“En la vida hay que elegir”: 2. Si opta por la coherencia

cristina-moyano

Estoy subiendo lo que es, con el anterior, un posteo largo, y lo hago a partir de una pregunta sobre los límites del peronismo. El tema son las opciones del peronismo hoy.

Porque, seamos francos, decir ahora que lo que hizo Menem no fué “verdadero” peronismo ¿a quién le importa? ¿quién va a discutirlo, salvo un nostálgico excéntrico? El menemismo residual -que existe- ya hace rato está embarcado en otras propuestas. Y marcar que los peronistas queremos “la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación”… Bueno, a lo mejor el economista Espert o el comentarista Alcides Acevedo pueden plantear que el pueblo se merece ser infeliz y la Argentina chica, pero ninguna fuerza política se va a manifestar en contra.

No, estimados. Lo que interesa son las opciones actuales. Y en el peronismo una de las opciones fundamentales en este momento pasa por reivindicar, o no, la conducción de Cristina Kirchner. A algunos de mis amigos más doctrinarios esto los fastidia mucho, pero esa es la realidad. Que, recordaba el Fundador, es la única verdad.

Hay que señalar que, aunque el peronismo y la política son personalistas, y emocionales, esta opción tiene un contenido más amplio. En el posteo anterior subí un texto que, sin nombrar a CFK, cuestionaba el valor de una unidad sin contenido, y resumía su planteo afirmando que la diferencia está en “si se llega (al gobierno) con un pueblo inerte, amorfo, anodino, despolitizado y desmovilizado, … o si “llegamos” con un pueblo movilizado, politizado, con lucha de masas en ascenso, con organización popular y cuadros intermedios aptos para conducirla“.

Una afirmación teórica muy coherente. Eso sí, hay una idea que no se explicita pero está asumida: la organización popular de las masas en ascenso la van a hacer esos cuadros intermedios, organizados, es obvio, en torno a una conducción política. En el peronismo, esa descripción se referiría a la militancia kirchnerista identificada con Cristina.

El problema es que una buena parte de las masas -en ascenso o no- ya están organizadas en estructuras sindicales (y, desde algo menos de 20 años, en movimientos sociales). Y quienes las dirigen, burócratas o no, es posible que tengan dudas sobre el asunto.

Aquí subo otro texto. Éste es del compañero Gabriel Fernández, de hace más de diez meses, y apareció en la página de la CTA encabezada por Hugo Yasky. Es decir, el sector gremial que estuvo y se mantiene más cerca de Cristina Kirchner. En estos días ha vuelto a circular por las redes sociales, justamente porque este debate que está en marcha. Agrego un comentario mío al final.

Si abrevamos en el concepto de contradicción, hallaremos varias opciones interpretativas. Nos interesa, sin cerrarnos, esa variante inteligente que mientras admite la existencia del contraste, sabe o al menos intenta, diferenciar entre el principal y los secundarios. Todo esto acompasado por apreciaciones más cotidianas: el ser humano es muy variado, por tanto su proceder es diverso. Y lo es aún cuando proceda colectivamente de modo unificado. ¿Y el movimiento obrero? Ya veremos.

Por estas horas, como ratificando el decir de sus adherentes duros en las semanas recientes, Cristina Fernández de Kirchner se refirió a los “dirigentes sindicales”. Lo hizo con dos asertos esenciales, en pocos minutos de charla grabada por un celular: son todos más o menos parecidos, los metió en la bolsa, y son ajenos, pues los derechos los defiende cada miembro del pueblo sin intermediarios, cada integrante “empoderado”.

Late allí –CFK no lo dice, seamos honestos- pero late, otra dualidad con intensidad política: kirchnerismo – peronismo. De la objeción al reclamo por el impuesto a las ganancias se pasa, en lo tácito, a recriminar ausencias e indisciplinas. Alejamientos. Pero más por debajo aún se palpa, al menos lo siente quien vivió varios períodos y no sólo el más reciente, aquél antiguo disconformismo, aquella lejana incomodidad, de las capas medias del movimiento para con los sindicalistas.

Esto no lo hace saber nuestra líder más votada y sin dudas portadora de logros gubernamentales extraordinarios que hemos marcado sin cesar en estas páginas, pero si lo manifiestan con total franqueza los militantes más duros de su vertiente: ahora no reclaman, ahora donde están, son unos traidores, pactaron con Macri, etc. Usted los lee continuamente, o usted dice y escribe esas mismas cosas lector, y sabe a lo que nos referimos sin exagerar.

Ahora bien, el dilema no es sencillo. Hemos indicado que se trata de militantes de nuestro movimiento; no estamos hablando de esos gorilones que odian a Cristina, al kirchnerismo, al peronismo, al populismo, a Chávez y a todo lo mejor que construyó América latina en la Década realmente Ganada. Por tanto, en primera instancia: tienen pleno derecho a debatir y a plantear diferencias. No viene por ahí la objeción de este texto; ya verá.

Vamos un tranco hacia atrás. Un puñado de dirigentes se desprendió del movimiento nacional hace varios años. Grave error que puede equipararse con el deletéreo concepto de traición. Pero resultaron eso: un puñado de dirigentes que en modo alguno representan a los centenares y más de sindicatos y sindicalistas que permanecieron firmes junto al gobierno nacional y popular. Para empezar entonces, una generalización es injusta, aunque además errónea. Si el conjunto del sindicalismo hubiera aceptado la coordinación de las corporaciones, empezando por Clarín, el gobierno de Cristina hubiera caído antes de los comicios del 22 de noviembre.

Luego, es pertinente señalar que tras la fuga de esos pocos sindicalistas, el gobierno impulsó la creación de una agrupación juvenil asentada en empleados del Estado. Esto hay que decirlo, porque no es eso lo que está mal: ser militante no es ser ñoqui, ser militante es entregar la vida cotidiana al mejoramiento del país. Eso son los pibes a los cuales hacemos referencia. El problema es que un agrupamiento de esa naturaleza, no está en condiciones de conducir hegemónicamente un movimiento bravío como el peronismo y mucho menos, de disciplinar al gremialismo en la Argentina.

No se trata de un deber ser. Es una realidad. La mayoría de los sindicatos argentinos no traicionaron nada en este período. Han crecido gracias al proceso industrializador impulsado por el kirchnerismo, lo han agradecido y han movilizado… hasta que se lo permitió esa hegemonía juvenil. Porque créase o no, en este período los sindicatos integraron a una masa enorme de nuevos militantes de base; delegados, activistas, pibes que también se lanzaron a bregar por un mundo mejor… pero que poseen diferencias sociales con los antedichos.

Meses atrás, cuando todavía el debate en el movimiento se asentaba en quién sería el candidato y si se ganaba en primera o segunda vuelta, un dirigente sindical de extrema confianza dijo a este periodista “estuve pensando; está muy bueno lo de los patios de la Rosada cuando habla Cristina, muy bueno… pero ¿sabés qué? ¡Son patios blancos!”. Le pregunté que quería indicar y explicó: “Nuestros pibes no pueden entrar, van y quedan afuera, después ya no van, es todo de La Cámpora, y nada más, son chicos macanudos, pero están dejando fuera a trabajadores de su misma edad, que quieren ir a ¡respaldar a Cristina! Ahí tenemos un problema”, señaló, perspicaz.

Y más. En diálogo más reciente con un sincero –en privado- militante de la famosa agrupación juvenil en cuestión, aseveró: “También ¿era necesario que tuviéramos todos todos los cargos en las listas y la mayoría de los funcionarios en los ministerios?”. Está claro. Quien suponga que esto es propaganda de La Nación que lo crea y entonces no se habla más, la verticalidad se impone para todos y todas y no se discute nada. Pero el movimiento nacional discute, corcovea, se enoja y plantea. Porque si no, los errores se repiten. Por ejemplo: ¿A nadie se le ocurrió que los sindicatos afines, los que se quedaron valga la reiteración, merecían puestos adecuados en el Ministerio de Trabajo? ¿Nadie supuso que para mejorar la actividad electoral el sindicalismo tenía derecho a insertar candidatos en las listas? Pregunta simple: ¿Por qué no?

Es decir, el alejamiento se fue construyendo paso a paso, desde la asunción de Cristina hasta el presente. Derivó en la formación de un frente con identidad peronista al costado del Frente para la Victoria –a nuestro entender el FPV es la verdadera representación del movimiento nacional- y concluyó con una fuga de votos apreciable. Esos votos no podían ser contenidos en su totalidad porque estaban influenciados por otros factores, especialmente mediáticos, pero si parcialmente de haberse elaborado con más tacto el vínculo con el movimiento obrero organizado y con sectores de identidad peronista histórica.

No renegamos de nuestras palabras: hemos señalado oportunamente que el pueblo argentino vota populismo de centroizquierda y podemos realizar una narración ajustada, comicio por comicio en el orden ejecutivo nacional, que refrenda el comentario. Alguien dirá que los sindicatos no encarnan claramente ese perfil de centroizquierda. Entonces señalamos: no conocen a los gremios y a sus dirigentes que quedaron de este lado de la línea; no son nazis, ni fascistas ni corporativistas. Son compañeros con ideas bastante avanzadas y ya muy distantes de Moyano, ni qué hablar de Barrionuevo o Venegas. No los conocen porque muchos militantes de las capas medias también se guían por la orientación que reciben de los medios concentrados.

Pero además: no hay populismo sin sindicatos. Lo que es decir, como hemos indicado: no hay proyecto nacional sin movimiento obrero. La ausencia de Moyano se hizo sentir por su capacidad para arrastrar a la UTA, por la incapacidad propia para retener a la UTA, pero sobre todo por el destrato oficial hacia los sindicatos que se afirmaron en la defensa del Proyecto Nacional y Popular sin recibir un reconocimiento adecuado. Sin cámaras ni medios para hacerse ver y oír (salvo los nacional – populares carentes de financiamiento) y sin reuniones adecuadas con las áreas de Economía, Trabajo y Desarrollo Social.

Ahora bien. Todo este texto tiene la intención de amalgamar lo que se está desperdigando porque ya está visto que con una sola vertiente –el kirchnerismo- aunque sea la más votada y la más movilizada, no se logra vencer. Vencer en toda la línea, no sólo electoralmente, si se entiende. Y porque la reverberancia callejera de la adhesión del movimiento obrero organizado es una de las grandes armas culturales del movimiento nacional para combatir las campañas comunicacionales imperiales. Porque el kirchnerismo es un peronismo y no puede desplegarse sin integrar a su contradicción previa, no antagónica. Si la niega, pierde un componente de la elaboración.

Si el kirchnerismo no es un peronismo, como pretenden algunos entusiastas, entonces el kircherismo es una agrupación de clase media motorizada por individuos desorganizados que se juntan en una plaza convocados desde las redes sociales para efectuar demandas justas. Eso está muy bien pero con eso no se ganan las elecciones ni la hegemonía cultural nacional. La responsabilidad siempre recae en el liderazgo mayor. Entonces, este es un texto, también, destinado a respaldar a Cristina Fernández de Kirchner. A plantearle que sin el peronismo y sin el movimiento obrero organizado, ella pasaría de ser la jefa del movimiento en general, a la jefa de La Cámpora. Y lo que queremos es que asuma integralmente el liderazgo.

Pero el liderazgo está relacionado con la persuasión. Cada sector debe sentirse reconocido por el conductor, porque cuando hay zonas de exclusión la intensidad militante baja y los compañeros no saben bien qué hacer para apoyar un proceso que apoyan. Es común entre los dirigentes que arriban al peronismo desde la izquierda malinterpretar nuestra historia y presuponer que este movimiento es elementalmente vertical. No lo ha sido, ni con Perón, no lo es ni puede serlo, pues sus variados componentes encarnan fuerzas reales que batallan por salir a luz, expresarse y obtener cuotas de poder decisorio. Por tanto, tampoco es “elemental”: eso del choripán es un problema de La Nación y satélites, pero las ideas que fluyen por estos barrios son bien complejas.

Desde Jauretche y Scalabrini hasta Ubaldini, desde Cooke hasta Laclau, desde Rearte hasta Ongaro, desde Walsh hasta Ferla, desde el programa de Huerta Grande hasta los 23 puntos de la CGT, desde Perón hasta Cristina pasando por Néstor, por sólo citar un puñado, se registran dentro del peronismo tremendos y violentos debates democráticos –si, como discute nuestro pueblo, con energía y participación- que a su vez encarnan intereses profundos y vigorosos. La anulación de esos cruces a través de la hegemonía verticalizada sobre una agrupación, que además carece de la organización social de base adecuada, resulta letal y fuerza que los planteos emerjan descoordinados por aquí y por allá. El intento de encauzar esa trayectoria en pensadores como Ricardo Forster, una simplicación costosa.

Es claro que Cristina es jefa y cabalmente representativa. Es claro que La Cámpora es numéricamente importante y ha canalizado una militancia joven y valiosa. Lo que no es claro es porqué la líder y sus compañeros no dialogan con el resto del movimiento para incluirlo y potenciar así su propio desarrollo. Ahora bien, si quienes ocupan ese lugar recurren a la sencilla caracterización de toda disidencia como traición (a este periodista, por caso), estaremos condenados a configurarnos como una vertiente de los sectores medios altamente movilizados pero sin posibilidades cabales de victoria ante deficiencias para abarcar el arco social propio.

Y además, sesgando hacia un detalle: ¿quién fue el genio que desde Canal 7 dispuso en los últimos tres años que en los actos públicos y masivos del oficialismo se enfocara sólo las banderas de La Cámpora? ¿Creyeron que no se notaría que volcaban la cámara cuando arribaban el Evita, el Kolina, los sindicatos, los agrupamientos sociales? La dirección periodística de las transmisiones de esos magníficos eventos logró transformar enormes movilizaciones populares en festivales de muchachos porteños. Lo cual se constituyó en un verdadero festival para los medios concentrados.

En la lectura del tiempo histórico corto, puede suponerse que el kirchnerismo inventó todo desde la nada. Esa puede ser incluso, la legítima percepción de sus hacedores. Legítima pero equivocada. El pensamiento nacional con epicentro en el forjismo, el movimiento obrero pese a las defecciones y las organizaciones sociales en el último tramo del siglo anterior, mantuvieron banderas que fueron retomadas. La gran gesta del 19 y 20 de diciembre del 2001 quebró la cerviz del neoliberalismo y abrió las puertas al paso de la historia. Felizmente, el kirchnerismo observó esa herencia, se montó sobre ella y condujo la nación hacia un progreso que años antes resultaba impensable.

La admisión de ese decurso enriquece. Es doloroso que algunos compañeros supongan que desmerece los logros del tramo reciente: los realza como parte de una historia de luchas sorprendente, inteligente y heroica. Pero algo más para terminar: es preciso sacudirse esa prevención social en contra de los sindicatos. Ese gesto cultural que aleja porque lleva a percibir ajenidad sobre un espacio vertebral del movimiento nacional y popular, y por lo tanto del Proyecto que con gallardía el kirchnerismo ha llevado adelante.

Los cambios los hacen los pueblos. Las franjas militantes contribuyen a acompañar, esclarecer y organizar. Cuando se alejan y pretenden decirle a los pueblos todo lo que tienen que hacer, están sustituyendo sus organizaciones, pero sobre todo sus ritmos, sus culturas, sus representaciones genuinas. Estamos a tiempo de ensamblar lo propio. Somos una potencia extraordinaria. Podemos ser una totalidad sin abandonar nuestras concepciones parciales“.

Reitero que esto lo escribió el Director de La Señal Medios en enero. Si lo traigo ahora es porque está circulando en la militancia, y refleja las broncas anteriores que han hecho difícil que algún sector importante del gremialismo se “encuadre” con Cristina. Aún los que cuestionan la negociación que ha llevado adelante este año la CGT, y que -como resulta evidente del texto- valora y respeta el liderazgo de CFK.

Lo que dice me parece sensato, pero es historia. Vale para las discusiones de la militancia. Que tienen valor para la formación, para el futuro. En el presente, los caminos están elegidos. La mayoría, en número y en poder, de las organizaciones han elegido el camino de negociar con el gobierno de Macri, con el objetivo explícito de proteger -dentro del marco de esta gestión- los intereses de sus afiliados y de las organizaciones mismas.

Y en lo que se está armando en torno a Cristina, hay poquísima presencia gremial. Y sus militantes cuestionan furiosamente, otra vez, esta decisión negociadora.

No es la situación ideal, claro, pero las situaciones ideales son muy raras en la historia. Después de todo, en noviembre ’15 fue elegido, por una mayoría muy pequeña, un gobierno con la ideología y el estilo que ya había mostrado Macri en la C.A.B.A. Va a durar cuatro años, salvo un derrumbe similar al de De la Rúa. Un precio muy alto a pagar por el pueblo, y que no garantizaría, por cierto, una salida favorable a los intereses populares. En cualquier caso, no será volteado por esa militancia cuestionadora. O por los sectores medios progresistas.

El peronismo tiene una razonable posibilidad de volver al gobierno. Para eso necesitará, por supuesto, de los trabajadores, que seguirán integrados en sus organizaciones. Donde los cambios son lentos y en sus términos, como hemos visto. Por otro lado, esas estructuras, y el PJ mismo, no tienen, ni parece probable que surja en el futuro inmediato, otro candidato con más vigencia y “electorabilidad” que Cristina Kirchner. (Algunos piensan en Sergio Massa, pero la mayor parte de la franja dirigencial del peronismo lo mira con desconfianza. Y pocos se sienten seguros que conserve los votos que tuvo en 2013 y 2015).

En cuanto a mi actitud personal, por si interesa a alguien, a la mañana subiré una invitación de la CGT, lo que debería dar una idea. En el fondo, comparto la síntesis que hace un compañero que milita conmigo: “Los peronistas tenemos hoy dos clases de enemigos: los que atacan a Cristina, y los que atacan al movimiento obrero“.

25 respuestas a “En la vida hay que elegir”: 2. Si opta por la coherencia

  1. José dice:

    Es un comienzo, tardío e incompleto a mi modo de ver, pero es un buen comienzo…

  2. Muy bueno, Abel. Sobre todo la conclusión. Mucho se está moviendo en el interior del movimiento obrero. Personalmente, mí Límire es M. el ex intendente de T. cóamplíe total de todas las políticas de entrega y hambre.

  3. Norberto dice:

    Con su perdón Gran Jefe, ¿su amigo aclara si atacar al Movimiento Obrero es hacerlo al triunvirato que responde al Empleado, y a través de él a La Embajada, y a través de ésta a las necesidades del Gobierno?
    Porque cuando era mas fácil, es decir que con el hermano de uno de los triunviros al frente la CGT respondía directamente al Gobierno y que significó el desprendimiento de la mayoría de los estatales, y la lucha callejera encabezada por Palacios y el Hugo de la foto con la MTA, en la cual yo revistaba, nosotros en esa agrupación atacábamos la entrega de las banderas del MOO al neoliberalismo manifiesto de ese Gobierno, tal vez bastante mas benévolo, o político, que el actual, contra el cual no se animan ni siquiera a hacer un paro por las pérdidas de las fuentes de trabajo cuando los hacían por el impuesto a las ganancias de 800000 afiliados y hoy, un año despues, ni siquiera los moviliza que haya dos millones de aportantes, donde no se si están contando los jubilados.
    Aclaro que existen resistentes dentro y fuera de la CGT, que en general no participan de la conducción, y también sería bueno saber si ellos atacan al Movimiento Obrero.
    Nunca menos y abrazos

    • Capitán Yáñez dice:

      Estimado, mañana, pasado o traspasado los muchachos cegetistas se dan vuelta y la emprenden contra el gobierno. No sería la primera vez… ni será la última.
      Grave, verdaderamente grave es lo que acaba de hacer el bloque FPV en el Senado: le ha dicho a la serpiente “poné el huevo acá… no hay problema”. Y la serpiente (o sea el PROceso) lo puso, obviamente: Sturzenegger presidente del Banco Central hasta 2022.

  4. ricardo j.m. dice:

    no se che , lo que se es que hoy la campora esta donde tiene que estar mientras el mmoo esta en el bolsillo del patron.

    hoy, todos los que despotricaban y criticaban a la campora estan aliados con el pro.

    upcn se canso de decirles ñoquis a los de la campora y ahora a los del pro que los remplazaron les dicen compañeros.

    es mentira que se negocia por el bien de los afiliados o el sector, si fuera asi en esta circunstancia que vivimos las negociaciones no serian esta farsa para la foto donde van a decir que si a todo los que les dice el gobierno de macri.

    entonces no hay problema con la unidad, cristina gobierna y los sindicatos y los mmss disfrutan de ello.

    inclusive pueden volver a ser los grandes combativos doloridos por lo que falta como eran el año pasado en vez de una pinche caterva de miserables chupamedias como son ahora.

  5. horca dice:

    Llegamos al segundo punto del debate de Abel. Una vez que aceptamos a CFK, ¿aceptamos a La Cámpora? Yo sí.

    Este texto de este compañero de la CTA es una muestra inestimable de para qué sirve el verticalismo de La Cámpora. Respuesta: para momentos como éste. Todos los críticos arrugan o transan y La Cámpora sigue ahí. Sin especulaciones.

    Aclaremos algo. Eso de que La Cámpora no te dejaba entrar a los patios es una mentira ruin y mediocre. Y que eran patios blancos: mentira. Yo fui mil veces. Todos morochos. Muchas veces compartí el acto con la UOCRA.

    Al compañero de la CTA le diría que criticar a “los pibes” desde el mundo sindical es una pavada. Lo de que hay poco sindicato en torno a CFK es una mirada desnorteada. La Corriente Federal está con ella.

    Paremos de llorar un poco.

  6. Capitán Yáñez dice:

    El Senado aprobó el pliego de Sturzenegger con 56 votos a a favor, 8 en contra y 2 abstenciones.
    Dijo Pichetto: “Consideramos importante que el Gobierno tenga un presidente en el Banco Central”. El asunto es que será hasta 2022.
    ¡Ahhhh… qué lindo era cambiar figuritas… cuánta emoción causaba!
    “En la vida hay que elegir”, claro que sí.

    • Abel B. dice:

      Capi, ¿Ud. recuerda que Alejandro Vanoli tenía mandato hasta 2019? Ya es más difícil acordarse, es cierto, de los mandatos de Redrado, o de Prat Gay, que también estuvo en ese cargo.

      Los mandatos de los presidentes de los Bancos Centrales o su equivalente, en todos los países, tienen una cláusula “o hasta que el que tiene la manija del gobierno los raje”.

      • Capitán Yáñez dice:

        Completamente de acuerdo. Ahora bien… hablale a Bartomeu de Gils Carbó y después la seguimos.
        A pesar de los años tengo buena memoria y recuerdo… claro que recuerdo. Tales recuerdos me permiten afirmar que las necesarias… ejem… “salidas”… del BCR del gay Prat y del ex-Golden Boy tuvieron un elevado costo político.
        El Honorable bloque de senadores del FPV acaba de endilgarle un elevado costo político al gobierno -si es peronista, claro- que asuma en 2019.
        Un fortín -y encima “legal”- de Wall Street en territorio propio nunca es buena noticia.

    • Silenoz dice:

      De puro comedido pero para remover a la procuradora existen situaciones y mecanismos específicos, mientras que el puesto del presidente del BC es…. político….

      Rajarlo está dentro de las potestades del PEN…. y el costo … mmmmmm….. no lo creo

  7. Alfred dice:

    y los pendejos de esa secta iluminada que entregaron el poder, como se llaman?

  8. claudia dice:

    Empecemos por dos de tus muy realistas observaciones:
    “La mayoría, en número y en poder, de las organizaciones han elegido el camino de negociar con el gobierno de Macri, con el objetivo explícito de proteger -dentro del marco de esta gestión- los intereses de sus afiliados y de las organizaciones mismas” / “una de las opciones fundamentales en este momento pasa por reivindicar, o no, la conducción de Cristina Kirchner”.
    Ya con esto, podemos olvidarnos de ambos textos porque se empantanan en pasados autojustificatorios y contrafácticos, de cara a un escenario claramente irreversible. Pero es comprensible la falta de perspectiva (y para el caso de las 7 plagas caídas sobre el Kirchnerismo, su actitud virulentamente defensiva).
    Sin embargo, hay aseveraciones en Fernández que me suenan algo artificiosas (otras, no) y que pretenden reconstruir confusamente un pasado que resultó algo más complejo. Por caso, el crecimiento exponencial de La Cámpora tras la muerte de Néstor, obedeció a un fenómeno de identificación tardío y a la pendiente necesidad del Kirchnerismo de tener su propia juventud continuadora; Moyano no habría podido parar ese proceso, aún si se lo mantenía como aliado. En otro orden, las aspiraciones cuasi-petistas de Hugo (legítimas, por qué no) chocarían, de incluírselo más decididamente en bastiones de gobierno, con varios ministerios estratégicos, ni qué decir del de Economía. Su reclamo permanente por el ministerio de Trabajo sabemos que no terminaría en éste. Hugo quería la reedición de aquella vieja preeminencia gremial setentista en los designios diarios del Poder. No es La Cámpora quien obturó, entonces, la contigüidad del gremialismo, fue la política adulta, siempre exclusivista, la que lo hizo.
    El destrato hacia el sindicalismo aconteció, como también, los problemas derivados de los negocios de las cúpulas gremiales, algo complejos de justificar hasta para el propio Néstor Kirchner (recordar el sainete Suiza). Y no fue un grupo de sindicalistas aislados secesionándose, sino los sindicatos más operativos a la hora de controlar calle e industrias. Si el grueso del MOO acuerda hoy con Macri para negociar su supervivencia, es claro que no podemos escudarnos, como lo hace Fernández, en categorización de contrastes “principales o secundarios”, creo. Por otra parte, sugerir que la incomodidad de las capas medias del movimiento para con el sindicalismo, es de orden clasista, queda un poco descolgado en tiempos de diversidad y límites laxos. Con el mismo criterio, podríamos pensar igualmente sesgado acerca de la probable ideología de la realeza del gremialismo y su divorcio mental y material con estratos trabajadores menos favorecidos corporativamente.
    Creo que la superlativización del poder y rol de La Cámpora es altamente funcional para la justificación de una trayectoria que no parece demasiado límpida en las cúpulas gremiales y si, encima, nos terminamos postrando frente al conservadurismo. Como mito fundante puede funcionar por un tiempo, pero…
    En cuanto a la convivencia del FPV y de otra supuesta identidad puramente peronista, es claro que tal paridad estaba condenada a pugna por supremacía. Nuevamente, lo que habría podido ser, de coincidir quienes no coincidían desde el vamos, es fantaciencia. La aseveración de que el pueblo se expide siempre a favor de populismos de izquierda es otra expresión voluntarista que la sola existencia de un Menem, desmiente. El reclamo (10 meses atrás 10) acerca de solicitar la conducción decidida de Cristina ya es pasado precámbrico. La otra conceptualización que entrevé al Kirchnerismo montándose sobre una herencia pasada y virtuosa , olvida que ésta había sido debidamente vaciada y dormía inerte hasta la llegada de los Kirchner y su dotación de nuevo sentido (fuese ese despertar de sentidos deliberado o involuntario). Pero sí es aprendizaje obligado la frase “cuando se alejan y pretenden decirle a los pueblos todo lo que tienen que hacer, están sustituyendo sus organizaciones, pero sobre todo sus ritmos, sus culturas, sus representaciones genuinas”. Vale cada palabra de esa frase, aunque yo la entienda, probablemente, de manera bien diferente que Gabriel Fernández. Saludos.

  9. Eugenia dice:

    Si vamos a definir los bordes ideológicos, los límites del peronismo tenemos que considerar que el peronismo no es un partido, es un movimiento. El conductor es quien conduce ese desorden. Cuando estaban Néstor y Cristina era fácil, uno podía decir que el peronismo era el estado interviniendo en la economía, el mercado interno, la distribución del ingreso, la proyección latinoamericana… Ahora me conformaría con decir que peronista es cualquiera que crea en un país para todos y no para pocos. Como sea, para mí el peronismo tiene que ser dinámico, modernizarse e ir adecuándose a las épocas (siempre respetando su ethos). Si el peronismo hoy fuera lo que las veinte verdades peronistas dicen seria una antigüedad. El peronismo sobre todo, como dice Abel, son los peronistas.

    • ricardo j.m. dice:

      no, se podia decir el como y relacionarlo con la disque doctrina, porque con movimiento la respiracion y la circulacion sanguinea alcanza.

      cosa que no pasaba con menem.

      lo que implica que eso de que el peronismo es sobre todo los peronistas significa tambien que todos los que dicen serlo no lo son

      y por mas que les duela en el alma asi como el movimiento popular se llamo peronismo hoy se llama kirchnerismo y es siempre el/lo mismo

      • Eugenia mem dice:

        No, que el peronismo es sobre todo los peronistas para mi significa que podemos preguntarnos que es el peronismo, comprender que no hay un solo peronismo, leernos los cientos de libros que conforman la bibliografia, hacernos estudiosos y al final es en la frase de Peron “el peronismo es lo que le conviene al pais en cada momento” tan pragmatica pero tan peronista lo que se impone para definir que es el peronismo. Hoy le convendria al pais un peronismo que luchara por un pais para todos pues Macri -que no tiene nada de peronista- esta haciendo un pais para pocos, por eso escribi que cualquiera que creyera en un pais para todos era peronista. Naturalmente para que resulte un pais para todos tambien hay que creer en la intervencion del estado en la economia, en el mercado interno, en la distribucion del ingreso -sino como??-. Pero no tiene que ser agonistico, puede ser republicanista, las cuestiones de estilo no alteran lo esencial: QUE ES EL PERONISMO? ES QUERER CAMBIAR EL MUNDO.

  10. victorlustig dice:

    y como en la vida hay que saber elegir, elegir algo que incluya lo que manejo el pais desde 2013 a su derrota, no los elijo.

    si estan adentro, suerte eh! hay que ser coherentes, no es superlativizacion es la realidad, cooptaron todo, se atragantaron, se transformaron en comisarios, perdieron, aun no dijeron le erramos, nos equivocamos, etc

    suerte eh

    PD quizas para 2019 los empleados publicos olviden, no creo mucho, ahora nadie fue de la Campora, pero, la gente no olvida, dudo que en 2017 saquen mas votos en Capital que hace 1 año, a pesar de todo

    • Capitán Yáñez dice:

      ¿Qué vendría a ser “le erramos”? ¿El “no pudimos… no supimos… o no nos dejaron” del fugado por la ventana Alfonso (antes de ser evacuado en helicóptero como un miserable sucesor)?
      Pues no. Ni Cristina ni La Cámpora tuvieron que salir rajando por una ventana.
      En efecto, hay que ser coherentes. Algunos se rajan o los evacúan. Otros simplemente se van cuando les toca irse.
      Evalúe.

      • victorlustig dice:

        el le erramos? pongale el cepo, algo mas pedestre? las diversas crisis de importacion de insumos, algo menos pedestre? el manejo de la energia algo que me beneficio? el manejo cambiario que casi destruyo la costa ( me subsidio los viajes a europa años)

        en serio capi, quiere que siga?

        donde dije que tuvieron que salir rajando?

        el le erramos es, cometimos errores supinos, o, algo de lo mencionado fue un exito rutilante?

        BTW yo conoci las diversas JP de su epoca, no pretendan por favor comparar cosas que nacieron resistiendo al gobierno de turno con algo que nacio mediante el boletin oficial en la seccion nombramientos

  11. oski dice:

    Cuesta trabajo no estar de acuerdo con el planteo de la nota,cualquiera bien nacido que haya militado de joven,bien recuerda la ´´persecucion´´ y la estigmatizacion de la JP, y como no asociarlo a lo que pasa hoy en dia con La Campora..y lo que mas dolia era la persecucion de los ´´compañeros´´ desde adentro.Ahora bien,el que se considera peronista sabe bien de la importancia de los sindicatos en la organizacion y la lucha…el temita es que no todos son ´´representativos´´ de los intereses de sus representados,y para formar una alternativa ganadora debe haber´´ affectio societatis¨¨ hoy ausente,con exepciones en la CTA y los ´´federales´´…..se me ocurre que el unico capaz de mediar entre CFK y los ´´muchachos´´ no esta en el pais…el ´´que viva lo vera´´ dira el amigo.Yo,,,confio.

  12. guillermo dice:

    Límites del peronismo: un límite puede ser auto-impuesto o impuesto por los hechos . Con respecto a tu explicación via el voto, yo diría que el voto es un hecho, y que el límite del peronismo es el voto anti-peronista o no-peronista, no el propio.

    En cuanto a límites deducibles del texto de Fernández, 1) habla del conflicto entre sindicalistas y empleados del Estado/La Cámpora, 2) de los patios de blancos / universitarios, y, lo mas indicativo de todo, 3) ‘No renegamos de nuestras palabras: hemos señalado oportunamente que el pueblo argentino vota populismo de centroizquierda …’

    Dado que por lo que dice no habría diferencias ideologicas entre los sectores que menciona, 1) ese conflicto solo se explica en cuanto a quien se beneficia directamente gracias al poder y lo maneja, que no hace a los beneficios al electorado en general 2) de vuelta, si no hay diferencias ideologicas, estamos en un tema de odio de clase y racismo. Si un blanco universitario piensa lo mismo que el morocho obrero y defiende su interés, no habria razon para que el morocho se sienta excluido salvo racismo y odio de clase 3) entonces el 52% que votó a Macri no es pueblo argentino. Todos estos son limites por exclusion auto-impuesta. Particularmente con 3) muy usual en comentarios por aqui. Imaginate lo bien que le cae a quien no vota al peronismo o FPV que le digan que no es argentino, que para serlo hay que votar a Cristina. O a Scioli y Anibal Fernandez.

    By the way, se entiende que hagas propaganda como puedas, pero esa foto de Cristina tiene poco que ver con la realidad segun fotos recientes. Si la vas a Photoshopear al grado de dejarla en version latina de Angelina, sé caballero, hacé lo mismo con Moyano, y dejalo igual a Brad Pitt.

    • Silenoz dice:

      Ja ja ja…

      ¡Ché … no tenés una de Chunchuna pa’ mandar….. o de alguna nieta/sobrina/”uateva’ ” de Amalita? o alguna “aneda” pasnado revista por el Taj Mahal con tu “Redcoat” de gala “ofcors”…..

      • guillermo dice:

        Argumentos? No, para qué.

        Por lo visto de Chunchuna no pasás, chiste viejo. No sé a que viene, pero si querés ponerte en esa onda que evidentemente te atrae, se acaba de morir Malena Nelson, mucho mas significativa en ese campo que las que mencionás. Fijate en La Nación.

    • Jorge dice:

      No creo que a Cristina le interese ser la “Angelina” criolla. Pero si creo que si lo fuera, a vos te gustaría….

      • guillermo dice:

        No dije que a Cristina le interese, dije lo que la foto muestra – a no ser que la haya retocado ella. Si a vos Angelina no te gusta, cada cual en lo suyo.

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