Argentina Nuclear, 2017 – LIII: Jorge Sábato y el proyecto pendiente

Interrumpí durante una semana la publicación de esta saga ¡Pero qué semana! Ahora es un buen momento para retomarla, ya que la “actualidad” política está repetitiva (En la Capital algunos están preparando una bomba, pero la veo verde todavía). Aquí Arias expone un proyecto del pasado, al que yo veo con la debida actualización, en el futuro.

Ese triángulo de Sábato -que abarca al Estado, las empresas privadas y la ciencia y tecnología- sigue profundamente vigente. Aquí y en todos los países que se plantean tener futuro.

(También Daniel retoma la pelea entre petroleros y nucleares, cómo no. Bueno, ambos sectores hoy dependen por igual entre nosotros de los subsidios del Estado)

53. Cénit y caída del sabatismo

 

Las cuatro “ideas fuerza” del programa sabatiano mostraron su mayor despliegue en una época que Jorjón Sábato aborreció a muerte: El Proceso. Por razones que Sabato no explicó pero se pueden suponer, estaba bastante apartado de la rumbosa CNEA de Castro Madero, y si bien tenía desacuerdos básicos de política nuclear con el contralmirante, lo que primó en su hacer “rancho aparte” fue su repudio general por el gobierno, su política económica y su inevitable correlato de terrorismo de estado. El Jorjón no era de esos radicales que pidieron el golpe y se integraron y entregaron al funcionariado de los militares.

Lamentablemente para el país, cuando venía despuntando la democracia, Sábato ya estaba demasiado enfermo (un cáncer de páncreas, intempestivo como suelen serlo) . No la vio renacer. A un mes de morirse, el Jorjón usaba sus últimas energías en arengar a sus correligionarios, que ya se disponían a gobernar, con el latiguillo de que la política económica determina la tecnológica. Illia tal vez lo habría escuchado, Alfonsín no lo hizo. Y no por razones de capacidad intelectual, sino porque el Proceso impuso un tajo en la historia, y para el nuevo presidente radical y su entorno, la CNEA apestaba a Proceso, a dispendios y a despiole diplomático, con aquella planta de Pilca. En la grieta de 1983, los atómicos quedaban del lado de Los Malos.

¡Jorjón no tenía derecho a morirse! Con su prestigio, tal vez habría persuadido a Alfonsín de abstenerse de las barbaridades que cometió y dejó cometer contra un programa nuclear que no llegó a entender jamás. Y de no haber sido posible explicarle mejor las cosas, le habría armado una interna de las bravas. Sábato era un “maverick”, se cortaba solo, ignoraba la disciplina partidaria y el poder le era natural: salía de su persona y de su trayectoria. No se lo confería nadie.

¡Y el arrastre que tenía!: cuando fundó el SATI (Servicio de Asistencia Técnica a la Industria), en 1962, 5 años antes de la decisión tecnológica de Atucha I, había convencido a la CNEA de que en 2000 debía tener al menos 5 centrales nucleares. Y como las últimas debían ser 100% nacionales, había que “nuclearizar” a “la burguesía chanta”, como la definía cáusticamente. Eso significar hacer que industriales argentinos tan interesados por lo atómico como Ud. y yo por el ikebana, se volvieran proveedores expertos en electrónica, sensores y sistemas de control, ciencia de materiales y daño por radiación, electromecánica resistente a temperaturas y condiciones radiológicas destructivas, termohidráulica capaz de enfrentar presiones de centenares de atmósferas, y varias ingenierías más por el estilo, ninguna demasiado fácil.

¿Y cómo lograr este milagro, según Jorge Sabato? Usando el poder del estado, y un poco de astucia.

El SATI debía empezar resolviendo problemas concretos de los industriales con sus bienes de capital, para después convidarlos a mate, lavarles un poco el cerebro, suministrarles la tecnología para fabricar componentes concretos de reactores y centrales, comprárselos si alcanzaban calidad nuclear, y eventualmente organizarlos con back-up estatal para exportarlos. Ideas como éstas al Jorjón se le podían ocurrir cinco antes de desayunar. El asunto es que las llevaba a cabo, y alguna le salía.

No siempre bien del todo. Del SATI surgieron intentos de exportar servicios tecnológicos nucleares como NUCLAR y ARGATOM. Eran compañías mixtas de privados y el estado. De ellas, el ingeniero Oscar Wortman, uno de los “12 Apóstoles” quien tuvo que fungir de director, se quejaba de que el nivel de los socios privados era abismal, más o menos como su interés por hacer goles afuera. Ambas sociedades participaron en licitaciones internacionales para montaje de obras atómicas, pero sin éxito. Toda una vida tratando de hacer chiflar al chancho, el Jorjón.

Incluso trajo arrastrado por los pelos a SIAM, la empresa metalmecánica del famoso Di Tella 1500. ¿Qué hace un fabricante de heladeras y de autos “joya siempre taxi” en el Programa Nuclear Argentino? Fabricar combustible de centrales, naturalmente.  En 1972 se testeó en la plantita piloto alemana MZFR de la KWU en Karlsruhe un primer elemento combustible de potencia manufacturado en la Argentina por la División de Metalurgia de la CNEA, en colaboración con la empresa SIAM electromecánica. Y funcionó joya.

Explica Sábato: “Se hizo así no porque SIAM tuviera experiencia en metalurgia nuclear (en realidad no tenía ninguna) sino para comenzar a interesar a la industria argentina en lo que va a ser -en pocos años- un gran negocio“.

¿Macaneaba, Sabato? Según sus cálculos, Atucha consumiría más de 2,5 millones de dólares por año de combustible durante sus tres décadas de vida útil. En dólares de hoy, serían 14,6 millones/año. Y un poco más, si se tiene en cuenta que el combustible actual de Atucha I ahora tiene un ligerísimo enriquecimiento (0,85%) y es más caro. Las cuentas se alegran más si Ud. añade las centrales Atucha II y Embalse. Por lo bajo, son U$ 52 millones/año. Y no le añado la frase yanqui para indicar plata segura (“It’s like money in the bank”) porque ya no funciona ni en origen.

Fabricación de los elementos combustibles de Atucha I en CONUAR, control dimensional de calidad de los anillos separadores. Dentro de los haces de tubos de circaloy irán las pastillas de óxido de uranio.  Jorge Sábato trató en 1965 de que los combustibles los fabricara Siam, la de los Di Tella…

Si los Di Tella se hubieran quedado en el negocio del “fuelling” no les habría ido mal. Los Pérez Companc, tradicionales fabricantes de caños petroleros, vieron el negocio que les propuso un autodenominado “miembro de la mafia Sabato”, Carlos Araoz, y tras pensarlo no poco, lo agarraron. Después de todo, los elementos combustibles son mazos de caños. Sólo que suponen un conocimiento muy refinado de las aleaciones y soldaduras de circonio, daño por radiación y otros gigantescos detalles. Sí señor, algunas de las locas tentativas de Sabato llegaron a puerto.

Cuando se murió el Jorjón, el Programa Nuclear, lastrado de mega-compras llave en mano por Castro Madero pero todavía institucionalmente sano, estaba en el pico de sabatismo de su historia. Por sabatismo entiendo su capacidad de transformar la estructura tecnológica del ispa desde el estado, ángulo tope del famoso “Triángulo de Sábato”.

La CNEA de 1983 tenía algunas herramientas políticas y tecnológicas para rehacer en plan industrial a la Argentina, incluso desangrada de cuadros dirigentes, endeudada por los milicos y de yapa, moralmente vapuleada por la derrota de Malvinas.

Seamos contrafácticos, lector@s. Siempre es mejor que seguir fácticos y sojeros.

Un Programa Nuclear fuerte, rumbeado a suplir el 30 o 40% del consumo eléctrico nacional, habría servido de base para el desarrollo de centenares de PyMES y empresas grandes en electrónica, informática, computadoras específicas, sistemas de control, metalurgia y metalmecánica de aleaciones especiales, bombas hidráulicas de alto desempeño, sistemas neumáticos, componentes de materiales cerámicos y plásticos desarrollados para actuar en medios radioactivos,  transformadores, eventualmente turbinas de vapor y otros etcéteras.

En esto no hay magia. La ingeniería nuclear es un resumen de todas las ingenierías, y por eso, genera proveedores en casi todas las ramas de la industria. Y todos ellos tienen que alcanzar calidad nuclear, estándares tan draconianos que olvidate de las normas ISO.

Por supuesto, Martínez de Hoz, Cavallo 1.0 y 2.0 probablemente habrían exterminado a muchas empresas emergentes, pero algunas hubieran sobrevivido, apalancadas en un mercado eléctrico núcleo-dependiente. Y las de mayores espaldas financieras, habrían sentido al menos la tentación de salir de caza al mercado externo. Para hablar de la única en la cual confío, INVAP estaría vendiendo centrales de potencia CAREM, no sólo reactores.

No me fumé nada raro. ¿Alguien se imaginaba la Corea actual en 1970, cuando aquel era aún un país agrícola que exportaba pobres, en lugar de productos de alta tecnología?

Alfonsín no recibió un país en buen estado, pero sí una CNEA que era una garrocha, y en lugar de usarla para que la Argentina saltara lejos y alto sobre su pobreza, la serruchó para hacerse un asado. Se lo exigían los acreedores externos, pero también su círculo interno, con excepción de Jorgito Sabato, primo de Jorjón y vicecanciller.

Dentro del estado mismo la CNEA tenía enemigos poderosos. La entonces Secretaría de Energía, un rejunte pro-petrolero, se la tenía jurada desde épocas de Illia, por haberse apropiado (con Atucha I) de 320 de un total de 550 megavatios de nueva capacidad instalada planeados. La Secretaría de Energía tampoco le perdonó a la CNEA la fugaz intervención de Jorjón Sábato en SEGBA, épocas del igualmente fugaz Aldo Ferrer como Ministro de Economía.

Sábato trató de fumigar a la perdidosa empresa de electricidad del nubarrón de consultoras y prestamistas que la parasitaban, pero “lo acostaron” en meses. Sábato se vengó en su libro “SEGBA, cogestión y Banco Mundial”, que dejó bastantes malheridos.

Eso explica que en 1983 la Secretaría de Energía se declarara antinuclear y pro-hidráulica: toda la plata a construir represas. Ni un mango a terminar Atucha II, que por otro lado no era asunto de su incumbencia. Jorge Lapeña, el secretario de la repartición, le aseguró a Alfonsín que con gas en Loma de la Lata y los ríos Limay, Uruguay y Paraná tirando como bueyes, sobraría electricidad.

Lapeña tenía todos los elementos para saber que el Paraná estaba fuera de la ecuación, porque Yacyretá en 1983 era un “black hole” que devoraba plata sin avanzar, y ése era el negocio. Lo que llama la atención del secretario es que entendiera tan poco de climatología. La Oscilación Austral contrapuesta a “El Niño”, es decir “La Niña”, en un episodio particularmente feroz, entre 1988 y 1989 causó la sequía simultánea de TODAS las cuencas hidroeléctricas de la Argentina, aunque están separadas por miles de kilómetros y en ecosistemas totalmente distintos.

Con el Limay y el Uruguay en bajones históricos, prácticamente ninguna central moderna a gas en operación, y las viejas turbinas a fuel-oil de SEGBA hechas fruta por falta crónica de mantenimiento, en Baires y el GBA pasaron dos veranos seguidos con apagones diarios de 10 horas o más. El efecto que tuvo esto sobre la población metropolitana fue: “Toc-toc, ¿hay alguien adentro? No, muchachos, en la Casa Rosada no hay nadie”.

Cómo se relacionó el “feeling” de “Adónde está el piloto” con el par de golpes de mercado hiperinflacionarios que sacaron del ring a Alfonsín y entregaron a Menem, eso se lo dejo a los sociólogos e historiadores. Yo me limité a sufrirlo como ciudadano.

Jorge Sábato, no tenías derecho a morirte. Nunca fue tan cierto que a veces la historia será un asunto de estadísticas y de masas, pero hay puntos invisibles de quiebre donde los que definen son, por ausencia o presencia, algunos individuos.

No sé qué clase de país habríamos sido con 100 o 200 tipos como vos, Jorge Sábato, en lo posible duraderos. Acaso habría bastado con que vos te quedaras a tirar 10 o 15 años más para darnos a todos un mejor destino colectivo. Esa es la otra pregunta contrafáctica que me hago. ¿Qué habría pasado con vos aquí, con nosotros?

Con un Programa Nuclear fuerte, no sé en qué clase de animal económico nos habríamos transformado dentro de las cadenas alimenticias mundiales. No me da para pensar en los leones, pero me conformo con una cebra. Para muchos será sólo una suerte de burro salvaje y a rayas, pero incluso los leones evitan su patada o su mordida, salvo cuando atacan en gran patota. Sin duda, por argentinos, seríamos una cebra muy atípica. A manchas, póngale.

Pero seguramente habríamos sido un bicho mejor que el animal icónico de este período de CEOs lobotomizados, convenios laborales basureados, entrega de recursos energéticos, endeudamiento “dale que va” y economía cada vez más brutal, estúpida y extractiva.

Ese animal icónico de estos tiempos viene a ser una Vaca Muerta.

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7 Responses to Argentina Nuclear, 2017 – LIII: Jorge Sábato y el proyecto pendiente

  1. MAGAM dice:

    Es muy entretenido la forma en que escribís.

  2. Bob Row dice:

    En 1986 empecé a colaborar con el diario Río Negro cuando su director, Julio Rajneri asumió el Ministerio de Educación y Justicia alfonsinista.
    Paradojas: mientras la línea editorial se identificaba con el ala más liberal del radicalismo, la información sobre el INVAP era casi cotidiana y las columnas de Opinión del Buch y Ciapuscio se reitertaban en la defensa del desarrollo tecnológico nacional.
    Una de las caricaturas que tuve la satisfacción de realizar fue la de Jorge Sábato sosteniendo su famoso triángulo.
    Como ignoro el modo de hacérsela llegar en esta página, trataré de hacerlo por Twitter. Saludos.

    • Santiago Enriquez dice:

      Hola Bob, ¿cómo estás? Me gustarìa poder ver la caricatura de Sabato con el Triàngulo que hizo oportunamente.
      Soy un ferviente estudioso de su obra.
      Muchas gracias. Saludos,
      Santiago

  3. Nunca entendí la relativa indiferencia del Río Negro en los ’80 hacia INVAP y el Programa Nuclear, cuando la empresa barilochense ya estaba generando exportaciones. No sé si alguna vez Rajnieri, que se tomó el trabajo de dirigir uno de los tres mejores diarios del ispa, se puso a pensar que el resto de la economía provincial es extractiva no sólo en materia prima sino en dinero, y MUY atrasada. Incluso el turismo estudiantil en Bariloche, que paga en Buenos Aires. Qué ceguera, por Dió…

  4. Daniel Eduardo Arias dice:

    Bob Row, you can send your work to my e-mail, which is dearias@yahoo.com. There’s a kack of visual material on Sabato, and you are a very keen cartoonist. I’d love to be able to use it if I write my book on Argentina’s atomic fortunes and misfortunes.

  5. Bob Row dice:

    Estimado Daniel: Ud. me confunde con sus cambios de personalidad y de idioma ¡ja ja!
    No, en serio, hice mi perfil de WordPress en inglés para abrir un blog en ese idioma pero desde mi perspectiva argentina (http://bobrow.wordpress.com).
    Me encantaría colaborar para la edición de ese libro, si se concreta. He seguido toda la saga (¿en qué quedó lo de la presidencia de la AIEA?) con interés y placer.
    Como dije antes, creo que la información sobre el INVAP en el “Río Negro” era bastante “friendly” para el contexto hostil de los ’80. Incluso se informaba de desarrollos secundarios (turbinas eólicas de bajo mantenimiento, optimización de motores aéreos livianos) que intentaban mostrar los aportes que INVAP podía hacer mientras atravesaba el desierto del desinterés estatal.
    Un abrazo hasta el próximo capítulo.

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