Argentina Nuclear, 2016 – XXXVI: Tiempo de bisagra

Estos capítulos, hasta el n° 39, cuentan la historia de la Comisión Nacional de Energía Atómica en un lapso muy corto, el que transcurre entre que asume Cámpora en mayo ’73, hasta el golpe de marzo ’76. No es necesario recordarles a los argentinos, se supone, todo lo que cambió en ese tiempo, menos de 3 años. Sin embargo, un dato decisivo para esta historia fue una modificación en el sistema global que aparentemente no tenía nada que ver con nosotros: el exclusivo club de países con armas nucleares adquirió un nuevo miembro, en Asia. Puede haber una moraleja actual.

  1. La hora de los tubos

embalse

La CNEA en estado deliberativo va por fierros canadienses, no alemanes. Embalse, en Río Tercero, Córdoba. Resultó flor de central, aunque el montaje fue un despiole atómico.

La segunda NPP (central nucleoeléctrica) había sido planificada en Córdoba, en charlas de Quihillalt con Aldo Ferrer, cuando éste fue Ministro de Hacienda del general Rodolfo Levingston, en 1971. Por decisión esta vez de un comité de 80 expertos que se expidió en 1974, terminó siendo la actual CNA-2 de Embalse: se seguía con uranio natural pero esta vez con los canadienses “como debió hacerse desde el principio”, rezongaban los sabatianos, nada deseosos de tener a la KWU alemana de local en suelo propio, y menos aún de fungir de changarines finos para que estos exportaran Atuchas al resto del mundo pobre.

“Auf Wiedersehen, lieber Deutschen”, canturreaban felices en la Dirección de Centrales Nucleares (DCN). Los jóvenes ingenieros de la JP llegados allí no podían estar más de acuerdo con los viejos sabatianos de aquella trinchera. La ingeniería se había ideologizado. Faltaba la consigna: “Tubos de presión/para la liberación”.

Hubo más. El montaje contratado por AECL estaba a cargo de Italimpianti, una firma de ingeniería cuyo origen peninsular se deduce sin ser un genio. Es difícil desconcertar a los italianos con la improvisación, pero no contaban con que los argentinos somos más italianos que ellos mismos. La intervención bastante disruptiva de “la muchachada” de ingenieros treintañeros de la DCN impuso cambios sobre la marcha en plena obra, fundamentalmente en los recorridos del “piping” o del cableado.

Estas adaptaciones de último momento para evitar “interferencias” (que dos caños se atraviesen entre sí, pcor ejemplo) son típicas de toda obra compleja, pero había evidentemente una voluntad de “argentinizar” Embalse. Tal vez esto fue lo que atrasó tanto la puesta en marcha de la central, aunque en revancha se ganó conocimiento en ingeniería de montaje, y hasta es posible que la unidad haya mejorado en varios detalles respecto del diseño original. En justicia, al respecto hay opiniones divididas, según se consulte con un ingeniero de la vieja DCN o de AECL. Y el bando pro-alemán, indignado con el desorden. En Atucha I, en comparación, todo había sido coser y cantar.

 

Los propios canadienses se arrepintieron más de una vez de haber cerrado tratos con nosotros: no los desconcertaba tanto que la ubicación de tal o cual tubería se decidiera en asamblea de ingenieros, cada cual con su regla de cálculo y algunos ya con esas nuevas calculadoras científicas portátiles. Los ingenieros nucleares de AECL son “todo terreno” y saben manejarse en casi cualquier cultura.

Sí asustaba a sus contadores la hiperinflación que se desató tras el 4 de junio de 1975, con el “Rodrigazo” (una devaluación del 160% del peso en 24 horas). Con el casi 1000% de inflación en los meses siguientes, ¿con qué les íbamos a pagar? Embalse, que debió construirse en 6 años, tardó 10 debido a las frecuentes detenciones de obra. Y los “canooks” querían renegociar todas las condiciones del contrato, o irse al diablo. O ambas cosas.

Es frecuente que los socios estratégicos de la CNEA quieran tomárselas cuando la Argentina se queda sin un mango. Pero el problema real venía desde afuera. Presionada como nunca por los EEUU, la AECL había pasado de dulce novia a amarga suegra: si iban a hacer futuras centrales con nosotros, quería ampliar las salvaguardias a “full scope”, es decir, darles alcance nacional y no exclusivo a la obra vendida. Y eso aunque aquí nadie iba a firmar el TNP, como se les puso en claro todo el tiempo, una y otra vez.

Algo había estropeado irremediablemente la relación entre la CNEA y la AECL, y no era únicamente el alegre caos de la obra en Embalse, que mal que mal, avanzaba. Tampoco era la economía desquiciada del post-Rodrigazo, aunque con eso último habría alcanzado.

Era otra cosa peor: “el efecto Indira”. En 1974 los indios detonaron su primera bomba atómica, y se pudrió todo, macho.

tubos-de-presion

Este tacho gigante que llega a la Central Nuclear Embalse es la calandria, donde 380 tubos de presión que contienen 4560 elementos combustibles con 84 toneladas de dióxido de uranio natural se bañan en agua pesada. Pese a las apariencias, es una pieza más liviana y barata que un recipiente de presión, y cualquier metalúrgica grande argentina de los ’70 podía copiarla.

 

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One Response to Argentina Nuclear, 2016 – XXXVI: Tiempo de bisagra

  1. Rogelio dice:

    Estimado Abel:

    Este comentario no está relacionado directamente con el posteo sino con el conjunto de la cuestión nuclear a partir de algunas novedades registradas en los últimos tiempos.
    En especial a partir de la elección de Trump como presidente de USA.

    ¿ Qué está en juego con Irán ?
    Repasando antecedentes del tema nuclear en Argentina, me encontré con una noticia del diario irani Financial Tribune que en el día de hoy titula:
    Amano en Teherán para discutir JCPOA (sigla que identifica al acuerdo nuclear alcanzado el año pasado por Iran con el P5+1 de Occidente) => https://goo.gl/NCfR2w
    En uno de sus párrafos la nota dice:
    “El director general del OIEA, Yukiya Amano, expresó su preocupación a Irán el mes pasado por su ligero exceso del límite acordado en su stock de agua pesada, una sustancia utilizada como moderador en algunos reactores nucleares”.

    Sabemos, por otra parte, que durante su campaña Donald Trump calificó como “mal negocio” al acuerdo nuclear con Irán y amenazó con “romperlo” (tear up) cuando llegara al poder.

    Además, en los últimos días abundaron las declaraciones insistiendo con firmeza en la vigencia del acuerdo, por ejemplo:
    1. del presidente iraní Rohuani => https://goo.gl/qosjkW
    2. del director saliente de la CIA John Brennan => https://goo.gl/i2ezZb
    3. aún del ala dura de Israel que ve en la elección de Trump una oportunidad para imponer modificaciones a la relación de USA e Irán y sin embargo se muestra renuente a incorporar modificaciones demasiado inmediatas al acuerdo => https://goo.gl/60Yeb7

    La cuestión de Irán y el papel de nuestro candidato a “Papa Nuclear” https://goo.gl/KWm1tk
    Sabiendo desde hace varios meses (junio 2016) que el blog le atribuye al brillante diplomático argentino Rafael Grossi la condición de artífice clave del JCPOA, la serie de novedades que apuntamos arriba nos llevan a preguntarnos:

    – La actuación de Grossi en la gestión del JCPOA: ¿siguió una política oficial del Estado argentino o respondió a criterios sustentados por sectores interesados en la cuestión nuclear que actuaron en forma autónoma o independiente?
    – En uno u otro caso, ¿cuáles fueron los sujetos de las políticas y criterios que pesaron en las decisiones de involucrarse?

    Habida cuenta de la evaluación crítica que el blog hace de nuestra diplomacia, p.ej. en el reciente post “Macri y el nuevo escenario global”, considero que es razonable estar muy atento a las cuestiones que están en juego, siguiendo la evolución de los hechos, uniendo los puntos sueltos y evitando conclusiones que no evalúan la situación globalmente.

    Saludos cordiales

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