Trump tropieza

El amigo Otto Rock, autor del blog IKN, dijo hace unas semanas que no iba a reproducir ningún artículo con el nombre del Donald en el título. Uno simpatiza. La inundación de notas sobre el tipo es colosal. La mayor parte, con la intención de hacer un “trabajo de hacha”, como dicen los gringos, porque los dueños de los medios, cuyo poder es formar opinión, toman a mal que alguien los toree. Pero por eso mismo también le aparecen muchos defensores, aún algunos que están muy lejos del patrioterismo estadounidense, un poco burdo, que es el mensaje del nuevo presidente.

Por mi parte, dije, y reitero, que no tiene mucho sentido evaluarlo como gobernante hasta que sepamos si podrá imponer sus políticas centrales o no. La pelea en Roma se ha puesto dura, mientras Xi, Vladimir, Ángela y, claro, Francisco, deben observar con interés, y algo de preocupación. Conviene que nosotros también tratemos de pescar algún dato entre tantas palabras.

No encontré nada que recomendar en los medios yanquis. Ahí la grieta es muy profunda. Pero entre nosotros, aunque Clarín se ha prendido en la demonización de Trump -casi como si fuera K, por Dios!- esta nota de José Siaba Serrate, al que ya cité en el blog, me pareció informativa. Supongo que es su entrenamiento como analista financiero. La copio, y al final agrego una observación que hicieron sobre el Donald, que me parece nos toca de cerca.

“Octava semana del presidente Trump en la Casa Blanca y primera tormenta seria en el firmamento político. De Washington, el chubasco se extendió a Wall Street. Frenazo, pues, para el rally de las acciones. El viaje del Dow Jones –de los 18 mil puntos a los 21 mil– es una travesía formidable demasiado deprisa; no obstante, nunca, desde que brotó el 9 de noviembre, se había puesto en duda la razonabilidad de su ascensión.

Lo que no pudo la Reserva Federal con dos subas de tasas lo consiguió la orfandad política que reveló la discusión por la reforma de salud. ¿Qué tan eficaz es el liderazgo del presidente Trump? Esa es la cuestión. ¿Es el Reagan bis que cotiza la Bolsa a precios récord, o un precoz pato rengo incapaz de forjar las alianzas que necesita para el tránsito de su agenda por el Congreso? De súbito, en el banquillo, la administración Trump debe rendir su primer examen. Mejor ahora y no a mayor altura.

En concreto, viendo las penurias del Trumpcare, ¿habrá recorte significativo de impuestos como se prometió desde el púlpito, o será otro afán a empantanarse? El mercado alcista que reina en Wall Street desde marzo de 2009 multiplicó las cotizaciones del índice S&P500 por 3,5. No padece vértigo. Sin embargo, jamás osó traspasar el umbral de precios, invisible pero crítico, dado por el múltiplo de 17 veces las ganancias esperadas para los próximos 12 meses. Respetó siempre esa frontera. Hasta que triunfó Trump, y desató la fiebre. La Bolsa hoy merodea una relación de 18 veces las utilidades anuales esperadas, y sabe que convive con una Reserva dispuesta a perseverar en la suba de las tasas de corto plazo.

El “Trump rally”, la suba de la Bolsa que vimos recién, está en una encerrona si el presidente no cumple su parte. A decir verdad, aun si lo hace, las acciones no lucen baratas. Pero si se tacha la generala de la rebaja impositiva —porque se atasca sin músculo para zafarla—el dolor de cabeza será más que proporcional. Habrá que achicar la estimación de ganancias y aceptar un múltiplo más modesto. E inventar una historia sustituta que evite la depresión de los animal spirits. La prédica de la desregulación es mi favorita.

Trump es un solista, pero las reformas que propicia requieren de toda una orquesta para su ejecución. ¿Logrará constituirla? ¿Conservará la batuta? La elección se ganó con un programa molto vivace —Hacer Grande a los Estados Unidos Otra vez—que se integra con un repertorio de temas variado y exigente, pero sin haber escrito las partituras. Y, a fuer de ser sinceros, el núcleo duro del Trumpismo no alberga compositores de gran talento. Basta ver los decretos migratorios, simples estribillos en relación con las reformas en danza, que a los pocos días de emitidos fueron rechazados por jueces de primera instancia. Pese a su empeño, el gobierno no consiguió adecuar el marco legal en línea con sus intereses. No es perjudicial, pero denota una limitación grave para una gestión que pretende refundar los EE.UU. a su imagen y semejanza. ¿Si no puede lo sencillo, cómo avanzará lo más complejo?

Trump es republicano, y los republicanos despotrican contra el Obamacare desde antes de leer su primer borrador. El partido domina la Casa Blanca y ambas cámaras. ¿Qué operación podría ser más aceitada que la sanción de una nueva ley de salud? Error. Se admite que el Obamacare es una calamidad pero, a partir de ahí, las discrepancias mandan. La salud constituye materia complicada, dicen los expertos, no es tópico recomendable para la improvisación, pero Trump no llegó a presidente porque lo asustaran los desafíos. El Ejecutivo redactó un proyecto en secreto, y lo despachó al Congreso. La conmoción inicial fue advertir que la letra que Trump recitó en campaña, y la música que acercó Paul Ryan, el titular de la cámara baja, armonizan muy poco. Según el discurso de tribuna, la reforma no reduciría el universo que goza de asistencia —el Obamacare colocó a 20 millones de personas bajo su paraguas— pero la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) estima que sólo en el primer año 14 millones quedarán sin protección (y 24 millones hasta 2026). Hay diputados republicanos que lo rechazan y otros a los que el plan les parece liviano, y pretenden ir más a fondo. La idea original, que se aprobara el jueves, hubo que posponerla, y al escribir estas líneas no se reunía la masa crítica para asegurar la votación.

Entiéndase bien: el malestar de la Bolsa no se debió a la calidad del proyecto, menguante con cada alteración que se le hace para ganar adhesiones (según la CBO), sino al fracaso del Ejecutivo en sumar las voluntades necesarias, y conducirlas a su objetivo.

Y si el pasaje en Diputados es tan intrincado, y para peor termina gestando un esperpento, el Senado será un imposible. No es casual que Breitbart News, la prensa militante, identifique el proyecto como el Ryancare y lo despegue a Trump, como quien escribe la crónica de lo que sabe una muerte anunciada. Y si, aun así, el Congreso le diese luz verde, sería una victoria a lo Pirro. ¿Qué tan popular será devolver a la buena de Dios a millones de personas cuando se vote otra vez en 2018? Es preferible fracasar pronto, rebobinar y empezar de nuevo.

No es el mejor aperitivo para esperar la reforma impositiva. Trump nos dijo que sería “fenomenal” y que, a esta altura, ya la tendríamos a mano. Hace bien en demorarla. Más vale que se garantice de antemano los apoyos para su pasaje. No será fácil. Los diputados republicanos tienen su iniciativa —la propuesta Brady-Ryan del Impuesto de Ajuste Fronterizo (BAT)—y los senadores, que se oponen, la suya.

El BAT, que no es ninguna improvisación, supone gravar las importaciones con una alícuota del 20%, y reembolsar las exportaciones a la misma tasa, a la manera del impuesto al valor agregado (pero sin serlo, y por ende, viola las normas de la OMC). Como lo que en definitiva grava es el déficit comercial al 20% aportaría, en principio, unos 100.000 millones de dólares al año y crearía el espacio fiscal para una baja de impuestos sustancial. Pero Trump, a la fecha, no se decide. En el papel, el dólar respondería con una apreciación rápida del 25%. Y ello choca con el énfasis del equipo económico en evitar “la manipulación de monedas” (o sea, un dólar fuerte). Quien observe una pizarra cambiaria entenderá que los mercados tampoco creen que la reforma vaya por allí.

¿Se podrá negociar una solución potable y que, a la par, posea poder de fuego? Trump ya envió su borrador de presupuesto, con podas de gasto a mansalva, pero se compensan con un gran salto en defensa y seguridad interna. Sería posible bajar los impuestos, empero, si se acepta que el déficit fiscal aumente (una objeción de muchos republicanos, aunque no del presidente). Viviremos en peligro, mientras la reforma tributaria y la política comercial no se definan. Al menos la primera está en manos profesionales, la dupla Mnuchin – Cohn, de larga militancia en Goldman Sachs y conocedores de lo que supondría un traspié”.

La clave del asunto, creo, es que a los empresarios (muchos de ellos), las corporaciones, y los especuladores, pueden gustarles los anuncios y las intenciones de Trump, pero… al final juzgarán por los resultados de sus balances.

Justamente, leí ayer que KC Mathews, Vice Presidente senior del UMB Bank -hombre prudente si los hay- dijo de Trump “Trata de ser un CEO-presidente. Eso no funciona en política”. Tengo la impresión que eso se aplica también más al sur.

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4 respuestas a Trump tropieza

  1. Norberto dice:

    Sobre la frase de Mathews, no es novedad, ya lo sufrió Piñera, y por consecuencia Chile, y también en su versión intelectual, Bachelet.
    Nunca menos y abrazos

  2. Charrua dice:

    Trump es un especialista en marketing, en imagen de marca, en venderse a si mismo y en convencer a los demás de que le presten guita, pero no es un hombre afecto a los detalles, a la parte aburrida de gobernar.
    Y no tiene muchos cuadros propios que lo hagan por él: no hay Trumpistas en el Congreso e incluso en la Casa Blanca la cosa va de gente con experiencia pero del Establishment a gente políticamente leal pero que no sabe lo que hace.
    Y se vio en el tema del Obamacare; Trump en la campaña prometió cualquier cosa (va a ser bárbaro, mucho mejor y más barato, todo el mundo cubierto) pero ni se molestó en que se escribiera algo que pudiera convertir aunque fuera parte de eso en realidad.
    Por eso quedó preso de lo que tuvieran Paul Ryan, (que por cierto acaba de sufrir la peor humillación de su vida) y el resto de la dirigencia Republicana.
    Súmele que estos últimos habían pasado siete años mintiendo descaradamente acerca del asunto y el resultado era un cóctel explosivo.
    La reforma impositiva parece más fácil en el papel, porque el tema impuestos no divide tanto al partido como la salud, pero cuando la propuesta es bajarle los impuestos a las empresas y sumárselos a todo (el “everything tax” le llama la asociación de minoristas) no va a ser muy fácil de vender tampoco.

  3. Mariano T. dice:

    Es notable la adhesión que genera Trumpen ciertos sectores de la progresía argentina.
    Tal vez sea porque parece “tenerla más larga” y eso lo emparente con las bravatas de Moreno?
    Por su pelea tan agresiva con los medios?
    Por su antiliberalismo populista?
    Inexplicable

  4. vale dice:

    Yo creo que eso deberíamos averiguarlo en tavistock, ellos seguramente lo sabrán mejor que nosotros….también la razón por la que algunos argentinos votaron esta manga de fascinersos…no?
    Pregúntale a tavistock!

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