La economía global: ¿Qué puede hacer Trump?

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Puede ser que los visitantes del blog se pregunten por qué recurro tan a menudo en los últimos meses a los trabajos de una economista identificada con el marxismo más ortodoxo. Cuando a uno lo copa más el de Groucho. Pasa que muchos economistas nac&pop, y blogs del mismo palo, se limitan a insistir en lo malos que son los neoliberales.

Eso ya lo sabemos. Me interesa más entender porqué se han mantenido largas décadas en la hegemonía. O, como explora aquí Paula Bach en este detallado artículo, cuáles son las alternativas reales, ahora que parece que esa hegemonía está llegando a su fin. Y como sucede a veces, la realidad se apresura: en el original, Paula especulaba con la cancelación del Acuerdo Trans Pacífico, Trump acaba de anunciarla.

“El triunfo de Trump expresa el inicio de un giro político altamente significativo para Estados Unidos y probablemente para el mundo. “La era Trump” es la frase de tapa del semanario británico The Economist, mientras Financial Times no deja de lamentar lo que intuye como las ulteriores desventuras de la globalización. Comparando las victorias de Trump y el Brexit con aquellas de Thatcher y Reagan de fines de los años ’70 y principios de los ’80, el periodista argentino Siaba Serrate concluye que si en aquel entonces nació el “modelo neoliberal”, los triunfos de hoy anuncian una “contrarreforma” en la que los “protestantes” buscan reescribir las reglas de la globalización.

Un outsider en la Casa Blanca significa que las consecuencias sociales y políticas de una convulsión económica contenida y no catastrófica pero lacerante, empiezan a limitar la estrategia de control de la crisis gestionada por el establishment desde la caída de Lehman. El Brexit resultó sin dudas un anticipo, salvo que ahora las consecuencias de la economía transformadas en política toman la posta en el país más importante del mundo. En lo inmediato se trata de investigar cuáles serán –al menos en el período próximo inmediato- los verdaderos caminos de Donald Trump.

Dada la situación de desesperación y repudio a la élite política que llevó a sectores de obreros blancos tradicionalmente demócratas del Rust Belt –el cinturón industrial en decadencia del Medio Oeste norteamericano y en particular los estados de Ohio, Pennsylvania y Michigan- y hasta a algunos negros y chicanos así como a sectores propietarios de pequeña y mediana industria a encumbrar a Trump, es bastante impensable que el nuevo gobierno norteamericano deje en pura demagogia el conjunto de sus promesas de campaña. Entre la demagogia de Donald Trump y su programa de gobierno seguramente habrá un punto medio que se puede arriesgar analizando el estado de las principales contradicciones de la situación económica y política.

Alta tensión

La principal y más amplia de aquellas contradicciones es la que enfrenta las necesidades de las élites económicas –globalofílicas- con amplios sectores sociales golpeados por la globalización. Esta tensión expresa una diferencia significativa respecto de los años ’30, cuando las fracciones hegemónicas del capital viraron rápidamente al proteccionismo. El salto en la globalización del capital y el hecho de que a diferencia de la Gran Depresión la crisis fue contenida pero a costa de un muy débil crecimiento económico, explica en gran parte aquella tensión.

Trump captó el sentir de millones con un discurso –nacionalista, proteccionista y xenófobo- dirigido a los desplazados de la globalización. Prometió reindustrializar Estados Unidos expulsando a los inmigrantes, eliminando los tratados de libre comercio, bajando los impuestos a las corporaciones para alentar el retorno de capitales y subiendo los aranceles a la entrada de productos chinos y mexicanos para sustituir importaciones. Llegó a insinuar el apoyo a incrementos del salario mínimo y el repudio al sistema financiero y las extraordinarias ganancias bursátiles asociadas a las bajas tasas de interés.

Sin embargo este programa no es compatible con la élite económica norteamericana que, no por casualidad, apoyó contundentemente a Hillary. Grandes fábricas de origen estadounidense se encuentran relocalizadas en México o en China precisamente por la diferencia salarial –incluso en los últimos años muchas empresas se trasladaron de China a México o a Vietnam, entre otros destinos, debido al incremento de los salarios chinos. Gran parte de las importaciones chinas y mexicanas que Trump dijo querer arancelar al 45 y 35% respectivamente, provienen de capitales norteamericanos localizados en esos países. Incluso gran parte de los insumos de la industria radicada en Estados Unidos proviene de China y México al igual que una porción significativa de los bienes de consumo. Un aumento arancelario a la escala prometida por Trump, no sólo significaría una declaración de guerra a todas estas empresas sino que colateralmente produciría una escalada inflacionaria con el consecuente desbarranque del salario real y el incremento de los costos de producción. Por otra parte sectores productores medianos o pequeños –que apoyaron a Trump- no simpatizan en general con la expulsión de inmigrantes debido a que están establecidos en territorio norteamericano y suelen superexplotar mano de obra extranjera indocumentada.

La voz de la conciencia (o Dr. Jekyll y Mr. Hyde)

Trump –un magnate inmobiliario enriquecido él mismo con la especulación financiera- no puede –ni quiere- gobernar contra los sectores hegemónicos del capital norteamericano, incluidos Wall Street y la élite tecnológica congénitamente globalofílica como Apple, Google, Facebook, entre otras.

En principio la ruptura entre Trump y el establishment Republicano comienza a cerrarse. Así lo muestra la reciente designación de Reince Priebus –presidente del comité nacional del Partido Republicano y figura de amplio consenso en el partido- como jefe de gabinete de su gobierno. Mientras a la vez y reafirmando su “identidad”, Trump nombró al racista Steve Bannon –ex jefe del portal de noticias de extrema derecha Breitbart- como principal estratega y asesor de la Casa Blanca. Por otra parte, el actual presidente republicano de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, resultó reelecto por unanimidad, y tras haberse diferenciado múltiples veces de Trump durante la campaña, afirmó ahora que lo pasado, pisado…y que conversa con Donald “prácticamente todos los días”. Y así sigue entretejiéndose un equipo de insiders y outsiders -incluido el ex jefe de Goldman Sachs que, se dice, podría ir al Departamento del Tesoro.Las tensiones por la conformación del equipo continúan y estarían desatando una suerte de guerra interna al interior del Partido Republicano.

El resultado de aquella guerra terminará arrojando definiciones más claras pero lo que se conoce hasta ahora del armado hace pensar que Trump gobernará para las fracciones dominantes sin olvidar del todo sus promesas de campaña. Los outsiders del establishment –muchas veces insiders de la élite económica- parecen estar operando como una suerte de voz de la conciencia de las élites políticas en tiempos “extraños”, obligándolas a conformar gabinetes mixtos. Esta síntesis parece descartar tanto la ejecución del “programa máximo” como la idea de que el conjunto de las promesas electorales quede en pura demagogia. Resulta clave entonces arriesgar algunos elementos de lo que podría ser el “programa de acción”.

Intermezzo

Es probable que el programa efectivo de Trump busque responder al escenario intermedio de múltiples combinaciones que caracteriza la situación actual norteamericana. Un vasto desarrollo de fenómenos políticos -con más poder por derecha como resultado, en parte, de la subordinación de Sanders al Partido Demócrata- y un reverdecer de movimientos sociales por un lado, con escasa lucha de los trabajadores, por el otro. Una conjunción de estancamiento económico sin crisis catastrófica, que redunda en variados contrastes. Entre ellos, un crecimiento del PBI norteamericano del 2,2% promedio durante los últimos ocho años, claramente superior al de Europa o Japón aunque significativamente inferior a su promedio histórico superior al 3%. Una baja desocupación en términos de población económicamente activa –disminuyó desde el 10% en 2009 al 4,9% en la actualidad- pero nuevos trabajos creados de baja calidad, empleos de medio tiempo y una desocupación estructural arrastrada durante las últimas décadas –resultado de la combinación de deslocalización y cambio tecnológico. La restricción de acceso al crédito por parte de las familias que llegaron a la crisis de 2008 con un endeudamiento equivalente al 130% de sus ingresos, completa el cuadro. Esta última condición obstruyó la posibilidad de un boom de consumo semejante al que operó en los años ’90 o ‘2000, a pesar de las extremadamente bajas tasas de interés. La combinación de estos elementos desnudó el alza extraordinaria de la desigualdad y las posiciones perdidas en décadas anteriores.

El ala neokeynesiana del establishment económico demócrata o pro demócrata, incluyendo a Lawrence Summers, Paul Krugman, Martin Wolf, el FMI y el sector hegemónico de la propia Reserva Federal norteamericana, hace tiempo está indicando la necesidad de trocar gradualmente las actuales medidas expansivas monetarias por políticas fiscales –de aliento a la obra pública y gasto en infraestructura. Y aparentemente no son los únicos: según un estudio de la National Association of Business Economics –parte interesada, si la hay- el 43% de los “expertos” considera que el gasto del gobierno norteamericano es demasiado restrictivo comparado con un 29% que pensaba de igual modo hace un año. Hacen falta “Carreteras, puentes, alcantarillas, agua. Lo que sea, nos estamos rezagando”, decía hace unos pocos meses el presidente de la firma de inversiones Cumberland Advisors quien a su vez estimaba que Estados Unidos necesita entre tres y cuatro billones de dólares de gasto en infraestructura. Por su parte, las tasas de interés extremadamente bajas sostenidas durante tanto tiempo, comienzan a perjudicar las ganancias de los bancos, anulan la política monetaria como contratendencia frente a muy probables recesiones y crean tensiones financieras potencialmente explosivas.

El programa neokeynesiano -consejero del capital con fuertes lazos globales- machaca sobre la necesidad de contener al menos parcialmente la sed de ganancias de las multinacionales permitiéndole recuperar cierta sensación de “poder” a los sectores más perjudicados por la globalización. Estos lineamientos, complementarios con privilegiar las políticas fiscales frente a las monetarias, persiguen el objetivo de salvar la globalización, realizando algunos cambios impostergables para que finalmente nada cambie.

En general todo suena muy tibio en términos estratégicos para el cuadro que se está gestando. Sin embargo, en la actual situación “intermedia”, es probable que el programa de Trump termine impulsando por derecha -o sea, con fuertes elementos xenófobos, racistas, represivos y antisindicales, amén de profundas reducciones impositivas- aspectos claves del programa neokeynesiano.

“Increíblemente irónico”

Martin Wolf señalaba hace unos pocos días que “sería increíblemente irónico que Trump aplicara, con el apoyo republicano en el Congreso, precisamente el tipo de estímulo fiscal keynesiano al que los legisladores de su partido rotundamente se opusieron cuando la administración de Barak Obama lo sugirió en 2009”. No tan irónico…Uno de los miembros del equipo económico de Trump apuntaba que “podemos cerrar la brecha de la riqueza en América reemplazando los niveles de tasas de interés de emergencia por estímulo fiscal”. El asesor agregaba que teniendo ahora a la cámara de representantes y el senado, se incrementan las probabilidades de que el plan fiscal se aprobado por el Congreso.

Hay pocas dudas respecto de que la administración Trump implementará enérgicas rebajas impositivas. Se habla de una reducción de entre 15 y 20 puntos porcentuales a las corporaciones, una tasa de repatriación única del 10% a las ganancias obtenidas en el extranjero y la completa eliminación de los impuestos federales sobre herencias y donaciones. Según uno de los asesores económicos de Trump, una reducción impositiva de 15 T representaría un monto cercano a los 600 mil millones de dólares. Una reducción de los ingresos fiscales de alrededor del 4% del PBI, según The Economist. El asesor afirma a la vez que Trump propone un plan de infraestructura de 1 billón de dólares –aunque otros hablan de 550 mil millones- financiado mediante una combinación de deuda y asociación de capitales públicos y privados. En cualquier caso se trata del doble o bastante más del doble respecto de la promesa de Hillary. Probablemente aspiren a que al menos parte de esa suma sustraída al fisco, se vuelque a la construcción de infraestructura lo que podría incluir políticas para expandir la producción de gas, petróleo y carbón, la creación de nuevos gasoductos y la apertura de tierras públicas a nuevas perforaciones de minería, como también señala The Economist. Y no es para nada impensable que para ello el estado se comprometa a garantizar una ganancia mínima.

Con bastante sentido común Martin Wolf apunta que “la unión del populismo de Trump con la obsesión por recortes fiscales de los republicanos, podría ocasionar enormes y permanentes aumentos en los déficits fiscales”. The Economist sugiere que probablemente haya que esperar de Trump algo intermedio entre Ronald Reagan –bajos impuestos, baja regulación y libre mercado – y un proyecto más nacionalista, populista e incluso estatista con cuestiones de ley, orden, identidad y tradición cultural al estilo de los políticos demagógicos europeos. Vale recordar que Reagan combinó fuertes recortes impositivos con un acelerado gasto en defensa y por ello muchos hablan de un giro “ronaldreaganesco” en la política fiscal norteamericana. Como también señala el semanario británico, aunque gran parte de los republicanos preferirían la opción liberal, Ryan agradeció a Trump por proporcionar los lazos electorales suficientes para crear el primer gobierno republicano unificado desde 2007. Si Ryan y sus compañeros líderes del congreso van a sobrevivir a este nuevo orden, tendrán que abrazar algunas posiciones desconocidas, concluye The Economist.

La política de “normalización” de tasas de interés –también una recomendación neokeynesiana- es esperable que ocupe un lugar destacado –al menos tendencialmente- en la “era Trump”. Tanto como necesidad asociada a los factores señalados más arriba, como al mayor ingreso de capitales necesario para financiar un endeudamiento que se percibe creciente y a un posible incremento de la inflación vinculado a modificaciones arancelarias –seguramente más moderadas que las prometidas en campaña. Por supuesto la política de tasas tendrá importantes repercusiones en el escenario internacional y en el latinoamericano, en particular.

A su vez, la especulación financiera desenfrenada, vinculada en gran parte a las políticas monetarias de estos últimos años, no son bien vistas por gran parte de la población. La demagogia de Trump incluyó la promesa de restaurar la ley Glass Steagall –que separa la banca comercial de la banca financiera- implementada por Roosevelt en 1933 y anulada por Clinton en 1999. Como también indica Wolf, no se sabe si la ley Dodd Frank –una regulación light implementada pos Lehman y detestada por las instituciones financieras- “sería reemplazada por una alternativa más eficaz o por un regreso a la situación anterior a la crisis en la que todo estaba permitido.” Aunque es probable que ni el mismo Trump lo sepa, la cuestión se hará más prístina a medida que se resuelva la guerra del gabinete. Wolf afirma no obstante y con cierto pesar que “Sin embargo, en materia de regulación financiera, a diferencia de en materia de comercio, el populismo de Trump podría proteger a Estados Unidos de los peores instintos desreguladores de los legisladores republicanos, en lugar de lo opuesto”.

¿No global?

Con respecto a los acuerdos comerciales, resulta bastante impensable un retroceso significativo en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA). Aún cuando no pueden descartarse modificaciones, parece altamente improbable un incremento de aranceles de la magnitud prometida por Trump que redundaría en un ataque violento a las empresas norteamericanas radicadas en México con consecuencias impensables sobre los precios y el empleo al interior de Estados Unidos. El Acuerdo Transatlántico (TTIP) nunca vio la luz (y Trump acaba de anunciar que su gobierno iniciará de inmediato la retirada del Acuerdo Trans Pacífico-TPP).

Como el TPP es un “arma” diseñada para acorralar a China, no es descabellado especular con que su retiro podría ser empuñado como instrumento de negociación con el Gigante Asiático. Trocando por ejemplo la eliminación del Acuerdo por la modificación selectiva de algunos aranceles e incluso la eventual exigencia de una mayor apertura china al capital norteamericano. Desde que China comenzó a dejar atrás su rol de receptor de capitales presentándose cada vez más como un competidor por los espacios mundiales de acumulación, asoma crecientemente como un factor que cuestiona a su turno la legitimidad del statu quo norteamericano. En principio no puede descartarse una política –al menos en un primer período- en la que Estados Unidos trate de mejorar su posición relativa frente a China apelando a instrumentos de negociación. Hay que tener en cuenta –entre otros aspectos- la dependencia de Estados Unidos del financiamiento chino -principal tenedor de Bonos del Tesoro- cuestión que se presenta como más apremiante si se piensa en un panorama de mayor endeudamiento estatal.

Abordamos aquí el costado económico de una cuestión que no sólo tendrá consecuencias internacionales sino que hace parte de una extensa ristra de asuntos políticos y geopolíticos –aún indefinidos- que podrían alterar el mapa en el período próximo.

Con todo, aún hay más interrogantes que certezas. Pero si hay algo que presenta pocas dudas es la imposibilidad –al menos bajo las actuales condiciones- de recrear un proceso de reindustrialización estructural en Estados Unidos con un reverdecer del “sueño americano”. A decir verdad ni el New Deal de Roosevelt –que a diferencia del engendro trumpista, estuvo acompañado por múltiples aspectos progresistas- logró el incremento del gasto suficiente como para impulsar un enérgico ascenso de la economía cuyo auge estuvo finalmente asociado al inicio del armamento norteamericano para su entrada en la segunda guerra mundial. Incluso Robert Gordon, a quien mencionamos en múltiples oportunidades, sugiere en The Rise and Fall of American Growth que también el auge de posguerra hubiera sido impensable sin el impulso de la guerra.

Lo que quedó demostrado con el triunfo de Trump –por si faltaba un botón- es que el proceso de globalización –que es en gran parte el de exportación de capitales e importación de mano de obra barata- característico de la “revolución” neoliberal, operó como un temible instrumento de división de las filas de los trabajadores. La desocupación estructural, la precarización del trabajo y el descenso en el nivel de vida de amplios sectores en los países centrales es contracara de la superexplotación externa e interna de mano de obra extranjera pero también de la perversa utilización capitalista de los avances tecnológicos. Si la primera cuestión se presenta hoy como el arma central de las derechas xenófobas –que las élites políticas tradicionales aprovechan- para fomentar el odio bajo la forma del nacionalismo proteccionista en los países centrales, la segunda reaparece como amenaza permanente bajo la forma de la “humanización de las máquinas” o la robótica”.”

13 respuestas a La economía global: ¿Qué puede hacer Trump?

  1. Daniel Eduardo Arias dice:

    Trump va a apostar a revitalizar parte del “rust belt” con industria bélica novedosa. Eso se cae de evidente.

    Amén de aumentar el poder militar de los EEUU en un momento en que su efectividad para controlar terreno con infantería está socavada, las fábricas de armamento robótico son justamente el tipo de plantas que no se pueden mudar a México, China o a Vietnam por motivos de seguridad, y las que -dependiendo del tipo de armamento, por su composición variable de elementos electromecánicos y motrices- tienen mayor capacidad de absorber “blue collar workers” medianamente calificados. Justamente los que quedaron colgados del pincel con la deslocalización de las automotrices.

    La otra parte del programa pseudokeynesiano al que Trump podría apostar sin meterle un dedo en el ojo a China (y comerse un patadón bajo el cinturón como respuesta) es infraestructura ferroviaria. Antes de la posguerra, la gente y parte del comercio de bienens viajaban entre las capitales de las varias decenas de estados en tren, porque había estaciones centrales y terminales de carga en cada una de ellas. La apuesta de Eisenhower a pavimentar como carretera nacional todo lo que no fuera territorio arable o parque nacional habrá servido para reabsorber a los soldados que volvían de Europa o el Pacífico y darle un auto V-8 a cada uno de ellos, pero encareció bárbaramente el transporte interno de bienes y personas, y por ende también los costos de exportación de todo lo que fuera Made in USA.

    Creo que un programa de estas características no le resuelven la vida a los USA, pero se la facilitan un poco, y tienen la virtud de no chocar frontalmente con la oligarquía financiero-tecnológico globalitaria interna, y tampoco con China.

    El resultado podría ser un poco frankensteiniano: el New Deal del Ku Klux Klan, una mezcla indescifrable de Roosevelt con Hitler. Pero creo que a Trump ese look le viene bien.

    • victorlustig dice:

      si y no, Eisenhower hizo las autopistas para movilizar misiles (de ahi la altura y ancho de los puentes), el acta fuen en 1956 y es consecuencia de los lios que tuvo Ike en 1919 cuando hizo el viaje caravana Washington California.

      El otro problema es que mucho del rust belt necesita chips y esos, hace años que tienen el problema de la provision local, maxime que las lineas son robotizadas y mucho mucho no pueden emplear, el caso mas patetico es el F22 y el 35 que obligaron a los fabricantes a guardar las maquinarias.

      Lo que si van a tender caños y explotar fracking hasta donde puedan sin joder a Rusia, hay un balance delicado entre el precio del petroleo la economia rusa y la china, la una si baja el precio se va al bombo, la otra si baja el precio le queda mucha plata, y, los alimentos siguen ese precio btw

      Infraestructrua sin duda, Bechtel va a estar contenta, lo que tambien quizas pase si levanta aranceles es que la interna tendra precios mas caros en algunas cosas, es un balance bastante dificil, lo que si la plata barata desaparecera.

  2. Mariano T. dice:

    Me tiene perplejo el tema TPP. Se supone que no había que entrar porque solo beneficiaba a EEUU. Y Trump quiere salir porque dice que lo perjudica.
    Igual con el NAFTA, que supuestamente perjudicaba a Mexico.

    • Casiopea dice:

      Mariano, el TPP beneficiaba mucho a las compañías yanquis que producen altísima tecnología (dotcoms, farmacéuticas, Hollywood) porque protegía las patentes y hasta preveía que compañías pudiesen hacer juicio a los gobiernos. Pero perjudicaba mucho a sectores menos competitivos al permitir la importación sin tarifas de manufacturas. Los capitales pueden moverse, y de hecho lo hacen, pero para la gente es más difícil.
      Pero que Trump lo haya eliminado del tablero no es una noticia-terremoto porque Hillary (por lo menos en campaña) había prometido lo mismo (después de haberlo apoyado inicialmente). Lo cierto es que estos acuerdos no son en verdad acuerdos de libre comercio, lejos de eso, sino acuerdos sobre qué industrias puede proteger cada país. Es decir, el viejo tema de que el gobierno elige ganadores y perdedores, con las tristes consecuencias que vemos. Me temo que estamos entrando en una etapa de guerras comerciales, que son el peor tipo de guerra después de las guerras militares.

    • Silenoz dice:

      Ja ja ja…

      Marianote parece el soldado solitario ponja en una isla que unos años depués de finalizada la guerra, todavía creía que continuaba

  3. Silenoz dice:

    Un aumento arancelario a la escala prometida por Trump, no sólo significaría una declaración de guerra a todas estas empresas sino que colateralmente produciría una escalada inflacionaria con el consecuente desbarranque del salario real y el incremento de los costos de producción

    Mmmm
    Así como a los economistas yanquis u otros de países desarrollados les cuesta entender nuestras particularidades, a nosotros nos cuesta entender a las economías de ellos y más aún del “hegemón” aka USA (debo reconocer que ese mote me suena ridículo… yo le hubiese puesto capanga de turno… pero buehhhh cosa de intelectuales yanquis)

    Suponiendo que hubiera ese tipo de suba arancelaria, no creo que el pass-zru sea pleno, debido al bajo dinamismo del mercado yanqui y el alto margen de ganancia (aumentos de la productividad mayores a las variaciones salariales) de las empresas que le permitirían absorber ese aumento en el costo sin pasarlo a precios.

    Por otro lado y como bien dice la cra. ´ña Bach, las posibilidad de reindustrializar USA no son inmediatas (ni siquiera deseable para el establishment agrego) y dado el estado actual del mercado interno no debería haber un alza importante de las cantidades de impos ya que estas dependen del dinamismo del dicho mercado.

    O sea que las impos seguirán maso en el mismo nivel, el tema es que se puede armar una pequeña guerra entre los proveedores yanquis para ganar o mantener el “share” de dicho mercado bajando sus precios lo cual de suceder, compensaría en algo este aumento arancelario.

    Por otro lado, la inflación se puede acelerar en caso que aumenten los salarios, situación poco probable dado lo desperdigado del campo laboral (baja sindicalización, flexibilización y una tasa de desempleo un tanto toqueteada)

    A mi entender las presiones inflacionarias aparecerán si hay una recomposición salarial relativamente importante, el plan de obra pública puede llevar a ello disminuyendo el desempleo pero frente al bajo poder de fuego de los sindicatos sí sucede, no será inmediato

    Suponiendo que por algún motivo se acelere la inflación, técnicamente se procederá a aumentar la tasa de interés, lo que apreciará el dólar frente a otras monedas, disminuyendo los precios de las importaciones yanquis.

    • Silenoz dice:

      Hay que tener en cuenta –entre otros aspectos- la dependencia de Estados Unidos del financiamiento chino -principal tenedor de Bonos del Tesoro- cuestión que se presenta como más apremiante si se piensa en un panorama de mayor endeudamiento estatal.

      Varias cuestiones con esta afirmación:
      Se hace hincapié en la supuesta debilidad yanqui por los déficit y la tenencia de bonos del tesoro por parte de China y, en consecuencia, se aduce que los chinos “financian” a los yanquis…..

      Vayamos por partes como dice el cro. Jack:

      El primer socio comercial de China es USA, la pregunta es ¿por qué razón China habría de joder a su principal cliente? Por que quiere ocupar su lugar…. ok pero ‘tons ¿a quién le vende lo que no puede meter en el mercado yanqui?

      Los yanquis NO NECESITAN FINANCIARSE DE NADIE, les alcanza y sobra con la FED

      ¿cómo? A ver si en otro idioma y por fuera de mis pobres comentarios se entiende:

      [1] ” in the current floating dollar standard, the growing current account deficits do not impose any balance of payments constraint to the American economy. As the dollar is the internationally accepted means of payment, practically all American imports are paid in dollars. This also means that practically all external American liabilities are denominated in dollars. As the dollars are issued by the FED it’s simply impossible (as long as dollars are accepted as payment for imports) that the U.S. will run out of resources to honour its “external” commitments. Besides that, naturally it is the FED that directly determines the basic short term dollar interest rates, while the long term dollar interest rates are completely dominated by the market expectations of the future course of the FED´s rate.
      Therefore as imports and the external debt of the U.S. are in dollars, the U.S. is in the peculiar position of determining unilaterally the rate of interest that is paid on its own external debt.
      As the American government bonds, whose yields are regulated by the FED, are the most liquid dollar financial asset it they naturally also are the most important reserve international asset of the international financial system”

      ”(….) is it reasonable to assume that other countries will stop accepting dollars as payment for exports to America in the near future? As the U.S. still remains the biggest market of the world for goods and services, not accepting dollars would mean in practice, to be excluded from this market – unless all other countries that export to the U.S. refused to accept dollars at the same time, in coordination. (….)
      the U.S. of American multinational corporations.
      These firms (for many obvious reasons) will not refuse payments in dollars, and to that, most certainly we could add a number of their local suppliers abroad. In any case it is unlikely, given the current American military superiority that the U.S. will not find developing countries that are willing to accept dollars as payments for oil and other raw materials. Therefore, it is very likely that the U.S. continues, in the near future, to pay for its imports directly in dollars, something that, we insist, s automatically provides the financing of its current account deficit

      Los tipos tiene la maquinita para comprar sus impos, encima SU gobierno tiene la potestad de poner la tasa para financiar sus déficits. Y no menor, que TOOOODAS sus exportaciones se facturan en dólares ¿se entiende por qué es un “hegemón”?

      Por si todavía no queda claro, imaginemos si nosotros el 95% de nuestras impos y el 100% de las expos se facturaran en pesotes, pregunto ¿sufriríamos de la tan mentada y cíclica restricción externa?

      Algo más relativo a los déficits:
      No sólo la FED determina a qué tasa lo financia sino que además la sustentabilidad de su deuda como la de otros países, no pasa por un ratio determinado entre deuda/PBI. La sustentabilidad está en que la tasa a la que se financia SEA MENOR A LA TASA DE CRECIMIENTO DEL PBI, lo que viene sucediendo actualmente con tasas de corto al 0,75% y crecimientos de alrededor del 2%

      Con lo cual tienen margen para darle al déficit sin que comprometa su situación fiscal, la condición es que la tasa de crecimiento del producto sea mayor a la tasa de interés que se financia el déficit fiscal.

      Otra gran vulnerabilidad ¿qué pasaría si los chinos comenzarían a desprenderse de los bonos yanquis? A veee’….

      [2] [si] se produjese una venta masiva de tenedores internacionales de títulos públicos de largo plazo –como dicen los analistas–, haría que sus precios bajaran y sus tasas de interés subieran, pero con poca probabilidad de que esa situación dure mucho, dado que el arbitraje con el mercado de corto que paga baja tasa harían comprar los títulos de largo, cayendo las tasas de largo nuevamente. Ya sucedió esto en la historia reciente: 1985-1995 donde hubo una desvalorización, y más recientemente desde 2002 las tasas de interés de largo plazo no subían o lo hicieron muy poco, estabilizándose por debajo de las de corto plazo hacia 2007. Sólo en el caso de subas de tasas de corto plazo –reguladas directamente por la FED– harían subir permanentemente a las de largo plazo A esto, un sorprendido Greenspan lo ha llamado conundrum (enigma). Por lo visto, el destino de la ortodoxia neoclásica es coleccionar “enigmas” y “puzzles”, pero no explicaciones coherentes de la economía.

      Ja ja ja… tedible el cro. Fiorito maltratando a la orto

      [1] Power Relations and American Macroeconomic Policy, from Bretton Woods to the Floating Dollar Standard – F. Serrano

      PD para don Rogelio ¿le interesa saber más del hegemón? Lea el paper indicado en [1] es un compendio de historia desde el New Deal hasta hace unos años, sobre manejo de la política económica y verá como los tipos han sorteado muchas amenazas y crisis, su importancia no se refiere a la imposibilidad de caída del hegemón, sólo se enumeran tooooodas las ventajas que tiene y los cambios estructurales necesarios que deben ocurrir para revertir su condición

      • Rogelio dice:

        Estimado Silenoz:

        Reconozco que usted ha asumido con mucha convicción el papel de apologeta del hegemón (obviamente, de apologeta “progre”).
        Para hacerlo viene exponiendo con insistencia una versión de la “teoría de la estabilidad del hegemón” (Kindleberger, Gilpin) aplicada en un horizonte histórico brevísimo.
        Justamente por la reducción del período tiene necesidad de combinarla con una variante del “fin de la historia” (non plus ultra del tipo Fukuyama) a partir del momento en que el Estado norteamericano alcanza la supremacía (F. Serrano -2004- afirma que ocurrió durante la década de 1980).

        Como a usted su exposición no le resulta suficiente, tiene la necesidad adicional de atribuirme afirmaciones que no hice ni hago, a saber: profetizar o desear la declinación de USA.
        No lo hago por razones muy sencillas: 1) no soy profeta y 2) en este punto mis deseos no son relevantes.

        ¿Qué es lo que sí propongo para el análisis y el debate?

        En términos generales considero que en la historia opera efectivamente una hegemonía dinámica y compleja, tanto que parecería excesivo identificarla con el Estado norteamericano.

        En un sentido más específico considero:

        1. que se han establecido medios de reserva alternativos para la “emisión de activos financieros libres del riesgo del default”: son el RMB chino y los DEG (o SDR) del FMI;
        2. que estos medios de reserva alternativos están en condiciones efectivas de estimular la demanda global brindando a la economía la liquidez que el U$Dólar por sí solo ya no puede ofrecer;
        3. que el capital hará uso creciente de estos medios alternativos de reserva de valor a medida que transcurra el tiempo;
        4. que a mediano plazo el U$Dólar tenderá a devaluarse con respecto a las otras monedas, en sintonía con las políticas enunciadas por el presidente electo de USA de:
        – a) reducir el déficit comercial (aumentando las exportaciones) y
        – b) reducir el endeudamiento.
        5. que todo el proceso es evolutivo, prolongado, negociado y coordinado entre todos los interesados (aunque no por eso estará exento de tensiones).

        Sobre los 3 primeros puntos he ofrecido referencias específicas y actualizadas en todos mis comentarios previos.
        Los puntos 4 y 5 restantes, son meros corolarios de los anteriores.

        Queda por preguntarnos: ¿ Y nosotros dónde nos ponemos ?

        Quizás sirva para alimentar el debate escuchar cómo lo ve el brasileño Rubens Ricupero desde una perspectiva común sudamericana.

        Saludos cordiales

      • Silenoz dice:

        Ja ja ja…

        Don Rogelio, le contesto sencillamente porque siente un sentido respeto por Ud. pero por favor no me trate como ”apologeta” de los yanquis… por favor….. no esperaba esto de Ud….. y todo por ¿cuestionar el multilaterialismo en veremos y que será encabezado por Cina?…
        Lo invito a que redoble la convocatoria de sus padrinos…. ja ja…

        1. NO, el único pais que emite activos financieros libre de riesgo de default es USA, le siguen lejos, UK, Japón y el marco alemán…. (ohhhh que diga el euro) ¿por qué es así? Buscá la incidencia y participación de dichas monedas en el comercio mundial y activos de refugio
        China todavía sigue siendo un emergente a pesar de sus grandes números ¿por qué? Por que la mayoría de sus impos, expos y activos están nominados en dólares, moneda que NO emite . Está yendo a eso con toda la paciencia y parsimonia de su milenaria cultura

        2. ¿por qué el dólar no puede ofrecer ” condiciones efectivas de estimular la demanda global”? Lo ha venido haciendo en función de sus intereses con lo cual no tiene ataduras más que políticas y NO tanto económicas
        3. esta afirmación al momento es una anhelo

        Le escribo lo que comenta Fiorito en la nota de P/12 mencianda arriba ¿qué pasaría si el dólar se devaluara?

        ” 1. Prácticamente todos los pasivos e importaciones de Estados Unidos están nominados en dólares y con cada desvalorización del dólar, la deuda externa norteamericana y el valor de las importaciones caen también, siendo perjudicados los países acreedores y no Estados Unidos.
        5. Las exportaciones sí responden a las variaciones del tipo de cambio, aumentando con la desvalorización, desplazando otras producciones.”
        ¿a quién jode esto?

        ” 7. La importación de petróleo de Estados Unidos no es afectada inmediatamente por la desvalorización del dólar, dado que su precio es fijado en dólares.

        8. No existe relación sistemática de la desvalorización del dólar y la tendencia del tipo de interés de largo plazo.

        Si a estas asimetrías agregamos que desde la administración Reagan toda puja redistributiva por parte del salario ha sido eliminada, los impactos inflacionarios dentro de Estados Unidos por una desvalorización del dólar también son limitados, absorbiéndose la suba de los costos, bien por los salarios reales y/o las empresas que no desean perder una porción del mercado norteamericano”

        En cuanto para donde pateamos, creo que lo que nos conviene es un multilateralismo vía Mercosur – BRICS por que nuestros intereses tiene mucho más que ver con los de ellos que con los de USA , Europa, Japón. todo lo contrario de la neo relaciones carnales de los tilingos actuales

    • Silenoz dice:

      A decir verdad ni el New Deal de Roosevelt –que a diferencia del engendro trumpista, estuvo acompañado por múltiples aspectos progresistas- logró el incremento del gasto suficiente como para impulsar un enérgico ascenso de la economía cuyo auge estuvo finalmente asociado al inicio del armamento norteamericano para su entrada en la segunda guerra mundial.

      Y dale con al guerra pero buehhh el dogmatismo no e’ joda….. reitero una cita del cro. Schteingart que escribí en un comentario y dice:

      ”Entre 1930-1980, Brasil es el país del mundo que más crece después de Japón,”

      Pregunto ¿en qué guerra estuvo metido Brasil o Japón tras el ’45?
      ¿En qué guerra estuvimos metidos nosotros desde el 2003 al ’11?

      Por citar algunos, de todas maneras es INDUDABLE el fuerte poder del gasto gubernamental dentro de los componentes de la demanda autónoma que son los impulsan principalmente la demanda y, en consecuencia, el producto

    • Silenoz dice:

      Y dale con Lo_que_sea-Keynesianismo

      A mi entender exsiten 4 personalidades manoseadas al extremo, ellas son: Jesucristo, Jehová, Mahoma y Marx

      La cantidad de atrocidades y hdputeces que se han hecho en sus nombres tiende a infinito. Resulta que ahora parece que hay otro acercándose a esos 4, aunque bastante lejos. Y resulta ser el cro. Keynes y su keynesianismo.

      Creo que somos vanguardistas en este bastardeo al considerar algunos a un Prat Grasa como keynesiano, otra hdputez es reducir al keynesianismo a un mero bombeo de la obra pública.

      El keynesianismo es gran teoría (con sus mas y sus menos como todas las demás) que implica una forma de entender la economía casi en sentido opuesto a otras corrientes,
      Para el keynesianismo por ej.:
      1) los crecimientos dependen de la demanda
      2) lo normal es el desempleo
      3) lo normal es la incertidumbre
      4) bajo crecimiento implica poca demanda lo que, a su vez, implica alto desempleo
      5) la inversión determina el ahorro y no al verre

      Por citar tan sólo unas pocas ideas dentro de las miles que abarca, sin embargo si la ortodoxia distópica si fuera más lúcida, podría decir a favor de su pensamiento que Keynes desconfiaba de los déficits fiscales y que ideal era tener superavits para volcarlos en obra pública conformando un equilibrio fiscal donde sus valores oscilarían alrededor de valores cercanos a 0… pero ni eso los pibes…

      En d’fenitiva:
      ¿qué catzo hará Trump?
      Ni la más p…. idea… bahhhh seguro que bajará impuestos al 1%, todo lo demás … veremos

      ¿se va a caer el “hegemón”?
      Siiii muchachos, siiii ¿’ta? ofcors….
      ¿cuándo? Y mañana porái, en 1 año o 20… que se ió…

      Llo que hay que tener en cuenta es que para esto suceda antes que nada deberánn desaparecer ciertas condiciones estructurales, por ej. que las impos NO se facturen en dólares…. una pavada

  4. […] o no- los hechos siguen ocurriendo. El rechazo a los acuerdos de libre comercio que expresan la elección de Trump y el Brexit, entre otros, y el texto que recién subí sobre la pulsión globalizadora de las […]

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