Argentina Nuclear, 2017 – LVI: La energía atómica avanza… con cautela

Ya dije en el blog que a al periodismo le gusta inventar “eras”. Los veteranos recordarán, y los demás lo encontrarán en Internet, que en la segunda mitad de los ´40 se anunció que los humanos habíamos entrado en la “Era Atómica”. Era cierto… en relación a la guerra. Pero los aviones ¡y los autos! con la nueva fuente de propulsión, la energía barata y sin límites, esa “te la debo”. La historia -y el desarrollo tecnológico también, aunque no lo parezca- se mueven mucho más despacio que la imaginación y la ansiedad. Pero se mueven. Las nuevas formas de extraer energía del átomo, y de manejar sus peligros, están avanzando. Y siguen cambiando nuestro mundo.

56. La economía del plutonio: los “breeders” vienen marchando… despacito

Japoneses pescando en la pequeña bahía costera donde está la central “breeder” de Monju, que en dos décadas no logró funcionar sin problemas técnicos. Está en decomisión.

Dejé picando el tema de “un banco internacional de MOX (nuclear fuel made from reprocessed plutonium and uranium)” bajo administración de la Organización Internacional de Energía Atómica. No se equivoque, chamig@, éste es un tema de política internacional, no de tecnología. EEUU, por ejemplo podría estar dispuesto a votar a favor de esto… si el banco reside en su territorio.

Si tengo razón y dentro de medio siglo el combustible gastado de las 439 centrales “termalizadas” de hoy termina siendo un recurso minero, así como las colas de uranio empobrecido, para extraer el plutonio de las futuras centrales “reproductoras rápidas”, semejante movida y el habitual patoterismo del Departamento de Estado sobre el Consejo de Seguridad de la ONU le permitirián a los EEUU decidir apagones punitorios a distancia, bloqueando entregas. No compro.  Puedo votar por otros países con menos tradición de invadir o entrometerse con el mío.

De todos modos aún no se sabe mucho de las centrales reproductoras rápidas, o “fast breeders”, salvo que queman plutonio y como desecho, en función “burnup”, lo eliminan del universo, junto a todos los transuránidos malos, feos, inmortales y peligrosos. En función “breakeven” producen una centésima de contaminantes en masa y especie que la tecnología termalizada actual, y en función “breeder” pueden generar entre 1,2 y 1,8 veces más plutonio que el de cada carga o recarga original.

Ahora bien, una máquina capaz de producir su propio combustible y además el de máquina vecina, es el equivalente termodinámico de levitar tirándose hacia arriba de los cordones de los zapatos (no dije el pelo: no me queda tanto). O si prefiere, es como un auto sin efecto invernadero, en cuyo baúl tiene una caja que transforma en nafta Premium el humo de escape. Y casi el doble de la que se cargó. ¿Demasiado bueno para ser real? “In your face, Shellanguren?”

Ojalá. Pero el diablo, como de costumbre, suele estar en los detalles. Desde 1950 que no menos de 8 países construyeron hasta 23 “breeders”, muchos de ellos con la suficiente potencia eléctrica (el Superfenix francés tenía 1200 MW) como para calificar de esperanzado experimento comercial. Hasta ahora, el enfriamiento con metales líquidos (fundamentalmente, sodio) es un dolor de gónadas tecnológicas: los breeders han vivido parados por reparaciones, y terminan cerrando algunos años tras inicio de operaciones, con pérdida total de la inversión y chirridos de prensa en diversos idiomas.

En Japón visité la central breeder de Monju, de tamaño modesto, 264 MW, situada en la prefectura costera de Tsuruga, y charlé largamente con el jefe de planta, que estaba lentamente “entrando en criticidad”. Ya no tengo apuntes de aquella época: creo recordar su apellido, Takeda. Teníamos ideas parecidas: “Si sigue creciendo la capacidad nuclear instalada en Asia, el uranio explotable en el mundo se acaba en 100 años. El plutonio se acaba en 1000”, dijo.

Meses después, mientras el reactor iba acercándose a potencia de diseño, hubo una pérdida de refrigerante (sodio líquido) en uno de los “loops” del circuito secundario, y se incendió. Un punto a favor de la seguridad de los “breeders” es que el sodio no está presurizado a 150 atmósferas, como el agua de un PWR, sino a presión atmosférica, incluso en el primario. Por ello, las pérdidas de refrigerante no son explosivas.

Pero sí lo es la reacción química del sodio –facilitada por una temperatura de 540º C-  con la humedad atmosférica. El incendio, aunque feroz, fue breve y no comprometió en ningún momento el enfriamiento del núcleo, certificado por el OIEA. Sucesivos gobiernos japoneses hasta 2016 se aferraron a la idea de mejorar la ingeniería de Monju y “restartearlo”, pero sólo lograron hacerlo funcionar una hora hasta que sucedió otra pérdida de sodio. El jefe de planta se suicidó. El gobierno de Abe decidió decomisionarlo… sin apuro. Nadie en Asia tira fácil la toalla, con los breeders.

Historias así, aunque sin suicidios, se cuentan en demasiados idiomas desde hace 60 años, pero oh notición, hay dos breeders rusos, uno en realidad soviético de 600 “mega” que viene operando joya desde 1984, el BN 600 en Bieloyarsk, en los Urales. Según estadísticas de disponibilidad (funciona el 74,42% del tiempo), es la mejor planta nucleoeléctrica rusa. Sobrepasa a TODAS las centrales PWR convencionales soviéticas y rusas, y eso a pesar de que algunas como las VVER, son verdaderamente buenas. El segundo BN, de 800 mega, derivado del primero y colindante, entró en línea en 2014 y por ahora, al pelo. Hay planes de tener dos unidades más de 1200 MW cada una operativas en 2030.

Si los ivanes pudieron resolver esto, tienen la piedra filosofal de la energía atómica. Si lo lograron, el doble problema de los desechos (ambiental y militar) de aquí a medio siglo empieza a desaparecer, la minería de uranio se va deteniendo, los combustibles convencionales gastados y las grandes colas de uranio empobrecido se vuelven el nuevo “recurso minero” y el futuro eléctrico mundial se llama “breeder”. Conste que no estoy hablando de un aceptable whisky argento, ni éste habla por mí y me hace escribir estas líneas.

Mientras esto no llega, si llega, caso en el cual seguiremos teniendo problemas pero serán otros, el reprocesamiento ajeno será perseguido por los EEUU en cualquier país que no se les plante. Y para dar una idea de hasta qué punto, vamos de nuevo a Japón.

El BN 600 de Bieloyarsk, Rusia. Esta máquina soviética inaugurada en 1984 viene siendo el único “breeder” exitoso de la historia entre 23 intentos de 9 países. Tiene un factor de disponibilidad similar al de nuestra Atucha I, y 10 veces mayor que el malogrado Superfénix francés.

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One Response to Argentina Nuclear, 2017 – LVI: La energía atómica avanza… con cautela

  1. elepou dice:

    Ay!!! Cada vez tengo más ganas de hacer un curso, para principiantes patriotas entusiastas sobre la cuestión atómica y sus “colateralidades”. Si sabés de algo, por favor, chiflá. Como siempre: muchísimas gracias.

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