El juego de Putin

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Este es casi seguro el último posteo que subo en 2016 sobre política internacional (salvo que se desate una guerra mediana en las próximas horas). Es un tema al que, por supuesto, le doy decisiva importancia. Por sí mismo y porque permite entender el marco en que se mueve nuestra política interior. ¿Como habría sido la irrupción kirchnerista -el surgimiento de gobiernos modestamente distributistas en la América del Sur- sin China como insaciable mercado de materias primas, y EE.UU. ocupado en las guerras en el Arco Islámico?

¿Menem sin la caída del Muro de Berlín y el avance global de la Revolución Conservadora de Reagan y Thatcher? El mismo Juan Domingo Perón ¿si la II Guerra no hubiese terminado en la hegemonía y el enfrentamiento de dos gigantes, EE.UU. y la URSS? No estoy diciendo, claro, que sus gobiernos fueron el “resultado” de acontecimientos externos. Estos fijaron el marco en que se movieron.

Correspondería, entonces, que tratase de hacer, para ustedes y para mí, un bosquejo de la realidad geopolítica que enfrentamos ahora, la que dará el marco en el que nos tendremos que mover.

Se los debo. La pileta y el asado tuvieron prioridad. Tal vez en enero… Por ahora, uso un artículo que Fredes Castro preparó con motivo del asesinato del embajador ruso en Turquía, donde hizo observaciones lúcidas sobre la estrategia turca y la rusa en el tablero de Siria. Es breve y preciso. Y desde hace unos diez mil años, lo que pasa en el Medio Oriente tiene repercusiones en el resto del planeta. Además, y es lo que me decidió, me da pie para unos comentarios míos al final.

El conflicto civil sirio enfrentó los intereses de Moscú con los de Ankara, por el apoyo militar ruso brindado al régimen de Bashar Al Assad, decisión antagónica al deseo turco de apartarlo del gobierno de Siria. Esta diferencia pudo escalar peligrosamente luego que fuerzas turcas derribaran un avión de combate ruso en la frontera con Siria en noviembre del 2015, sin embargo Putin optó por la metodología aplicada a su país por parte de las administraciones occidentales: las sanciones económicas. Las restricciones al comercio y al turismo, en el marco de un costoso despliegue militar turco en territorio sirio (en especial aéreo), generaron el efecto deseado y Erdoğan transmitió sus disculpas al jefe de estado ruso en junio de este año. Desde ese momento medio millón de turistas rusos visitaron Turquía, en tanto recuperó fuerza el acuerdo para construir un gasoducto que proveerá de energía a Europa, cruzando el mar Negro (evitando la geografía ucraniana), también se dio continuidad a la construcción de la planta nuclear de Akkuyu, proyecto con un costo aproximado de 20.000 millones de dólares.

Henry Kissinger afirma que China bajo el mando de Mao Zedong constituye el único caso conocido de un país que se atrevió a enfrentar a dos grandes potencias al mismo tiempo, pese a su clara inferioridad de condiciones en relación a cualquiera de ellas, obteniendo un saldo favorable: lo hizo contra Estados Unidos y la Unión Soviética. Algo parecido intentó hacer Erdoğan, pero con un resultado diverso, al sobreestimar las capacidades de su economía y sus fuerzas armadas. El máximo dirigente turco se atrevió a desafiar los objetivos de Moscú y de Washington simultáneamente.

Entre otros motivos, Erdoğan intervino en el conflicto civil sirio para prevenir el fortalecimiento de los kurdos y de sus demandas independentistas en perjuicio de la soberanía otomana, pero fue demasiado lejos al contribuir al debilitamiento de Al Assad, provocando el vacío de poder que fue aprovechado por distintos grupos, entre ellos los kurdos cuya efectividad bélica consiguió la empatía de los aliados occidentales. Los astros terminaron de alinearse a favor de Putin con el extraño golpe de Estado que habría intentado desalojar del poder a Erdoğan. El líder ruso no dudó un instante en expresar su apoyo a su par turco y a la democracia, mientras los gobiernos europeos y de los Estados Unidos informaban su preocupación por la represalia ordenada por Erdoğan. La fallida intentona militar sirvió como excusa para, por un lado materializar una extensa purga y, en segundo término, distanciarse de Washington, al reclamar la extradición del teólogo Fethullah Gülen, al que se responsabiliza del golpe de julio y conectan con el asesinato del embajador ruso.

¿Se producirá un reacercamiento entre Turquía y los Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump? En definitiva, el líder turco reúne las condiciones iliberales que tanto parecen atraer al conductor de reality shows devenido en presidente, y fue Trump el candidato que propuso prohibir el ingreso de musulmanes, con lo cual cabe imaginar mayores chances de que conceda la extradición de cualquier persona que participe de este credo.  Pero no menos cierto es que Donald Trump fue enfático al informar que el adversario a vencer por su país es justamente el Estado Islámico, al que objetivamente fue funcional el presidente turco. ¿Cómo convencer a Trump –si tal cosa interesa a Erdoğan- de sus auténticas intenciones en combatir al archienemigo designado? Uno se imagina al ex agente de la KGB devenido en presidente reprimiendo una sonrisa, mientras solícitamente se ofrece como interlocutor clave para transmitir a su par americano (¿a través del Secretario de Estado Rex Tillerson tal vez?) una comunidad de objetivos e intereses entre Rusia, Estados Unidos, Siria e Irán. Porque los persas también mueven fichas en este dramático juego.

Mucho más que la represalia económica rusa y el condicionamiento que implica para sus objetivos externos, a Erdoğan le perturba la creciente influencia iraní, por la competencia que impone en una geografía que los turcos quieren transformar definitivamente en su patio trasero, a través de una administración de impronta sunita, dócil a las ambiciones de Ankara (en especial en la estratégica ciudad iraquí de Mosul). La cuestión iraní es el as que conserva bajo la manga el presidente turco. Erdoğan operará para que la desconfianza que Trump ha manifestado contra Teherán se traduzca en políticas concretas, por un lado para desarticular el acuerdo nuclear elaborado por Obama, y por el otro para convencer al nuevo ocupante del salón Oval sobre el peligro de cooperar con cualquier grupo vinculado al Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), por el ascendente que Irán posee sobre ellos.

La caída deshubiese significado la pérdida de un aliado histórico de Rusia y, consecuentemente, de las costas que comunican sus posibilidades de proyección sobre el Mediterráneo. Para Irán, sostener el régimen de Al Assad es sostener un régimen chiita friendly, resistente a la voluntad norteamericana y colindante con el Líbano que alberga al Hezbolá. Esta asociación, que adicionó la de una –comprensiblemente- ambivalente Turquía impidió que los Estados Unidos, la OTAN, Arabia Saudita, Israel, Qatar (y los “yihadistas” islámicos que emplearon contra los primeros) derrocaran a Al Assad y  maximizaran su esfera de influencia. Es posible que Trump advierta esta humillante verdad, de allí su preferencia por elegir nuevos contradictores, en la medida de lo posible en convergencia con el decidido y tozudo gobernante Putin.

Una última preocupación debe convocar la atención de los estrategas rusos. Comprometerse en demasía con líderes sumamente cuestionados por partes importantes de los pueblos que gobiernan conlleva el riesgo de despertar descontentos y promover retaliaciones impredecibles. A diferencia del hegemón americano, la Federación Rusa no se encuentra a decenas de miles de kilómetros de los conflictos entre países devotos y custodiada por dos océanos. ¿Pero tenía otra alternativa Putin para evitar un cerco militar de la OTAN? La proyección internacional rusa, como la de cualquier potencia imperial, se juzga íntimamente ligada a la existencia de una región no contradictoria con su interés nacional, asunto especialmente calificado en lo que hace a la tierra de Pedro el Grande. En la particular concepción imperial histórica rusa, expansión geográfica, preeminencia regional y supervivencia nacional son factores que integran la misma e indivisible materia.

Notable el destino forjado por el pueblo ruso, avanzar y expandirse en cualquier circunstancia, más allá de los recursos materiales con los que se cuenta y del precio a pagar internamente por esta irrestricta voluntad. Vladímir Vladímirovich Putin expresa cabalmente el temperamento histórico del pueblo euroasiático, eso es incuestionable“.

Al amigo Castro se le nota su admiración por Putin. Es justificada. Es indudable que el ruso ha sido el “Gobernante del Año”, por los éxitos que ha logrado y por los inconvenientes que superó. Según lo que he leído hace una hora en Foreign Policy, termina 2016 con un gesto elegante y magistral: responde a Barack Obama, que acaba de ordenar la expulsión de 35 diplomáticos rusos por los supuestos ciberataques para influir en las elecciones,… haciendo nada. No expulsará a nadie; como hace Rusia -todos los países- en estos casos. Hasta invitó a los hijos del embajador yanqui a la fiesta del Año Nuevo, que es cuando los rusos festejan Navidad. Esas expulsiones ya no serán un problema para Trump, si levantarlas o no. Ni para los Estados Unidos. Serán un gesto furioso de Obama.

Brillante. Eso sí, debo recordarnos que nuestra primera obligación en política internacional no es aplaudir a los que nos caen bien, ni expresar indignación frente a lo que juzgamos mal (esto último parece el deporte nacional, especialmente en los blogs y las redes sociales). Antes, debemos tratar de ver cómo nos afecta a nosotros.

Como avisé al principio, requiere una reflexión muy detenida, y tratar de ver todo el mapa, incluso nuestro rincón del mundo. Ahora, sólo quiero acercarles una reflexión sobre el complejo realineamiento de alianzas que, parece, se está dando en ese Medio Oriente.

Rusia se ha fortalecido en la región. Su intervención en la guerra siria ha sido, hasta ahora, exitosa; Al Assad le debe mucho -su supervivencia, probablemente- y su alianza con una potencia regional, Irán, le da una influencia que no tenía desde hace unos 60 años, en los tiempos que el Egipto de Nasser coqueteaba con la Unión Soviética.

Al mismo tiempo, Turquía, que era (es) el ejército terrestre más poderoso con que contaba la OTAN en la zona, ha quedado neutralizada, al menos por el momento, por su desconfianza hacia los Estados Unidos.

A su vez, los norteamericanos, que ya con Obama habían disminuído su compromiso militar directo ahí, después de los desastres de Bush jr., con Trump parecen dispuestos a contemplar la oferta de Putin de una “alianza anti terrorista”.

Pero… al mismo tiempo el Donald ha dado muestras muy explícitas de respaldo a Israel, en particular, a sus “halcones”. Y ha anunciado que revisará el tratado nuclear con Irán, lo que es música para los oídos de Netanhayu.

Es cierto que Al Assad e Israel -por todas las encendidas denuncias que se dedicaron-no han intercambiado una sola bomba, un solo cañonazo, por décadas. Pero Siria no es una potencia regional, sobre todo después de esta guerra. Irán sí, e Israel también.

¿Podrán llevarse bien EE.UU. y Rusia, si sus “protegidos” están enfrentados a muerte? Cualquier cancillería, incluso la nuestra, tiene que tener claro que la situación es imprevisible, aún para los estándares del Medio Oriente.

El único punto que me parece evidente es que el discurso de los “derechos humanos” que -aún en un marco de hipocresía y bombardeos- seguía siendo obligado en la diplomacia… ha dejado de serlo. Trump lo ignora abiertamente, y Putin… nunca puso mucho énfasis en él. América del Sur no tiene porqué abandonarlo; es más, debe sostenerlo. Es el adecuado para los que no tienen mucha fuerza militar. Pero no debe esperar que sirva de mucho para contener las ambiciones de los que la tienen.

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4 Responses to El juego de Putin

  1. Voces dice:

    No tiene que ver con el post Abel, pero quiero agradecerle por este año infortmativo que termina, y espero que el próximo sea del mismo nivel o mejor si es posible.
    Un gran abrazo.

  2. CV dice:

    “No estoy diciendo, claro, que sus gobiernos fueron el “resultado” de acontecimientos externos.”

    Me parece que los acontecimientos externos determinan en mucha mayor medida a los gobiernos y acontecimientos nacionales. Sin una cortina de hierro descendiendo “desde Stettin en el Báltico hasta Trieste en el Adriático” ¿hubiéramos tenido Estados de Bienestar en la Europa de posguerra?

    La política internacional es la verdadera política…

    Próspero 2017 para los lectores del blog.

  3. Norberto dice:

    Deseando un Feliz Año, de prosperidad ni hablo, a todos y todas, hago un comentario sobre el tema, creo que el matón, de ahora en más gobernado por un matón, de repente ha encontrado la horma de sus zapatos.
    La ventaja tecnológica militar rusa y de producción China, más el reconocimiento por ambas que son complementarias económica, geográfica, que se acerca mucho a la geopolítica, y militarmente, le augura nubarrones, ademas de disputas de mercados entre los cuales el de sudamérica, y en particular el argentino, a pesar de los gobiernos conservadores, que serán sangrientas en el sentido comercial, USA está necesitada de inversiones y capacitación, ha desmovilizado su fuerza laboral y eso se paga, nuestros países requerirán recursos que o bien no estarán disponibles o serán, ademas de ser competidoras con el agro y las nuevas industrias que Tramp quiere reverdecer, esto entrará en conflicto con los deseos de las élites, pero se verán forzados por la necesidad.
    Se vienen años interesantes.
    Felicidades, nunca menos y abrazos

  4. claudia dice:

    Vienen siendo evidentes los esfuerzos de los halcones (de primer y segundo orden) por forzar a Rusia a una respuesta que pueda desatar una guerra harto útil para rediseñar fronteras territoriales y de acceso a recursos estratégicos. La prudencia de Putin lo pinta realmente como el estadista del año. Pero ni aun la mayor de las sagacidades puede contra la mayor de las estupideces falconidas . Sigo sosteniendo que viene derivando en cliché progre esto de dar por hecho la racionalidad anti nucrear. Como bien apuntas, los intereses de los halcones “tutelados” por las potencias de peso, pueden ser difíciles de controlar. Particularmente porque esos subalternos díscolos son ellos mismos expansionistas declarados en sus respectivas regiones.
    Y es cierto, por supuesto, que nuestra politica nacional debe su existencia y originalidades sl damero monstruo internacional. Nuestra creatividad local es posible en tanto descansa sobre condiciones de posibilidad del afuera. Supe arriesgar que Obama tenía hasta el 20 de enero para crear una situación de excepcionalidad que tranquilice a las élites norteamericanas. La paradoja insospechada es que la llave antibelicista (me refiero en cuanto a un conflicto mayusculo) descanse en lo más rancio de los republicanos yankis., interesados – por shora y no sin contradicciones – en buenas relaciones con Rusis.La vida te da sorpresas, cantaba RuBen Blades. Saludos.

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