Hablar de la superioridad moral inherente a tal o cual imperialismo europeos occidental desde esta lejana semicolonia inglesa ha sido siempre el lujo cultural de algunos argentinos europeístas.

    En caso de buscar excusas más serias para alinear a la Argentina contra Alemania, en 1917 ya había más de un “casus belli” atendible, si Yrigoyen no conservaba la sangre fría.

    En su intento desesperado de pagarle a Su Majestad con la misma medicina naval (el bloqueo total de materias primas), Alemania, ya en pleno caos alimentario, construyó de apuro 100 submarinos y los botó en el Atlántico Norte con la consigna de hundir 500.000 toneladas de barcos por mes. El cálculo de la Käiserliche Marine era que a ese ritmo de hundimientos, Inglaterra sucumbía de hambre en 6 meses. Casi se logró.

    Sucedió entonces que barcos con bandera y tripulación argentinas, hasta entonces respetados, por primera vez fueron blanco de guerra entre terceros. En 1917, el Monte Protegido, el Oriana, el Toro y el Ministro Yriondo fueron torpedeados por submarinos alemanes en el Atlántico Norte, y murió parva de marineros criollos.

    Aunque le hurtáramos el bulto, la guerra venía hacia nosotros. La historiadora María Inés Tato, del Instituto Ravignani (UBA-CONICET), añade en el mismo número de Ciencia Hoy, conmemorativo del Centenario de la Primera Guerra:

    “Se realizaron manifestaciones masivas, que en algunos casos superaron ampliamente las sesenta mil personas, organizadas por una multiplicidad de asociaciones”.

    Juntar tanta bronca contra el lejano Káiser Wilhelm en una ciudad de sólo 1,6 millones de habitantes no era pavada.
    Tato muestra un panorama político familiar y lejano a la vez:

    “La mayoría de los partidarios del mantenimiento de la neutralidad tendieron a confluir en una entidad de alcance nacional que buscó articular las actividades de ese sector de la opinión pública: la Liga Patriótica Argentina Pro Neutralidad. Entre las figuras más destacadas que la encabezaron puede mencionarse a José M. Penna, Ernesto Quesada, Gregorio Aráoz Alfaro, Alfredo Colmo, Juan P Ramos, Calixto Oyuela, Dardo Corvalán Mendilaharzu, Belisario Roldán, José Monner Sans y Coriolano Alberini. Los defensores de la ruptura de relaciones diplomáticas con Alemania se encolumnaron detrás del Comité Nacional de la Juventud. Entre sus principales dirigentes se contaron Ricardo Güiraldes, Ramón Columba, Alfonso de Laferrère, Alberto Gerchunoff, Ricardo Rojas, Leopoldo Lugones y Alfredo Palacios”.

    Es interesante que ninguno de los animosos nombrados se enrolara por su cuenta con el imperio aliado de su preferencia: preferían, magnánimos, poner a miles de sus jóvenes compatriotas ante las ametralladoras alemanas. Fuera de ello, entiendo y comparto la visión de muchos críticos del “prusianismo” de nuestra escuela pública. Sin cuestionar su eficacia como sistema alfabetizador y de instrucción de aritmética, la escuela argentina, a fuerza de ceremoniales milicoides y de 6 años de historia argentina y uno solo de historia universal, y lo mismo para la geografía, se había vuelto una estampadora hidráulica de nacionalismo bobo y obediente.

    Lo que yo sospecho es que tal vez eso ayudó a nuestros abuelos o bisabuelos a evitar el gas mostaza.

    Uno que hizo lo que pensó correcto en aquellas circunstancias fue Vicente Almonacid, argentino y riojano, héroe de la aviación francesa en la 1ra Guerra. Creyó que había que luchar por Francia y fue a hacerlo en persona, sin pretender llenar de compatriotas las trincheras de Verdún.

    La Rioja, agradecida.

    Nuestra querida escuela pública… Ya casi no existe, al menos aquí en Capital, y no hemos construido nada con qué reemplazarla. Pero no sólo fue la base de nuestra industrialización sustitutiva. No sólo inventó la marca “Industria Argentina”, que nos pasó brevemente del tonto rol de “Granero del Mundo” al de “Ferretería del Cono Sur”. No sólo posilbilitó la existencia de un enorme proletariado industrial recién venido del interior, sin tradiciones socialistas europeas y listo para hacerse peronista.

    Esa escuela pública, creo, nos salvó de meternos en guerra al pedo. Y al menos dos veces, durante el siglo XX. Hasta que ¿quién quebró esa tradición? ¿Alguien dijo que un riojano? Uno muy diferente de Almonacid, sin duda.

    Perdón por la brutal parrafada.

    • Mariano T. dice:

      Muy bueno, sobre todo lo de que los partidiarios de entrar no se enrolaron.
      Disiento en el prusianismo de Sarmiento, y tengo una anécdota familiar
      Mi tatarabuelo había peleado por la unificación de Italia durante más de 20 años,(hijo secundón de artesanos, se había enrolado a los 14 como corneta), y en un intervalo entre aventuras de Garibaldi había hecho estudios formales en la academia militar de Asti (en el Piamonte, por supuesto).
      Hete aquí que en la presidencia de Sarmiento éste encarga a las logias masónicas de entonces si podían conseguir militares europeos con experiencia y estudios que sean masones y de ideologías afines a las libertades públicas y derechos civiles (no prusianos reaccionarios, fachos avant la lettre), para enseñar en su recientemente creado Colegio Militar
      Ahí cae mi antecesor en la Argentina. Cuando Roca asume de como Ministro de Defensa, cambia esa línea por la prusiana, que imperó hasta los 50/60, y mi pobre tatarabuelo terminó en un fortín en el Chaco. Ahí recibió unas órdenes con las que no estuvo de acuerdo (no es honor pelear contra salvajes para el que ha cortado gargantas austríacas), devolvió su sable del ejército argentino, y enfiló hacia Paraguay, donde terminó ayudando a recrear su desaparecido ejército, y fue amigo en la vejez de Samiento. Nunca volvió, si lo hizo su hijo y su nieto asunceño, que era mi abuelo.

      Así que el prusiano nunca fue Sarmiento, menos en lo militar, sinó que esa tradición se inició en la segunda parte de la presidencia de Avellaneda. Y duró mucho, tengo una foto de mi viejo en la colimba en 1943, con el clásico casco que cubría las orejas y la nuca de la Wermacht.

      • Rogelio dice:

        Muy interesante, Mariano.
        Aprecio que haya compartido con nosotros esas páginas de su historia familiar.
        Me parece que la anécdota y la narración de experiencias de primera mano son componentes esenciales para que evolucionen el conocimiento y la cultura. O sea, para que como sociedad nacional no quedemos estancados en estereotipos que se repiten como letanías interminables.

        Saludos

      • Juan el Bautismo dice:

        La idea de educacion popular prusiana e instruccion militar libertaria solo puede existir en los delirios de Mariano.
        Mas si tenemos en cuenta que Fede I y II de Prusia incentivaron el sistema de educacion para obtener soldados ordenaditos y obedientes.

        “… En (su libro) “Educacion popular” Sarmiento nos dice con mas detalles y datos sus razones para estimar tanto la educacion en Prusia y por qué le importaba ponerla en practica en Chile y el Rio de la Plata.”

        “El sistema de instruccion pública de la Prusia es el bello ideal que pretenden realizar otros pueblos, i juzgarlo a vista de ojo, el objeto de mi incursion a las latitudes septentrionales. He recojido sobre este punto datos preciosísimos cuya lectura, a enumerarlos en esta, lo haria a Ud. quedarse profundamente dormido, tan erudita seria mi esposicion; por lo que los reservo con otros muchos para un tratado especial, el cual enderezaré a la Facultad de Humanidades, que se ha dignado favorecer con la manifestacion oficial de su aprobacion, el informe sobre la Escuela Normal de Versalles, que tuvo el honor de remitirle.”
        Sarmiento, 1847, carta a Manuel Montt

      • Mariano T. dice:

        No se la educación en general, pero la educación de los futuros generales era, y es, un tema mucho más político que didáctico.
        Y no solo lo militar.Sarmiento podría amirar la educación prusiana, pero las maestras normales las trajo de Estdos Unidos, donde había Constitución, Congreso y elecciones.

      • Juan el Bautismo dice:

        …viste Abel, el segundo comentario que no aprobaste era mas importante que el primero. Ahora resulta que viene de USA…

        Repasé mis libros y no, las influencias españolo-napoleonicas de los amigos de Sarmiento estaban ahi, como recordaba.
        Confirmado, el cuentito familiar tiene tufillo a clasico versito liberofachito post-peron

      • Juan el Bautismo dice:

        …seh Marieniten, podria haber traido algunas ideas de federalismo en vez de ser un salvaje inmundo unitario, ademas de aprender a apreciar un poco mas nuestros cowboys…

        In cosmopolitan Argentina, which had attempted very early to professionalize its officer corps, eclecticism at the beginning dominated the choice of foreign connections. The Military College, which was responsible for the formation of officers and was created by Sarmiento in 1869, had as its first directors an Austro-Hungarian colonel and a French cavalry commander. The French army was the model for the Argentine army until 1904, but the armament of the old army was German Krupp cannons and Mauser rifles after 1884. In 1900 the prestige of the Imperial General Staff carried the day.
        http://www.globalsecurity.org/military/world/argentina/army-history-4.htm

      • Mariano T. dice:

        Lo que usted muestra es un cambio gradual del latinismo al prusianismo. Y así fue, en 1869 se creó el Colegio Militar, en 1871 vino mi tatarabuelo (la guerra en Italia había terminado en 1867), y en 1878 lo rajaron, cuando se murió Alsina.

      • Juan el Bautismo dice:

        lo que vos demostras es que no registras cuanto te mintio tu parententela proto-fachita.
        A mi mi abuelo me contaba historias y me explicaba como yo era descendiente de Geronimo Luis de Cabrera, y como heredaba ese legado de valor y coraje de un heroe que murio noblemente defendiendo la libertad individual de fundar ciudades donde se le cante.
        Pero a los 8 años ya empece a sospechar..

        Y conste que estoy siendo absolutamente respetuoso, dado que no hice ni una sola broma sobre los logros militares italianos..

      • Mariano T. dice:

        Mi vieja tiene las medallas “al valore militare”, no se si era facil o dificil ganarlas

      • Juan el Bautismo dice:

        si no dicen nada de valores marciales libertarios de Sarmiento no sirven para nada.
        Te metieron retcon antiperonista esos turros
        https://en.wikipedia.org/wiki/Retroactive_continuity

    • Mariano T. dice:

      En el único lugar en que sobrevive la Escuela pública como opción (y no como no me alcanza para la privada) es en Capital Federal.
      En Provincia de Buenos Aires, salvo un par en cada zona residencial de clase media, la escuela pública ya no es una opción voluntaria.

      • Silenoz dice:

        Falso como siempre, en el país predomina la matriculación estatal sobre la privada, más aún en el mal llamado, interior .

        De hecho en localidades con baja relativa densidad poblacional (y acá caen todas las ciudades por fuera de los grandes centro urbanos) la educacíón pública ES la única opción

        A la vez la promoción, expansión y homogenización de la educación pública fue una de las principales herramientas funcionales a los proyectos de desarrollo tanto proveyendo los saberes técnicos necesarios para satisfacer una creciente sofistificación de la producción, como también el andarivel para el ascenso social de “los vecinos”, como lo sigue siendo en países tan disímlies como Japón (en su faz inicial y media al menos) o los escandinavos

        #YoNoLeoASilenoz

      • Mariano T. dice:

        Estoy hablando de GBA, Mar del Plata y Bahía Blanca, donde vive el 66% de la población provincial.
        Lo que vos decís es válido para localidades medianas y chicas, que tienen el mismo patrón que las zonas residenciales del GBA o MDP
        Te apresuraste a decir que es falso.

      • Silenoz dice:

        Ja ja..

        Mas alla entonces de la ligereza -“as iushual”- le aclaro a tu mirada provinciana con pedigrí proveniente de la “nobleza guerrera” venida a menos agrego, que lo que lo que digo de “mal llamado interior” es desde el punto de vista porteño centrico y para el cual ese interior es todo lo que está más allá de la “zanja de Alsina” con algo cercano a éste inclusive, me extrana que tu pensamiento -aka prejuicio fundado en las dudosas experiencias personales que adquieren mágicamente caracter de ley- no lo haya captado

        ¿#YoNoLeoASilenoz?

    • Silenoz dice:

      Ummmm
      Yo no creo que la educación sarmientina tenga un (fuerte) componente prusiano. Y si lo tuvo, seguro que no dio los mismos resultados que en la Alemania de los kaiser.

      Por lo poco que tengo entendido y leído –que no proviene precisamente de la educación como rama de estudio- el ideal prusiano logró que el pueblo se someta a propender el bienestar de la nación como un todo y por encima de ellos, cumpliendo un rol de subordinación a los intereses de la nación materializada en la figura del Kaiser – Komprinz, de ahí la necesidad de un disciplinamiento militar.

      En cierta forma la realidad alemana para el primer cuarto, mediados del siglo XIX requería una visión de este tipo, fuertemente centralista y con un fuerte ideario colectivo que realzara el patriotismo, para poder convertir a un conjunto desarticulado de condados, marquesados, reinos (que todavía se desempeñaban en plena era feudal cuando Inglaterra ya explotaba su última fase industrialista) en un país o nación.

      No me convence que la neutralidad de nuestro país sea consecuencia importante del patriotismo de la educación sarmientina, me parece más sencillo y práctico entenderlo como el resultado de una evaluación contextual entre costo-beneficio

  4. victorlustig dice:

    Bueno el post, y los comments, aunque agregaria dos cosas
    Sarmiento no fue mas que la expresion local (no con eso no tiene merito) de la ola educadora que recorrio toda Europa en las naciones no consolidadas y USA, el medio de integracion era educacion comun y lenguaje comun, Italia en 1870 era un reino piamontes que uso eso para integrar, España lo mismo y los medios eran las estadisticas comunes, el servicio militar (de paso daba carne de cañon) y las leyes uniformes de educacion, con su lenguaje uniforme para todos. Aca basicamente integro los inmigrantes y las 1ras generaciones y 2das fueron los colimbas de Richieri y Uriburu, y, aca va la memoria de JDP en cuanto a como recibia los colimbas en Entre Rios.(los kirchneristas podrian leer eso, los peronistas lo saben)

    La 1420 fue eso, y, creo que en 10 años necesitaremos una 1420 dado el estado de la educacion en varios lados, ya en 1990 Salta era una desgracia la educacion publica, no quiero pensar ahora, en esa misma epoca la Sta Cruz de los 90s tuvo un lio fenomenal con los docentes que, si mal no recuerdo termino con una baja de salario docente (no tengo los links a los diarios de esa epoca, huelgas hubo, y largas) hay algo aca 48 dias de clase sobre 86
    http://www.bnm.me.gov.ar/giga1/documentos/EL000271.pdf

    Disiento con que la nueva poblacion impidio entrar en guerra, muy probablemente a la madre patria le convenia que fueramos neutrales, total, a Alemania no le podiamos vender, gente mucha no ibamos a enviar por tamaño de poblacion (tenian la India para eso) y creo que en la 2da lo mismo, no hacia falta litoral a controlar, para eso tenian Brasil.

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