Otra vez: Los nacionalismos que vuelven (y los que no se fueron)

nacionalismos

Preparando las valijas, alguien me acerca una nota de La Política Online: Recalde y Cerruti, los candidatos de Cristina para la Capital. Como ya dije, no se puede comentar la coyuntura desde afuera. Pero, aunque sea una de las operaciones de Nacho Fidanza, refleja que la coyuntura viene berreta. Es evidente que la política pasa por los candidatos; en lo inmediato, ES los candidatos. Pero también -y lo digo con mi sombrero de publicista- es necesario empezar mostrando algo nuevo. Ya que tengo que repetirme para mi habitual homilía dominical, reitero un posteo reciente. Que ademas fue reproducido por el atento Alternativa Económica. Pero creo que tiene algunos elementos importantes para un enfoque de esta etapa global, y, de paso, en la ultima frase, para nuestra politica (aunque el nuestro sea, en muchos aspectos, un capitalismo pre industrial).

Este es un tema -el del Estado Nación, y su significado para los seres humanos que lo forman- que he tocado en el blog desde que existe. Inevitable, porque ha sido importante para mí desde que empecé a pensar la política. En realidad, son aspectos de lo mismo: el patriotismo es un sentimiento natural -para los que lo sienten- pero la nación es un proyecto político en común.

Pasa que no se adapta a tratarlo en posteos más o menos breves, ni es fácil combinar la reflexión con el compromiso político y el trabajo en comunicación… Pero uno tiene este impulso bloguero, y la sospecha que la elección de Donald Trump va a provocar oleadas de palabrerío sobre el asunto. Entonces, acerco algunas ideas para despertar discusiones y, quizás, empezar a bosquejar un análisis más serio.

Ante todo, podemos empezar con un dato evidente: la campaña de Trump ha sido una manifestación del nacionalismo estadounidense. El significado de su consigna “Hagamos (Norte) América grande otra vez” da para algunas preguntas, pero no para dudar de la sinceridad de sus votantes.

Ahora, eso no debe hacernos creer que la otra candidata, Clinton, el presidente Obama y los otros 43 presidentes anteriores de los EE.UU. no defendían los intereses de su nación, tal como ellos los entendían (No muy diferente de como los entiende Trump, sospecho). La distinción -importante en el mundo de los discursos, que a su vez importa en la realidad- es que a partir de 1932, con mayor o menor énfasis, la búsqueda del poder de ese país tuvo una envoltura ideológica: la Defensa de la Libertad, de la Democracia, del Mundo Libre… De eso se habló en el blog aquí.

Las razones porqué el candidato triunfante se decidió a dejar de lado ese discurso -al menos en la campaña- no las vamos a analizar ahora. El hecho es que una política de defensa de los intereses de EE.UU., sin barniz ideológico ni pretensiones de ideales trascendentes, crea una situación nueva.

No sin precedentes, cuando lo pensamos un poco. Putin defiende los intereses geopolíticos y económicos de Rusia con la misma dureza que lo hacía, por ejemplo, Stalin, pero, a diferencia del georgiano, no tiene ni la herramienta ni la carga que representaba una ideología de la revolución mundial. Que si bien le ganaba seguidores en el exterior, también le garantizaba, inevitablemente, enemigos mortales.

En forma menos dramática, como corresponde a una civilización donde nunca echó raíces profundas una religión mesiánica, China ha dejado de lado el maoísmo como producto de exportación -lo conserva como referencia de unidad- y se dedica exportar productos manufacturados, para convertirse en el taller del globo.

No estoy comparando -señalo lo obvio para evitar confusiones tontas- el marxismo leninismo con el “intervencionismo democrático”. La comparación es entre nacionalismos, como instrumentos de afirmación y cohesión nacional.

El mismo rol que están jugando en Turquía, en la India, … La lista es muy larga, y demuestra que el título de este posteo es engañoso. Los nacionalismos, como Troilo, siempre están llegando.

Hay algunas regiones en el mundo, importantes, donde esta afirmación debe ser matizada.

En primer lugar, el mundo árabe. Ahí, la construcción de estados nacionales modernos y fuertes enfrentó el ataque abierto y solapado de las potencias europeas, y más recientemente de EE.UU. e Israel. Pero también había y hay debilidades internas que pusieron obstáculos casi insalvables a la tarea. Lo he discutido en el blog y lo volveré a hacer.

También nosotros, Latinoamérica. Aquí hemos formado estados nacionales modernos, si bien no muy organizados, al estilo occidental. Somos mestizos de Occidente, después de todo. Pero tenemos conciencia de una tarea pendiente, desde la independencia. Sino construimos una unión sólida entre nuestros países -el Estado continental industrial del que hablaba Methol Ferré- no seremos más que peones en el juego global.

Y Europa, donde empezó el estado nación con la Paz de Westfalia y se hizo de masas con la Revolución Francesa… Sus dos grandes carnicerías del siglo pasado le crearon anticuerpos, como diría Perón, contra el nacionalismo. No que las potencias dejaron de perseguir sus intereses nacionales con toda la crueldad y masacres que consideraron necesarias: Indochina, Argelia, Egipto, el África subsahariana… Pero el nacionalismo se convirtió en una expresión tabú.

Hasta que el deterioro del Estado de Bienestar y del ideal de la Unión Europea, corroídos por una burocracia que defiende un esquema económico que cada vez se muestra más incapaz de garantizar trabajos dignos para las mayorías, ha conseguido que vuelvan los nacionalismos.

En Polonia gobierna Jaroslaw Kaczynski, y en Hungría Viktor Orban. En Francia, han aumentado las chances de Marine Le Pen. También activan el holandés Geert Wilders, el italiano Matteo Salvini de la Liga Norte, el inglés Nigel Farage, del partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), que además es amigo de Trump…

Por supuesto, la victoria del Donald los estimula. De la misma forma que despierta terror entre las élites políticas e intelectuales europeas. Por mi parte, me permito opinar que no son “neofascismos” -no por falta de ganas, en algunos de los que están más lejos de gobernar- sino porque no tienen la pulsión de poder y de muerte del fascismo original, de las ideologías que marcaron a fuego el siglo XX. Tampoco tienen la capacidad de construir una comunidad y una identidad, como fue la construcción de los estados nacionales en Europa y en todo el mundo.

Los veo, quizás superficialmente, como expresiones del temor a lo distinto y un intento de aferrarse a pasados más o menos imaginarios, y a las partidas de presupuestos cada vez más ajustados, también.

Pero me resuena una frase que leí hace poco y quedó en mi memoria aunque no recuerdo el autor: En la era de capitalismo post industrial las elecciones se ganan por las aspiraciones de pertenecer y no de ser todos iguales.

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13 respuestas a Otra vez: Los nacionalismos que vuelven (y los que no se fueron)

  1. David (idu) dice:

    “En primer lugar, el mundo árabe. Ahí, la construcción de estados nacionales modernos y fuertes enfrentó el ataque abierto y solapado de las potencias europeas, y más recientemente de EE.UU. e Israel. Pero también había y hay debilidades internas que pusieron obstáculos casi insalvables a la tarea. Lo he discutido en el blog y lo volveré a hacer.”

    ———————

    Por favor, amigo Abel: ¿Podrías nombrarme UN país de la Tierra que haya recibido durante la “primavera árabe” algún “ataque abierto (…) de (…) Israel”?

    • Juan el Bautismo dice:

      cientos de millones de cientificos, politicos, iraquies, egipcios, palestinos, sirios, iranies, mueren de viejos o atacados solapadamente por el estado judio con pasaporte falso.
      Ademas a nadie se le escapa el subtexto homoerotico cuando cuestionas al compañero.

      • David (idu) dice:

        Querido Juan (el erótico) el Bautismo:

        No respondes a mi pregunta.

        Cientos de millones de cientificos??

        Calculadora?, plis. ..

        Saludos

  2. Casiopea dice:

    Muy buena la ilustración del posteo. Los estados débiles seguirán siendo débiles porque los motivos que los hacen débiles, sean institucionales o religiosos, no van a desaparecer. Y los fuertes siguen siendo fuertes, pero están tambaleando frente a las fuerzas de la globalización cuyos núcleos más “energizados” están situados dentro de sus mismas fronteras. Yo no sé quién va a ganar la pulseada, ni en cuanto tiempo. Lo único que les ruego a los estados nacionales fuertes es que no nos metan a todos en una guerra, porque las peores guerras de la historia occidental se hicieron por la gloria o el honor de tal o cual estado, y la verdad es que el horno no está pa bollos. Y si se van de mambo con las guerras comerciales y las devaluaciones competitivas y la destrucción del comercio, van a desprestigiar tanto la noción de estado que la globalización total va a parecer la única solución posible. Todos estos Trumps y Putines y demás taitas del circo actual parecen sacados de un manual de historia de la primera mitad del siglo 20. Es como para helarle la sangre a cualquiera. Por el momento Trump viene retrocediendo en chancletas de algunas de sus bravuconadas más alucinantes, como la de que no iba a apoyar la sagrada “one China policy” (ahora resulta que sí). Pero nunca se sabe, el tipo es tan prepotente como impredecible.

  3. Teodorico dice:

    ¿Podría hacer un par de comentarios?

    Me llamó la atención la comparación Putin-Stalin, en el sentido de que el primero no tiene mucha de la carga de la ideología que tenía el segundo. Lo que favorece a Putin es que tiene más margen para elegir o descartara aliados, que la que podía tener la Unión Soviética cuando la ideología le elegía aliados que desde el punto de vista geopolítico eran un lastre. Y que tenía que deshacerse de éstos de manera más o menos decorosa.

    El contrapunto actual, es el odio anti-ruso acérrimo que tienen los sectores medios urbanos occidentalizados en la esfera pos-soviética: Letonia, Georgia, Ucrania (donde el sentimiento anti-ruso en realidad no es mayoritario ni unánime). Deseosos de ser aliados de la OTAN, por el solo gusto de estar en el club de gente importante.

    El problema del mundo árabe, es que no estaban tan claramente configurados como Estados Nación hasta que terminó la Primera Guerra Mundial. Los límites y divisiones se hicieron de manera más o menos orientativa, pero básicamente los marcaron el Reino Unido y Francia con regla, escuadra y lapicera. Es muy curioso el contexto actual de “Guerra Fria” entre Arabia Saudita e Irán, porque, por más que tengan la Meca, estamos enfrentando a un estado creado hace menos de 100 años como regalo de los británicos a una familia de jeques, los Saud, contra un estado-nación de 5.000 años de historia.

    Los ejemplos siguen: ¿como pacificar ese nudo de pueblos llamado Irak?, ¿los kurdos tienen derecho a un estado?, ¿El Sahara Occidental es marroquí?, ¿Cuando aparece en el mapa ese país llamado “Mauritania” ? (pregunta clave para empezar a responder la anterior)… ¿Por qué se dice aún sirio-libanés?

    • guillermo dice:

      Es gracioso que alguien que presumo peronista progre en Argentina (entre quienes el odio desaforado hacia poderes imperiales es fuerte, aunque jamas Argentina haya experimentado dominación directa por otro desde la Independencia) pueda atribuir las ganas de estar bajo OTAN de los paises balticos, Georgia o Ucrania, al ‘gusto de estar en el club de gente importante.’

      Es perfectamente posible ser un entusiasta del imperio ruso y querer reconstruirlo, aunque sea haciendo de claque,pero por lo visto y escrito, parecería que algunos imperios son malísimos, el ruso no. Adoptar ‘el enemigo de mi enemigo…’ como brújula no es buena idea.

      • Teodorico dice:

        Progue si, peronista no me decido pero ya creo que no, no vivo en la Argentina en este momento: los traumas que quedaron en Europa Oriental son complejos realmente… Ah! El imperialismo no es siempre dominación (conquista) directa, acá lo aprendimos bastante bien.

        Los rusos se mandaron y se mandan las suyas, eso sin duda. Pensé redundante aclarar que los rusos no son blancas palomitas (en realidad estaba implícito cuando dije como desechaban aliados). Me cuesta ver a Saakashvili, Poroshenko o esos gerontes SS letones como héroes anti-imperialistas, pero bueno, quizás sea falla mía.

        Y me parece que a la larga no es buen negocio cambiar un amo por otro.

      • guillermo dice:

        Tu primer post no tiene absolutamente ninguna indicación crítica sobre Putin. Sí sos crítico, o al menos despectivo, de Letonia, Georgia, Ucrania. No dudo que en general sus ciudadanos no son candidatos al rey filósofo, pero si les objetás las ganas de estar en la OTAN la opción que les dejás es Putin. Nadie va a ser independiente y chico al lado de Rusia. Entre Putin y NATO, yo sé cual preferiria como patron si no puedo ser libre.

        En cuanto a tu estado nación de 5000 anios de historia en Saudi Arabia, de que estás hablando? No soy experto en el tema pero según Wikipedia/Saud, los Saud eran el clan dominante en la región desde 1400, me imagino que dentro de lo que el Imperio Otomano les permitia hacer. No había estados/naciones en Arabia/Oriente Medio hasta la caída de los otomanos, habian absorbido todos los califatos previos para 1400. 5000 anios atras solo habia ‘estados’ en Mesopotamia,no eran arabes.

      • Mariano T. dice:

        Los líderes nacionalistas rara vez son personajes ejemplares. Ni los de grandes naciones imperialistas, ni las de naciones que han luchado siglos contra ellas. Hay lo que hay, y frecuentemente el nacionalismo es el refugio de bribones.
        En el este de Europa, sean lo que sean sus líderes, se trata de pueblos que han luchado contra el imperialismo ruso desde hace 300 años por lo menos(desde bastante antes de que EEUU existieran). Con excepción de los inmigrantes rusos que les transplantaron los zares o los bolcheviques. El imperialismo prusiano es también más cercano, y solo afectó a países como Polonia.
        Acercarse a Occidente y la NATO es un imperativo de supervivencia como países independientes. Siempre va a haber ciudadanos que prefieran la dominación del amo de siempre, como no. Pero en estos casos, hay pocas dudas de lo que la disolución de la NATO acarrearía.

      • Teodorico dice:

        Guillermo: Tenés razón en señalar a Ucrania como un caso muy trágico, con la hambruna de los años ’30. Pero el problema en general es aún peor, porque así como media Ucrania mantiene el odio y rencor hacia Rusia, la otra mitad no sólo no lo tiene, sino que por el contrario, comparte vínculos idiomáticos, culturales e incluso familiares, con ese país el cuál les es históricamente inseparable. ¿Quién fue el genio geopolítico que pensó que podía romper ese equilibrio y que nada iba a pasar?

        Me cuesta ver con simpatía casos como Georgia (patria de Stalin, al fin y al cabo) o Letonia, aunque no soy un experto en la historia de éste último país. Sí comprendería casos como el de Lituania, con una identidad nacional-cultural más definida que sí puede considerarse víctima de conquistas. Y también Polonia, gran parte fuera de la ex-URSS.

        Finlandia fue un ejemplo en la guerra fria de coexistir (no digo convivir) con el gigante al lado, aunque se silenció convenientemente su colaboración entusiasta con el III Reich durante la guerra.

        MarianoT: No dije que fuera fácil, sólo que la historia demuestra muchos ejemplos de lo poco conveniente que resulta ir a llorarle a la potencia de turno para que te defienda, sea EEUU, los británicos, Francia, Hernán Cortés o el Imperio Romano.
        ¿Es muy utópico pensar una coalición o comunidad de estados un poquito autosuficiente?.

        Sobre los estados árabes, justamente eso estaba diciendo, que ellos no tenían el concepto de estado-nación, y que títulos legítimos o no, en esencia el dibujo lo hicieron las potencias de siempre. Otras familias reales creían poder disputarle la Meca a los Saud. (Actualmente Jordania pretende Palestina para sí).

        Con lo del estado-nación milenario, me refería justamente a Persia, actualmente islamizada y coyunturalmente renombrada “Irán”. Sobrevivió las derrotas de las guerras médicas y a Alejandro Magno, fue el único estado reconocido como un igual por Roma, mantuvo cierta unidad durante el colapso de la Alta Edad Media, sobrevivió la furia mongola, contuvo a Bizancio y limitó el resurgimiento huno. Luego se islamizó y se integró al mundo musulmán (y se integró con los árabes) en su época de mayor esplendor. Y ahora andan siempre presentes. ¡Algún mérito debemos reconocerles a estos muchachos!

      • Mariano T. dice:

        Teodorico. Como expliqué antes, Stalin tenía la costumbre de, cuando amasijaba o deportaba una cantidad significativa (7 dígitos) de personas, las reemplazaba por rusos que eran obligados a establecerse.Lo hizo en el Caucaso, y lo hizo en Ucrania, Bielorusia, Letonia y Estonia.
        En Ucrania quedaron al este, en Crimea y en Kiev, así que en la zona hoy dominada por Kiev, son minoría(El este y Crimea ya pertenecen a Rusia), y deberían ucranianizarse o emigrar. Esos rusoucranianos no son un pueblo, ni parte de uno, son un caso parecido a los kelpers, pero minoritario.
        En los casos como Ucrania, hay amigos de turno, pero enemigos permanentes. El nacionalismo ucraniano(o el lituano) es esencialmente anti-ruso, como el nacionalismo irlandés es anti-inglés, y el catalán anti-español. Los polacos, siempre atenazados por Este y Oeste, son antirusos y antialemanes a la vez. Por suerte Latinoamérica esta exenta de esos sentimientos tan fuertes, salvo un antinorteamericanismo raro, admirador de Holliwood, que tenemos todos en mayor o menor grado.
        Me acuerdo de un ex jefe, griego de padre y madre, cuyo padre lo entrenó de chico “El único turco bueno, es el turco muerto”

      • Abel B. dice:

        Mariano T, me siento obligado a corregirlo. Un sector de la población de Ucrania ha sido fuertemente rusófilo, siglos antes de Stalin. Vinculado, en forma demasiado complicada para tratarlo en un post, con la división entre los patriarcados ortodoxos y la Iglesia “Uniate”. Y en general con el odio común hacia los polacos

      • Mariano T. dice:

        Hasta esa iglesia ortodoxa ucraniana, unida a la rusa, se separó en los últimos años. Hay una iglesia ortodoxa ucraniana autónoma, de los que no quieren compartir ni siquiera la religión con los rusos. Eso no implica que los otrodoxos tradiconales sean rusófilos, solo comparten la religión.
        La iglesia uniata(católica) ucraniana ha resurgido ultimamente, pero había sido liquidada por los últimos zares y por Stalin. Lo que ha cambiado desde 1989 es que poco a poco el idioma ucraniano, que en ese momento solo era mayoritario en las zonas rurales, empezó a retomar terreno en Kiev y las grandes ciudades, y ya es mayoritrio en la zona occidental. Un proceso parecido al del catalán, el vasco y el gallego.

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