Argentina Nuclear, 2016 – XXXVII: A la sombra de la Bomba

Este capítulo describe el sueño, el proyecto que se alimentaba en el seno de la Comisión Nacional de Energía Atómica hace un poco más de 40 años: una Argentina exportadora de tecnología nuclear. Y cómo el acceso a las armas atómicas por parte de la India modificó las reglas de juego que las Potencias se decidieron a imponer en adelante.

Daniel Arias es muy duro con el esfuerzo que India, y Pakistán dedicaron a su arsenal militar “la primera carrera bélica nuclear entre pobres”. Es cierto, pero no estoy seguro que haya sido una decisión totalmente irracional para países situados en esa región del globo, donde una “zona de paz” sería una amarga ironía. Aún los pobres prefieren no ser invadidos o bombardeados, si pueden evitarlo.

  1. La hora de los caños

agni

Un descendiente de tercera generación de “Smiling Buddha” sobre un misil Agni, cuyo punta de caída estaría en Pakistán, despierta el entusiasmo de la multitud en la India. Primera carrera bélica nuclear entre pobres.

Un año antes del Rodrigazo, otro acontecimiento geográficamente muy lejano, en el norte de la India, destruyó sin miramientos el plan de los Sabatianos de ir volviendo despacito, paso a paso, a la Argentina en una potencia nuclear pacífica, autónoma y exportadora, como hoy lo es Corea del Sur.

No era el programa de un loco. Si se recuerda, a principios de los ’60, Corea del Sur, lejos del gigante industrial que es hoy, era todavía un país sobrepoblado, agrícola, pobre, poco educado, militarmente ocupado, siempre en peligro de guerra y bajo la durísima bota del general Park Chung Hee, tan dictatorial como su contraparte del Norte. No calificaba de república bananera porque no trataba siquiera de parecer una república y no tenía bananas. No había inmigrantes argentinos en Corea, aunque sí llegaron unos 50.000 coreanos a la Argentina. Y por algo vinieron.

El plan sabatiano para volver a la Argentina un país con una industria nuclear completa implicaba saltar con una garrocha canadiense, como hizo Corea: las centrales de tubos de presión CANDU. Pero como dijo el general Helmuth von Moltke: “La primera víctima de la batalla es el plan”.

¿Quién iba a pensar que la India, con un reactor CIRUS vendido por los mismísimos EEUU, violando salvaguardias sin que nadie se avivara, y un clon local más potente y secreto del CIRUS, (el Dhruva), iba a terminar detonando “Smiling Buddha”, su primera bomba atómica?

El príncipe Gautama Buda se habría indignado de ese uso de su nombre: le cayó a la única arma nuclear que causó daños en el Tercer Mundo. Detonó dentro de un pozo horizontal de 107 metros de largo y 114 de profundidad en una ladera de Pokhran, una base del Ejército en la provincia desértica de Rajastán, limítrofe con Pakistan… país con el que India había terminado una guerra (otra más) en 1971. Aquel asunto fue tan secreto que sólo participaron 75 expertos, entre 1967 y 1974, y hasta el Ministro de Defensa se enteró de la explosión el 18 de mayo… por los diarios de Delhi.

Indira Gandhi adujo las pavadas habituales en estos casos: la tecnología se había desarrollado sin fines bélicos. La idea no era asustar a los malditos pakistaníes, aunque ante quienes mandan en Delhi los susodichos fueran enteramente dignos de bombardeo, sino iniciar benéficas y maravillosas obras públicas, tales como la excavación de canales o de grandes reservorios subterráneos- ¿Para qué los reservorios? Bueno, para llenarlos de algo, ya se vería qué.

Indira no era idiota, sólo se hacía. Con esto de la bomba, la popularidad del Congress Party y de su persona se fueron por las nubes. Eso no impidió que 10 años más tarde dos de sus guardaespaldas sikhs le pegaran 33 tiros para vengar la represión del Ejército Indio en el Punjab en 1982 (30.000 detenidos, más de 100 muertos). Los sikhs tienen su religión, ansiaban nombrar sus autoridades policiales y exigían la enseñanza del sikh en la escuela pública. Consignas similares tiene el 60% de los kashmiris, que por ser mahometanos querrían otro trato con Delhi, o quizás ninguno. No todos los indios del Kashmir quieren ser hijos de la Gran Madre India y les tira no poco ser pakistaníes.

6 explosiones más tarde, incluyendo la de una bastante moderna bomba H “de tres etapas” tipo Teller-Ulam en 1998, las maravillas de ingeniería de suelos prometidas por doña Indira siguen sin hacerse en la India.

A falta de canales y reservorios, la India ya tiene entre 110 y 120 armas nucleares, así como los misiles Agni (5500 km. de alcance) necesarios para borrar del mapa las ciudades pakistaníes que haga falta, hasta que los vecinos entren en razón o se mueran. Pakistán le siguió el tranco a Delhi, y tiene 130 cabezas, así como misiles Shaheen III de 2750 km. de alcance para que los indios entiendan de quién es el Kashmir.

Siempre hay escaramuzas de artillería, atentados y algo así como una guerra de baja intensidad en esa frontera del Himalaya. Con la perversa ambigüedad de todos los asuntos humanos, es evidente que si allí no se escaló a una guerra convencional a escala completa, (como la que desangró a Irán e Irak en tiempos del Ayatollah y de Saddam), es porque los propios Himalayas son, como teatro de operaciones, un enemigo más letal que el enemigo, al menos para tropas. Pero sobre todo, porque hay demasiado caños nucleares en ambos lados de frontera.

De modo que la carrera armamentista nuclear local generó una suerte de hipótesis MAD (Mutual Assured Destruction, aniquilación mutua asegurada), la primera de la historia entre países estructuralmente pobres.

Sobre esto pesa, además, y severamente la interdicción de todas las superpotencias ajenas, las mismas que fogonearon aquella guerra de 8 años entre Irán e Irak (1980-1988), con la que se hicieron ricos vendiendo armas e influencia: China, Rusia, el Reino Unidos, Francia y los EEUU. Esas benevolentes autoridades del Consejo de Seguridad no tuvieron problemas en fumarse un conflicto que dejó “grosso modo” 1 millón de muertos, 2 de discapacitados y 4 de desplazados. Pudieron hacerlo porque era convencional.

Pero dichos líderes morales de la humanidad no quieren saber de una escalada bélica de India y Pakistán. Harán lo que sea porque no suceda. Desde el 28 de mayo de 1998, cuando Pakistán estrenó su primer arma nuclear, se hizo patente que si Pakistán venía perdiendo una guerra convencional contra la India, antes de arriar bandera, dispararía sus misiles. Y eso, piensan las superpotencias, puede arrastrarlas a un conflicto nuclear a ellas, y entre ellas. “Thanks, no dice”, como dicen los fulleros desplumados que navegan el Mississippi cuando no los dejan usar sus dados cargados.

Hoy las superpotencias están científicamente mejor informadas. Saben que aunque no se dejen chupar por ese maelström, una guerra nuclear regional las hace puré, aunque estén lejos y haciendo nada. Sobran modelos atmosféricos que coinciden en que si cada contendiente de los mencionados usara apenas el 50% de sus arsenales atómicos en las ciudades del antagonista, la estratósfera planetaria –incluída la del Hemisferio Sur- se volvería tan opaca con el hollín de las ciudades devastadas, que habría varios años de “invierno nuclear”, con oscuridad casi permanente, sequías graves y fríos subcongelantes en las latitudes medias, lo que significa interrupción de la fotosíntesis en todas los ecosistemas agropecuarios. Dicho en cortito: que nos cagaríamos de hambre un tiempo, tías y tíos. Y también de sed.

No sería el fin de la humanidad, pero sí la caída de casi todos los estados-nación, un quiebre de la historia tecnológica y organizativa de la especie, y un “ajuste demográfico” de algunos miles de millones de humanos, sin garantías de que se salven todos los ricos y poderosos. Estos, por ende, no tolerarán el riesgo. Y menos porque algunos militares adeptos al Profeta de Allah, que es único, andan de malas con los seguidores de Brahma, Shiva, Ganesha, Vishnú y Krishna, que son muchos.

De modo que, con esa ambigüedad que caracteriza a la historia, las malditas bombas que acumularon tales energúmenos parecen tener al menos un lado bueno para ellos: los salvan de toda guerra convencional ampliada más allá de alguna que otra escaramuza. El lado muy malo lo soporta el resto de los humanos que no necesitan más “escenarios MAD” entre países de dudosa racionalidad: ya hay suficientes con los irresponsables del Consejo de Seguridad.

Pero dados el costo y duración de la carrera armamentista nuclear entre pobres que desató la señora Gandhi, ¿a cuántos millones de ciudadanos propios y además de pakistaníes ya mató de hambre en la infancia, o sumió desde niños en la indigencia estructural? Querida Indira, Ud. que llevó semejante apellido sin merecerlo siquiera por parentesco, perdóneme que invoque su alma para sacarme las dudas.

Según el último informe (2015) de la FAO, la agencia de alimentación y agricultura de la ONU, la India terminó 2015 con 194,6 millones de subalimentados, una cuarta parte del total mundial, lo que la vuelve la nación con la mayor población mundial en riesgo alimentario: el 15.2% de los ciudadanos de un país con 1,2 mil millones de habitantes. El 58% de los chicos de 2 años mide debajo del peso, talla y desarrollo cerebral esperables, 1 de cada 4 chicos está desnutrido y cada día mueren 3000 de hambre. Eso sí, qué misiles que tiene.

Vuelvo al caso argentino, a cómo Indira desató una seguidilla global de causas y consecuencias que nos llevaron a pasar unos 19 años de nuestro desarrollo nuclear, que pintaba tan independiente y jarifo, a vegetar en la condición infantiloide y regresiva de “Kinder von Deutschen”. En un castellano más bien bondadoso, se traduce como “socios estratégicos de los alemanes”.

Habrá que preguntarle a otra sombra: la del vicealmirante Carlos Castro Madero.

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4 Responses to Argentina Nuclear, 2016 – XXXVII: A la sombra de la Bomba

  1. Matias dice:

    Genial articulo de Arias. Como siempre. Ojalá todo esta saga termine en un libro.

  2. victorlustig dice:

    Ya estamos en tiempos historicos que impiden la historia probablemente, pero, no hace falta la sombra de Castro Madero
    Plan Europa, ver Potash (espero la memoria no me falle), eso fue para todo
    desde tanques a aviones pasando por submarinos

  3. Cine Braille dice:

    India tiene otro conflicto fronterizo más: con China, potencia nuclear desde 1964. Y con ella tuvo otra guerrita fronteriza en los años sesenta, que perdió feo, tan feo que Nehru tuvo que caer en la “indignidad” de pedirle ayuda a Kennedy.
    Saludos

  4. Daniel Eduardo Arias dice:

    Víctor Lustig, la saga nuclear está justamente por entrar en los tiempos de Castro Madero, personaje ambiguo si los hay, y ambiguo de un modo poderosísimo.

    Cine Braille: Me había olvidado de aquella miniguerra de 1964 de la India contra China, en la que la primera recibió una paliza.

    Esa zona del planeta se incendiaría fácilmente si China hoy no fuera una potencia nuclear. Pero como lo es, sus vecinos no nucleares de mapa se tendrán que soportar todo tipo de tropelías. O no.

    China ya era perfectamente nuclear cuando invadió Vietnam en 1981, creo, debido al involucramiento de este país en la derrota y caída del Khmer Rouge, que China apoyaba por alguna causa que me resulta incomprensible.

    Los combates duraron algo menos de un mes, empezaron con un retroceso vietnamita y terminaron cuando el ejército vietnamita estaba penetrando ya demasiado en territorio chino como para no pagarlo caro. Los vits pegaron la vuelta y volvieron a sus fronteras por prudencia, pero la paliza que el dieron al Ejército Popular Chino fue memorable.

    De destacar, en ningún momento China amenazó (públicamente) con usar sus caños nucleares. En aquellos años ya los tenía bien desarrollados y montados en misiles.

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