Argentina Nuclear, 2017 – L: Brasil, la última, y frustrada, esperanza de los informáticos argentinos

Este capítulo (el número 50°!) de la saga de Daniel Arias es la continuación del número 48. Es complicado, porque la realidad también lo es. Pero, como yapa, pueden asistir a una reunión de gabinete de Ronald Reagan (¿Los medios les han hecho creer que Trump es un excéntrico novedoso?)

  1. El Gran Comunicador nos hunde también la balsa

reagan

El Gran Comunicador Ronald Reagan y su gabinete en actitud natural. 

En 1983 uno de los cinco mejores oncólogos clínicos argentinos, el Dr. Pedro Politi, era “fellow” en el National Cancer Institute de Bethesda, Maryland. A diferencia de muchos de sus colegas, que toman distancia para no terminar con la cabeza quemada, Politi “adopta” emocionalmente a sus pacientes y deja el cuero por ellos. Cree con razón que eso contribuye a curar, pero además provoca reacciones impensadas. Aquel año, un alto oficial de la Marina de los Estados Unidos, con una “papa” irremediable, en su agonía le pidió perdón: el año anterior, durante nuestra guerra de Malvinas, había debido pasarle a la Royal Navy la posición del ARA Belgrano, posteriormente torpedeado y hundido.

La historia viene a cuento, porque tras el hundimiento de CIFRA, nave insignia de la electrónica argentina, por Celestino Rodrigo y Martínez de Hoz, el presidente Ronald Reagan nos hundió la balsa salvavidas: Brasil.  Y bien a lo Reagan, sin siquiera saberlo.

En 1986, los vecinos nos habían remplazado como potencia informática regional. Su país era el 6° mercado mundial de hardware y software. Con no poca envidia, uno veía computadoras brasileñas en todos los aeropuertos de los primos, pero también en las oficinas públicas y las empresas privadas. Era bastante impresionante.

Y era esperanzador: los vecinos se habían asociado a nosotros en la ESLAI, la Escuela Latinoamericana de Informática, por nuestros recursos humanos y nuestra capacidad de reproducirlos. Capaz que al menos salvábamos eso, los cerebros y su fábrica.

En medio del auge informático brasileño, el 15 de agosto de 1986, según información ya desclasificada por EEUU, Ronald Reagan reunió su cabinete para encarar un “encuentro cumbre” con su contraparte brasileña, Jose Sarney. Esta reunión terminó con toda esperanza de un Mercosur Informático. Trato de resumirla:

William Casey, el director de la CIA, tildó al nuevo presidente brasileño de izquierdista, un crítico de la política de EEUU hacia Cuba y hacia Angola, opuesto además al régimen racista de Pretoria (pilar norteamericano en África), y de yapa renuente a aplicar los programas de ajuste del Fondo Monetario Internacional. El espía en jefe yanqui acusó a Sarney de estar desarrollando vínculos comerciales con la URSS y de proponer una “Zona de Paz en el Atlántico Sur” (verbigracia, la exclusión de la 4° Flota de la Armada estadounidense en el área).  También había restablecido relaciones diplomáticas con Cuba.

El Vicesecretario de Estado, John Whitehead, abundó con que Brasil creaba centenares de asuntos irritantes en lo económico: estaba armando lío en la última ronda de los acuerdos de tarifas GATT, ignoraba abiertamente a los acreedores del Club de París, copiaba sin pagar patentes farmacológicas estadounidenses…

El almirante John Pointdexter, consejero de seguridad de la Casa Blanca, sopesó la seriedad del caso: Brasil, dijo, aunque el estadounidense de a pie no tiene la más peregrina idea, ocupa la mitad de Sudamérica, era la 8° economía del mundo por tamaño, y su PBI registraba un crecimiento del 8% anual, entonces el mayor del planeta (sí, más alto que el de China entonces). Whitehead dejó caer que con semejante rampa a Brasil le sobraba dinero y que no tenía que pedirle nada al FMI, lo cual era (sic) un verdadero problema.

El Secretario de Defensa, Caspar Weinberger, opinó que los brasileños fabricaban muy buen armamento y se lo vendían a cualquiera, incluyendo países a los que EEUU preferiría que no… Y que seguían negándose a firmar el TNP. Y que podían tener algún proyecto nuclear “non sancto”.

Entrando en materia informática, el attaché comercial Clayton Yeutter le explicó a su presidente que los brasileños creían –erróneamente- poder competir con los EEUU y Japón. Dejó claro que la “reserva de mercado” con que Brasil amparaba su desarrollo en TICs le estaba costando a los exportadores estadounidenses hasta U$ 1000 millones/año. En su opinión, se podrían quebrar tales barreras gravando en represalia las exportaciones agroindustriales y las manufacturas brasileñas a EEUU, aplicándoles el artículo 301. Añadió que la cancillería brasileña le había advertido a Yeutter que eso significaría una crisis, y la posibilidad de que Sarney levantara unilateralmente su reunión con Reagan. Los brasileños tenían la pelota, y debían contestar en 10 días.

Fiel a la imagen que dejó de sí mismo, Reagan no tenía la más mínima idea de nada de lo dicho, ni siquiera de que Brasil a la sazón tuviera 130 millones de habitantes. Pero estaba interesado en saber si el dictador militar Joao Baptista Figueiredo seguía vivo, y en ese caso, si se llevaba bien con Sarney.

No se llevaban, le contestaron.

Impertérrito, el Gran Comunicador confesó que Figueiredo le había regalado un caballo de salto fantástico, cruza de pura sangre y de Hannaford alemán, capaz de salvar vallas de 6 pies y 9 pulgadas. Y dio más detalles.

Yeutter y los demás presentes esperaron a que Reagan terminara sus apreciaciones equinas para rematar los detalles prácticos del “meeting” con Sarney, y también echar pestes de la prensa yanqui, siempre crítica. Los curiosos pueden leer el documento desclasificado aquí:

Luego del encuentro Reagan-Sarney, sucedido sin sobresaltos el 9 de septiembre de 1986, el 13 de noviembre Reagan anunció sorpresivamente unas tasas mortíferas sobre U$ 107 millones de exportaciones brasileñas de frutas, jugos, cueros, calzado, carnes e incluso aviones de Embraer. Por circuitos más oficiosos, Yeutter le hizo saber a Sarney que del total de compras yanquis a Brasil (U$ 6200 millones el año anterior), en realidad eran U$ 700 millones las que se caían. Sao Paulo ardía.

El New York Times explicó que la ofensa principal brasileña había sido su renuencia a importar el sistema DOS de Mycrosoft “por tener sistemas operativos propios superiores”. Habida cuenta de cómo funcionaba el DOS, no es difícil creer que los primos tuvieran razón, pero el presidente Sarney reculó en chancletas y cambió la ley informática de 1984, dando fin a un despegue rampante de 8 años. Ahí fue cuando tras habernos hundido el barco, los EEUU nos pincharon la balsa.

Hoy Brasil en informática es la sombra de lo que fue, un importador neto. El hardware y el software no figuran en absoluto en los 15 primeros renglones de exportaciones brasucas de valor, aunque sí los aviones (puesto # 10) y los motores tipo turbojet (puesto #15).

Si alguien entiende que insinúo que un país que deja estas cuatro tecnologías, la nuclear, la aeroespacial, la informática y las biociencias en manos extranjeras tiene toda la vocación de evaporarse como estado-nación, la respuesta es: “Sí”. Y hablo más de nosotros que de los vecinos.

Sin embargo, para volver al carozo atómico de esta columna, conviene recordar por qué nunca fuimos proliferadores nucleares, pese a que en 1967 el presidente Artur da Costa e Silva literalmente nos empujaba a ello.

No lo fuimos porque podíamos darnos el lujo de ignorarlo.

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3 Responses to Argentina Nuclear, 2017 – L: Brasil, la última, y frustrada, esperanza de los informáticos argentinos

  1. Alcides Acevedo dice:

    La imaginación de Arias no tiene límites.

    Claramente el desarrollo informático de Brasil estaba condenado a fracasar ¿qué país del planeta desarrolló la informática de manera autónoma? ¿Alemania? ¿Inglaterra? ¿Francia? ¿la URSS?

    ¿Brasil tenía su propio sistema operativo superior a DOS? bueno, en esa época había unos cuantos sistemas operativos disponibles (incluso en Estados Unidos) pero a la larga Microsoft terminó imponiéndose ¿a qué viene entonces la fantasía sobre la autarquía tecnológica frustrada?

    Mencionan el caso de Embraer, si Estados Unidos no hubiese facilitado la homologación del avión Bandeirante a mediados de los 70 la empresa nunca hubiese “despegado” ¿se entiende? ¿ustedes creen que para vender aviones alcanza con tener un buen producto? muy raro, por un lado sabotean el desarrollo informático y por el otro facilitan el aeronáutico.

    Ah, otra cosa, Brasil no fabrica motores turbojet, por lo menos no a escala comercial y mucho menos para aviones comerciales, diseñar y certificar un motor de avión cuesta literalmente miles de millones.

  2. victorlustig dice:

    Al amigo Alcides le falta un poco de historia

    Alemania si, ver Zuse, perdio la guerra, se entiende, IBM le compro/se quedo con las patentes
    Inglaterra, si, ver historia de la que vendia te y para optimizar hizo una de las primeras maquinas comerciales, la mato IBM 360 y la inmensa cantidad de plata que previamente puso USA en SAGE
    Francia, si, aun hoy funciona Minitel
    URSS. si la mato, aunque parezca mentira el precio del petroleo caro donde era mejor copiar (aun con los errores de pulgadas/mm) y la falta de mercado de consumo (era comunismo)

    Yendo al punto, podria existir un mercado de hard y soft Brasil/Argentina, no creo, ninguno de los dos podia poner la plata que ponia USA en defensa que, luego se desparramaba a lo comercial y tipos como Jobs y Gates vendian (si, eran vendedores basicamente no desarrolladores etc)

    El Dos era una porqueria, sin duda, pero tenia escala de mercado y en la epoca esa pareceria ser que el amigo Arias, y ahi disiento con el, el punto era Visicalc y Lotus 123, no habia equivalente brasileño ni argentino, luego, no habia mercado.

    Lo que falto era lo que le pasa al Conicet hoy, buenisimo, pero comercialmente nadie piensa en lo que el mercado necesita o quiere y Visicalc, Lotus Wordperfect eran eso. Mas recuerden Wang y Multiplan, que, al no ser standard, murieron.

    ESLAI era academico, no de produccion, y ese era el problema, lo unico que si hicieron los brasileños fue un pick the winner en ERP y ahi nacio Datasul (hoy Totus), aca, en la decada ganada ni se les paso por la cabeza promover la unificacion. Pero el soft, los servicios, la produccion de eso es otro tema, y largo

  3. Daniel Eduardo Arias dice:

    Víctor, si no tenés los académicos, no tenés industria. Y en software eso es evidente. Salvo en culturas en las que la gente aprende a programar antes que a escribir, como la californiana de clase alta en los años ’80. Lo cual también es evidente.

    Pero no conozco ningún país, fuera de EEUU, que hubiera creado un medio ambiente como aquel en el cual nació el actual Silicon Valley.

    No sé si vale la pena contestarle al querido Alcides, pero para algo lo venimos criando, ¿no? Un blog sin un troll es como un castillo escocés sin fantasmas. Y como haberlos los hay pero nadie los ve, hay que agarrar lo que ofrece el mercado de fantasmas, aunque el nuestro no sea muy inteligente.

    Efectivamente, Sarney decidió joder a su propia industria informática, porque los fabricantes de calzado, los vendedores de jugo de naranja… y Embraer (es decir, las FFAA brasileñas) le pegaron un feroz apriete de gónadas. Todos esos productos, incluidos los aviones, quedaban fuera del mercado estadounidense si Brasil seguía con su ley de defensa del mercado propio.

    El DOS se vendió porque Bill Gates se lo compró, lleno de defectos y por 10.000 dólares, a un desarrollador independiente, y al día siguiente se lo vendió a IBM, que había desarrollado su primer PC de escritorio y no tenía un sistema operativo que la hiciera funcionar. Pero como Gates es un zorro negociando, no se lo vendió en exclusiva, y se asoció a porcentaje, confiado tranquilamente en que IBM iba a vender MUCHAS PCs, y que todos los fabricantes de hard mundiales la iban a copiar y mejorar, y se las tendrían que arreglar con el DOS por falta de algo mejor. Una apuesta que garpó, sin duda.

    Desde entonces, Mycrosoft se ha vuelto riquísima vendiendo productos en general copiados de Apple pero muy malos y llenos de glitches. Ha triunfado a través de todo tipo de maniobras monopólicas: esa firma debe tener más abogados que desarrolladores informáticos. Pero a todo chancho le llega su San Martín, como dicen en Mondoñedo. En informática es muy difícil seguir al frente del malón más de dos décadas, al menos si uno no logra sacar de la galera varios conejos que antes no existían, como logró hacerlo Apple durante los dos mandatos de Steve Jobs.

    Brasil no estaba condenado a morir en informática, don Acevedo. Creo que al sacrificar fabricar computadoras por exportar jugo de naranja Sarney fue un gil. Otra cosa es si me dicen que condenó a las empresas brasucas de hard y soft para exportar aviones de Embraer, que hoy tiene bastantes fábricas propias en territorio yanqui y es el tercer proveedor mundial de jets de cabotaje. Tal vez Sarney no fue tan gil, después de todo.

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