Dos noticias tristes: Adiós a Tommy Buch

Lo mío no son las necrológicas. De vez en cuando despido en el blog a gente importante en mi vida, pero no es un género en el que me sienta cómodo.

Pasa que Daniel Arias -a quien algunos de ustedes han llegado a apreciar- me avisó hoy de la muerte de alguien a quien no conocía. Pero es uno de esos argentinos -éste nacido en Berlín- que vale la pena conocer.

La noticia es de un diario de Río Negro:

A los 85 años murió el físico Tomás Buch, quien fue uno de los iniciadores de la empresa estatal INVAP y del primer cuerpo docente del Instituto Balseiro.

Buch nació en Berlín, Alemania, en 1931 y llegó a la Argentina cuando aún era niño. Estudió Ciencias Exactas y se doctoró en la década del ‘60 en Estados Unidos. Durante su vida se desarrolló como físico químico, profesor e investigador de diversas universidades del país y del exterior, y formó parte de los orígenes de Invap

También dedicó parte de su vida a plasmar su conocimiento con profusa bibliografía como “El Tecnoscopio”, “Sistemas Tecnológicos”, “Tecnología en la vida cotidiana” y en 2013 presentó en Bariloche “Desarrollo y ecopolítica: los grandes debates de la tecnología, el ambiente y la sociedad”.

“El querido “Tommy” fue un ejemplo en su profesión como físico y una guía permanente para los que lo tuvieron como profesor en universidades nacionales y del extranjero. Sin dudas al decir INVAP es su rostro uno de los primeros que se nos aparece, por su lucha por su trabajo y su humildad”, señaló la senadora Silvina García Larraburu“.

Daniel agrega en su mail: “Tommy (nadie lo llamó jamás de otro modo, pese a su doctorado en EEUU y su rango de director fundador de INVAP). De pies a cabeza un producto de la educación pública argentina. Él fue de los que le permitieron a nuestro país el dominio de la metalurgia del circonio, y por ende la independencia tecnológica en materia de combustibles nucleares.

Cada central nuclear y cada reactor argentino, incluidos los cinco exportados a Perú, Argelia, Egipto y Australia, o los dos encargados por Estados Unidos y Arabia Saudita, o el ofrecido en Holanda, usa aleaciones de este metal que Tommy aprendió a domar. También los usará el RA-8 en construcción en Ezeiza, que nos puede dar el 20% del mercado mundial de radioisótopos. Y también la central compacta CAREM, cuyo prototipo ya se construye, y que nos permitirá competir en un mercado inmensamente mayor: el de las plantas de potencia nucleoeléctricas.

Tommy, siempre de bajo perfil, siempre modesto, se lleva consigo una historia personal e institucional francamente heroica. Se parece mucho a la empresa que ayudó a fundar: resistente, sobrio, lleno de humor, aparentemente a prueba de todo.

Humanista entre ingenieros, hablaba nadie sabe cuántos idiomas, leía todos los géneros, enseñaba todo lo que sabía con toda sencillez y escribió lo más nacional en materia de historias tecnológicas: “El Tecnoscopio”, “Sistemas tecnológicos”, y “Tecnología en la vida cotidiana”, que analiza incluso las tecnologías precolombinas y coloniales.

Tuve el honor de ayudarlo a construir la segunda página web que tuvo INVAP. No sé si fue la mejor, pero era enorme: más de 120 pantallas con animaciones computadas y un espíritu de “educar el soberano” que es indisociable de su trayectoria docente”.

¿La otra noticia triste? Ahora la subo

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