Argentina Nuclear, 2017 – XLVIII: Lo que los argentinos hicimos en informática, y el Mercosur que no fue

Daniel Arias continua con esta historia de la tecnología (y la política tecnológica, o ausencia de ella) en Argentina. En este capítulo y los siguientes no trata de la nuclear, sino de otra de las tecnologías que formaron nuestro mundo actual. La informática. De lo que los argentinos logramos en ese campo, y de lo que se habría podido hacer con Brasil.

  1. Oportunidades perdidas con Brasil

sadosky

cifra

El matemático Manolo Sadosky, poco antes de su muerte en 2005. Abajo, la primera calculadora CIFRA 211, sobria, bella, irrompible y diseñada por sus alumnos. Entre 1969 y 1976 hizo de la Argentina uno de los 10 mayores fabricantes mundiales de electrónica de oficina.

En 1987 algunos diplomáticos y periodistas brasucas y argentos nos devanábamos los sesos tratando de fijar los lineamientos técnicos y comerciales de un “Mercosur Nuclear”. Era imposible: ambos programas, el argentino y el brasileño, venían en picada por distintas causas.

Lo común en ambos lados de la frontera fue que, recuperadas ambas democracias, la gente atómica no tenía campeones entre los partidos civiles y los medios, y en esta nueva etapa, los milicos –aunque chirriaran- estaban pintados en la pared. De yapa, las nuevas autoridades energéticas renegaban del átomo y apostaban a la hidroelectricidad con entusiasmo de inventores. El descalabro de Chernobyl, el año anterior, había agravado además la desconcertada orfandad política de nosotros, los pro-nucleares sudacas.

La muerte de Jorjón Sábato, apenas un mes anterior a la jura de Alfonsín, había roto el único puente a prueba de terremotos entre el nuevo presidente y el “Planeta CNEA”.

Pero aunque el Cono Sur viniera con el átomo a la baja, 1986 pudo haber sido el año de boom de un “Mercosur Informático”. Ventana de oportunidad, la hubo y grandota: el mercado se había reinventado y disparado en los suburbios de Los Ángeles en 1981 con la aparición de las computadoras de escritorio, y Brasil –bajo su gruesa coraza aduanera- se había trepado con solidez a esa rampa. Y nos invitaba a subirnos.

Y no por filantropía. Desde 1979, literalmente entre gallos y medianoche, Brasil había devenido en la gran subpotencia informática regional: partiendo de un 27% de dominio de mercado propio, llegó al 60% en 5 años, los últimos 2 bajo paraguas de una ley de reserva de mercado. Habiendo devorado sus recursos humanos por exceso de éxito, las empresas brasucas, junto con los palacios de Planalto e Itamaraty, pedían urgentemente de la vieja baquía de la UBA en Computación Científica, carrera creada por el clan de Manolo Sadosky en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales. Eso sucedió en 1962, con la instalación de la primera supercomputadora de la región, la célebre “Clementina”.

Sadosky fue a los números lo que Sabato a los átomos, pero sin ningún paraguas naval, cuando todavía servían. Echado de la UBA por Onganía y luego del país por la Triple A, el irrompible don Manolo volvía en 1983 como Secretario de Ciencia, a recoger los pedazos del sistema científico y juntarlos sin Poxipol, porque no estaba en el presupuesto. De todos modos, aunque Alfonsín no le diera un mango, Manolo era pasajero inevitable en el avión presidencial.

Los nuevos empresarios informáticos brasileños tenían por fin con quién hablar.

Pero además tenían tema. No sólo querían asociarse a Sadosky y la UBA, querían sobre todo a sus hijos intelectuales, los dispersos ingenieros argentos de FATE Electrónica, con su extraordinaria experiencia en materiales, electrónica, diseño, fabricación y exportación. Estaban dispersos en el sistema científico, en las industrias o en el exterior.

Esta historia tiene una prehistoria. Desde 1967, los empresarios Manuel y Adolfo Madanes, fabricantes de impermeables desde 1935 (FATE= Fábrica Argentina de Telas Engomadas) y desde 1945, de neumáticos, dominaban el mercado automotor argentino.

En 1967 los Madanes aprovecharon la dispersión de cráneos (en más de un sentido) que desató Onganía en la UBA con su “Noche de los Bastones Largos”. Con la diáspora de renunciantes, los Madanes armaron otra empresa, “un aguantadero electrónico de tecnozurdos”, como la definen con nostalgia incrédula los memoriosos.

Los Madanes eran millonarios y contrataron a los próceres matemáticos e informáticos criados por Sadosky, entre ellos Humberto Ciancaglini y el radioastrónomo Carlos Varsavsky. Los que entonces eran muy jóvenes siguen en la brecha y recuerdan: Alfredo Moreno, que desde ARSAT diseñó en 2014 el software de la plataforma de cine argentino “Odeón”, o el maestro criptógrafo Hugo Scolnik, que dirigió hasta 2014 el Data Center de la firma.

Desde la citada noche de cachiporrazos y hasta la llegada de Martínez de Hoz, durante 9 años, “aquella chusma valerosa” (por decirlo a lo Borges) de Exactas y de Ingeniería, con Varsavsky como Jefe de Nuevos Proyectos, logró implantar la marca CIFRA en casi toda oficina privada o pública argentina y latinoamericana. “Implantar” minimiza todo. CIFRA barrió con la competencia. La pisoteó y pulverizó.

¿Quién era la competencia? Olivetti ante todo, que tenía el 90% del mercado. Lo perdió. ¿Y Corea del Sur no aprovechó para colarse? Ni pintaba. ¿Qué sabían esos de electrónica? Las firmas a vencer eran la mencionada, más las yanquis Remington, Monroe, Hewlett Packard y Victor, más las emergentes japonesas Toshiba y Sharp. Y derrotadas fueron, desde Tierra del Fuego al Río Grande.

Años de oro de la electrónica argentina: otros fabricantes de calculadoras se sumaron al malón argentinos: Czerweny, Drean, Talent. Los equipos de audio Audinac y Holimar eran MEJORES que los japoneses, y sólo les pisaba el poncho alguna marca “very high end” como la yanqui Marantz, la nipona Luxman o la inglesa NAD. Pero lo de FATE-CIFRA era un vendaval. ¿Qué quedó de eso?

Diez años y 30.000 muertos más tarde, en 1986, la de FATE-CIFRA era ya otra épica industrial olvidada en el Gran Alzheimer Argentino, pero los brasileños la recordaban bien.

Sabiendo en peligro su Política Nacional de Informática escrita de apuro en 1984 para decirle “vade retro” a Bill Gates y a sus obras, el presidente Jose Sarney trataba de prolongar el momento de gloria de sus propias marcas. Hablo de Modulo en software, e IGB, Itautec y Bravox en hardware, y varias más que aquí no pintaron nunca.

En 1986, los brasileños habían chocado contra un techo interno: necesitaban no solo de nuestros recursos humanos como de nuestra capacidad de formarlos. Cuando tuvieran que sobrevivir fuera de su corralito, debían salir matando, mandarse “la gran blietzkrieg”. De modo que decidieron hablar con expertos en invasiones electrónicas.

Sí, tal cual, no mire alrededor. Hablo de nosotros.

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11 respuestas a Argentina Nuclear, 2017 – XLVIII: Lo que los argentinos hicimos en informática, y el Mercosur que no fue

  1. victorlustig dice:

    Daniel

    entiendo tu cruzada, pero, yo me crie con eso, y, no fue tan asi, hasta el 76, mas o menos, en la epoca de Alfonsin definitivamente no (por citar uno, Czerweny importaba las placas y hacia las Sinclair)
    Y Brasil, cometio el gran error de cerrar eso, ni a ellos el mercado les daba para copiar PC y exportar

    De nuevo, entiendo y lo vivi, pero la epoca de Alfonsin, definitivamente no (solo ESLAI y hasta ahi), y los brasileños nunca nos pensaron comos socios

    BTW Audinac y Holimar no eran mejores, les competian los japoneses, a los ingleses (top de linea, ni mamados), la razon? facil, las lineas de semiconductores tienen diversos grados de control de calidad, Space, JAN, USA, y ultimo aca, el ruido es uno de los parametros.

    De nuevo, muchos recordamos epocas donde la industria (Y Madanes no eran santos) estaba subiendo, el 76 la mato, los 83 en adelante no la revivieron, menos esta ultima decada.

  2. chofer fantasma dice:

    Nokia también paso de ser fabricante de articulos de goma a fabricante de electrónica, algunos años después de FATE. Es una extraordinaria casualidad o será que los finlandeses vieron el mismo tipo de agujero de mercado?

  3. Bob Row dice:

    Por razones generacionales y familiares, la épica de Fate Electrónica hasta el ’76 permanece para mí como ejemplo de los desarrollos posibles cuando se adoptan las estrategias correctas y el contexto de las políticas macroeconómicas no las antagoniza. Este libro hace un buen relato de esa etapa: http://www.inti.gob.ar/sabercomo/sc113/sc113.php?seccion=5

  4. […] Historia Moderna de la Tecnología Argentina”, es especial. En el plano político, es la continuación del anterior, una visión del Mercosur que pudo haber sido y no fue. En lo industrial y tecnológico, es la […]

  5. […] capítulo (el número 50°!) de la saga de Daniel Arias es la continuación del número 48. Es complicado, porque la realidad también lo es. Pero, como yapa, pueden asistir a una reunión […]

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