Argentina Nuclear, 2016 – XXXVIII: Para la autoestima argentina

Ante la ausencia de saqueos, el gobierno se ocupa que este fin de año no nos aburramos. Y yo no puedo resistir la tentación de comentar sus ocurrencias. Pero no quiero abandonar esta saga. Coordinaré con Arias cuál es la frecuencia adecuada para este enero que ya empieza. Ahora, voy a subir este capítulo, con la historia de una pequeña hazaña argentina, todavía vigente. Los capítulos siguientes son de tiempos más oscuros.

  1. Postales de una juventud libre

telemanipulacion

Telemanipulación de radiosótipos obtenidos en el RA-3, hasta ahora la única fuente de radiofármacos de diagnóstico y tratamiento del Mercosur. Los yanquis quisieron construirlo, y les apostamos buena plata a que lo haríamos sin ellos. Terminaron pagándonos como duques.

Aquella bomba atómica de Indira Gandhi en 1974 cambió, para mal, nuestras perspectivas e historia como país nuclear. Nos volvió lo que somos hoy: mucho menos que lo que parecía seríamos.

Por empezar, cambió la política externa del mandón regional, la Gran Democracia del Norte. Antes del 18 de mayo de 1974, los EEUU eran tolerantes con algunos desarrollos duales de estados periféricos donde tuvieran influencia, siempre que no estuvieran alineados con la URSS o con China. Ante su mirada, éramos casi soportables. Un buen dogo puede permitirse algunas pulgas.

Lo que siguió a “Smiling Buddha” continúa desde entonces. La doctrina oficial del State Department para países periféricos con programas nucleares independientes es un infierno de coerción, chantaje, mentiras y eventual violencia armada, sea por intervención interna a través de cipayos a la orden, o con los Marines cuando tales cipayos fallan.

A partir de aquel momento, tendría costos enormes todo error que cometiéramos los dos únicos países sudacas verdaderamente nucleares: Brasil y Argentina. No lo cuento a México por motivos ya explicados: nunca intentó un desarrollo atómico propio. De hecho, el país que cometió más equivocaciones (Brasil) terminó trabajando décadas al puro ñudo, para desembocar en su actual enanismo nuclear.

Si algo diferencia los errores brasileños de los nuestros es la escala: los de los vecinos son desmesurados. Empezaron apostando millones a un “desarrollismo facilongo”, confiados en que el desarrollo tecnológico atómico no difería tanto del metalúrgico o metalmecánico: si negociabas a lo grande con los grandes proveedores externos, era inevitable: pasabas de país de fazendas y playas a país de industria pesada. Los vecinos tardaron un par de décadas en darse cuenta que la General Electric y la Siemens KWU no operan del mismo modo que la General Motors o la Volkswagen: las empresas nucleares no les iban a vender la autonomía tecnológica. Ésa sólo se cocina en casa.

Cuando entendió el juego, el Brasil se bandeó en la dirección opuesta y el dictador Ernesto Geisel diseñó el famoso Programa Nuclear Paralelo, con plena aprobación de la burguesía local, por esa fuerza histórica que les da a los brasileños haber sido antes imperio que república. Pero los militares hicieron todo tan a espaldas del respetado público, tan a lo bruto, y con un corte tan marcial de “vamos a la bomba y después vemos”, que al presidente estadounidense Jimmy Carter no le costó demasiada extorsión barrerles los tobillos. La capitulación brasileña quedó marcada por una cena de estado con las esposas de ambos mandamases, en Planalto. No sé si Geisel llegó a digerir la lista de “nos” que debió firmar antes.

Después de lo de la India, los yanquis no iban a tolerar desarrollos nucleares independientes “in their own backyard”, que venimos a ser los sudacas. Y efectivamente, en 1978 Carter dio por muertos una serie de acuerdos que venían de la década del ’50 para la provisión de Argentina de uranio enriquecido al 90%. Es el tipo de combustible que usaban antes de 1974 la mayor parte de los reactores de investigación del mundo. Sí, el lector tiene razón, eso es “grado bomba”. Nunca era suficiente la cantidad vendida, y no había renovación si uno no devolvía a la USAEC el núcleo ya gastado, sin que faltara un miligramo.

Por supuesto, Carter estaba penalizando a nuestros militares por su política de represión salvaje: estaban aplicando demasiado bien las artes de infiltración, tortura y secuestro que habían aprendido de los militares yanquis en “La Escuela de las Américas”, en Panamá. Pero también es posible que Carter, ingeniero atómico, haya sentido como una intromisión en “su backyard” (el de la General Electric, la Westinghouse y la Babcock & Wilcox) nuestra venta de ¡dos reactores dos! a Perú. No nos alcanzaba con uno. ¡Danger!

¿Para qué abundar? Nosotros en nuestra adolescencia tecnológica, pletóricos de acné y creatividad, y el capofamilia del continente con síntomas precoces de Alzheimer. Y se apellida Corleone.

En 1974, ante “Smiling Buddha”, el primer bombazo indio, todo esto la dirección de la CNEA lo vio venir con claridad. “Qué hijos de  Buda”, fue el comentario resignado. Ya sabían que toda desgracia nuclear, militar o civil, que suceda afuera siempre les termina cayendo en la cabeza a ellos. Aún hoy, eso no falla.

Rescato casi con ternura una anécdota de tiempos pre-Indira, una postal alegre de cuando la CNEA entraba en etapa industrial y se hacía grande en cuadros e instalaciones, y eso era celebrado hasta por diarios tan conservadores y proyanquis como “La Prensa”. Y es más, hasta los EEUU toleraban deportivamente nuestros desacatos porque no había mejores opciones.

Lo que sigue parece “política-ficción”, pero es real y se publicó dos veces, la última  en el número 27-28 de la revista de la CNEA de 2007. Es un artículo sobre el viejo RA-3 de Ezeiza, que desde 1973 produce todos los radioisótopos de medicina nuclear usados en Argentina y el sur de Brasil. Es un recuadro, con el siguiente título: “Los U$ 350.000”

“A comienzos de la década del ‘60, como muchos otros países que se embarcaron en el desarrollo nuclear, Argentina recibió el ofrecimiento de un subsidio de U$S 350.000 del gobierno estadounidense para la construcción de un reactor de investigación de 5 MW, a ser provisto por General Dynamics.

“La CNEA respondió que, en lugar de comprar el reactor, lo iba a diseñar y construir, ante lo cual la contraparte estadounidense, uniendo escepticismo a un dejo de apuesta, resolvió que si la CNEA tenía éxito en su empresa, recibiría el subsidio.

“El acto de inauguración del reactor RA-3 fue presidido por el Presidente de la Nación, Gral. J. C. Onganía, el Cardenal Primado A. Caggiano, el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires Gral. F. Imaz, ministros, embajadores, los presidentes de las Comisiones de Energía Atómica de Brasil, Israel y Chile y el representante de EEUU, L. Saccio.

“Luego de las alocuciones de Onganía y Quihillalt, Mr. Saccio hizo entrega del subsidio de 350.000 dólares ´para la operación del reactor RA-3´…La apuesta había sido ganada.”.

El RA-3 todavía es la única fuente local de radioisótopos de diagnóstico y tratamiento de enfermedades severas (oncológicas, cardiológicas, metabólicas, autoinmunes) de la Argentina y el sur de Brasil. El más valioso de todos, el tecnecio 99 (llamado también molibdeno 99m, por su precursor radiológico), está en desabastecimiento en todo el Hemisferio Norte. Esta situación durará toda esta década según previsiones de la OCDE, y eso es una tragedia médica convenientemente omitida por los medios europeos y yanquis, y que está costando decenas de miles de vidas.

El RA-3, que ya fue repotenciado tres veces porque la demanda de medicina nuclear crece en flecha, ya está bastante achacoso y al límite de su vida útil. Lo vamos a reemplazar por el RA-10, tres veces más potente y nuevecito. Una empresa yanqui, Coqui Pharma, ha decidido dotarse de un par de reactorcitos modernos ante lo intolerable que resulta que un yanqui con una buena cobertura no pueda hacerse un estudio de imagen 100% fiable de su perfusión coronaria, o cerebral.

Pero como en su país hace décadas que nadie los construye, buscaron al mejor proveedor mundial: se llama INVAP y es de Bariloche, Río Negro, Argentina. Tomá mate.

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6 Responses to Argentina Nuclear, 2016 – XXXVIII: Para la autoestima argentina

  1. Gracias, gracias, gracias, Abel. Un regalazo de fin de año! No paren nunca con esto. Lo de los isótopos (perdón por mí ignorancia) lo recuerdo por alguien querido para mí que tuvo que hacerse una operación y vi un loguito de la CNEA. Hasta entonces ignoraba la cuestión médica deL desarrollo atómico. También por mí amistad con un ingeniero que por el 88 trabajaba en la CNEA y fue Enviado a Perú por el reactor estuve allí cerca de un mes. Mis amigos tuvieron allí su primer hijo al que llamaron Apurímac por el río. Hoy ese chiquito es también un ingeniero de pura madre!

  2. Daniel Eduardo Arias dice:

    Creo que no destaqué suficientemente que si antes de 1978 los EEUU nos vendían núcleos de uranio enriquecido al 90% para nuestros reactores, a partir de entonces interrumpieron totalmente sus entregas.

    Eso dejaba todos los reactores argentinos en funciones (RA-1, RA-.2, RA-3, RA-4 y el RA-6. El RA-3 de Ezeiza a esa altura era la única fuente de radioisótopos de diagnóstico y tratamiento médico de la Argentina y el Cono Sur.

    La respuesta de la CNEA -a la sazón dirigida por Carlos Mastro Madero- fue doble. Por una parte, hizo un esfuerzo de re-ingeniería notable para que todos esos reactores pudieran seguir funcionando con núcleos de uranio enriquecido al 20%. Son núcleos mucho más voluminosos, por lo que hay que ser un poco mago para no tener que rehacer el resto del reactor, y por otro generan flujos neutrónicos de menor densidad, con lo que la fabricación de radiosótopos baja en productividad. Era como correr un fórmula uno con GNC.

    La Argentina se transformó entonces en el líder mundial en ese tipo de rediseños de núcleos. Uno que se rehizo rápidamente, aún en tiempos del Shah (tarea a cargo de INVAP), fue el del reactor académico llamado Teheran Research Reactor, donde el monarca formaba recursos humanos para manejar un enorme programa nucleoeléctrico (23.500 MW) que le permitiría exportar prácticamente el 100% de su crudo. Los iraníes tendrían unos cuantos megavatios nucleoeléctricos y tal vez desarrollado bastante su dominio en esta tecnología, si no se hubieran metido de un modo bastante idiota en un programa totalmente militar que les destruyó la economía a fuerza de boicots petroleros.

    Pero en cuanto a nosotros, los argies, quienes se quedaban expuestos al boicot de los EEUU eran fundamentalmente esos nuevos compradores de reactores: Perú, con el RP-0 y el RP-10, y luego Argelia, todos bastante entusiasmados con el reactorcito RA-6 construido por INVAP en Bariloche, entregado en tiempo y forma, y en términos de funcionamiento, “joya”.

    La respuesta de Castro Madero para que INVAP no se quedara sin nuevos clientes fue iniciar el programa secreto de enriquecimiento de uranio a 12 kilómetros quebrada adentro del pueblo de Pilcaniyeu, Río Negro, en aquel momento 300 habitantes, tarea que estuvo a cargo de… sí, INVAP.

    Con muy buen criterio, Castro Madero combinó 9 dosis de audacia con 1 de prudencia: EEUU no se esperaba de ningún modo que la CNEA se atreviera a enriquecer uranio, pero además confiaba demasiado en su sistema mundial de alerta temprana de compras de insumos críticos, en particular los rodamientos a bolilla que permiten la rotación a más de 100.000 revoluciones por minuto de las centrifugadoras que separan por fuerza “g” el uranio 235 (más liviano) del 238 (más pesado).

    Casto Madero burló este sistema de alarma precoz apelando a la tecnología anterior a las centrifugadoras, la de difusión gaseosa del uranio natural a través de membranas de teflón. Es de fines de los ’40. Las membranas dejan pasar cantidades marginalmente mayores del isótopo 235. Repítase N veces en N etapas de enriquecimiento, y se llegará a algún valor interesante: 3,5-5% para combustible de centrales, 20% para reactores, 90% mejor no, te bombardean.

    En aquel momento, casi todas las fábricas de enriquecido de EEUU y Europa usaban ese método viejo, la difusión gaseosa, pero porque tenían que amortizar décadas de inversión en aquella tecnología muy costosa en energía. Es fama que ya en épocas de Reagan, el programa militar de uranio de los EEUU estaba consumiendo el 7% de la producción eléctrica más bien monstruosa de ese país. No esperaban que ningún programa nuclear periférico se largara solo con fierros tan poco eficientes.

    Pero básicamente, si Castro Madero burló al menos inicialmente a la inteligencia yanqui, fue porque las membranas de teflón, las compresoras, el piping y casi todos los sistemas de control eran “made in Argentina”, pese a la devastación que su pariente José Martínez de Hoz (sí, eran familia con don Castro) estaba desatando en nuestra industria. Hoy, tras una dosis de Martínez de Hoz, dos de Cavallo y ahora ésta de Macri, sería difícil conseguir insumos locales.

    El resto de la historia se sabe: en cuando los yanquis supieron que estábamos enriqueciendo uranio a un año y monedas de terminada la guerra de Malvinas, reanudaron el suministro de enriquecido. Hacían cualquier cosa con tal de que no ampliáramos la planta.

    La revista científica laborista inglesa (más inglesa que laborista), tituló: “What kind of idiots does the CIA have in Argentina?”. Lo cual es un modo perfecto de quitarle culpas al SIS, más conocido por su vieja sigla MI-6, Bond, James Bond. Los ingleses después de la guerra debían tener muchos topos dentro de las FFAA, y sin embargo ésta de Castro Madero no se la vieron venir.

    Cuando sus socios americanos ya estaban oliendo cosas raras y mandando embajadores a meterse en Pilca a lo patotero, ya aquí la CNEA le estaba comunicando las buenas nuevas al presidente recién electo Raúl Alfonsín, Quien no las consideró buenas en absoluto.

    Alfonsín pactó inmediatamente con La Embajada el cierre de Pilca, lo que suscitó la respuesta muy “sotto voce” de Castro Madero, ya después de su renuncia como presidente de la CNEA. “Por mí, la pueden bombardear, si quieren. Lo importante es que saben que sabemos cómo se enriquece uranio”.

    Alguien habrá tomado nota de esa respuesta tan lógica, porque si Alfonsín dedicó la primera mitad de su gobierno a paralizar los proyectos tecnológicos e industriales de la CNEA, y ésta seguía viva pese a todo, es fama que su sucesor Menem apuntó más a la yugular, y empezó a desbandar el recurso más crítico de todos: el capital humano.

    Lo cierto es que desde Pilca, jamás hemos sufrido aprietes con el uranio enriquecido al 20% que usan nuestros reactores.

    Paradójicamente, el mercado mundial de este tipo de aparatos es de la opinión que los nuestros son los más eficientes del mundo: de ahí las ventas de INVAP en Egitpo, Australia y ahora en Estados Unidos y Arabia Saudita, más el triunfo de 2009 en Holanda para el mayor reactor del mundo en radiosótopos médicos (pero cuando ganó INVAP, los holandeses recularon en chancletas y anularon la licitación). Ahora se reconcursa.

    En cuanto a Pilca, no la bombardearon. Porque -y aquí está el 1% de prudencia que Castro Madero añadió a su 9% de audacia- Pilcaniyeu era ex-profeso demasiado chica como para llegar a un enriquecimiento del 90%, “grado bomba”.

    Se habrían necesitado miles más de etapas separativas, y por lo tanto un edificio de mayor planta para ello. La incapacidad bélica de Pilca se podía comprobar fácil con vistas satelitales, pero también desde las muchas avionetas que empezaron a sobrevolar la zona cuando las instalaciones ya se iban terminando.

    De modo que el Tío Sam tuvo que ver en qué lugar (de su historia diplomática) se metía el embargo.

    No soy el único en creer que si los EEUU nos hubieran embargado más seguido a todo lo largo de nuestra historia nuclear, estaríamos bastante más avanzados en tecnología. Y no sólo nuclear, sino industrial en general.

    “Do it yourself”, je.

  3. Alberto dice:

    La verdad, se me cae la baba leyendo esto. ¿Para cuando el libro con la saga completa, Arias?

  4. julia dice:

    ¿y el proyecto pampa azul? ¿se lo dieron a la ministra may?
    creo q es parte del acuerdo q firmo la gallega

  5. Miguel dice:

    Simplemente de nuevo gracias Abel y DANIEL

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