Decadencia y caída de la izquierda europea

decadencia-y-caida

Es un título sensacionalista, de catástrofe. Sucede que, vista desde Europa, es una catástrofe al menos cultural. La Izquierda que nació en los escaños de la Asamblea General allá por 1789, que mandó a la guilotina a un Rey de Francia -y a unos cuantos más-, que durante dos siglos ejerció una poderosa influencia en todo el globo, desde China hasta Chile, hoy parece derrumbarse “no con una explosión sino con un gemido“.

Como señalo a menudo, es necesario repasar cada tanto que está pasando en el Resto del Mundo. Vivimos en el mismo edificio, aunque, por ahora, casi no contamos en las reuniones de consorcio. Además, en el posteo anterior (nos) recordaba que el voto progre -el que expresa un pensamiento que en líneas generales asume valores “de izquierda”- abarca a un sector no mayoritario pero sí importante de nuestra población. Y en Europa, no les digo nada.

Por eso, copio aquí la nota que hace algunas semanas publicaron en La Izquierda Diario Josefina Martínez y Alejandra Ríos. Es un análisis duro -bien “trosko”- pero informado y completo de las catástrofes en el último año de los partidos de izquierda en Europa. Al final, inevitable porque soy de otro palo, agrego una corrección:

La crisis del PSOE en el Estado español y el ascenso de Podemos, la división interna del laborismo y el triunfo de Corbyn, el hundimiento del PASOK en Grecia, la capitulación del gobierno de Syriza, la crisis de Hollande en Francia; hitos en una crisis histórica de la socialdemocracia europea y la emergencia de nuevas corrientes reformistas.

La reconfiguración del mapa político se viene desarrollando de manera desigual, en el marco de las diferentes tradiciones nacionales y relaciones de fuerza. Sin embargo, hay una dinámica general que sobredetermina todo el proceso: la crisis económica capitalista aceleró la debacle de la socialdemocracia, que durante las últimas décadas se había transformado en agente del neoliberalismo para aplicar políticas de contrarreforma social, una arremetida sistemática hacia el mundo laboral y social.

La ofensiva neoliberal coincide con el período en que los partidos socialdemócratas actuaron como garantes del proyecto europeísta, pactando con conservadores y liberales las mayorías en el Parlamento Europeo y alternándose con éstos en los puestos directivos de la UE. Por eso, el sentimiento “anti establishment”, la crisis de la UE, el auge de la extrema derecha y la crisis de la socialdemocracia, son fenómenos que se desarrollan en simultáneo y en gran parte se retroalimentan.

La edad de oro de la socialdemocracia en el poder alcanzó su auge durante los ‘80, llegando a sus máximos electorales en Europa a mediados de los ‘90. En 1994 el grupo de los socialdemócratas europeos acaparaba el 35 % de los escaños en el Parlamento de la UE mientras ahora se limitan al 25 %. Los porcentajes electorales nacionales oscilaban en esos años por encima del 40 %, mientras que ahora en su mayoría fluctúan alrededor del 20 %, con algunos partidos cayendo por debajo del 15 % o el hundimiento del PASOK griego por debajo del 5 % en 2015.

Los años exitosos de los partidos socialdemócratas en el poder forjaron su crisis: se consolidó el giro neoliberal y su conversión en “social-liberalismo”. Las políticas de reconversión industrial de Felipe González se profundizaron con las reformas laborales y sociales del PP-PSOE en las décadas siguientes. Schroeder del SPD con su “Agenda 2010” de precarización laboral preparó la “gran coalición” entre los socialdemócratas y la CDU en Alemania, en la que se basó la estabilidad de Merkel. Finalmente, el ejemplo más paradigmático ha sido la “Tercera vía” de Tony Blair, un “thatcherismo por otros medios” en el Reino Unido.

El clima conservador también moldeó a los viejos partidos comunistas, que a fines de los ‘70 y ‘80 dieron el vuelco hacia el eurocomunismo y terminaron de asimilarse a los regímenes, situados en gobiernos municipales o regionales, embarrados en casos de corrupción estatal, en coaliciones con los socialdemócratas y verdes, degradando su relación con los sindicatos y los movimientos sociales en pos de políticas parlamentaristas y de gestión de las instituciones capitalistas.

Grecia y España: crisis social y neoreformismos

En el sur del continente la crisis golpeó de forma más directa, con récord en el desempleo y la caída de las condiciones de vida. Desde el 2011 se vivió una importante resistencia social con huelgas generales. Pero el rol de la burocracia sindical dio paso al desvío por la vía electoral y emergieron las formaciones políticas neorreformistas, como Podemos, Syriza y el Bloco.

La magnitud de la crisis en Grecia se “comió” al PASOK y logró imponer la asimilación veloz de Syriza al status quo. De ser considerada la “esperanza” de la “nueva izquierda europea” y prometer un “gobierno de izquierda”, rebajó su programa, pactó con los nacionalistas de ANEL la formación de gobierno y terminó capitulando ante la troika en seis meses. Desde entonces aplica recortes, ajustes y privatizaciones para cumplir con el “tercer memorándum” impuesto por la UE, el FMI y el BCE.

Las consecuencias de la rendición incondicional de Syriza han tenido un calado profundo: se trataba del primer gobierno de un partido a la izquierda de la socialdemocracia en Europa occidental en las últimas décadas. Las expectativas que generó se transformaron, en igual grado, en decepción. Según las últimas encuestas de intención de voto difundidas en Grecia, los conservadores de Nueva Democracia superarían a Syriza.

Las repercusiones de esta crisis también se sintieron en la izquierda europea. La dirección de Podemos convalidó la política del primer ministro griego, Alexis Tsipras, aceptando su sentencia de que “no había alternativa”, y aceleró su “giro al centro”. Desde las elecciones del 20D hasta ahora su estrategia se basó en proponer al PSOE un gobierno de coalición. El PSOE había logrado hasta ahora evitar la “pasokización” aunque tocaba sus peores resultados históricos en las dos últimas elecciones generales. Aun así, Podemos no lograba el sorpasso sobre aquellos.

El último año ha transcurrido en medio de una interminable crisis del régimen, sin lograr formar gobierno. El régimen monárquico- parlamentario funcionaba aceitadamente en base a un fuerte bipartidismo, pero hace aguas con la fragmentación política actual. El PSOE se encontraba acorralado por derecha por el PP, Ciudadanos, los grandes medios de comunicación y el IBEX35 para facilitar un gobierno conservador, mientras por la izquierda lo presionaba Podemos.

Finalmente, Pedro Sánchez renunció como Secretario General del PSOE y el partido ha terminado hecho trizas. La crisis culminó en un “golpe de mano” en el Comité Federal socialista, con los “barones socialistas” tomando las riendas de la organización para facilitar un gobierno del PP.

Podemos tampoco está exento de importantes crisis internas. Se enfrentan a su interior dos grandes corrientes: los “pablistas” y los “errejonistas”. Íñigo Errejón es partidario de acelerar la disolución de toda identidad izquierdista en Podemos y consolidar su normalización en las instituciones. Por su parte, Iglesias viene proponiendo un giro táctico para poner freno a la caída electoral (perdieron más de un millón de votos entre las elecciones de diciembre y las de junio), recuperar terreno perdido hacia la izquierda y consolidar “una estructura de cuadros”. Por eso habla de volver a “dar miedo a los poderosos” y “asentarse en lo social”. Por último, el sector de Anticapitalistas, disueltos en Podemos plantean “reiniciar” Podemos con una mayor relación con los movimientos sociales.

Podemos cruje internamente: la organización se transformó en el último año en una “máquina institucional” con un bloque de 71 diputados en el Congreso, cientos de diputados autonómicos y ocupa el gobierno en las grandes ciudades como Madrid y Barcelona. En esos gobiernos han abandonado gran parte de su programa electoral, mantienen el pago de la deuda, persiguen a los inmigrantes vendedores ambulantes y se enfrentan directamente con huelgas de los trabajadores, como en el metro de Barcelona.

En el Estado español lo más probable es la formación de un gobierno del PP apoyado por el PSOE, dispuesto a implementar más recortes y ajustes. El escenario político seguirá agitado, sin resolverse la aguda crisis del régimen. Pero también se abre la posibilidad de que ante nuevos ataques de un gobierno conservador se retome la movilización en las calles y avance la experiencia de un sector de la juventud y los trabajadores con el neorreformismo de Podemos.

Reino Unido: el fenómeno Corbyn y el rechazo al establishment

En el Reino Unido, en una situación política marcada por la polarización social, el malestar con los planes neoliberales y el crecimiento en algunos sectores de un sentimiento anti europeo –que derivó finalmente en la votación a favor del brexit–, la crisis del laborismo se manifestó de manera distinta.

Con el Nuevo Laborismo en el poder desde mediados de la década de los ‘90 hasta principios de 2010, se desarrolló una época soñada para la casta financiera. El giro neoliberal del laborismo lo transformó en parte del establishment británico y produjo una fuerte desafección de su base social obrera y juvenil.

Luego de una desastrosa performance en las elecciones generales del Reino Unido y en el referendo en Escocia, los laboristas eligieron a su nuevo líder en unas internas donde se aplicaba por primera vez un sistema abierto de votación de “1 afiliado o simpatizante = 1 voto”. La derecha del laborismo veía este mecanismo como la vía para reducir el peso de los sindicatos apelando al voto individual. Pero, sorprendentemente para todos, se volvió una especie de boomerang y permitió la emergencia de un candidato del ala izquierda, Jeremy Corbyn.

Su candidatura convocó cientos de miles de afiliaciones nuevas al laborismo en pocos meses. Se despertaba la “Corbynmanía” [3], con miles de simpatizantes del veterano diputado antiguerra participando de asambleas y actos de campaña. Mientras en mayo de 2015 los afiliados al PL eran 201.293, en enero de 2016 alcanzaban la cifra de 388.407. Entre enero y julio de 2016 hubo casi 127.000 nuevas afiliaciones.

El movimiento se desarrolló no solo entre la juventud, sino también entre los sindicatos, que en muchos casos se pronunciaron por su apoyo a Corbyn. Lo apoyaron UNITE y UNISON, los dos sindicatos más grandes del país, al igual que el PCS (dependencias estatales), CWU (comunicaciones), RMT (transporte de trenes y marítimo), ASLEF (maquinistas) BFAWU (panadería y alimentación) y FBU (bomberos).

En septiembre de 2015 Corbyn ganó las elecciones con el 59,5 % de los votos entre los miembros del PL y un 84 % entre los simpatizantes. Una clara expresión del rechazo a los recortes, a la austeridad, al racismo y la guerra, llevada a cabo por sucesivos gobiernos. También significó una derrota humillante para las alas centro y derecha del Partido Laborista. El corbynismo defendía recuperar el “viejo” laborismo, con un programa neokeynesiano y socialdemócrata.

De este modo, el laborismo inició un proceso de renovación, basado en una nueva base juvenil y con el apoyo de su base sindical. ¿Hubo una “podemización” del laborismo? Se puede decir que sí, en tanto hubo un fenómeno nuevo a la izquierda y de rechazo al establishment. Pero, a diferencia de Podemos, un partido creado hace solo dos años y sin casi ninguna relación orgánica con el movimiento obrero, el laborismo es un partido histórico, con una fuerte relación con los sindicatos (a pesar de su degradación durante las últimas décadas).

La nueva dirección de Corbyn chocó con la resistencia del ala conservadora. El triunfo del “sí” al brexit fue la oportunidad para que ese sector pasara a la ofensiva, impugnando la dirección de Corbyn, al que acusaban de no haber sido lo suficientemente contundente en la campaña por el “remain”. En un “golpe de mano” interno, la mayoría de los integrantes del gabinete en la oposición renunciaron, abriendo la crisis en el laborismo y desatando una guerra abierta contra Corbyn. Finalmente, el 28 de junio, Corbyn perdió la moción de confianza de su grupo parlamentario.

La ofensiva de la derecha del PL fue muy fuerte, tratando de desprestigiar a Corbyn con campañas mediáticas acusándolo de “antisemita”. Además, lograron imponer que 130.000 nuevos miembros del PL fueran desacreditados y no pudiesen votar, y un aumento de la cuota para los simpatizantes que quisieran votar de 3 a 25 libras.

Pero a diferencia de lo que hizo más tarde Pedro Sánchez en el Estado español, retirarse sin dar pelea, Corbyn se propuso retomar la dirección del laborismo apelando al apoyo de la base. En su apoyo siguió cobrando fuerza Momentum, el movimiento impulsado por jóvenes y activistas de la izquierda del laborismo y numerosos sindicatos se volvieron a pronunciar a su favor.

El pasado 24 de septiembre se anunció el resultado de las internas laboristas: Jeremy Corbyn se impuso con un 61,8 % de los votos de los militantes del PL sobre su opositor Owen Smith, que obtuvo 38,2 %. Entre los simpatizantes obtuvo el 70 %. El reelecto líder laborista aumentó su porcentaje de voto y se fortaleció en la base partidaria. Aquí no hubo hundimiento como en Grecia, ni la emergencia de un Podemos a su izquierda como en España: en el laborismo conviven actualmente dos grandes corrientes que están disputando la hegemonía, dos partidos dentro del partido. La vieja dirección del “Nuevo Laborismo” más afín al establishment ha perdido la pelea por la base, pero no está dispuesta a entregar el partido. Aún así, la posibilidad de división del laborismo entre los dos sectores en pugna es más remota en la actualidad. El ala derecha pareciera haber aceptado la segunda victoria de Corbyn, ya que le permite ganar tiempo para posicionarse mejor frente a las elecciones del 2020 y reacomodarse políticamente ante la base partidaria. Por otra parte, el ala derecha no impulsa la ruptura, temerosa de correr la misma suerte que el Social Democratic Party, una escisión por derecha del laborismo en 1981 que no tuvo buen destino. A pesar de haberse despejado en el corto plazo una ruptura del Partido Laborista, los próximos meses seguramente veremos nuevos episodios de esta crisis.

Europa polarizada y fragmentada

Mientras en algunos lugares la crisis de la socialdemocracia abrió paso a nuevos fenómenos reformistas, en otros casos la reconfiguración del mapa político se ha inclinado hacia la derecha y la extrema derecha. La caída estrepitosa de la popularidad de Hollande expresa la ruptura de la base social del PS con ese partido. Sin embargo, no ha emergido hasta ahora una alternativa política importante por izquierda que pueda capitalizarlo. La paradoja es que en el lugar donde la lucha de clases ha estado más presente en los últimos meses, el escenario político “por arriba” se mueve hacia la derecha y el régimen de la V República se ha “lepenizado”.

En todo el continente es posible ver las consecuencias de la crisis de los partidos tradicionales, con la emergencia de nuevos fenómenos políticos por derecha y por izquierda. Incluso en la más estable Alemania, la CDU ha retrocedido frente al ascenso de la xenófoba Alternativa por Alemania y la SPD cae en porcentaje de votos.

El brexit ha actuado como catalizador de mayores fracturas, mientras que la crisis migratoria y la amenaza de atentados del Estado Islámico alimentan la xenofobia. No pueden descartarse nuevos episodios agudos en la crisis económica de larga duración. En este contexto polarizado, se refuerza la posibilidad de nuevos hitos de la lucha de clases, como vivimos en Francia hace unos meses [6], que aceleren la experiencia de sectores de trabajadores y la juventud con el reformismo. Ante esta crisis europea de dimensiones históricas, más que nunca es necesario fortalecer corrientes militantes con un programa anticapitalista, internacionalista y de clase“.

Debo decir que no parece que esté ocurriendo, ni que sea probable en un futuro cercano, la emergencia masiva de “corrientes militantes con un programa anticapitalista, internacionalista y de clase”. Y sospecho que las autoras lo saben.

Lo que está ocurriendo, y las autoras mencionan pero no analizan en profundidad, es el vuelco de muchos votantes tradicionales de los partidos de izquierda a lo que se llama, con cierta ligereza, la “derecha xenófoba”. Es un voto de protesta contra el establishment económico y político, y un refugio en la identidad nacional. No muy distinto del que le dio el triunfo a Trump.

Ahora, lo que ese desarrollo no expresa, por ahora, ni siquiera en Marie Le Pen en Francia, un nuevo proyecto para los países europeos. Muestra rechazo hacia la Unión Europea, tal como la manejan la burocracia de Bruselas y los bancos, y los valores -justamente, los del un progresismo políticamente correcto- que ella encarna.

Son conservadores, en suma. No es el intervencionismo más la Iglesia Ortodoxa de Putin, ni el, anunciado, keynesianismo “roughneck” de Trump. Mientras el fantasma de Bismarck recuerda que él se pudo entender con Lassalle para armar el primer Estado de Bienestar. Pero en una Europa asustada, y con una población que envejece ¿puede surgir algo nuevo? Esperemos que sí. Es un lugar que a los argentinos nos encanta visitar.

17 respuestas a Decadencia y caída de la izquierda europea

  1. Casiopea dice:

    Me parece que no es una cuestión de derechas o izquierdas, es una cuestión del euro y la vigencia y sustentabilidad del estado de bienestar que está realmente en tela de juicio no por ser de derecha o de izquierda sino por una cuestión de números. La globalización se los está cargando, y apenas empieza la peor parte del proceso. El euro no funciona en su encarnación actual (unión monetaria sin unión fiscal) pero los españoles, los griegos, los irlandeses y los portugueses lo eligen, democráticamente, por lo menos hasta ahora, así que habrá austeridad hasta el día en que algún líder diga “basta” y gane los votos suficientes o hasta que todos los países en crisis ajusten sus economías a la realidad del euro y pasemos a tener los “Estados Unidos de Europa” donde se hagan transferencias a los miembros más pobres como se hacen transferencias a provincias más pobres en todos los estados modernos. Lo único seguro es que las deudas impagables no se pagan, y la deuda de Grecia es impagable porque más que se arrastre don Tsipras. No sé quién va a ganar esa puja, sólo sé que faltan muchos actos hasta el desenlace.
    El Reino Unido es un caso aparte porque está fuera del euro. El Brexit es lo más fascinante que ha ocurrido en mucho tiempo y la verdad es que se lo extraña a Shakespeare, que se habría dado una panzada con los egomaníacos a uno y otro lado de la grieta inglesa. El asunto tiene muchas piezas que pueden moverse con cierta independencia, como Escocia, las dos Irlandas, etc., con lo cual estamos en el umbral de un despelote/espectáculo mayúsculo.

  2. guillermo p dice:

    Que lo parió, Abel, con las nuevas categorías de la política económica (no dije Economía Política). Desde el keynesianismo chabón hasta el keynesianismo “roughneck”.
    Nosotros siempre pioneros y diferentes.

  3. guillermo dice:

    La ofensiva de la derecha del PL fue muy fuerte, tratando de desprestigiar a Corbyn con campañas mediáticas acusándolo de “antisemita”. Además, lograron imponer que 130.000 nuevos miembros del PL fueran desacreditados y no pudiesen votar, y un aumento de la cuota para los simpatizantes que quisieran votar de 3 a 25 libras.

    Esto es una distorsión fuerte de lo que pasó y pasa. Corbyn ganó en 2015 gracias al cambio en las reglas de asociación al partido, bajando la cuota a £3. Eso sumó muchos estudiantes de izquierda dura al partido, que se afiliaron para votar a Corbyn (sumados, segun se dice, a muchos pro-conservadores para quienes Corbyn es maná del cielo y se afiliaron para votarlo). Como en muchos lados, la izquierda dura ni gana elecciones por si sola, ni suma votos pero, como la derecha dura, tiende a movilizarse más/mas rápido. Corbyn ganó la elección de lider en 2015 gracias a eso, y al desencanto entendible en el laborismo con New Labour.

    En 2016, cuando Corbyn se presentó a reelección como respuesta a la rebelión de los parlamentarios laboristas, las otras ramas del laborismo trataron de usar la misma estrategia, y afiliar simpatizantes para sacarlo a Corbyn. Fue ahi que el National Executive Committee, que responde a Corbyn, puso el freno de que la cuota subía a £25, y había que ser miembro desde 3 o 6 meses antes de la elección, no recuerdo el detalle, para poder votar, lo que paró a nuevos afiliados.

    En cuanto al antisemitismo, hay mucha evidencia firme de comentarios antisemitas de gente cercana a Corbyn, a quienes se les fue/va la mano defendiendo Palestina. Corbyn no los ha hecho, pero se ha asociado publicamente con Hizbollah, y nunca desmiente los comentarios de sus allegados. Querer un estado palestino no requiere la destruccion de Israel, como busca Hizbollah.

  4. Raúl C. dice:

    Una visión sobre el ‘keynesianismo’ de Trump en la práctica, por un periodista del Washington Post:

    http://www.sinpermiso.info/textos/podemos-dejar-ya-de-fingir-que-trump-es-un-populista

  5. Juan Villegas dice:

    Hace poco tiempo leí, no me acuerdo donde, que las diferencias, en Francia, entre la izquierda y la derecha (republicana), se pueden sintetizar diciendo que con la derecha la factura de la luz es más cara, pero se pagan menos impuestos. Y con la izquierda , la energía es más barata, con impuestos más altos que con la derecha.

    Queda claro que votar a unos o a otros, es prácticamente lo mismo.
    Eso explica, en parte, la migración d votantes de izquierda y de derecha republicana hacía Marine Le Pen. De todas formas, no creo que le alcance para ganar en mayo. Continuará…

    Saludos
    juan

    • guillermo p dice:

      Eso de que son lo mismo me suena. ¿Usté también Juan?

      • Juan Villegas dice:

        Me suena ! Pero ojo, no siempre fueron lo mismo.
        En el 81, cuando por primera vez el socialismo llega al poder en Francia, Mitterrand nombra à Pierre Mauroy primer ministro. Suba del 20% del salario mínimo, jubilaciones, pensiones…Unos meses más tarde, devaluación del franco. Mauroy cambia de sintonía, pero no alcanza. Mitterand decide reemplazar a Mauroy por Laurent Fabius, de perfil más pro mercado.
        Desde entonces hasta hoy, gradualmente, primeros ministros socialistas y de derecha fueron asemejándose cada vez más. De ahí, que por primera vez en la V Republica, aparece la cohabitación. Presidente socialista, con primer ministro de derecha.

        Aunque se trata de realidades distintas, rascando un poco, hay similitudes con lo que pasa en nuestro país u otros países de la región. En el fondo, es el mismo cuplé !
        Teniendo en cuenta la evolución de los acontecimientos este último año en nuestro país, creo que si hubiese ganado Scioli en segunda vuelta habríamos vivido una remake de Isabelita en el siglo XXI.
        No lo digo por Scioli, sino por el contexto, muy probablemente se hubiera reproducido, con matices distintos, una situación similar a la de Dilma en Brasil.

  6. Charrua dice:

    No será keynesianismo redneck, don Abel?
    Honestamente, me parece bastante apropiada la descripción de “derecha xenófoba”.
    No hay que darle muchas vueltas al asunto; son grupos que se autodefinen como de derecha y cuyo principal tema es la expulsión de los extranjeros y la defensa del status del grupo étnico dominante.
    Si eso no es derecha xenófoba, entonces qué es?
    Podemos discutir que motivó a sus votantes a apoyarlos, pero eso me parece otro tema.
    Y claro está, en Europa el tema de la UE funcionó como un corset que limitó tanto el margen de maniobra de los partidos que estos se volvieron casi indistinguibles.

    • Abel B. dice:

      “Roughnecks” y “rednecks” son dos términos que describen a sectores de la población estadounidense. Muy parecidos, pero el primero se aplica más a los que hacen trabajo manual (no es el caso personal de Trump, claro).

      Supongo que usé roughneck por mis lecturas juveniles de “Starship troopers”.

      Y “derecha” es un término muy ambiguo. Culturalmente, yo sería de “derecha”, en algunos sentidos. Putin, más, en más sentidos. En este caso, prefiero reservarlo a los que defienden esta fase del capilalismo globalizador. No es el caso de los gobiernos de Polonia o de Hungría, por ejemplo. Ni tampoco de Putin.

      Claro, así Xi Jinping sería de “derecha”.

      Abrazo

    • guillermo p dice:

      Si a keynesianismo roughneck le sacamos neck se podría traducir como keynesianismo matón. Le cabe ¿no?.

    • Juan el Bautismo dice:

      necesitamos peronistas de derecha en serio, sino a las generaciones nuevas solo se le transmite pachorrez y actitudes de manito encremada y pelito lacio

      es un chiiiste che, que barbarida

  7. Capitán Yáñez dice:

    Pues mi siempre muy estimado blogger no más en jefe… si bien la defección de la “izquierda” europea es anterior a la conformación del IV Reich (una vez más, escuchar Cuervo Ingenuo de Javier Krahe, tema dedicado a Felipe González allá por el ´86), la sumisión al Reich ((a) Eurozona) la pulverizó, el tiempo dirá si momentánea o definitivamente. Si para muestra basta un botón, digamos que el columnista estrella del otrora “progresista” diario El País de España es Vargas Llosa.
    De momento, no parece que pueda surgir nada “nuevo”.

  8. Silenoz dice:

    A pesar de cierta evidencia, me parece un error tildar a todo aquel que apoya a un partido de “derecha xenófoba” como xenófobo.. inclusive que una mayoría de sus “suporters” circunstanciales lo sea, de hecho no creo que el componente rascista sea vitoreado más allá de la platea de aplaudidores de ocasión en sus mitines

    Como siempre (y en lo que sigue no descubro nada) la “derecha” explota su habilidad de explicar en forma simple, apelando a una complejidad que no necesita sobre pasar el funcionamiento normal y razonable de una economía familiar tipo -como dictan las sagradas escrituras escritas andá a saber por quién- las consecuencias hdp de su lógica de poder y acumulación

    A veces pienso que tanto en la uropa como los yanquis hubo una especie de voto “castigo” como nuestro ’89: uno a uno sin choreo aka volver a una situación ideal pero sin los vicios actuales o algo así

    • guillermo dice:

      El masoquismo no parece una motivación usual en política. Si alguien apoya un partido de derecha xenofóbica, hay que suponer que la derecha y la xenofobia le parecen la mejor solución.

      El problema es cuando uno se cuelga a lo de que la mayoría nunca se equivoca, con lo que hay que buscar explicaciones raras para los errores.

  9. Daniel Eduardo Arias dice:

    Guillermo tiene toda la maldita razón. La gente no vota a la derecha xenofóbica sin haberse vuelto antes derechosa y xenofóbica.

    El asunto es que los 100 laburantes europeos que la globalización reemplaza por 10 chinos, y a veces por uno solo, no tienen ganas de cruzar toda Eurasia para fajarlos, o fajarlo. Y además, perderían.

    Es preferible encabronarse con el musulmán que viene rajándole al hambre en África o a las confusas guerras en Asia Central. A ese lo tenés al pie, tiene costumbres raras, se viste distinto y patearle la cabeza te sale gratis.

    La mitad de los problemas económicos del mundo se resolverían con una nueva muralla china. Me explico: una que anille China y no deje salir de ahí adentro una sola maldita manufactura. Si logramos construir esa muralla, obra de un siglo, podemos dedicar el siglo siguiente a reconstruir los derechos del proletariado, en lugar de vivir nosotros mismos en el precariado.

    Dos problemas: it’s not gonna happen. Los chinos ya probaron todo tipo de murallas inservibles. Capaz te venden una, y más barata que la que podrías hacer vos. Pero van a seguir vendiéndote manufacturas.

    La otra es que el trabajo va a seguir migrando hacia Oriente con la misma ferocidad con la que los desplazados migran a Occidente. Siempre es más vivible un ex-estado benefactor hecho pelota por o con ayuda de los socialdemócratas que la miseria asiática y africana.

    Ahora que, sin importar las formas o países, manda tan desnudamente el capital financiero, estamos más cerca que nunca de un gobierno mundial. Y compañer@s… ES UNA MIERDA.

  10. Daniel Eduardo Arias dice:

    Sobre las etimologías abelianas: ojo, el keynesianismo chabón era bastante progre y tuvo alguna ocasión de demostrarlo, pero el keynesianismo redneck no creo que logre siquiera parecerse al keynesianismo true and blue de Roosevelt.

    No veo a Trump generando tremendas obras de infraestructura para eliminar la desocupación. Más allá de que no tiene la voluntad, las obras de infraestructura se hacen mejor y más rápido con unos pocos centenares de tipos manejando máquinas bastante inteligentes que contratando a decenas miles de laburantes sin calificación.

    No volverá a haber keynesianismo sin un enorme plan de reeducación y capacitación en informática y telecomunicaciones de casi todo cuarentón. Los sesentones como yo estamos más jodidos. Aunque siempre podemos ganarnos la lotería.

    El que viva lo verá.

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