La unidad del peronismo como problema

peronismo

El título es algo más que un homenaje al clásico de Methol Ferré El Uruguay como problema. Se refiere al hecho que la unidad del peronismo en la oposición sería un problema probablemente irresoluble para el gobierno actual y su proyecto. También, a que la unidad del peronismo es, en apariencia, un problema para la democracia en la Argentina, en tanto ésta ¿requiera? alternancia en el gobierno, o, al menos, su posibilidad ¿Es el peronismo siempre mayoritario? ¿Dejaría esto a la oposición un rol sólo testimonial?

Me apuro a decir que esos dos “problemas” no son “del peronismo”. Es evidente, si uno se detiene a pensarlo (cosa que no parece el hábito de muchos opinadores). El peronismo ha sido derrotado, en elecciones libres, tres veces: 1983, 1999, y 2015 (dos intervalos de 16 años cada uno ¿debemos prepararnos para el 2031?). En serio: lo que sucedió, resulta obvio, es que al menos en las dos ocasiones anteriores sus opositores no han sido capaces de armar un proyecto estable. ¿Macri será capaz de hacerlo? Honestamente, debo decir que no me parece, pero el futuro nunca está fijado de antemano. En todo caso, no es responsabilidad del peronismo.

El problema clave, entonces, es el del peronismo, o, más preciso, de los argentinos que votan propuestas que se definen a sí mismas como peronistas: ¿Es posible hoy una propuesta que una y exprese esas voluntades?

Para no quedar entrampados en una discusión teórica, o en el voluntarismo que refleja la amable foto de arriba, conviene repasar algunos números y algunos hechos.

En marzo de 1973, el candidato elegido por Perón, Héctor Cámpora, obtuvo el 49,56 % de los votos. Seis meses después, Perón mismo sumó 61,85 %. Pero estamos hablando de más de 40 años atrás. Otra Argentina.

Más cerca en el tiempo, en 2003, Carlos Menem, Néstor Kirchner, y Adolfo Rodríguez Saá, en ese orden, sumaron el 60,8 % de los votos (Fueron en boletas separadas porque quien gobernaba el país y manejaba el partido en ese año, Eduardo Duhalde, sospechaba que en una interna peronista Menem habría triunfado. Es probable). Lo que puede afirmarse es que, a pesar de la identidad y la trayectoria peronista de los tres candidatos, expresaban al menos dos, y quizás tres, proyectos muy distintos.

Y mucho más cerca, en octubre del año pasado, el candidato del PJ-FpV, Daniel Scioli, obtuvo en la 1° vuelta de las elecciones el 37,58 % de los votos. Y el del Frente Renovador, Sergio Massa -que había sido candidato del FpV 4 años antes, y Jefe de Gabinete de su gobierno- sumó el 22,39 %. Es natural que muchos entusiastas en la franja dirigencial, y no pocos en el activismo, piensen en sumar ambas corrientes para lograr una victoria aplastante dentro de diez meses.

Otros -tampoco son pocos- creen que ahí hay dos proyectos no sólo distintos, sino antagónicos. Que tratar de juntarlos es imposible, y refleja una falta de compromiso con el “verdadero” peronismo.

Dejando de lado -por un momento, nada más- esa discusión sobre el contenido- corresponde apuntar que, en la práctica, esa hipotética suma necesitaría hoy, sí o sí, del acuerdo de dos personas: Cristina Kirchner y Sergio Massa. En el caso de Cristina, resulta obvio: es el liderazgo en que se referencia la gran mayoría de los votantes del FpV. Ninguna otra figura puede expresarlos con igual legitimidad (Y el anterior candidato presidencial, Scioli, hoy aparece al lado de Cristina). En cuanto a Massa, si bien algunas encuestas marcan un descenso en su intención de voto, todas le dan mucho más que al Frente Renovador como lista.

Ahora, con el respeto que merece la dirigencia del peronismo, y también la militancia, quiero sugerir que ambos lados de la discusión, el utilitario y el principista, parten de un enfoque errado. Lo decisivo no son las siglas, ni siquiera las candidaturas, aunque sean éstas las que suman, o no, los votos. Antes se debe pensar en los votantes. ¿Como sería la propuesta del peronismo que pueda sumar una mayoría suficiente, en 2017 y en 2019?

Para encarar ésto, propongo repasar algunos conceptos (revisando, por ejemplo, a Pierre Ostiguy). El peronismo sigue siendo una identidad poderosa en Argentina. Como el antiperonismo (o el no peronismo, en los que dicen, con sinceridad “yo no soy gorila”), expresado, habitualmente, en el Partido Radical. Al norte de la Región Centro, son todavía las opciones decisivas para las grandes mayorías. En la Región Centro -Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Mendoza- y en la Patagonia… siguen muy vigentes, las dos. Pero no parece que sean las decisivas, por sí solas.

¿Cuál es la otra dicotomía que hoy divide a los argentinos, y que se mezcla pero no se confunde con la identidad peronista y la “no peronista”? ¿Izquierda y derecha, diría Ostiguy? Hmmm… ¿Progresismo vs cualunquismo, como a veces planteo, medio en broma? Más allá de las definiciones teóricas, creo que en la práctica resulta muy visible que se expresan en la aprobación o el rechazo de la experiencia y el discurso kirchnerista.

Parece claro que no es una división social y cultural como la que se manifestó históricamente en torno al peronismo. En realidad, se puede decir que existe, sobre todo, en el seno de los (mayoritarios) sectores medios de la población argentina. Pero es aún más claro -se demostró en al menos dos turnos electorales, 2013 y 2015- que alcanzó para definir las elecciones nacionales.

Quiero hacer algunas precisiones: Cuando hablo de la Región Centro, o de las provincias de Norte, no estoy diciendo que son realidades uniformes, bien diferenciadas entre sí. Es una distribución estadística, y se muestra según las circunstancias y los liderazgos locales. En Jujuy triunfó un candidato radical, con el apoyo de todo el anti kirchnerismo. En Córdoba, gobierna el peronismo tradicional y el kirchnerismo no ha logrado ser más que una minoría testimonial.

Con todo eso en cuenta, igual resulta evidente que la victoria de Macri el año pasado fue el fruto del rechazo / cansancio con el kirchnerismo. Y -a pesar del desgaste que sufre este gobierno y que todas las encuestas muestran- encuentro que ese “núcleo de rechazo” sigue siendo un dato importante en el electorado. Como es visible la adhesión emocional a Cristina Kirchner y el recuerdo favorable de su gobierno en otra fracción, claramente mayor al menos en provincia de Buenos Aires, de los votantes.

Entonces, hay dos preguntas que el peronismo debe resolver para volver a ser una opción de poder, antes de pensar en acuerdos con -o garrochazos desde- el Frente Renovador:

¿Cómo se articulan los votos de las diferentes expresiones del peronismo en las distintas provincias, aún si en Buenos Aires -37,01 % de los votantes- triunfara CFK o una lista identificada con ella? Esta pregunta incluye el desafío de la articulación con el sindicalismo, que no tiene casi poder territorial pero forma parte del sistema de poder peronista. Espacialmente cuando no se maneja el Estado nacional.

¿Qué porciones del electorado pueden sumarse a esos votos “propios”, necesidad que se asume en todas las siglas en las que se agrupa la dirigencia peronista, y reconocida explícitamente por Cristina Kirchner?

Trataré de esbozar algunas respuestas para mañana. No contengan el aliento

(Continuará)

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10 respuestas a La unidad del peronismo como problema

  1. […] este posteo de Abel esperando retomar de a poco mi blog (?) si es que puede llamárselo así. Tengo mucha suerte, soy […]

  2. guido dice:

    ¿Leíste el artículo de Ezequiel en Panamá, Abel? Hace un planteo muy interesante que resuena con esta primera parte tuya, especialmente para los que sostienen (sostenemos, porque me incluyo) que Macri es presidente porque se dividió el peronismo. Bueno, hay que leer lo que dice él pero, resumiendo y quizás mal, sostiene que la división del peronismo en los últimos años expresa fundamentalmente fuerzas sociales diferentes que ya no son contenibles en un mismo espacio político. No me termina de cerrar -fundamentalmente porque no logro ver con claridad que la composición del voto de cada facción delimite de modo transparente algún sector social que éste exprese. Pero no había visto ni leído esa tesis bien planteada y creo que vale la pena pensarlo. Sobre todo -y aquí yendo más al punto de tu propio planteo-, Ezequiel me hace ver con ese texto en qué medida cuando despotrico contra la dirigencia que efectivizó la fractura llevándonos a una derrota (los que se fueron y los que no los contuvieron) estoy perdiendo de vista a que votaron a unos y otros endosándola, por decirlo de algún de modo. ¿Será sencillamente que habiendo más opciones el electorado se dividió (y se unificaría en consecuencia de no haberlas) o habrá algo más profundo que aquello fractura sencillamente viene representar?

    • Abel B. dice:

      No me parece acertada la pregunta con la que cerrás tu comentario, Guido. Y si esa pregunta estuviera mal planteada, no puede tener una buena respuesta.

      Lo que pienso: creo que Ezequiel tiene razón en que el peronismo actual suma realidades y expectativas sociales bien distintas. Pero eso ha sido SIEMPRE una característica del peronismo. En realidad, de casi todos los partidos de masas (En el blog mencioné muchas veces el caso del partido Demócrata en los EEUU. Ahora podría sumar al Republicano…).

      En ese artículo, Ezequiel menciona, correctamente, que el peronismo fundacional fue una coalición de la base obrera urbana (con políticos, militares e intelectuales agregados) y un policlasismo en las provincias pobres. Es una observación sociológica hecha hace ya muchas décadas. ¿Por qué asumir que era más fácil entonces mantener esa coalición, o que no tenían intereses contradictorios? ¿Perón hacía magia 🙂 ?

      Creo que ahí el amigo Meler comete un error: toma como lo “normal” la realidad que conoció durante su vida (todos tenemos esa tendencia). Así, habla de “la vieja fortaleza peronista de los años 1989-2015”. ¿LO QUÉ? En el ´99 perdimos, como observó Néstor Kirchner y guió su accionar, porque el Frepaso se sumó a la Alianza. Eso fue inevitable, creo: Menem ya despertaba una resistencia más enconada que la que enfrentó Cristina en el 2015, y Duhalde no tenía más carisma, ni imaginación política, que una baldosa.

      En la 2° parte del post trataré de dar mi respuesta. Pero creo que algo podés suponer con lo que te contesté aquí.

      Abrazo

  3. Norberto dice:

    Bueno, siempre decimos que en Cristina imagen positiva es cuasi intención de voto, CEOP publicó una encuesta este sábado en Página, y en un apartado se refiere a ella y otros candidatos

    “Pese a la andanada de malas noticias judiciales, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner mantiene un 40 por ciento de imagen positiva a nivel nacional. Esa cifra trepa al 45 por ciento en la Provincia de Buenos Aires y, según detecta el CEOP, llega al 50 por ciento en algunos distritos del Gran Buenos Aires.”

    Mientras que del Empleado dice algo muy significativo, que ya lo hemos dicho dentro del blog

    “Sergio Massa llega casi al 50 por ciento de aprobación, con peso entre los que se declaran oficialistas y los que se consideran independientes. El nivel de rechazo es levemente inferior, 45 por ciento.”

    Es decir que tiene buena imagen, como la de Don Segundo Sombra o el Tío Tom, entre quienes nunca lo votarían y solo lo ven como un empleado ambicioso pero eficiente si se lo acota, como efectivamente lo hacen desde Tacuarí y Libertador y Colombia.
    Nunca menos y abrazos

    • Pintxo dice:

      Parece que no alcanzan las experiencias recientes a nivel local e internacional en el aprendizaje de lo que la mentira hace en la eterna busqueda del triunfo por autocorrelacion: miento las encuestas porque el triunfalismo hace que las mayorias voten a ganador y no a perdedor. Mostremos, fabriquemos, inventemos encuestas ganadoras que nos aseguraran el triunfo.

      • Norberto dice:

        Coincido con Ud en que este Gobierno basa toda su política en la mentira, incluyendo encuestas, promesas de campaña, discursos presidenciales, afirmaciones de sus ministros, participaciones de sus voceros en programas amañados por periodistas, a los que denominó sicarios, que han mentido y mienten descaradamente en favor de los intereses de sus patrones del multimierdos, que han instalado esta banda en la Casa Rosada, para así en conjunto con los corruptos o extorsionados del Poder Judicial, establecer una dictadura con apariencia de alternancia.
        Nunca menos y abrazos

    • claudio Maxl dice:

      Hablando d imagenes un muy buen analisis d Circuitos (la respeto muchisimo, fue una d las mas exactas en primera vuelta
      https://circuitosconsultora.files.wordpress.com/2015/10/slide52.jpg)
      El director d la consultora indico a partir d esta encuesta:

      Abarco a toda la muestra, no solo a votantes opositores, pese a la similitud d numeros entre Cristina y Massita, los 30 puntos d Cristina son d ella, el 33% d Massita incluye a buena parte d votantes PRO x lo q no se traduce en votos a el.

  4. claudio Maxl dice:

    “resulta evidente que la victoria de Macri el año pasado fue el fruto del rechazo / cansancio con el kirchnerismo”.
    Resulta evidente q resulto electo presidente xq se le abrio la puerta del ballotage, con un candidato “FPV” q en lugar d aglutinar el polo nac&pop en primera vuelta se dedico a replicar la agenda neoliberal del contrabandista y Massita. Zafo d la catastrofe en ballotage xq kemo las naves y se dedico a polarizar a full los 2 modelos antagonicos llegando al 49%.

  5. […] la primera parte del posteo repasé (por encima, en forma superficial) elementos de la historia del peronismo, de las […]

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