La economía de Trump y nosotros

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Trato de tener en el blog equilibrio entre los temas que son importantes ahora y los que van a serlo durante años, o décadas. Es el equilibrio que quisiera mantener en mis preocupaciones. Pero, vivimos tiempos muy… coyunturales, como dije otra vez. Además, uno no debe olvidar que el futuro viene de un día a la vez, y lo que pase pasado mañana depende, en parte de lo que pase hoy y mañana.

Como sea, quiero subir ahora, el artículo que me pareció más interesante sobre los problemas que va a crear el inminente (22 días) gobierno de Trump a este gobierno argentino. Y al próximo.

Eugenio Díaz-Bonilla es un economista que, a pesar de tener prestigio académico, trabajar en organismos internacionales y enseñar en universidades norteamericanas, conserva una visión lúcida de la realidad. Se le debe, entre otras cosas, un trabajo que echa luz sobre una de las falacias más perjudiciales y más difíciles de erradicar: una creencia a la que se aferra esa porción de nuestros compatriotas que quiere creer en nuestro fracaso como nación.

El artículo a que me refiero es Argentina: The Myth of a Century of Decline, y lo subí al blog como El mito de la decadencia argentina (Lo menciono aquí porque creo que es una lectura indispensable).

Hace varios días publicó una columna, mucho más breve, en la que especula sobre las políticas que probablemente lleve adelante la administración Trump, y su impacto sobre Argentina. Encuentra paralelos sugerentes con la situación que encontró otro republicano trasgresor, Reagan, y sus medidas.

Como ustedes saben, pienso que las analogías históricas tienen límites: no hay copias exactas. Más adelante, voy a escribir sobre lo que entiendo es una diferencia fundamental entre esa etapa y la que se abre. Pero en cuanto a las consecuencias y los riesgos para nosotros que prevé Díaz-Bonilla, estoy completamente de acuerdo con él. Sus propuestas… las veo difíciles, por ahora. Los invito a leerlo:

“La elección de Ronald Reagan en 1980 ofrece una referencia histórica para interpretar las posibles consecuencias de la última elección presidencial en EE.UU. Entonces, la economía mundial venía de un largo período de crecimiento después de la Segunda Guerra Mundial, apoyado en la reconstrucción de Europa, la expansión del comercio y las finanzas internacionales, y políticas keynesianas expansivas.

Ese período terminó con los dos shocks de precios del petróleo y alimentos a mediados y a fines de los 70, lo que aceleró la inflación mundial. Para combatirla, se pasó a políticas monetarias altamente contractivas en los EE.UU. y en otros países industrializados, lo que llevó a la recesión mundial de 1980 y a una recaída en 1982. Carter perdió las elecciones con Reagan en parte porque trabajadores blancos de ingresos medios y bajos, que tradicionalmente votaban a los demócratas, se inclinaron por el republicano debido a los problemas económicos, pero también por lo que consideraban debilidad de los demócratas frente al avance de la Unión Soviética y la tragedia de los rehenes en Irán.

Reagan implementó en 1981 una reforma impositiva que llevó el déficit fiscal a más del 5% del PBI en años posteriores. La reacción de los mercados fue subir la tasa de interés de los bonos públicos a un 14% (bonos de 10 años). EE.UU. empezó a absorber capitales del resto del mundo, y el dólar se apreció significativamente (casi un 50% en la primera mitad de 1985 comparado con 1980). La suba de las tasas de interés, la desaceleración de la economía mundial en la primera mitad de los 80 y la caída de los precios de los commodities llevaron a la crisis de la deuda en América Latina, Africa y Asia (la “década perdida” en nuestra región). El desplome de los precios de los commodities también afectó a la Unión Soviética (un importante exportador de energía y minerales), y junto con la presión de la carrera armamentista con EE.UU., que en parte financiaba sus déficits gemelos, fiscal y externo, con flujos de capital desde Japón, llevaron a un importante deterioro económico en el área soviética, y a su eventual disolución en 1990.

Ahora Donald Trump llega luego del agotamiento de otro período de crecimiento que terminó con la crisis de 2009, lo que unido con preocupaciones respecto de la debilidad internacional de EE.UU., y temas morales y de estilos de vida, volcó votantes tradicionales demócratas hacia los republicanos. El crecimiento desde los 90 estuvo basado en la reestructuración económica en China y otros países en desarrollo, y en la relativa paz global que siguió al final de la Guerra Fría. Cientos de millones de trabajadores, especialmente en Asia, fueron incorporados a la economía global, cuadruplicando la mano de obra efectiva a nivel mundial entre 1980 y 2005 (estimaciones del FMI). Todo ello presionó a la baja global de salarios y precios.

La expansión productiva en esos países (el este de Asia, básicamente) encontró una demanda adecuada, particularmente en EE.UU. y otros países desarrollados, debido a que la reducción de las presiones inflacionarias permitió políticas monetarias cada vez más expansivas, con importantes aumentos del crédito y el consumo. Esto eventualmente llevó a las burbujas de vivienda y acciones en el mundo desarrollado, y a la crisis financiera de 2009. Esta expansión laboral global afectó los salarios y empleo de los trabajadores no calificados en los países industrializados (y lo han ido mostrando en votaciones recientes), pero llevó a que millones de personas en los países en desarrollo (especialmente en Asia) salieron de la pobreza.

El incremento de ingresos en China y otros países en desarrollo aumentó la demanda de alimentos, energía y metales, beneficiando a países productores de commodities, como Argentina. Desde el rebote de 2010 luego de la crisis de 2009, la economía mundial ha venido desacelerándose.

En términos geopolíticos, los problemas actuales parecen más complicados que en los 80, con debilidad económica y divisiones políticas en Europa; expansionismo en Rusia; caos militar y humanitario en Medio Oriente, e inestabilidad en Asia relacionado con las aspiraciones territoriales de China. Como en los 80, Trump ha propuesto una reducción de impuestos que puede elevar el déficit fiscal en más de 4% del PBI y aumentar la deuda pública del 75% actual a casi 130% del PBI en diez años. Desde el triunfo republicano, las tasas de interés en EE.UU. (y las que paga nuestro país) se han incrementado significativamente y el dólar ha continuado apreciándose. La historia muestra que esas políticas aumentan la posibilidad de una recesión mundial en los próximos años, dentro de un contexto de disgregación geopolítica global.

En conclusión, en Argentina y en América latina y el Caribe debemos prepararnos para un futuro complejo a nivel mundial. Primero, es necesario que en nuestro país generemos los mecanismos institucionales formales para consensuar visiones estratégicas de mediano plazo. En particular, debemos recordar los costos que pagamos en el pasado por atarnos a un dólar que, como ahora, se estaba apreciando, y por endeudarnos excesivamente. En segundo lugar, a nivel de América latina y el Caribe sería importante que los gobiernos llamen a una reunión de reflexión para generar los instrumentos económicos y políticos de colaboración regional que permitan que nuestros países confronten este período incierto.

Prepararnos para estos desafíos requiere tomar una perspectiva de largo plazo para evitar que la historia, modificando la conocida frase de Karl Marx, no se repita ni como tragedia ni como farsa”.

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3 respuestas a La economía de Trump y nosotros

  1. Norberto dice:

    Aunque comparta sus temores y aspiraciones Big Chief, lo que no veo es la mínima posibilidad que la banda de Isidoro haga algo que no sea en el sentido del saqueo descarado y la proscripción y el fraude para sostenerse en el Gobierno, con la ayuda del trípode como estamos viendo en estos días de juicios sumarios y sin pruebas para unos y vista gorda para delitos comprobados.
    A esta estudiantina, tal como a sus ancestros, lo que les interesa es como sacar más renta de sus negociados, si tienen que aplastar a todo el que se interponga, lo harán sin ningún miramiento y tratan de demostrarlo para sembrar terror, como en las crueles guerras de la antigüedad, si es que se puede medir grados de crueldad en las guerras.
    Tal vez si logramos llegar a las próximas elecciones con la posibilidad de juego limpio, podríamos detenerlos, sino volveremos a repetir la proscripción, y muy probablemente ante tanta injusticia, la resistencia como única forma de protesta contra ella.
    Nunca menos y abrazos

  2. Silenoz dice:

    E iría un paso más, las propuestas del cro. Díaz-Bonilla son inviables, impensables.. más aún con el pajarón local y el verde-amarelo….

    Por esto apelemos a la memoria histórica:

    – Precisamente la de los ’80, el “no quiso, no pudo, no supo” podría al menos reducirse al “no supo o no pudo”, si hubiese rechazado la deuda de la pesada herencia de aquel entonces” y hasta quien te dice Grinspun hubiese también “podido o supido”. Claro que es un contrafáctico pero como la hiper fue la consecuencia de una de las cíclicas y consuetudinarias “crisis de la balanza de pagos” … a menor deuda menos servicios….

    – Después del 2003 con los “muertos no pagan deudas”… opción que en el ’83 también se sugirió ehhhh….. es más, había “masa crítica” como para hacer un reclamo conjunto entre al menos nuestro país, Brasil y México…..

    Las dos tiene consecuentes “funestas” con ganadores y perdedores….. la elección es política….

  3. Capitán Yáñez dice:

    Mi siempre muy estimado blogger no más en jefe… el “mundo bipolar” (USA vs. URSS) duró, años más años menos, medio siglo. El “mundo unipolar” (“fin de la Historia” y USA gran ganador) apenas una década y poco más. El “mundo multipolar” (USA, Eurozona, Rusia, China) ni siquiera una década.
    ¿Vamos hacia un “mundo bipolar light” (USA vs Rusia… en un “enfrentamiento” que no suena muy serio… -al “debemos modernizar nuestro arsenal nuclear” de Trump, Putin responde, sin que se le mueva un pelo de su cabeza con el pelo cortado al ras… “nosotros también”-)?.
    Pareciera que si.
    ¿Debemos -los peronistas- plantear una “tercera posición light”?
    Pareciera que si.
    Entretanto, cabe esperar que el “círculo rojo” tenga más o menos claro el asunto… porque si no es así… vamos de cabeza a otro quilombo… pues Bartomeu y su “equipo” no dan señales de tener ni la más remota idea de qué es lo que está pasando en “el mundo” al que quieren “volver”…
    En fin…

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