El neoliberalismo “progresista” y el progresismo autocrítico

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Mi amigo Roberto Roitman, hombre de lecturas cultas -Zygmunt Bauman, entre muchos- me hizo llegar este artículo de Nancy Fraser, una intelectual feminista estadounidense, profesora de ciencias políticas y sociales en The New School de Nueva York. Es decir, una referente de la elite “izquierdista” o progresista, “liberal” como le dicen allí.

Una elite que a pesar de haber sido derrotada por el Donald, conserva mucho poder. A través del manejo de muchos y muy influyentes medios, y, sobre todo, como usina de pensamiento para gran parte del mundo desarrollado. (Y su eco, llega, simplificado, a nuestros medios progres, cómo no).

Le dije a Roberto que era interesante pero largo. Pero, bueno, muchos estamos o vamos a estar en vacaciones y habrá tiempo libre para leerlo. Vale la pena. Porque, sin decirlo con todas las letras, es una autocrítica lúcida de un sector que, repito, maneja poder en el mundo desarrollado y, desde allí, en todo el globo.

Creo que nos resulta especialmente interesante para los argentinos, porque su equivalente local, aunque es menos “elite” y maneja muchos menos recursos, tiene una inserción política como la que Nancy Fraser quisiera ver en su país. Me refiero a los intelectuales progres -muchos- que apoyan a Cristina Kirchner. F0rman parte, entonces, de una coalición que -outsider y cuestionada en el presente- tiene buenas chances políticas.

También a ellos les sirve esta nota. Porque es el reconocimiento que las viejas consignas progres hoy no suman mayorías electorales (En Argentina, nunca lo hicieron). Necesitan plantear objetivos y alianzas más concretos que el emocional “Volveremos!”. Estoy seguro que CFK lo tiene claro ¿Ellos?

El final del neoliberalismo “progresista”

La elección de Donald Trump es una más de una serie de insubordinaciones políticas espectaculares que, en conjunto, apuntan a un colapso de la hegemonía neoliberal. Entre ellas, podemos mencionar el voto del Brexit en el Reino Unido, el rechazo de las reformas de Renzi en Italia, la campaña de Bernie Sanders para la nominación Demócrata en los EEUU y el apoyo creciente cosechado por el Frente Nacional en Francia.

Aun cuando difieren en ideología y objetivos, esos motines electorales comparten un blanco común: rechazan la globalización gran-empresarial, el neoliberalismo y al establishment político que los ha promovido. En todos los casos, los votantes dicen “¡No!” a la letal combinación de austeridad, libre comercio, deuda predatoria y trabajo precario y mal pagado que resulta característica del actual capitalismo financiarizado. Sus votos son una respuesta a la crisis estructural de esta forma de capitalismo, crisis que saltó por primera vez a la vista de todos con la crisis del orden financiero global en 2008.

Sin embargo, hasta hace poco, la repuesta más común a esta crisis era la protesta social: espectacular y vívida, desde luego, pero de carácter efímero. Los sistemas políticos, en cambio, parecían relativamente inmunes, todavía controlados por funcionarios de partido y elites del establishment, al menos en los estados capitalistas poderosos como los EEUU, el Reino Unido y Alemania. Pero ahora las ondas electorales de choque reverberan por todo el planeta, incluidas las ciudadelas de las finanzas globales. Quienes votaron por Trump, como quienes votaron por el Brexit o contra las reformas italianas, se han levantado contra sus amos políticos. Burlándose de las direcciones de los partido, repudian el sistema que ha erosionado sus condiciones de vida en los últimos treinta años. Los sorprendente no es que lo hayan hecho, sino que hayan tardado tanto.

No obstante, la victoria de Trump no es solamente una revuelta contra las finanzas globales. Lo que sus votantes rechazaron no fue el neoliberalismo sin más, sino el neoliberalismo progresista. Esto puede sonar como una contradicción, pero se trata de un alineamiento, aunque perverso, muy real: es la clave para entender los resultados electorales en los EEUU y acaso también para comprender la evolución de los acontecimientos en otras partes.

En la forma que ha cobrado en los EEUU, el neoliberalismo progresista es una alianza de las corrientes principales de los nuevos movimientos sociales (feminismo, antirracismo, multiculturalismo y derechos de los LGBTQ), por un lado, y, por el otro, sectores de negocios de gama alta “simbólica” y sectores de servicios (Wall Street, Silicon Valley y Hollywood). En esta alianza, las fuerzas progresistas se han unido efectivamente con las fuerzas del capitalismo cognitivo, especialmente la financiarización. Aunque maldita sea la gracia, lo cierto es que las primeras prestan su carisma a este último. Ideales como la diversidad y el “empoderamiento”, que, en principio podrían servir a diferentes propósitos, ahora dan lustre a políticas que han resultado devastadoras para la industria manufacturera y para las vidas de lo que otrora era la clase media.

El neoliberalismo progresista se desarrolló en los EEUU durante estas tres últimas décadas y fue ratificado por el triunfo electoral de Bill Clinton en 1992. Clinton fue el principal ingeniero y portaestandarte de los “Nuevos Demócratas”, el equivalente estadounidense del “Nuevo Laborismo” de Tony Blair. En vez de la coalición del New Deal entre obreros industriales sindicalizados, afroamericanos y clases medias urbanas, Clinton forjó una nueva alianza de empresarios, suburbanitas, nuevos movimientos sociales y juventud: todos proclamando orgullosos su bona fides moderna y progresista, amante de la diversidad, el multiculturalismo y los derechos de las mujeres. Aun cuando la administración Clinton hizo suyas esas ideas progresistas, cortejó a Wall Street. Pasando el mando de la economía a Goldman Sachs, desreguló el sistema bancario y negoció tratados de libre comercio que aceleraron la desindustrialización. Lo que se perdió por el camino fue el Cinturón del Óxido, otrora bastión de la democracia social del New Deal y ahora la región que ha entregado el Colegio Electoral a Donald Trump. Esa región, junto con nuevos centros industriales en el Sur, recibió un duro revés cuando la financiarización más desatada campó a sus anchas en el curso de las pasadas dos décadas. Continuadas por sus sucesores, incluido Barack Obama, las políticas de Clinton degradaron las condiciones de vida de todo el pueblo trabajador, pero especialmente de los empleados en la producción industrial. Para decirlo sumariamente: Clinton tiene una pesada responsabilidad en el debilitamiento de las sindicatos, en el declive de los salarios reales, en el aumento de la precariedad laboral y en el auge de las familias con dos ingresos que vino a substituir al difunto salario familiar.

Como sugiere esto último, al asalto a la seguridad social le dio lustre un barniz de carisma emancipatorio prestado por los nuevos movimientos sociales. Durante todos los años en los que los se abría un cráter tras otro en su industria manufacturera, el país estaba animado y entretenido por una faramalla de “diversidad”, “empoderamiento” y “no-discriminación”. Identificando “progreso” con meritocracia en vez de igualdad, con esos términos se equiparaba la “emancipación” con el ascenso de una pequeña elite de mujeres “talentosas”, minorías y gays en la jerarquía empresarial del quien-gana-se-queda-con-todo, en vez de con la abolición de esta última. Esa comprensión liberal-individualista del “progreso” vino gradualmente a reemplazar a la comprensión anticapitalista –más abarcadora, antijerárquica, igualitaria y sensible a la clase social— de la emancipación que había florecido en los años 60 y 70. Cuando la Nueva Izquierda menguó, su crítica estructural de la sociedad capitalista se marchitó, y el esquema mental liberal-individualista tradicional del país se reafirmó a sí mismo al tiempo que se contraían las aspiraciones de los “progresistas” y de los sedicentes izquierdistas. Pero lo que selló el acuerdo fue la coincidencia de esta evolución con el auge del neoliberalismo. Un partido inclinado a liberalizar la economía capitalista encontró su compañero perfecto en un feminismo empresarial centrado en la “voluntad de dirigir” del leaning in o en “romper el techo de cristal”.

El resultado fue un “neoliberalismo progresista”, amalgama de truncados ideales de emancipación y formas letales de financiarización. Fue esa amalgama la que desecharon in toto los votantes de Trump. Prominentes entre los dejados atrás en este bravo mundo cosmopolita eran los obreros industriales, desde luego, pero también ejecutivos, pequeños empresarios y todos quienes dependían de la industria en el Cinturón Oxidado y en el Sur, así como las poblaciones rurales devastadas por el desempleo y la droga. Para esas poblaciones, al daño de la desindustrialización se añadió el insulto del moralismo progresista, que se acostumbró a considerarlos culturalmente atrasados. Rechazando la globalización, los votantes de Trump repudiaban también el liberalismo cosmopolita identificado con ella. Algunos –no, desde luego, todos, ni mucho menos— quedaron a un paso muy corto de culpar del empeoramiento de sus condiciones de vida a la corrección política, a las gentes de color, a los inmigrantes y los musulmanes. A sus ojos, las feministas y Wall Street eran aves de un mismo plumaje, perfectamente unidas en la persona de Hillary Clinton.

Lo que hizo posible esa combinación fue la ausencia de cualquier izquierda genuina. A pesar de arrebatos periódicos como Occupy Wall Street, que se rebeló efímero, no ha habido una presencia sostenida de la izquierda en los EEUU desde hace varias décadas. Ni se ha dado aquí una narrativa abarcadora de izquierda que pudiera vincular los legítimos agravios de los votantes de Trump con una crítica efectiva de la financiarización, por un lado, y con la visión antirracista, antisexista y antijerárquica de la emancipación, por el otro. Igualmente devastador resultó que se dejaran languidecer los potenciales vínculos entre el mundo del trabajo y los nuevos movimientos sociales. Divorciados el uno del otro, estos indispensables polos de cualquier izquierda viable se alejaron indefinidamente hasta llegar a parecer antitéticos.

Al menos hasta la notable campaña de Bernie Sanders en las primarias, que bregó por unirlos luego del relativo pinchazo de la consigna “Las Vidas Negras Cuentan”. Haciendo estallar el sentido común neoliberal reinante, la revuelta de Sanders fue, en el lado Demócrata, el paralelo de Trump. Así como Trump logró dar el vuelco al establishment Republicano, Sanders estuvo a un pelo de derrotar a la sucesora ungida por Obama, cuyos apparatchiks controlaban todos y cada uno de los resortes del poder en el Partido Demócrata. Entre ambos, Sanders y Trump, galvanizaron una enorme mayoría del voto norteamericano. Pero sólo el populismo reaccionario de Trump sobrevivió. Mientras que él consiguió deshacerse fácilmente de sus rivales Republicanos, incluidos los predilectos de los grandes donantes de campaña y de los jefes del Partido, la insurrección de Sanders  fue frenada eficazmente por un Partido Demócrata mucho menos democrático. En el momento de la elección general, la alternativa de izquierda ya había sido suprimida. La opción que quedaba era un tómalo o déjalo entre el populismo reaccionario y el neoliberalismo progresista: elijan el color que quieran, mientras sea negro. Cuando la sedicente izquierda cerró filas con Hillary, la suerte estaba echada.

Sin embargo, y de ahora en más, este es un dilema que la izquierda debería rechazar. En vez de aceptar los términos en que las clases políticas nos presentan el dilema que opone emancipación a protección social, lo que deberíamos hacer es trabajar para redefinir esos términos partiendo del vasto y creciente fondo de revulsión social contra el presente orden. En vez de ponernos del lado de la financiarización-cum-emancipación contra la protección social, lo que deberíamos hacer es construir una nueva alianza de emancipación y protección social contra la financiarización. En ese proyecto, que construiría sobre terreno preparado por Sanders, emancipación no significa diversificar la jerarquía empresarial, sino abolirla. Y prosperidad no significa incrementar el valor de las acciones o el beneficios empresarial, sino la base de partida de una buena vida para todos. Esa combinación sigue siendo la única respuesta de principios y ganadora en la presente coyuntura.

En lo que a mí hace, no derramé ninguna lágrima por la derrota del neoliberalismo progresista. Es verdad: hay mucho que temer de una administración Trump racista, antiinmigrante y antiecológica. Pero no deberíamos lamentar ni la implosión de la hegemonía neoliberal ni la demolición del clintonismo y su tenaza de hierro sobre el Partido Demócrata. La victoria de Trump significa una derrota de la alianza entre emancipación y financiarización. Pero esta presidencia no ofrece solución ninguna a la presente crisis, no trae consigo la promesa de un nuevo régimen ni de una hegemonía segura. A lo que nos enfrentamos más bien es a un interregno, a una situación abierta e inestable en la que los corazones y las mentes están en juego. En esta situación, no sólo hay peligros, también oportunidades: la posibilidad de construir una nueva Nueva Izquierda.

Mucho dependerá en parte de que los progresistas que apoyaron la campaña de Hillary sean capaces de hacer un serio examen de conciencia. Necesitarán librarse del mito, confortable pero falso, de que perdieron contra una “banda deplorable” (racistas, misóginos, islamófobos y homófobos) auxiliados por Vladimir Putin y el FBI. Necesitarán reconocer su propia parte de culpa al sacrificar la protección social, el bienestar material y la dignidad de la clase obrera a una falsa interpretación de la emancipación entendida en términos de meritocracia, diversidad y empoderamiento. Necesitarán pensar a fondo en cómo podemos transformar la economía política del capitalismo financiarizado reviviendo el lema de campaña de Sanders –“socialismo democrático”— e imaginando qué podría ese lema significar en el siglo XXI. Necesitarán, sobre todo, llegar a la masa de votantes de Trump que no son racistas ni próximos a la ultraderecha, sino víctimas de un “sistema fraudulento” que pueden y deben ser reclutadas para el proyecto antineoliberal de una izquierda rejuvenecida.

Eso no quiere decir olvidarse de preocupaciones acuciantes sobre el racismo y el sexismo. Pero significa molestarse en mostrar de qué modo esas inveteradas opresiones históricas hallan nuevas expresiones y nuevos fundamentos en el capitalismo financiarizado de nuestros días. Rechazando la idea falsa, de suma cero, que dominó la campaña electoral, deberíamos vincular los daños sufridos por las mujeres y las gentes de color con los experimentados por los muchos que votaron a Trump. Por esa senda, una izquierda revitalizada podría sentar los fundamentos de una nueva y potente coalición comprometida a luchar por todos.

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19 Responses to El neoliberalismo “progresista” y el progresismo autocrítico

  1. Cine Braille dice:

    El capitalismo más inteligente recibe ciertas causas como la emancipación de las mujeres o los derechos de las minorías con los brazos abiertos: amplían los nichos del mercado. (Busquen un poco y encontrarán, por ejemplo, turismo para un target LGBT). Siempre que no se entusiasmen y empiecen a pedir derechos sociales, sindicales o económicos, claro.
    Saludos.

  2. victorlustig dice:

    Mutatis mutandi en la decada ganada quienes ganaron mas plata? Los bancos…
    La sintesis del articulo o un buen copete seria el triunfo de los que no tenian grupos de presion
    Eso, independientemente de la calidad del candidato, era, quizas, lo que menos importaba.

    • Norberto dice:

      Siempre y cuando Ud descarte la inversión de industrias y productores en general, rubro en el que los bancos no se destacan demasiado, aunque si las hacen.
      Nunca menos y abrazos

      • victorlustig dice:

        Norberto
        facts, quienes ganaron mas plata, los bancos, que tiene que ver la inversion, en todo caso la inversion aumenta el activo para generar mas ganancia, a pesar de no tener ajuste por inflacion, los bancos
        Y, los bancos invierten en fijo (edificio) o marca (intangible) o asesorias (modo de fuga)
        de paso, una de las causas es el ahora 12, nunca se preguno por que siempre las cuotas eran 7 y 5, adivine quien pagaba las 5 cuotas? si, adivino
        give me a break, podra tratar de tapar el sol con las manos, pero, el hecho es que durante los 12 años de gobierno nacional y popular para el pueblo lo que es del pueblo and so on, quienes ganaron mas plata, los bancos (privados)
        es una pena que la realidad desmienta sus creencias.
        O Ud cree que el porcentaje miserrimo que obligaban a prestar a PYMES no estaba subsidiado…..

    • Cine Braille dice:

      Los bancos son los que más ganan siempre, gobierne quien gobierne, en el país que sea, y sospecho que no tiene arreglo dentro del sistema capitalista. Cuando pierden algo, es porque se les viene encima el descalabro que causan, como acá en 2001-2002 o en Europa y Estados Unidos en 2008. Hacer pasar doce años de gobierno, con buenas, muy buenas, malas y peores, por el agujero de cerradura de las ganancias bancarias… Los gobiernos progresistas, nac&pop o como se los llame (no es exactamente lo mismo) están llenos de contradicciones, nunca van a faltar contradicción que señalar, porque pulsean contra un poder más grande; los que no tienen contradicciones nunca son los otros.
      En suma, como medida del grado de sinceridad de un gobierno progresista, su observación me parece mala.
      Saludos

      • victorlustig dice:

        no, no son quienes ganan mas siempre, de hecho hasta Clinton y sacar Glass Steagall no lo eran, asi que no, disculpe, tesis errada.

        por otro lado, un gobierno nac&pop que habla de ganancias extraordinarias del campo, no habla de bancos ni de mineras (ya que estamos) ni controla estas ultimas, y otras, ni siquiera controla la expo de mineral, solo declas juradas.

        con lo cual estamos en un problema, controlo los mercaditos a traves de los supermercados(otro mas, ver tasa de ganancia epcoa nac&pop vs Francia), y asi llenos de contradicciones, ni le cuento la contradiccion mayor de YPF, pero eso, es otro tema
        basicamente el gobierno ñandu.

        Si habla de contradicciones encuentre alguna medida que afecto los intereses basicos de alguna grande y vemos.

        Progresismo? que es esa rara avis? usar grupos de presion para decir miren que buenos somos? asi le fue a jilari, y, quizas aca influyo algo eso.

        entonces, como corolario, es el agujero de la cerradura bancaria, de las mineras, de los supermercados, etc. puedo seguir agregando sectores concentrados eh.
        Pongale las lecheras, mire los precios de La Serenisima y los de El Amanecer, Ud cree que solo el super se come la diferencia?

        Entiendo que, como Norberto, Ud crea que fue la edad de oro bla bla, no, no lo fue, y, algunos (me incluyo) nos equivocamos en algun momento. No eran peronistas (medido por mi peronometro personal y para mi eh), menos aun progresistas (medidos por idem para mi eh) si hasta Carlotto dice que los usaron al gobierno, pero ese, es otro tema

  3. Norberto dice:

    Considero importante tender puentes, sin embargo entre Aníbal y Guillermo, es decir entre un peronista K y uno B, me quedo con el primero, y en todo caso generar compromisos sobre determinadas políticas que no sean violadas por sanguchitos o compromisos paternales, como los casos Bossio y Pichetto, ambos al tiro del mismo carpetazo.
    Estas son las últimas referencias de Aníbal, con las que concuerdo sobre alguien que parece Opus y Aguer más que B

    “El ex jefe de Gabinete Aníbal Fernández disparó contra su ex competidor de interna en la provincia de Buenos Aires, Julián Domínguez, y volvió a acusarlo por el informe publicado hace un año en el programa de Jorge Lanata, donde se lo vinculó con el negocio de la droga.

    “Domínguez traicionó al peronismo para hacermee perder a mí, no hay nadie más peronista que yo”, arremetió Fernández, quien agregó: “Tuvo la responsabilidad de utilizar y colarse en el esquema que la oposición hizo para agraviarnos a nosotros”.

    LEER MÁS: Un insólito posteo de Macri generó los memes más ocurrentes

    En este sentido y a pocos meses del armado de las listas para competir en 2017, el ex senador nacional también se tomó un tiempo para responderle al ex titular de la Cámara de Diputados: “Lo escuchaba al impresentable basura de Domínguez diciendo que hay que hacer un frente incluyendo a Cristina. Este tipo no sé si sabe limpiarse el culo, y se da el lujo de querer invitarla, cuando es la única líder que existe en el país”.

    Por último, comparó al ex ministro de Agricultura con Diego Bossio: “Domínguez la llamaba ‘patroncita’ y mirá dónde está ahora. Bossio era capaz de cualquier cosa con tal de halagar a Cristina, eso es ser alcahuete. Yo creo a muerte en su bandera porque practicó un gobierno peronista en favor al pueblo”.”

    “El que encendió de nuevo la polémica, en este caso fue el exprecandidato a gobernador, Julián Domínguez al decir que “lo mejor que puede pasar” es que CFK no se presente. “No lo digo yo, lo dijo ella. La última vez a nosotros nos dijo que ella no quería ser candidata”, se justificó el expresidente de la cámara de diputados de la Nación en diálogo radial.

    Sin perder tiempo, Aníbal Fernández salió a cruzarlo por y lo acusó de “traidor” y “burro” en las redes sociales.

    “CÓMICO Un basura traidor dice q CFK (que jamás perdió una elección) no es opción electoral pero este MUGRE viene de perder las paso. BURRO”, escribió.”

    Si no hay apego a banderas, o se desconfía como lo hago yo del compromiso con ellas, por ejemplo de alguien a quien sostuve y promoví en la previa de las elecciones del 2015, que no se atrevió a enfrentar la fórmula de la Liga y de varios que hoy piden autocrítica, aún teniendo de ladera un peso pesado como Axel, y desechó una segura gobernación de la Provincia, que hubiera ganado sin ningún problema, debería demostrar que se puede confiar en él, porque después de los sanguchitos y los carpetazos, sabemos que los votos del Congreso no siempre corresponden con el mandato que significa nuestra elección. Hoy vemos a un gestor, el otro es el jefe de la Liga, vocear a través de su representante en el Grupo Sanguchito su alarma por los inminentes despidos de su gremio, que creció durante los años en que hasta tuvo REPROS y financiamiento estatal de programas, y que sin embargo facilitó la implementación de políticas en detrimento del trabajo argentino, como si el y su segundo no las conocieran desde los ’90s.
    ¿Puede alguien explicarme cómo garantizará gente cómo esta el cumplimiento del mandato que arrastre Cristina?
    Hoy podemos hacer compromisos, pero creo necesario una interna abierta y no en las PASO, sino en las generales, donde después se aporten los legisladores que se obtengan según la representación popular que obtengan, y con ese tablero ir a las presidenciales, los traidores me tienen sgunfio, y ellos se sienten muy bien en el ambiente neoliberal que añoraban desde el riojano, así que parecería conveniente despejar dudas, y si somos minoría, pues entonces que pongan las condiciones los traidores, sino que acepten con la cabeza gacha y sin chistar las nuestras.
    Nunca menos y abrazos

    • claudio Maxl dice:

      Si van a octubre x fuera FPV se comen votos con Massita y la colectora Heidi menemista residual del PRO. No lo van a hacer xq el triunfo d Cristina sera con diferencia aun mayor sobre Massita.

    • messi dice:

      Anibal dice que lo traicionaron. Segun Ignacio Zuleta, las boletas del fpv estaban cortadas para favorecer a Vidal y al Intendente del Fpv.

      pd: Tambien ve llegaron rumores de boletas Vidal-Mussi, si alguien sabe de algo mas le agradeceria que lo escribiera.

    • claudia dice:

      Es que esa es la cuestión, Norberto. ¿Que clase de confianza pueden inspirar tipos que, o padecen cataratas estrategicas como Randazzo o hacen operaciones pirricas como Dominguez?
      Cómo bien dice Anibal , esos tipos no están en condiciones de sostener un plan estratégico por el menjunje de intereses que representan y de los que son cautivos. Pero se nos pide que, para arrebatarle el poder a Macri, hay que entregarse a esa fotocopia berretisima del menemismo que proponen. Después de la devastación que dejará este periodo. ..esa clase de referentes del noventismo resucitado que hoy rosquean. ..¿que políticas heterodoxas y creativas podrían aplicar como salvataje popular? ¿que se le pide al electorado peronista? Que convalide nuevos kioskos legislativos o gubernamentales. No, si quieren el poder , tienen que proponer algo mejor. Saludos.

  4. ricardo j.m. dice:

    lo dije y lo vuelvo a decir sin desmerecer mas de lo que merezcan. las luchas progres tipo sexismo o racismo en una sociedad de clases es perder el tiempo.

    pero mientras vivamos en un mundo lleno de pelotudos/as que creen que viven en el de los hombres o de los blancos o de esto o lo otro y no en el de los ricos van a seguir hablando estupideces pero en forma muy inteligente.

    fijate que ante la realidad de que ayer los bancos ganaban 5 de cada 10 y ahora ganan 7 de cada diez y sin embargo la estupidez sigue siendo impenetrable.

    por lo menos e inteligentemente la mina esta no culpa a 5 brutos borrachos ignorantes de los males del mundo como hacen los boludos que dicen que el problema es la falta de educacion

    • Tita dice:

      a mi no deja de sorprenderme el interes y movilización por las minorias…es tanto como si fueran minorías.

      Creo que mi primer registro del fenomeno fueron los pinguinos empetrolados.
      Y la última novedad es “nuestros hermanos mapuches”.

      Ya no saben que inventar. Inventaron los mapuche y vaya a saber que nos depara el futuro… quizá nada porque yo tengo las bolas bastante llenas (y creo que no soy nada especial en esto) con todo ese moco mental.

      Basta de minoria!, yo quiero que lo volugar y mayoritario sea el objeto de nuestras luchas

  5. Peter de A. dice:

    lo único que falta es el gobierno Chino como abanderado del neoliberalismo progresista …

  6. guillermo p dice:

    Nosotros (como siempre a la vanguardia) creamos otra catagoría que supo manifestarse en los ’90 y actualmente: el populismo neoliberal.

  7. Silenoz dice:

    Si… en la Uropa tambien hay un reverdecer de la crítica desde algunos “izquierdistas” a la propia izquierda con su dosis progresista de una manera parecida a la de la autora citada en el posteo, precisamente con foco en Italia donde un tal Galli hace una recopilación al respecto a partir de la edición de un par de libros recientes:
    “La desaparición de la izquierda en Europa” de Barba y Pivetti y “Seis lecciones de economía. Conocimientos necesarios para entender la más larga crisis (y cómo salir de ella)” de Cesaretto, todos economistas heterodoxos siendo el último un “sraffiano” (con lo cual a los lustig no se los recomiendo por que el enfoque de dicho autor no les entra ni a palos.. ja ja…)

    En donde no sólo se aborda la cuestión desde el punto de visto económico en perspectiva histórica (tan caro al marxismo) sino que se extiende al filosófico, con algún lado bastante provocativo como :
    ”En primer lugar, la crítica radical (no extremista) a la historia del Partido Comunista, o la acusación de su a-criticidad de su marco teórico, a saber, el gramscismo y del togliattismo, y pone de relieve la difícil relación del Partido con el pensamiento crítico no filosófica (en este caso, el económico) y su cierre al “reformismo competitivo”, (…) quieren decir que hoy la izquierda ya no puede afirmar su continuidad con un pasado muy lejano, y decirle que esta fue traicionada hace relativamente poco tiempo; (….). Un desafío no menor: podría parecer que la izquierda para salir del callejón sin salida en el que se llevó a cabo su propio suicidio no pueda negarse a liquidar su pasado, matando a la imagen de su padre.”

    Tedible…. no se si los que nos consideramos peronistas nos cabe en algo el párrafo…

    Y van más allá aún… para los entendidos obvio:
    En segundo lugar, debe ser discutida la liquidación de los desarrollos de pensamiento negativos en Francia. Cuya derivación de Nietzsche y Heidegger es obvio, cuyo potencial deconstructivo de la narración marxiana está bien fundada, pero que es uno de los paradigmas más influyentes de la “teoría crítica” contemporánea. Una vez más, la acusación no es nueva para la teoría crítica francesa a la práctica su radicalismo en direcciones que niegan la posibilidad de identificar un punto determinado de explicación de la realidad (el poder resolverse en el gran mar del discurso y las prácticas de “gobierno” », en el caso de Foucault; cavando “marcha atrás ” en la lengua, para mostrar su indeterminación intrínseca, en el caso de Derrida; y la renuncia a la subjetividad en el nombre del “deseo”, en el caso de Deleuze), de modo que sea muy poco la crítica, y de ser una herramienta de ocultamiento en lugar de divulgación, de las contradicciones estratégicas de la realidad.

    El suicidio de la izquierda

    Al pie del posteo está el enlace para los que prefieren el original en idioma del Dante

  8. ADA E IDO dice:

    hmmm cae el estado de bienestar, los liberales no se preoucpan por los obreros y eso explica el auge de la nueva derecha. es medio dudoso y demasiado lineal.

  9. Muy interesante, gracias, Abel.

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