Y qué pasa con Massa?

massa

En un blog que ha vuelto a meterse en la coyuntura política -de la que nunca estuvo muy lejos, tampoco- sería extraño no ocuparse de Sergio Massa. Después de todo, aunque las encuestas (esas imágenes borrosas) y el monitoreo de las redes sociales (imágenes más impresionistas) coinciden en mostrar que ocupa bastante menos espacio en la atención y la imaginación popular que hace un año, también indican que es una de las figuras que existen. Además de Macri, Cristina, Vidal,… se percibe al tigrense. Para los que no aceptan al experimento Macri, o se han desilusionado, y siguen sin “tragar” la experiencia kirchnerista, S. M. está disponible.

El problema es que es difícil hablar de su estrategia y su proyecto. La gente mala dice que es porque no existen. Es cierto que Massa no curte un discurso explícito y elocuente. Uno sabe de reuniones y roscas, con y sin su participación directa, en particular de sectores del peronismo que están muy nerviosos por la naturalidad con que el PJ está asumiendo la candidatura de Cristina Kirchner en Buenos Aires. Pero -como ya dije a propósito de la expectativa Randazzo- reunirse con políticos ansiosos por figurar en alguna lista no es lo mismo que convocar a la sociedad. Ni siquiera a los votantes.

En cuanto a la alianza con Stolbizer… reviso la performance electoral de Margarita y no me impresiona. En el mejor de los casos, M. S., como Carrió, puede dar llegada a sectores de la clase media “indignada”, pero no contenido.

Así, me pareció interesante rescatar esta columna de Eduardo Fidanza de julio de 2013, hace casi cuatro años! E. F. es un sociólogo y consultor político que recomiendo leer a los politizados. En especial a los peronistas, que no deberían ponerse nerviosos y empezar a cuestionarlo ¡porque no es peronista! Mucha gente no lo es, y Fidanza es uno de los más lúcidos en este oficio.

Habla de Massa, y dice cosas inteligentes sobre la política moderna. Copio lo que decía entonces. Y agrego una evaluación actual:

Es posible que la campaña electoral que se desarrollará de aquí a octubre (2013) aporte novedades en cuanto a contenidos, tonos y estilos. En principio, asistimos a una redefinición de la comunicación política que aunque no es novedosa, parece ser cada vez más dominante y extendida. Las figuras que prevalecen en los sondeos recurren, disciplinados, a la caja de herramientas que provee el nuevo marketing sin salirse del guión. Por otra parte, se advierten señales de agotamiento de la política basada en contenidos ideológicos y argumentos discursivos.

Acaso la complaciente entrevista televisiva que le realizó Alejandro Fantino a Sergio Massa esta semana sea un buen ejemplo del tipo de comunicación que está imponiéndose. La presentación del candidato fue sobria y estudiada. En primer lugar, eludió cualquier definición ideológica, admitiendo apenas pertenecer a una “matriz” peronista que no definió y haber formado parte de las listas de ese movimiento desde hace años. En segundo lugar, y en complicidad con el entrevistador, destacó su juventud y afirmó que la crisis de 2001 abrió la puerta a nuevos dirigentes, aunque matizó con corrección: “La juventud no tiene que ver con la edad, sino con lo que uno tiene en la cabeza”. En tercer lugar, se refirió a su origen familiar, relatando que sus padres son italianos que vinieron al país a progresar. Más adelante en el reportaje dijo que la clave es la “movilidad social ascendente”; paradójicamente, el ejemplo de su saga familiar y un artículo de fe de Cristina Kirchner.

Esas señas de identidad enmarcaron la definición de fondo del candidato: el mundo de la política se divide en dos, de un lado están los que hablan y nunca hicieron nada y del otro los que callan y gestionan, llevando adelante una responsabilidad. Por eso, según Massa, es secundaria la pertenencia política, no importa si él u otros empezaron en la Ucedé y terminaron en el peronismo, lo verdaderamente significativo es si tienen experiencia en resolver problemas concretos ocupando cargos públicos. En la concepción massista pareciera existir un único modo válido de practicar la política: desde la administración estatal, no desde la argumentación discursiva.

Esta visión conduce, inadvertidamente, a una nueva clasificación de los actores políticos, simple y notoriamente sesgada. Por así decirlo: existiría el “partido” de los que poseen poderes ejecutivos (nacionales, provinciales o municipales) y el de los que no tienen esos cargos. Los primeros estarían en condiciones de resolver problemas a través de la gestión, los otros quedarían confinados al lugar de comentaristas abstractos. Así, la herramienta clave es el acceso a un poder ejecutivo. La nueva competencia se plantea entre funcionarios hacedores, con abultados presupuestos, y políticos declamadores, pobres en recursos y confinados a las ideas. Un somero inventario de los principales distritos mostrará, con pocas excepciones, a los gobernantes que doblegan con comodidad a los políticos de a pie.

Pero hay más. Por debajo del discurso de Massa no sólo existe una reclasificación de los actores políticos, se observa una amplia redefinición terminológica. En la entrevista, el candidato repite innumerables veces la palabra “gente”. La gente es la destinataria de todos los esfuerzos, debemos detectar lo que quiere y responderle, la gente está preocupada por esto y aquello y no por otra cosa; la gente dice, hace, piensa. Un machacar abrumador. En rigor, se trata de un nuevo diccionario. Donde antes se decía pueblo, ahora se dice gente; la historia se reemplazó por la agenda; el líder se convirtió en un gestor y la liberación de la opresión en la solución de los problemas. En tiempos del microtargeting , Massa alivianó la apuesta: no cree en salvadores de la patria, cree en “albañiles de la casa de todos, que es la Argentina”.

Cuando se habla de fin de ciclo se reduce la cuestión al ocaso del kirchnerismo. Tal vez sea útil ampliar la visión y hablar de un cambio de cultura política. Es cierto: probablemente concluya el kirchnerismo, pero con él parece que terminarán también los grandes relatos de la democracia argentina que signaron sus 30 años, desde el comienzo épico de Alfonsín a la ilusión emancipatoria de Cristina.

Con Massa, los políticos, como los poetas en el “Manifiesto” de Nicanor Parra, “bajaron del Olimpo”. Aunque poderosos, prefieren ser minúsculos, centrados en los dictámenes de un conglomerado impreciso denominado “gente”. Son sus gestores y como tales recorren el territorio con una máquina de detectar y resolver problemas. Pequeños políticos con pequeñas soluciones en la posmodernidad argentina.

Tengo la impresión que los nuevos liderazgos se basaron en los abundantes presupuestos públicos de la última década. Cabe preguntar si estas condiciones se mantendrán. Y si los gestores poseerán ideas, más allá del marketing, para encarar los complejos problemas estructurales que tiene por delante el país“.

Creo que queda claro porqué decidí subir esta vieja columna. Massa ya esbozaba en 2013 el enfoque político y el estilo de comunicación que se impuso en 2015. Mauricio Macri resultó ser el que mejor lo expresó, y eso no es casual ni simplemente un tema de presupuestos y asesores. Pero, como dije arriba, Massa sigue disponible. Y resulta evidente, y forzoso, que ese será su proyecto, especialmente si Cristina Kirchner es candidata.

Sus posibilidades de éxito no dependen de la recepción en la fauna política ni en el “círculo rojo”. Esos dos sectores ponen sus fichas en el candidato que puede ser favorable a sus intereses y aparece con posibilidades. La clave es si suficientes argentinos pueden “comprar” este enfoque, después de la recesión macrista.

Eso sí, me permito señalar que las probabilidades de eso aumentan si los militantes peronistas se aferran al discurso “indignado” con que recibieron la derrota de noviembre de 2015: furiosos con los votantes que habían sido tan tontos de no elegir a gente tan maravillosa como ellos. Quizás sea un prejuicio, pero me parece que ha sido una debilidad que se desarrolló junto con la alianza -necesaria y valiosa, por otra parte- con la clase media progresista que Néstor Kirchner empezó a desarrollar desde 2013 y que Cristina cimentó.

La resumo, en forma un poco superficial, diciendo que un buen progre ama sinceramente a los pobres, pero le resulta difícil darse cuenta que los pobres no necesariamente lo aman a él.

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4 respuestas a Y qué pasa con Massa?

  1. victorlustig dice:

    El ultimo parrafo es imperdible, y, contiene mucha menos superficialidad de lo que parece, de ahi a los campos de reeducacion hay un paso y explica por que los progres no son peronistas aunque se disfracen.
    El viejo apotegma rascas un progre y aparece un comisario politico sigue vigente.

  2. Charrua dice:

    Creo que es medio paradójico que justo en un momento en que parece insinuarse la aparición de un cierto bipartidismo con bases ideológico/sociales, lo haga bajo la etiqueta de la no-ideología, de la pura administración neutra.
    Quizás una reacción a ese sesgo épico y confrontativo del kirchnerismo o una manera de “vender” a la centro derecha.
    En todo caso, coincido con las malas lenguas: a este muchacho le falta estrategia y proyecto. Quizás se creyó demasiado su propio discurso, no sé, pero el puesto de “aliado bueno del gobierno de centro derecha” paga MUY mal. Preguntelé a Nick Clegg sino.
    Si las cosas van bien, el mérito es del gobierno, si van mal todos se acuerdan que los ayudaste a ganar y aprobar un programa antipopular. A menos que consigas algo MUY valioso a cambio del apoyo, es mal negocio.

  3. Voces dice:

    Me encantó la frase final ¡

  4. Norberto dice:

    Yo sinceramente me basaría en el tercio opositor, ese que disputan Isidoro y el Empleado, hay en él una masa de votantes que oscilan entre uno y otro, así como convencidos por uno y otro, y amplios sectores antiK, quienes pueden justificar muchas cosas pero que también tienen sus límites, y allí aparece lo que ha sido motivo de algunos de los últimos posts del estimado, admirado e intrigante Manolo, y debo decir que estoy de acuerdo con él y su recuerdo de las elecciones 2001, donde el voto nulo, en blanco y la no concurrencia fueron una porción apreciable del electorado.
    Creo no equivocarme al pensar, en acuerdo con lo que él expresa, que esa actitud se multiplicará dentro de los oficialistas y opoficialistas, provocando una gran sangría y potenciando el voto que aglutina el FPV, ademas de tomar con pinzas las encuestas sobre la intención de voto de la población, donde debe responder sobre su intención quien recibe una llamada que no sabe de donde viene quien depende de una u otra forma del Estado o un patrón en una comunidad relativamente pequeña, y que sus viejos y abuelos, tan informales como él, han recibido una o mas jubilaciones por las moratorias pasadas, y sus hijos ese equivalente a las asignaciones familiares que es la AUH.
    Nunca menos y abrazos

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