Trump al teléfono

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Este sábado, especulando en el blog sobre un posible acercamiento entre Rusia y EE.UU., mencioné como un indicio sugestivo la llamada telefónica de Trump a la presidente de Taiwán, Tsai Ing Wen. Pero ahí yo me enfocaba en la política de Putin (y sigo pensando que su discurso este año ante la Asamblea, aquí, es una pieza interesante).

Hace pocas horas, Juan Chingo, redactor desde Francia para La Izquierda Diario, me acercó este artículo suyo sobre el lado yanqui de este “realineamiento”: la actitud que está mostrando el presidente electo hacia China. Se los copio (sin términos ideológicos; Chingo y yo sabemos que jugamos en distintos equipos), y agrego un comentario al final:

El presidente electo de Estados Unidos conversó el pasado viernes con la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, una acción que supone una ruptura respecto a la política estadounidense en Asia, así como del protocolo diplomático. Un preocupante mensaje hacia Pekín con amplias consecuencias.

Al menos de forma oficial, este contacto es el primero entre un líder estadounidense y un presidente taiwanés desde que Washington cambió sus relaciones diplomáticas con la isla por China continental en 1979, que ya entonces empezaba a ganar peso en la escena internacional. Ocho años antes, la República Popular China, dirigida desde Pekín por el régimen del Partido Comunista, había reemplazado en las Naciones Unidas a la República de China, representada por la entonces dictadura del Kuomintang que gobernaba Taiwán desde la huida del Generalísimo Chiang Kai-shek a la isla tras ser derrotado por las guerrillas comunistas dirigidas por Mao Zedong en la guerra civil (1945-49).

El giro diplomático fue establecido por el ex presidente Richard Nixon y el secretario de Estado Henry Kissinger. El viaje de Nixon a Pekín en 1972 coincidió con un momento decisivo de la decadencia histórica de los EE.UU., agosto de 1971, el final de la convertibilidad dólar-oro de  que había sido el eje del orden económico posterior a la Segunda Guerra Mundial. A su vez, militar y geopolíticamente, la Guerra de Vietnam todavía continuaba y había debilitado las capacidades militares de los EEUU lo suficiente como para que fuera confuso saber si Norteamérica podría resistir eventualmente una potencial acción militar soviética en Europa.

Del lado chino, las debilidades de su modelo económico de la “construcción socialista en un solo país” se hacían cada vez más evidentes, agravadas a su vez por el cataclismo y el traumatismo que había significado para el régimen la llamada “Revolución Cultural”. Desde el punto de vista militar y geopolítico, en el año 1969 los chinos entran una importante batalla con los rusos en el río Ussuri, a lo largo de la frontera entre Siberia y China. Las relaciones sino-soviéticas se habían desplomado en los ´60, y China estaba preocupada por un ataque soviético, quizás con armas nucleares. Es la coincidencia de las necesidades de ambos la que sienta las bases para éste acercamiento. Al reconocer a Pekín y retirar el apoyo de Taipéi (capital de Taiwán), el gobierno de Nixon consiguió la colaboración del régimen del Partido Comunista Chino en los esfuerzos de Washington para socavar a la Unión Soviética. La alianza de facto de China con Washington fue el preludio del proceso de restauración capitalista, que se aceleró después del colapso de la Unión Soviética en 1991, llevando a una inversión internacional masiva y a la transformación de China, sobre la base de mano de obra súper barata, en el centro manufacturero más grande del mundo.

La reclamación de China sobre Taiwán es, y ha sido durante mucho tiempo, la cuestión más delicada en las relaciones entre Estados Unidos y China y fue el principal obstáculo para reunirse con Pekín antes del viaje de Nixon. Las negociaciones sobre cómo manejar el asunto fueron la obra de dos Presidentes -Nixon y Carter-, dos secretarios de Estado -Kissinger y Cyrus Vance- así como del asesor de seguridad nacional Brzezinski-. Estas negociaciones fueron sentando las bases de la compleja relación. Algo que fue plasmado en el documento para la normalización de relaciones en 1979, en el cuál se acordaron ciertas condiciones que China establecía para dicha normalización.

Desde entonces, en todos los aspectos de la relación de Estados Unidos con Taiwán, ya sean las ventas de armas a Taiwán, las reuniones de alto nivel, los contactos entre militares, las visitas de altos funcionarios, los tránsitos por los Estados Unidos por parte de líderes de Taiwán, hay una larga historia sobre lo que Estados Unidos puede hacer, en consonancia con su compromiso de una relación “no oficial” con Taiwán. La acción de Trump rompe con esa larga historia de usos y costumbres diplomáticos entre las dos potencias.

Desde el viernes varios artículos en los medios de comunicación especulan con que la increíble acción de Trump se debe a un error de neófito. Pero un artículo de fuentes informadas publicado en el Washington Post del domingo refuta esta versión ingenua sobre semejante y arriesgado paso. Según el diario norteamericano fue, más bien, “el producto de meses de silenciosos preparativos y deliberaciones entre los asesores de Trump sobre una nueva estrategia de compromiso con Taiwán”, que refleja “la opinión de los asesores de línea dura instando a Trump a tomar una fuerte línea de entrada con respecto a China”.

El mismo Trump dejó en claro el domingo por Twitter que estaba en juego más que una llamada telefónica: “¿China nos preguntó si estaba bien devaluar su moneda (lo que hace difícil para nuestras empresas competir), gravar fuertemente nuestros productos que van a su país (los EE.UU. no los gravan) o construir un complejo militar masivo en medio del Mar de China Meridional? ¡No lo creo!”. Es evidente que estamos frente a un gesto deliberado.

Como ya dijimos, la presidencia Trump implica una política más agresiva con respecto a Pekín: uno de los principales objetivos de Trump es reestructurar la relación entre los Estados Unidos y China. Al hacer la llamada telefónica, Trump señala a China que está preparado para actuar unilateralmente si los chinos no están preparados para renegociar la relación, y todos los ítems están sobre la mesa de negociaciones. Adrede, Trump seleccionó un tema de alta visibilidad y bajo contenido – Taiwán – para demostrar su indiferencia ante los entendimientos anteriores. Porque para los EEUU la cuestión de Taiwán nunca fue central: la aceptación de la política de “Una China” jamás cambió la realidad fundamental de las relaciones entre EEUU y Taiwán, sino que le dio cobertura a los chinos en un contexto geopolítico que hace tiempo desapareció (la Guerra Fría terminó, la Unión Soviética implosiono, etc.).

Esto pone a China en una difícil posición: en el marco de los límites de su modelo económico, China necesita el acceso a los mercados norteamericanos para no precipitarse en una caída económica profunda en el medio de una transición incierta. Para China, la relación comercial con Estados Unidos es de interés estratégico. Al mismo tiempo, Xi Jinping debe mantener una posición de fuerza en este tema sensible para China, no solo a nivel interno (donde existen otros casos independentistas) sino también a nivel regional donde busca proyectar su poder.

La jugada provocadora e imprevisible de Trump poniendo en riesgo lo que Nixon había otorgado, es un mensaje duro e inesperado para Pekín, que la obliga a negociar en condiciones desfavorables. Mostrando con este gesto que está dispuesto a dejar atrás la política de sus antecesores de solo adoptar poses pero sin modificar nada substancial en relación con China, Trump pone a Pekín a la defensiva, invirtiendo los términos de la relación e inquietando a la burocracia del Partido Comunista que de ahora en más comienza a preguntarse hasta dónde está preparado para ir Trump“.

Mi respuesta inicial a este planteo de Chingo fue marcar mi extrañeza ante la falta de una reacción dura de China frente a esta jugada: en el pasado Beijing fue muy firme -el artículo lo registra- con el principio de “Una sola China”. Debí corregirme: en un repaso de los medios se puede encontrar que el Diario del Pueblo, vocero tradicional del Partido Comunista chino, dice en un editorial “Provocar fricciones y desordenar las relaciones chino-estadounidenses no ayudará a ´Hacer América grande otra vez´“. La edición china del Global Times señala “la incapacidad de Trump para cerrar su boca“, y condena sus “provocaciones y falsedades“.

Igual, sigo pensando que el gobierno de Xi Jinping no ha reaccionado hasta ahora con la iracundia que sus antecesores mostraron. Tal vez porque China es ahora una Gran Potencia reconocida como tal. Y los intereses de la globalización están más de su lado que el del Donald. Salvo casos muy especiales, la violencia verbal es una característica de los débiles.

Como se ve, no estoy de acuerdo en que Beijing deba negociar “en condiciones desfavorables”. No porque tenga muchos bonos del Tesoro yanqui en su poder, eh. Eso sólo le da un incentivo para que no se desvaloricen. La condición de acreedor no da poder sobre el deudor… salvo que el deudor sea débil. El poder de China, como el de cualquier otra nación, descansa en sus “fundamentals”: para ellos, su población, su industria, su reciente pero impresionante desarrollo tecnológico. Y sus fuerzas armadas, claro. Salvo en población, están detrás de los EE.UU. … pero no tan detrás. Y es menos vulnerable, políticamente, a problemas en su economía que su rival. Sus cartas son buenas.

Como sea, la relación se ha puesto tirante, y va a seguir así. Trump está aprovechando su condición de “presidente electo”, pero eso no significa que su actitud cambie el 20 de enero. Stephen Moore, que fue asesor en economía en la campaña de Trump, ha dicho que si a los chinos no les gusta el apoyo a Taiwanscrew ´em” (“que se jodan” es una traducción refinada a nuestro idioma).

Tiempos delicados, para países medianos, que dependen de sus exportaciones, además. ¿Por qué no me siento tranquilo con la canciller y el presidente que tenemos?

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14 respuestas a Trump al teléfono

  1. Silenoz dice:

    “Y es menos vulnerable, políticamente, a problemas en su economía que su rival”

    Mmm…. a pesar del manejo centralizado y su falta de democracia, nadie está inmune a quilombos internos…. el tema es si China cae o lo caen en una crisis (tipo la rusa cuando se desplomó el precio del petróleo con una ayudita de los amigos jeques, con eso alcanza)…. y sin la maquinita de hacer verdes, en el corto/mediano plazo, “fuiste”

    A menos que el mundo comercialize y se financie en yuanes o renmimbí… o lo que fuera excepto dolars

    • Abel B. dice:

      “Nadie está inmune a quilombos internos”, muy cierto. Pero hay sociedades más resilientes que otras. Por ejemplo, las sanciones a Rusia, y la baja en los precios del petróleo, no parecen haber debilitado políticamente a Putin.

    • Rogelio dice:

      Celebro que haya comenzado a plantear alternativas y excepciones aunque sea de carácter potencial.

      Saludos cordiales

      • Silenoz dice:

        “o lo que fuera excepto dolars”
        Esto es precisament para su tesis. cro. ja ja ja….

        Saludos

  2. Daniel Eduardo Arias dice:

    La frase notable que me olvidé de citar como “trademark” literario de este blog:

    “Salvo casos muy especiales, la violencia verbal es una característica de los débiles”.

    Muy buena.

  3. pintxo dice:

    “..mencioné como un indicio sugestivo la llamada telefónica de Trump a la presidente de Taiwán, Tsai Ing Wen.”
    Abel no se cual sera su fuente de informacion, pero el mismo Trump en su cuenta oficial de Twitter aclara que quien llamo fue la presidente de Taiwan para felicitarlo por el triunfo. Todo eso a modo de aclaracion de su parte por la polvareda desatada a proposito de la nueva relacion DC-Beijin.

  4. David (idu) dice:

    Yo tampoco me siento tranquilo con la canciller y el presidente.

    Pero al menos tenemos una base militar China en Neuquén, que tal vez sirva para disuadir al yanki de pelo anaranjado de cualquier acción contra nuestra soberanía.

    Reemplacemos YA es estudio de inglés por el mandarín.

  5. Capitán Yáñez dice:

    No te sentís tranquilo porque Bartomeu es intranquilizante:
    – Se floreó con Obama… y a la m… los demócratas
    – Se floreó con Renzi… y a la m… el pobre Matteo
    – Se floreó con el primer ministro de Nueva Zelanda… y a la m… el primer ministro
    Hoy reinauguró El Plumerillo… así que quien viaje a Mendoza tómese un Chevallier.

  6. Casiopea dice:

    http://www.newyorker.com/news/news-desk/what-taiwans-leader-sees-in-donald-trump

    Es muy pronto. Me parece que los chinos hacen bien en llamarse a la prudencia. Las “señales” de Trump son demasiado contradictorias.
    Por un lado, tomó la llamada de la premier taiwanesa (torpeza, ignorancia o provocación, quién sabe). Por otro lado nombra embajador en China al gobernador de Iowa, que es un fuerte defensor de China porque Iowa les vende soja, etc. y depende en gran medida de esas exportaciones. Por otro lado ha prometido que va a nombrar a China “currency manipulator” y ya tuvo palabras amigables para el presidente de las Filipinas que los chinos acababan de soplarle a EEUU. Eso por sólo mencionar algunos indicios, pero hay muchos, muchos más.
    Si China se enoja y decide dejar de comprarle soja a Iowa, qué se le va a hacer. Se la venderemos nosotros, o Brasil. Pero ese sería el menor de los problemas. A lo que voy es que en algún momento va a tener que soltar alguno de los “vectores” que está lanzando como si nada, por twitter nomás. Y más de uno va a acabar panza arriba. Va a estar movidito.

  7. Casiopea dice:

    Lo que quería decir sobre el “campo minado” de la relación con China está mejor expresando por la voz del establishmen en el editorial del wsj de hoy.

    http://www.wsj.com/articles/trumps-chinese-currency-manipulation-1481155139

  8. […] un reciente posteo subí el análisis de Juan Chingo, que evalúa que la República Popular China tendrá problemas […]

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